Edicion N 757 | 04 de diciembre de 2012
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informe central

GENERAR O MORIR



ESCASEZ

ÁLVARO SANTANA
alvaro.santana@prensa.com

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CRECIMIENTO. La demanda energética del país crece al 6%, y el sector eléctrico necesita inversiones de tres mil millones en los próximos 10 años.LA PRENSA/David Mesa

De la vela  la luz...”, así dice la canción de cumpleaños, perfecta para un reportaje sobre el sector eléctrico. Perfecta por dos razones: Primero porque si en algún momento de la historia no se hubiera pasado de la vela a la luz —eléctrica— nada de lo que a continuación va a leer tendría sentido. Y segundo porque sirve para celebrar los 15 años de la privatización del sector eléctrico en Panamá.

Y como buen quinceañero, este sector es como un adolescente: inquieto, con grandes secretos e inseguridades,  rebelde y problemático, le cuesta hacer las tareas... podría decirse que el sector está que echa chispas.

Todos los actores de esta película están alerta y nadie sabe bien qué puede ocurrir en 2013. Generadores (las centrales eléctricas y térmicas, además de las próximas plantas eólicas y solares), distribuidores (Edemet-Edechi y Ensa) y Gobierno (responsable de la regulación y de la red de transmisión a través de la Empresa de Transmisión Eléctrica, Etesa), mantienen un constante tira y afloja en el que cada uno barre para casa.

Y, sin embargo, los más perjudicados con esta inestabilidad no son las compañías, sino quienes las mantienen y de quienes sale el dinero que alimenta sus cuentas de resultados: los clientes que tienen que pagar unas que aumentan año tras año.

Demanda ‘vs’ oferta

La  demanda energética en el Sistema Interconectado Nacional (SIN) crece a un ritmo anual cercano al 6% y, en 2011, alcanzó 7 mil 489 megavatios (MW)/hora. Según el Centro Nacional de Despacho (CND), la demanda máxima se alcanzó el 29 de mayo de este año con mil 365 MW, mientras que la potencia firme del país es de aproximadamente mil 631 MW. Entre ambas hay un margen de 266 MW. Esta última cifra tiene una doble lectura. Por un lado es demasiado justa, lo que perjudica la competencia y presiona los precios al alza; por el otro es suficiente para cubrir la demanda por el momento, pero llevaría al colapso del sistema en poco más de un año de no acometerse importantes inversiones en infraestructuras.

Para que el sector sea autosuficiente y el consumo no se acerque a la oferta, el país “requiere de, al menos, 3 mil millones de dólares en inversiones durante los próximos 10 años”, según el ministro de Economía, Frank de Lima, quien señala que en generación y distribución “el Estado es socio pasivo, aunque la transmisión y el transporte sí están en manos del Gobierno por razones de seguridad”, y que por tanto, “las inversiones —en generación y distribución— son totalmente privadas”.

Estas palabras distan de las del secretario nacional de Energía, Vicente Prescott, quien asegura que “el Estado tiene el interés en participar y tener, como propietario, generación hidráulica y térmica”. De ser cierto, el Estado pasaría a convertirse en protagonista activo pero, además, en el regulador que fija las normas del sector. Juez y parte.

“No creo que vaya a meterse”, dice en este sentido Gustavo Bernal, experto en el sector eléctrico. “Soy de la opinión de que la generación tiene que quedar en libre competencia”, afirma, aunque reconoce que “el Gobierno pudiera hacerlo, pero yo en su lugar no me metería, además de que, políticamente hablando, es comprarse un problema”.

Desde el sector se argumenta que la entrada del Estado en el campo de la generación podría espantar a posibles inversores, y que sería complicado conseguir para el país los 3 mil millones de los que habla De Lima.

Desde AES Panamá, la mayor empresa de generación  con un 35% del total, su gerente de país, Derek Porter, señala que “si el país quiere tener un mercado funcionando, o continuar como hasta ahora, debe ser en manos de empresas privadas”.

AES, según este directivo, está “dispuesta a invertir. Si hay una señal al mercado, las empresas privadas invertirán. Pero hace falta una regulación clara. En 2013 nos gustaría crecer, pero no estamos muy seguros de cómo hacerlo porque hasta que el mercado se estabilice y los riesgos regulatorios que estamos viendo no desaparezcan, es difícil que tomemos algún tipo de iniciativa o decisión. Pero es nuestro negocio, y si se puede crecer, se crecerá”.

Desde el sector de la distribución, el gerente de país de Gas Natural Fenosa, la concesionaria de Edemet-Edechi, José Antonio Hurtado de Mendoza, considera que el escaso margen entre oferta y demanda “se debe a que tanto la Autoridad de los Servicios Públicos (Asep) como Etesa, controlan esta cantidad y se están asegurando de que el consumo está cubierto”.

Hurtado de Mendoza cree que “el problema vendría si no se invirtiera en generación y siguiera creciendo la demanda”, aunque en su opinión, las fuentes de generación no necesariamente tienen que ser hidroeléctricas, sino que “puede haber carbón, gas, eólico... hay una serie de proyectos que se pueden lanzar”.

¿De qué dispone Panamá?

Actualmente en el país hay 40 empresas generadoras. 34 son privadas y dos de titularidad pública (la Autoridad del Canal de Panamá y la Empresa de Generación Eléctrica, Egesa), que gestionan en total 40 centrales en todo el territorio, 26 de ellas hidráulicas y 14 térmicas.     

La capacidad instalada total en 2011 era de 2 mil 239.33 MW. En septiembre de 2012 la generación hidroeléctrica aportó el 60.48% de la energía, mientras que la termoeléctrica llegó al 25.35%, los autogeneradores al 4.5% y el carbón al 9.67%.

Antes de continuar, hay que diferenciar entre potencia instalada, que es la capacidad de energía que pueden generar y entregar las centrales eléctricas en condiciones ideales; potencia efectiva, que indica la capacidad real de energía que las centrales pueden entregar de forma continua al mercado eléctrico; y potencia firme, que es solo una parte de la potencia efectiva y corresponde a la cantidad de energía que puede ser entregada de forma inmediata (en tiempo real) y con un alto nivel de seguridad al sistema,  pues tiene garantizados los insumos (agua, búnker, etc.) necesarios para su generación.

Es precisamente la potencia firme la que en momentos puntuales del año —ausencia de lluvias, reparación de centrales, elevado precio del búnker, etc.— hace que la oferta y la demanda se ajusten y que el precio de la electricidad  se incremente para el consumidor final.

Cuando las generadoras habituales no pueden —o no quieren— garantizar el suministro, entra en juego el llamado mercado ocasional o spot, a través del que algunas empresas venden energía a un precio alto para satisfacer la demanda.

Las distribuidoras señalan que esta práctica eleva los precios y rompe las reglas del juego. Las generadoras dicen que es una práctica habitual en el mercado y que se regula por la oferta y la demanda. Hay incluso hidráulicas y térmicas que dejan de vender energía a precio de contrato —entre 11 y 16 centavos por kilovatio/hora  (kWh)— para sacarla a la venta en momentos puntuales, normalmente en la estación seca, a precios por encima de 40 centavos por kWh.

El problema, según Gustavo Bernal, es que no se obliga a contratar el 100% del consumo estimado, lo cual “es muy dañino para el usuario porque el año pasado, en el mercado ocasional, se pagaron casi mil millones de dólares, lo que incrementó el costo de la energía  25%”.

Para mitigar las tensiones en el sector, Vicente Prescott asegura que entre 2012 y 2016 entrarán al mercado 800 y 1,000 MW, la mayoría procedente del sector hidroeléctrico, “para que la matriz energética se vaya acercando al objetivo de 80% renovables, 20% térmicas” (Ver mapa: El sector eléctrico en 2013).

Lo que viene

Así, el sector eléctrico en Panamá encara un cambio radical, hacia un modelo más sostenible, que aproveche los recursos hídricos del país, pero que explore también nuevas posibilidades, como la eólica o la solar.

Un proyecto que ya está en construcción y que en su primer año de funcionamiento podría cubrir entre  6% y 7% del consumo total de energía en el país,  es el parque eólico de Penonomé. Con un costo de 450 millones de dólares, tendrá  capacidad para proveer de energía limpia a unas 600 mil personas.

Ejecutado por la empresa española Unión Eólica Panameña (UEP), tendrá una potencia instalada de 220 MW, que en una segunda fase podría llegar a 330 MW. Serán en total 88 turbinas de 2.5 MW cada una, cuya altura será la de un edificio de casi 30 plantas, con una vida útil de 25 años.

Según el  director general de la UEP, Rafael Pérez-Pire, “a finales de septiembre de 2013 creemos que podremos empezar a encender generadores en fase de prueba, y a finales de año estarán todos funcionando”.

Pérez-Pire señala que “en Panamá se va a  instalar  la mejor tecnología porque la normativa aquí es muy exigente en cuanto a las características de las turbinas para poder conectarse a la red. No solo va a ser el parque eólico más grande de Centroamérica, sino también el más moderno”.

Una tecnología que también es nueva en el sector de la generación es la solar. Hasta ahora, las placas se usaban para dotar de energía a casas o pequeñas comunidades más o menos aisladas. Con este proyecto se generarán  2.4 MW en su primera etapa que pasarán al Sistema Interconectado Nacional.

Ubicada en la provincia de Herrera, en el Parque Nacional Sarigua, la planta fotovoltaica será administrada por la estatal Egesa y estará  compuesta por 11 mil 886 paneles en una superficie de 5 hectáreas. El proyecto es una donación de  la empresa italiana Enel Green Power, mientras que Egesa invertirá un millón de dólares para la construcción de una línea de 8 kilómetros hasta el punto de interconexión con la red de distribución.

La construcción corresponde a la empresa Conexsol Latinoamérica. Su director, Anthony López, destaca que el proyecto “pionero en el país, beneficiará a unos mil 100 hogares” y que la puesta en marcha “se estima para el primer semestre de 2013, aunque de momento estamos en la fase inicial de la construcción”.

Una tercera alternativa de energía sostenible es la geotérmica. De momento, la empresa Centram Geotermical es la única que se ha interesado por explotar esta forma de crear energía que aprovecha el calor de la tierra. Su proyecto se ubica en el entorno del volcán Barú y, de momento, “está en el proceso del estudio de impacto ambiental, un requisito previo para que la Asep conceda la aprobación”, cuenta Harley Mitchell, apoderado de la empresa. “La Anam nos otorgó un permiso de conducencia. Este permiso señala que la zona tiene los recursos necesarios para ser explotados. Solo con ese permiso pudimos empezar el de impacto ambiental”, dice Mitchell. De momento este proyecto no tiene fecha de inicio ni cifras sobre su potencial.

Así se plantea el panorama de la generación eléctrica para 2013, aunque el sector aún tiene que resolver asuntos como la interconexión con Colombia, la renovación de las concesiones a las distribuidoras, la posible venta de las participaciones estatales, la reducción de los subsidios, las compensaciones sociales y ambientales... y todo ello sin que se produzca un cortocircuito.

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