Edicion N° 754 | 13 de noviembre de 2012
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informe central

EL ‘FACTORING’ HACE COMBUSTIÓN



FINANCIERO

ÓSCAR CASTAÑO LLORENTE
ocastano@prensa.com

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VENTAJAS. Evita el engorroso trámite de hacer efectivas  las cuentas por cobrar. Pero dicen que es costoso. LA PRENSA/Gabriel Rodríguez

El factoring y el oficio más antiguo de la humanidad tienen en común que ambos mueven millones de dólares, carecen de regulación y se guían por los usos y las costumbres.

De mucha utilidad práctica para el comercio, la operación financiera o factoring convierte en efectivo las cuentas por cobrar de una empresa. También se le conoce como una forma de cobranza a través de un tercero, según definiciones de fuentes del mercado.

Su aplicación sencilla lo vuelve cada vez más competitivo frente a otros mecanismos de financiación, como sucede en comparación con una línea bancaria de crédito. Permite liquidez a los tres o cuatro días; y en ocasiones, de inmediato. La aprobación del instrumento bancario puede tardar semanas e incluso algo más de un mes.

Las operaciones anuales del factoring mueven una suma  de dinero de la que no se tiene certeza.

La cifra estimada nada le  envidia a las de otras industrias del sector financiero, entre ellas las aseguradoras, cuya suscripción de pólizas en 2011 ascendió a mil 52 millones de dólares, según la Superintendencia de Seguros y Reaseguros.

Sobre el tamaño de la industria del factoring, en cambio, solo caben especulaciones. “Constituye una facilidad de corto plazo, y producto de ello se descuentan más de 100 millones de dólares al año”, sostiene Gustavo Eisenmann, socio de la firma consultora Deloitte.

“Sería bonito conocer la cifra. He escuchado de 500 millones de dólares”, comenta Roberto Healy, gerente general de la Corporación Financiera del  país y presidente de la Asociación Nacional de Instituciones  Financieras.

“Hay dos maneras de hacer la medición”, propone Gabriel Durán, gerente general de Factoring Empresarial. La primera fórmula de Durán recoge un consolidado de cuentas por cobrar en un periodo específico al 31 de diciembre.

El otro mecanismo se basa en el monto anual de las negociaciones, y se fija según la rotación promedio de la cartera. Esta se rota mínimo cuatro veces más versus el total de la primera fórmula.

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OPORTUNIDAD.  Financiamiento en tiempo breve.
LA PRENSA /Eric Batista

El estimado de Durán resalta sobre las demás consideraciones, y se sustenta en su manera de obtener un posible registro según el valor mensual descontado de las facturas.

“Supongamos que sean 100 millones de dólares al mes; pues el total se acercará a los mil millones de dólares”.

La cifra definitiva puede aumentar aún más, si se tiene en cuenta a las entidades bancarias. Con apenas cinco años de presencia en el mercado, Capital Bank se posiciona entre las primeras compañías de factoraje   del país. “Hemos hecho varios cientos de millones de dólares en factoring”, asegura Moisés Cohen, presidente del banco.

El crecimiento de la actividad también se nota en el número actual de agentes participantes. Pasó de tener un menú de 2 o 3 entidades financieras y unos cuantos bancos en la década de 1990, a registrar más de 500 empresas autorizadas por el Ministerio de Comercio e Industrias (Mici) y cerca de 120 agentes con licencia para la compra y venta de instrumentos crediticios de pago, como facturas, cobranza empresarial y letras de pago.

En financieras con el servicio activo el número llega a 18. Y es numerosa la cantidad de bancos con el servicio.

Antes de la presente década, el negocio se enfocaba hacia las necesidades de crédito de las empresas comerciales, y más tarde se agregaron las constructoras de pequeño y mediano tamaño, recuerda Roberto Healy.

El abanico se abrió con las obras de infraestructura del Metro y la ampliación del Canal, la tendencia actual del emprendimiento encarnada en cientos de micro y pequeños empresarios, y el auge de otros sectores de la economía, entre ellos el turismo y las telecomunicaciones.

El objeto del factoraje abarca tanto bienes como servicios, destaca Armando Fuentes, exfiscal y abogado experto en derecho procesal y delitos contra el patrimonio económico.

La operación ganó terreno con las obras adelantadas por  la anterior   y la actual   administraciones debido a sus tiempos promedio de pago. “Con el Gobierno se presenta la cuenta (factura), esta sigue su curso [en la entidad correspondiente] y el pago se efectúa 90 o 120 días  después”.

En contratos con la empresa privada por avance de obra, el término se reduce a una tercera parte. “Cada 15 días se presenta el instrumento de cobro y se suele cancelar en el mes siguiente”, enuncia Healy.

Las industrias del turismo y las telecomunicaciones, entre otras de reciente impulso,   precisan cada vez más los servicios de terceros, prestados por personas bajo “el ropaje” de una empresa. Para ellos el factoring se constituye en una especie de capital semilla o un respaldo para continuar con el negocio en momentos difíciles.

“Se puede ser un empresario sin una empresa formal. Es el caso de una persona que elabora su producto o servicio en casa. Una vez tuve de cliente a alguien que preparaba bolis [zumo de jugo contenido en una bolsa plástica], y en este momento apoyo a una señora que hace tortillas”, describe Durán.

“Tenemos de clientes a empresas de todos los tamaños, desde pequeñas empresas informales o formadas por 1 o 2 personas”, destaca Cohen, de Capital Bank.

El auge del factoring deriva en el beneficio para el empresario de tamaño pequeño y mediano de utilizar facturas negociables, y con ellas obtener financiamiento sin esperar los plazos de cobranza que se estilan fijar en las grandes empresas, compara Andrés Remezzano, gerente senior de Deloitte Perú.

El comportamiento de la economía durante el último lustro tiene en la operación financiera un termómetro exacto, asegura Gabriel Durán.

Con ella se puede sacar una conclusión contundente si es cierto el porcentaje del uso mundial del factoring de 3.1% y en Latinoamérica de 2.18%, reseñado en un documento publicado en la web de la firma KPMG.

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VELOCIDAD. Rapidez en la obtención de crédito para empresartios de todos los tamaños. Archivo

Panamá supera ambos guarismos con su estimado  de más de mil millones de dólares en relación con el producto interno bruto del país, de 26 mil millones 600 mil dólares en 2011.

Los misterios aclarados

El incremento exponencial del empleo del factoraje , a la par de la economía nacional, requiere una regulación legal aplazada en varias oportunidades.

“Recuerdo un anteproyecto que se trabajó junto al Mici durante la administración de Mireya Moscoso, pero se acabó el tiempo, y tal vez no era algo prioritario en ese momento. No se aterrizó [en una norma]”, comenta Durán.

El embrión legal recogía las sugerencias de organismos de control internacional sobre regulación de ciertos sujetos y operaciones financieras. Se delimitó el campo de acción de las compañías de leasing, las casas de cambio y las casas de empeño.

“El factoring se fue quedando por fuera porque el servicio era ofrecido por los bancos, regulados por la Superintendencia de Bancos de Panamá (SBP)  y por las financieras, entidades bajo la vigilancia de las autoridades. El problema está en las empresas que solo se dedican al factoring y no tienen quién las regule”, acusa Durán.

“Muchas de las empresas que incluyen el factoring en su portafolio de servicios están relacionadas con grupos bancarios o de financieras que tienen una regulación que les aplica”, destaca Gustavo Eisenmann.

Las empresas “libertinas” le sacan el jugo a una “práctica mercantil regida solo por el Código de Comercio que apenas si la enuncia y la define como un contrato comercial”, opina Armando Fuentes.

La breve descripción legal posibilita la evasión de impuestos y de obligaciones contractuales mediante la invención de contratos con obligaciones inexistentes, afirma.

“Se debe hacer una regulación que fije unos requisitos mínimos para poder participar en el mercado, aunada a la entrega de un reporte. Esto es importante por el asunto de blanqueo de capitales. Yo sí creo que hay un interés real de parte del Gobierno”, considera Healy.

A grandes rasgos, los requisitos para ejercer la actividad consisten en la presentación de una solicitud al Mici y la verificación posterior de la información sobre el sitio donde se provee el servicio. Esto último, sí es procedente.

“No regulamos el factoring. Este opera por medio de un  aviso de operación”, dice Elsa Carrillo de Barría, directora general de Empresas Financieras.  

De básicas califica a las condiciones para proveer el servicio el exfiscal Fuentes: no cualquiera puede dedicarse a ello.

El abogado sugiere el cumplimiento de requisitos relativos a un capital mínimo, como sucede con las aseguradoras y los bancos, por ejemplo, “la solvencia moral y económica de los interesados en dedicarse de manera habitual y profesional a esa práctica mercantil”.   

La regulación llenará algunos vacíos jurídicos que entorpecen el tracto habitual de los negocios. La cesión de facturas —contrato entre el acreedor y la empresa proveedora del servicio— debe contener “la obligación de aceptación de estas, y que su pago no sea una opción de libre cumplimiento. Ocurre con algunas transnacionales”, observa Ana Rebeca Reyes, gerente de factoring de la Corporación Financiera del país.

Fuentes del mercado consideran excesivas las tasas cobradas por el factoring. Es el caso de Joaquina Méndez* (quien solicitó la omisión de nombre  verdadero).

Es financista y acumula más de ocho años de labores, seis de ellos en una financiera y los otros dos en un banco panameño de mucha tradición.

“Un banco te cobra una tasa mensual de entre 1% y 1.5%; una financiera puede llegar a cobrar 2%, 3%  o más. Es mayor el riesgo asumido por el segundo agente y además desembolsa el dinero de manera más rápida. Estos dos factores ayudan a entender la diferencia”, explica.

Sobre la tasa cobrada por una financiera, Roberto Healy ofrece una percepción que se aparta del cotejo advertido por Méndez.

“Las tasas o comisiones vienen bajando, producto de la aparición de más participantes. Aquí se siente la mano invisible del regulador de precios, ejemplo positivo de cómo el mercado favorece al consumidor”.

Hace 15 años las tasas eran de 3% para arriba. Ahora parten de 1%. Incluso menos.

Las ventajas

“Este servicio garantiza liquidez a un precio razonable, tiene el valor adicional de ser una gestión de cobro a través de un profesional, y proporciona un seguimiento del negocio donde se desempeña nuestro cliente, pues sabrá con precisión cuál es el estado  de su relación con el deudor”, enumera Gabriel Durán.

Esta lista de ventajas es quizás la razón por la que tantos comercios y emprendedores también prefieran el factoring en vez de constituir una línea de crédito u otros instrumentos de financiamiento.

Por ello, desde hace poco tiempo el Gobierno adelanta gestiones para recaudar los impuestos  en el Fondo Especial de Compensación de Interés (FECI), y busca cobrarle un tributo al negocio de factoring.

Por ahora es una pequeña regulación, si así se le puede llamar, y también representa un punto de partida de vigilancia  y control de una operación con algo de libertina, como pasa  con el oficio más antiguo de la humanidad.

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