Edicion N° 738 | 24 de julio de 2012
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ATENCIÓN DE DESASTRES ‘JUST IN TIME’



RESPUESTA

ÓSCAR CASTAÑO LLORENTE
ocastano@prensa.com

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AYUDAS. El aeropuerto de Puerto Príncipe después del terremoto.  EFE

El terremoto de Haití posicionó a Panamá como un hub logístico de atención de desastres. Aquel país caribeño llevaba varios días abandonado a la “voluntad” sísmica de un terremoto de 7.3 grados en la escala de Richter. El epicentro ocurrió el día martes 12 de enero de 2010 a las 4:57 de la tarde, a 15 kilómetros al sudeste de Puerto Príncipe, capital de Haití.

En un instante se sacudió todo el país, y en los dos siguientes días las réplicas derribaron todo cuanto estaba de pie, incluido el edificio de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) donde se encontraba parte de su personal especializado en atención de desastres. En total perecieron 3 mil trabajadores de la ONU.

Sin autoridades de gobierno y con más de 300 mil muertos y por lo menos 350 mil heridos, el país fue tierra de nadie, o por lo menos tierra imposible para los organismos de atención de desastres y de ayuda humanitaria, entre ellos el de Médicos Sin Fronteras, la Cruz Roja Internacional, la ONU y la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID).

El 14 de enero de 2010 en las horas de la madrugada empezaron a llegar los cuerpos de rescate.

“No pudimos aterrizar en Haití. Tuvimos que ir a República Dominicana y de allá dirigirnos por tierra hasta Puerto Príncipe. Nos tomó un día de más. Pero al menos salvamos a tres personas”, recuerda Arturo Alvarado, director del Sistema Nacional de Protección (Sinaproc).

El primer avión en aterrizar en el aeropuerto internacional Toussaint Louverture de Puerto Príncipe, capital de Haití, llegó desde Panamá e iba cargado de productos de ayuda humanitaria.

“La mitad de los materiales de ese avión fue ensamblada en nuestro almacén de Colón”, recuerda Carles Gisbert, director de operaciones de la fundación Logística Humanitaria para Panamá y el Caribe. La otra mitad contenía aportes de otras organizaciones radicadas en Panamá.

En el aeropuerto Toussaint Louverture un panameño y su equipo de respuesta de atención de desastres tenían la misión de descargar los aviones, clasificar los productos e informar de inmediato a las autoridades de gobierno el balance de artículos sobrantes y faltantes. También dieron apoyo en la distribución. “Movimos miles de toneladas, de 80 a 150 diarias”, recuerda el panameño Gilberto Castro, director del equipo de respuestas de desastres naturales para América de DHL. La empresa  se encuentra en Costa del Este, ciudad de Panamá, y en su portafolio de productos están los servicios logísticos.

La tragedia de Haití continúa porque su recuperación apenas si es visible. “Algunos de los afectados se las arreglan para salir adelante, pero para otros, comer cada día puede ser una auténtica odisea”, publicó la edición del diario El Comercio de Perú dos años después de la tragedia.

El desastre de Haití significó la puesta a prueba del hub logístico de atención de desastres para Latinoamérica y el Caribe: Panamá.

Anticipar la naturaleza

“Panamá es una plataforma logística superpotente para el sector comercial; y si ya existe, para qué crear una nueva dedicada exclusivamente a atender desastres naturales”, dice Carles Gisbert, director de Logística Humanitaria.

Gisbert hace la comparación con Dubái, país del Oriente Medio y “hub regional de suma importancia donde ocurren operaciones de logística entre los continentes de Asia y de África”.

Panamá puede cumplir con un papel de apoyo logístico en una región, comprendida desde México hasta Argentina y el

Caribe, habitada por casi 600 millones de habitantes y expuesta a sismos, huracanes, maremotos, tsunamis y erupciones volcánicas.

Son fenómenos naturales en ascenso que precisan de la creación de una economía paralela con una cuantía estimada en 21 mil millones de dólares. “La cifra corresponderá al 0.27% del producto interno bruto de la región en el año 2019”, destaca el estudio La Economía de la Adaptación, del Banco Mundial.

La economía paralela busca evitar en lo posible los efectos posteriores al desastre natural. El terremoto de Haití —país y ejemplo aciago de siempre— dejó pérdidas materiales por 2 mil millones de dólares.

La actividad logística para el manejo de los suministros humanitarios debe incorporarse como una labor planificada en vez de una acción improvisada, comenta  Pablo Torrejón, ingeniero especializado en logística y abastecimiento.

“El recorrido de los suministros, de su origen a sus destinatarios, se constituye en una cadena de eslabones estrechamente vinculados. La gestión de cada uno de ellos repercute en la de los demás”, dice Torrejón.

“La catástrofe no la genera la emergencia”, sugiere Gisbert. La causa se halla en edificaciones mal construidas y en el estancamiento o la poca o nula optimización de la atención del desastre.

Adecuado de la forma correcta, el Centro Logístico de Ayuda Humanitaria de Panamá garantizará soluciones efectivas. Entrará en marcha en enero de 2013. “Es un país que como hub logístico humanitario puede ofrecer respuestas just in time, en el momento preciso”, comenta el economista Albert Gornals.

Los participantes

En casos de desastre natural, la logística humanitaria prioriza “el salvar vidas; sigue la prestación de primeros auxilios y la etapa de servicios médicos; y el eslabón final es la reconstrucción del lugar”, enuncia Arturo Alvarado, de Sinaproc.

La cadena se inicia con el Manual de Cancillería, documento emitido por el gobierno del país donde ocurrió la tragedia, y una lista de alimentos, materiales y medicamentos y otros productos de urgente necesidad,  dice Alvarado.

La ONU y la AECID están preparadas de antemano con bodegas de almacenaje de materiales y productos dispuestos para ser enviados al lugar de los hechos. 

Las organizaciones ya han hablado con las autoridades para establecer qué se necesita”, explica Gornals. Se abren las licitaciones en las que participan entidades especializadas en apoyo humanitario, compra de insumos y logística en situaciones de emergencia, y proyectos de desarrollo y reconstrucción. Entre ellos la fundación Logística Humanitaria.

La posición estratégica de Panamá auspicia una dinámica fluida de recepción y reenvío de grupos de rescate y de materiales humanitarios a países donde son más frecuentes las tragedias. La lista la encabezan Haití, Honduras, Guatemala, Cuba, República Dominicana y los países de la región pacífica suramericana.

En situaciones extremas también aparecen los especuladores. Pero se dan de bruces con Panamá. “Los productos disponibles son hasta siete veces más baratos cuando se busca una respuesta inmediata. En tiempo, el tráfico naviero gana 30 o 40 días de menos, en comparación con las embarcaciones provenientes de Asia, por ejemplo”, compara Gornals.

La ventaja definitiva del hub just in time se encuentra en la interacción permanente entre las organizaciones internacionales, las entidades de ayuda humanitaria y los representantes de los diferentes gobiernos de la región. Saben que por avión todo está a menos de medio día de distancia, y por barco a 48 horas máximo.

Están en el lugar correcto.

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