informe central
PROFESIONALES COMPETITIVOS |
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COMPETENCIA. Esto no es una cuestión de ganar o perder, sino de tratar de adquirir la mayor cantidad de habilidades para ser competitivo en el mercado. Modelos: Alain Jiménez y Mari Cris Ortega, de la agencia Komunikasi Models. LA PRENSA/David Mesa
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Cientos de foros se han hecho para hablar sobre el tema. Decenas de estudios publicados evalúan al país en ciertas disciplinas comparándolo con otras naciones del mundo. Y mientras se busca una solución al problema y en algunos casos se están dando los primeros pasos, la economía sigue creciendo y el mercado continúa sediento de profesionales capacitados en nuevas áreas para poner las máquinas en marcha.
En todos esos foros y estudios se habla de lo mismo: la deficiencia de la educación panameña y la consecuente falta de profesionales panameños capacitados para poder cubrir las plazas de trabajo generadas por las compañías que están llegando al país y también las que están abriendo operaciones.
Y para alguien que lo ve a diario a través de sus compañías, firmas de servicios profesionales o de recursos humanos, la primera respuesta a ese problema es que hay muchas plazas de empleo creándose frente a tan solo 3 millones 504 mil 483 millones de pobladores —según el último censo de población de la Contraloría General de la República realizado en 2010—.
“No hay suficiente gente para llenar las plazas que se están desarrollando o abriendo en relación con el crecimiento”, resume en esta frase el gerente de Advisory de PricewaterhouseCoopers (PWC), Jaime Bocanegra.
Para el gerente general de Manpower, Ricardo Chaverri, esto que plantea Bocanegra es un tema curioso porque además lo que él observa es una escasez de talento en un país donde la tasa de desempleo es muy baja en comparación con toda la región. Un aspecto que puede ser bueno para el país, en términos de estadísticas, pero no es tan bueno para las compañías que necesitan ocupar ciertas posiciones y que no encuentran personal porque la mayoría de la población ya está ocupada.
Pero, como un efecto cascada, esa situación ha generado en un “robo” de profesionales —donde unos son más cotizados que otros— o en una importación de profesionales extranjeros con el talento para ocupar determinadas posiciones dentro de las organizaciones.
Chaverri lo plantea de esta forma: “Empiezas a caer en una guerra de salarios y de beneficios, o empiezas a incurrir en gastos adicionales que exigen el traer personal de otros países”.
Además, la otra realidad es que al país están llegando profesionales extranjeros a probar suerte por la situación económica, política y social que viven sus países de origen.
Cuando todos estos elementos se suman vuelve a resaltar el tema de la deficiencia en la educación —que se refleja en mucha de la población económicamente activa—, por el ingreso a Panamá de profesionales con ciertas habilidades y actitudes específicas, de las cuales carece un gran porcentaje de los panameños que crecieron en un sistema educativo deficiente.
“El hecho de que vengan con una formación les da ciertas ventajas”, reconoce el director de asesoría de KPMG, Fernando Lasso de la Vega.
Algunas compañías trasnacionales hablan de sus experiencias y están conscientes de que la base de todo esto es la educación, un problema que va a tomar muchos años.
Olimpiadas profesionales
En el torneo profesional panameño se dan cita plusmarquistas de varias disciplinas y esfuerzos comparables a los de un atleta olímpico. En los sectores económicos compiten ejecutivos con títulos de licenciatura y muchas otras especializaciones y triunfos que bien les habría valido una presea si existieran las disciplinas olímpicas de profesionales.
El número de ellos es bastante inferior en comparación con otros competidores de la plaza. Licenciados de perfil olímpico como Óscar Pérez Prieto, José Javier Bozo y Gilberto Castro, voces con el tono preciso para hablar del mercado laboral.
El español Óscar Pérez Prieto es director de marketing para la región norte de Latinoamérica (de México a Perú y el Caribe) de la línea Consumer Lifestyle de Philips. Llegó a Panamá en septiembre de 2011 con un palmarés de resultados obtenidos en casi 40 países.
“Panamá es nuestro centro neurológico de operaciones. Es nuestro hub logístico, y nos permite estar en los diferentes mercados de la región en muy pocas horas, con los productos y servicios para nuestros clientes”, argumenta.
Antes de Philips había cumplido las funciones de mánager de área comercial y desarrollo de mercados internacionales —Asia entre ellos— de otras multinacionales. Obtuvo su primer empleo a los 19 años de edad, “para pagarme la universidad”, y ahora tiene 40 años. Se graduó de dirección de marketing y comunicación internacional, con especialización en Negocios y Relaciones internacionales.
“Veo a Panamá como un mercado laboral en pleno desarrollo y con potencial para posicionarse como uno de los más competitivos de la región”.
Desde la breve experiencia de vivir en Panamá (nueve meses apenas), Pérez ofrece un diagnóstico de la última década y del camino por recorrer para las próximas dos generaciones. “Desde el año 2000 el país viene acumulando 10 años de desarrollo, de oportunidades, pero falta más tiempo para que este desarrollo se consolide. En esto, la educación es básica”.
El director de marketing recuerda la función de los profesionales españoles hace 50 años. “España era un país cerrado al mundo”. Pero a partir de la mitad de la década de 1970 inició un proceso de transformación que terminó con su inclusión en la Comunidad Económica Europea.
“Invirtió en educación, sanidad, salud e infraestructura y se convirtió en un país de primer nivel. Tomó dos generaciones de profesionales licenciados llegar a ser eso”.
El fundamento filosófico que califica a España como “país de primer nivel”, esa fibra del campeón, Pérez también lo advierte en Panamá. “El cambio empezó allá cuando comenzamos a pensar como un país de primera categoría. Y eso mismo está ocurriendo en Panamá”.
En otras palabras, es la confianza, en especial de los profesionales y licenciados de Panamá, la que debe llevarlos a ellos a “querer cursar maestrías y especializarse en otros países, para ver otros puntos de vista e integrarlos como un ejercicio enriquecedor”, sugiere.
Y valora “mucho” la disposición de trabajo del profesional panameño, su creatividad y esa forma de investigación basada en inquietudes sucesivas hasta obtener una respuesta.
De estirpe campesina
Otro ejecutivo con la fuerza de los campeones es José Javier Bozo. También trabajó para pagarse los gastos de sus estudios en la Universidad de Panamá. Obtuvo el doble título de administrador de empresas y de contador. Tiene 40 años de edad, y es nieto e hijo de campesinos. Su padre, nacido en Santiago de Veraguas, siendo joven se trasladó a vivir en Panamá donde formó su familia.
“Con dos empleos de salario mínimo nos cubrió las necesidades básicas”, dice ahora el vicepresidente ejecutivo de Operaciones y Contraloría de la firma de valores SFC Investment.
La parábola profesional de Bozo empieza en el momento del bachillerato en que su padre le informó de las limitantes del hogar: “Con mucha pena te informo que no puedo cubrir tus gastos universitarios”.
Sin embargo, se graduó de “un colegio público de barrio popular”, estudió arquitectura durante tres años en la Universidad de Panamá, suspendió y después se inscribió en la Facultad de Administración de Empresas y Contabilidad. A los 22 años se vinculó laboralmente al Grupo Morgan & Morgan (GMM) como asistente de contabilidad y ganando un salario mínimo.
En 2003 ocupó la gerencia de finanzas y contabilidad del GMM, cargo en el que estuvo hasta julio de 2011 cuando pasó a SFC Investment porque quería conocer más a fondo el mercado de capitales. La propuesta era indeclinable: “Soy socio y al mismo tiempo puedo trabajar en mi empresa de servicios contables”.
La experiencia de Bozo en servicios bancarios, corporativos, administrativos, financieros y contables le facilitó el aprendizaje del mercado de capitales. Tardó unos cuantos meses. “Son temas inmersos en mi hoja de vida”.
No sucede igual con los profesionales recién graduados o con pocos años en el mercado. “Les cuesta mucho trabajo entender las dinámicas de un sector todavía novedoso. De cada 10 que vienen a vincularse, solo uno cumple con el perfil y los conocimientos requeridos. Tenemos cinco vacantes”.
A Bozo le cuesta creer la actitud de ciertos profesionales panameños, sin experiencia alguna, “más interesados en la remuneración salarial que en lo que pueden aprender de Santiago Fernández Castro, José Abbo y otros altos ejecutivos de SFC Investment, panameños y extranjeros, con absoluta disposición de enseñanza y mucha paciencia”.
Y tampoco entiende cómo ni por qué el mercado laboral es insuficiente ante la demanda creciente de industrias que se empiezan a consolidar, como el transporte público o “el propio mercado de capitales”.
Militar y salvavidas
Panameño y con estudios universitarios en Administración de Empresas y Finanzas en Estados Unidos y Chile, Gilberto Castro tuvo la oportunidad de cursar la secundaria en una academia militar de Estados Unidos. Su hoja de vida completa ocupa ocho hojas tamaño carta, por sus estudios de posgrado y su experiencia laboral en UPS, Fedex y ahora en DHL, compañía que lo nombró en el cargo de gerente de operaciones de Panamá. Tiene 37 años.
Es un convencido de las capacidades del profesional panameño, pues reconoce en él su capacidad de amoldamiento a las situaciones imprevistas, a los cambios inesperados. Valora su solidaridad, auténtica, a toda prueba, y que “les es de mucha utilidad cuando deben fungir de jefes, porque son más aprensivos y humanos”. Y le genera admiración la sinceridad al presentar opiniones, el respeto con que los valida.
Pero le preocupa el desentendimiento ante los desafíos propios de la responsabilidad social empresarial. “Debemos hacer mucho más por la parte humilde del país, por el medio ambiente. Los problemas en este sentido empiezan a hacerse notorios”.
Son Pérez Prieto, Bozo y Castro, que también se enfrentan a diario con la realidad de los profesionales panameños.
Es una cuestión de habilidades y actitudes, además de las ganas de aprender, que ellos han adquirido en sus entornos familiares o en universidades donde se les exige a los alumnos y no se les facilita el camino para conseguir un diploma.
Y allí es donde juega un rol muy importante la educación.
Una educación exigente y no permisiva
Parte del problema en Panamá —reconoce Jaime Bocanegra, de PWC— es que las personas están estudiando las mismas carreras tradicionales y no las requeridas por el mercado.
El área más crítica que él ve es la de tecnología donde hay una gran demanda de personal, pero no hay la requerida en la plaza. “Las universidades no están graduando suficientes profesionales en tecnología”.
A la opinión de Bocanegra se suma la de Chaverri, de Manpower. Él sugiere que el trabajo de las universidades vaya de la mano de las necesidades de la fuerza laboral que tenga el país, “y no nos pase que se gradúen 3 mil abogados cuando no se están requiriendo abogados”.
Pero además el socio de la firma consultora Deloitte, Domingo Latorraca, destaca que el sistema educativo en Panamá no produce profesionales preparados para competir globalmente; sino que una vez ingresan a las empresas son expuestos y adiestrados hacia los mercados competitivos abiertos.
Para Fernando Lasso de la Vega, de KPMG, la educación en Panamá requiere ser más exigente.
Y habla del ejemplo de las universidades estadounidenses que no les permiten la copia a sus alumnos, que sus docentes no solo imparten clases sino que realizan investigaciones, las publican y dictan charlas al respecto.
“Venimos de un sistema donde lo importante es la nota y no aprender. Donde se ha ido perdiendo la oportunidad de generar y producir”, admite.
El ejecutivo agrega algo más. Observa que el profesor panameño se ofende cuando le dicen que el estudiante no aprende y si esto pasa, es culpa del propio estudiante o del padre de familia.
“Y eso ocurre en Panamá porque como el problema no está claramente definido, la culpa es de alguien más”, recalca.
Al comparar esta situación con lo que está pasando actualmente en el mercado laboral, sobre todo con la llegada de profesionales extranjeros al país, Lasso de la Vega pone un ejemplo sencillo: “no es que la educación básica de estos países de donde provienen los profesionales extranjeros sea muy superior a la nuestra, pero el promedio de horas de lectura que dedican los ciudadanos de esos países es mucho más alto que el de Panamá”.
¿Y qué tiene que ver el que la persona no se copie o lea muchos libros (por mencionar unos aspectos)?
La respuesta es la personalidad que va creando en un individuo, que no va a avanzar en su carrera profesional por el “juegavivo” o con serias deficiencias en redacción y ortografía, sino por sus méritos.
Lasso de la Vega considera que en Panamá hay buenas oportunidades, y está convencido de que los profesionales panameños pueden aprovecharlas, pero “si fuéramos capaces de subir un poco más la exigencia propia, para que el común tenga que subir el nivel”.
Entre fortalezas y debilidades
Como dice la canción “¿qué tiene él que no tenga yo?”.
Algunos de los entrevistados responden: poco manejo de un segundo y hasta de un tercer idioma, tener una mente más global, buena actitud hacia el cliente y trabajo en equipo.
“Todas estas son las razones por las que las compañías deciden traerse personal extranjero”, asegura Chaverri.
Mientras que Lasso de la Vega hace un símil con la situación del tráfico vehicular en la ciudad capital. Si el panameño supiera trabajar en equipo no se trancarían las calles, “nuestra idiosincrasia es que yo voy primero y los demás tienen que ver qué hacen”.
El panorama del profesional panameño no parece muy halagador, pero, ojo, que los expertos reconocen algunas cualidades: son flexibles, como jefes son solidarios, por mencionar algunas. Y como dice el socio de la firma Deloitte, Domingo Latorraca, tienen exposición, pero eso ya depende del sector donde se desenvuelvan. La tarea de cada quien es potenciar las habilidades que tienen —o que sus mentores les ayuden a descubrirlas— y superar aquellas deficiencias para aprovechar el auge económico que tiene el país.
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