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LAS FACETAS DE MELISSA RIVERA |
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PROFESIONAL. Tiene dos meses en Antojo Inmobiliario. LA PRENSA/Gabriel Rodríguez
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Envolvía regalos en los almacenes Garbo durante la época navideña. Vendía ropa en la tienda United Colors of Benetton. Fue oficial de tráfico en Multimax.
Uno a uno Melissa Rivera recuerda los trabajos que ha tenido en lo que lleva de vida. “Ninguno de mis trabajos ha tenido secuencia con el anterior”, dice riendo, dejando claro que no hay ninguna relación entre uno y el otro.
Y cuando habla de lo que está haciendo en la actualidad —bienes raíces— tiene mucha menos relación que los trabajos anteriores. Sí, no tienen relación, pero lo que hizo en sus comienzos profesionales le ayudó a tener la disciplina y labrar su camino al lugar donde está hoy.
Antes de definir lo que realmente le apasionaba, Melissa
Rivera abrió un negocio de nombre Café Café en la avenida Balboa, luego una panadería de nombre Viva El Pan, en el sector de Punta Pacífica, y después administró junto a su esposo los cuatro Danté Café que había en la ciudad.
Nuevamente, ninguno se relacionaba con el otro, pero en cada uno de ellos la ejecutiva se caracterizaba por ser una buena relacionista pública.
Estando en esos menesteres, un conocido se le acerca y le pregunta que por qué no entraba en el negocio de los bienes raíces.
Promover los apartamentos del proyecto Ocean One en Costa del Este fue una de las primeras cosas que hizo la hoy directora comercial de la empresa Antojo Inmobiliario, como corredora de bienes raíces.
Diez años han pasado de eso y en ese tiempo vio el sector inmobiliario crecer en la ciudad, y conoció los aspectos positivos y negativos de ese crecimiento.
Lo negativo: algunas personas o sociedades compraron varios apartamentos y los promotores no hacían la debida diligencia para obtener más información sobre esos compradores. Al final estos no pudieron hacer frente a los costos, y ahora hay algunos edificios desocupados.
El otro aspecto negativo fue el ingreso de personas a la rama inmobiliaria que no tenían idoneidad, afectando a los promotores, corredores y clientes.
“Una persona comprometida con los bienes raíces, debe tener una fianza anual de 10 mil dólares que le entrega a la junta técnica, y si pasa algo con un cliente, este tiene dónde recurrir”, reconoce.
Lo positivo es que aquellos jóvenes profesionales que aún vivían con sus padres pudieron encontrar en el mercado alternativas céntricas donde vivir.
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ESTRATEGIA. Para ella, lo importante es establecer prioridades.
LA PRENSA/Gabriel Rodríguez
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Después de todos estos sube y baja que sufrió el sector en pleno auge, este se asentó y ahora “estamos los que somos”, dice Rivera, refiriéndose a los corredores de bienes raíces.
Pasado el boom inmobiliario, son muy pocos los terrenos que quedan en la ciudad para desarrollar.
Rivera ve un potencial enorme en el área oeste de la capital. Urbanizaciones grandes con cables soterrados, garitas de seguridad, centros comerciales, “cosas que no se veían antes en esa área”.
Viendo este panorama, ¿Antojo Inmobiliario tiene pensado construir urbanizaciones?
Rivera no descarta esa posibilidad.
Actualmente tiene un proyecto de playa, “Fontanella del Mar”, que es una especie de comunidad de residencias y edificios de apartamentos, con área perimetral cercada.
“Es una opción para que cualquiera pueda vivir”, dice.
Lo dice la ejecutiva que hace dos meses ocupa el puesto de directora comercial de la inmobiliaria. Un trabajo al que está dedicada como ella dice, full time.
Pero a esa variedad de facetas que le encanta a Melissa Rivera le añade el ser la propietaria, junto a su esposo, de una barbería solo para hombres.
“Tengo una persona que la administra y trato de siempre darle la vuelta. Cuando salgo de mi oficina me voy para allá y los fines de semanas estoy allí”.
La multiplicidad de labores las puede lograr con coordinación, organización y estableciendo prioridades, aclara.
Para cubrir todas sus facetas, ella empieza su día a las seis de la mañana; dice saber a qué hora empieza, pero no a qué hora termina.
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