Edicion N° 733 | 19 de junio de 2012
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INVERSIÓN DE LARGO ALIENTO



JUBILACIÓN

ÓSCAR CASTAÑO LLORENTE
ocastano@prensa.com

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consejo. La nueva generación de trabajadores tiene menos obligaciones y por ende más excedentes. Puede empezar a cotizar para la jubilación. LA PRENSA / David Mesa
Quizás porque el panameño promedio tiene un espíritu cortoplacista y para él todo es flor de un día.

Tal vez porque el sistema de seguridad social es complementario de los aportes  a la Caja de Seguro Social (CSS) y la ley obliga a los trabajadores a cotizar en esta entidad para obtener la pensión de jubilación.

Por estos y otros varios motivos, solamente 54 mil 494 personas se hallan afiliadas a las administradoras de fondos de pensión (AFP) del país. La otra opción que hay en el mercado, pero voluntaria.

En números conservadores, a la fecha deberían estar inscritos un total de 200 mil personas. Así lo estima Héctor Cotes, vicepresidente de soporte de la AFP Profuturo.

“Todavía hay amplia cancha para crecer”, sostiene el superintendente del mercado de valores, Alejandro Abood.

La “cancha” referida por Abood, al mes de abril pasado registraba que las AFP tenían bajo su manejo o custodia un total de 247 millones de dólares. Es decir, 20 millones 100 mil dólares más en comparación con el mismo mes de 2011. En cantidad de afiliados, Progreso registra 25 mil 588. En Profuturo cotizan 28 mil 906 personas.

Alternativo y rentable

“Un fondo de pensiones es un plan de ahorro a largo plazo que se invierte en diferentes instrumentos financieros para que el cotizante vaya generando una reserva que irá creciendo poco a poco”, explica Ana Morales, gerente de mercadeo de Progreso.

El concepto sugiere el objetivo prioritario para el cotizante de un ahorro con rendimientos que son devueltos una vez terminen los años laborales.

“Es un apoyo financiero para cuando se llega a los años dorados”, afirma Francisco Vega, abogado y profesor universitario que hace poco superó la barrera de los 50 años edad.

La experiencia de Vega con las AFP se inició hace 15 años cuando él previó una posibilidad de ahorro complementario al sistema de la CSS. “Entendí que apenas se llega a la jubilación, los ingresos habituales por concepto de pensión se reducían a 60%  del mejor salario. Que la inflación disminuye el valor del dinero. Y que hasta el año 2006, el valor máximo pagado por la CSS era de 2 mil 500 dólares”.

Además de los aportes al sistema contributivo de la CSS, Vega empezó a consignar entre el 5% y 10% de sus ingresos. Sin saberlo, puso en práctica el consejo del superintendente Abood: “Debes pagarte a ti primero. Estar claro de que se trata de un ahorro voluntario, que para ti es mandatorio”.

Pasaron los años. Se acumuló una década y media y Francisco Vega ahora tiene una casa propia y regenta una oficina de asesorías legales. Su expectativa hoy consiste en seguir trabajando en un estado “semiactivo”, después de jubilarse.

El abogado profesor  piensa en un estado laboral semiactivo, de tranquilidad,  porque el ahorro realizado por él en una AFP y los rendimientos alcanzados se lo permiten. Estos han superado la tasa inflacionaria de Panamá consolidada desde 2006: 27.1%.

Y rebasan la tasa bancaria de depósitos a plazo fijo (DPF) de 5  y 10  años, con una rentabilidad máxima de 4.79% en 2007 para el plazo de 5 años, y de 4.82% en el mismo año para el plazo de 10 años.

En 7.64% se cifra el promedio histórico de los rendimientos  logrados  por el abogado con sus aportes a una AFP. (Ver el  recuadro: La guerra del rendimiento”).

Los aportes de Vega se ajustan al límite permitido y exento de carga fiscal por la ley panameña.  El 10% de sus ingresos anuales fueron destinados  a una AFP.  

Pero quizás serían mayores en Colombia donde se aplica un sistema alternativo de libre elección para quien aporta al sistema de seguridad social, formado por una entidad estatal de una parte, y de otra parte por varias empresas del sector privado.

En el país vecino, un incentivo del sistema es “la exención fiscal cuando se hagan aportes hasta de un máximo del 30%  del patrimonio”, coteja Abood.

“En Panamá también están libres de impuestos los aportes anuales hasta un tope de 15 mil dólares. Más allá de esta cifra no se puede hacer deducción de impuestos”, complementa  Morales.

Seguridad que paga

Los altos rendimientos ofrecidos por las AFP panameñas tienen su origen en una  cartera de inversiones diversificada en depósitos bancarios e instrumentos adquiridos en el mercado de valores. “Estamos hablando de acciones, bonos, depósitos en bancos, títulos emitidos por el estado e inversiones en mercados extranjeros, entre otros”, enumera Cotes.

Las AFP pueden invertir hasta el 60% del fondo en depósitos a plazo fijo (DPF), y el porcentaje restante en títulos que cumplan el objetivo primordial del fondo, o sea la conservación del capital, explica Abood.

Las operaciones en mercados extranjeros nunca deben superar el 50% según la clase de activo.

Progreso tiene un carácter conservador en la búsqueda de rendimientos. El 95% del fondo se invierte en instituciones con grado de inversión. Esto genera total seguridad en los afiliados, y saben que no se está jugando con su dinero, afirma Morales.

Profuturo segmenta su portafolio de servicios en los planes ProInversión, ProAhorro, ProCapital y Provisión, de acuerdo con el perfil de riesgo del afiliado.

“Otra ventaja de vincularse a una AFP es que mientras más joven se inscriba una persona,  de forma más rápida podrá tener acceso a su dinero ahorrado”,  comenta Cotes. Su sugerencia  se refiere a la facultad legal en favor del cotizante de retirar  sus ahorros después de 10 años de aportes.

Si la persona cotiza  desde los 25 años de edad, una década más tarde tendrá el dinero suficiente para pagar la cuota inicial de un inmueble.

Durante 15 años, Francisco Vega se ha abstenido de acudir a sus ahorros consignados en una AFP. Tampoco ha retirado los rendimientos por concepto de intereses. Podría hacerlo cada mes. Incluso quiere seguir cotizando, si se puede, cuando esté semiactivo profesionalmente. Y todavía faltan años.

Su actitud previsiva ilustra la  necesidad palpable en casi todos los países de que cada trabajador sea consciente de ahorrar lo suficiente para su pensión de jubilación, y de tomarlo como una intocable inversión de largo aliento. En Panamá, esa es una “cancha” a la que todavía le caben miles de jugadores.

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