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ESPEJOS DEL FONDO SOBERANO |
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VUELO. Momento de una correcta administración de los excedentes de la economía. Deben invertirse en destinos responsables, ajenos a la economía local, para que produzcan los réditos esperados. LA PRENSA/David Mesa
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La fábula cuenta la desventura de un hombre avaro que vendió todos sus excedentes para comprar una pieza de oro. La enterró a la orilla de una vieja pared, e iba a diario a mirar el sitio.
Un día encontró el hueco vacío. Al instante se le acercó un conocido, que le dijo: “Trae otra piedra y colócala en el hueco e imagina que el oro aún está allí. Para ti será lo mismo, ya que de por sí no harías nunca ningún uso del oro”.
La fábula se la atribuyen unos a Esopo y ofrece un claro mensaje que debe servir de fundamento en la creación del Fondo Soberano o Fondo de Ahorro de Panamá (FAP) según el nombre asignado en el proyecto de ley.
La fábula de “El avaro y el oro” es la lección para ser aplicada en Panamá en estos tiempos de prosperidad. Los años de crecimiento económico anual de dos dígitos se robustecerán a mediano plazo (2015) con la llegada de los excedentes de las operaciones del Canal a las arcas nacionales cuando funcione el tercer juego de esclusas.
El correcto manejo del posible FAP “nos daría una fortaleza financiera que nos permitiría hacerle frente a recesiones económicas y a desastres naturales”, asegura el experto en finanzas Felipe Chapman, socio de la firma Indesa.
Un uso contrario llevado a términos de fábula haría de él una pieza de oro acumulada y guardada bajo tierra. E incluso se podría constituir en “gastos corrientes sin repercusiones para la economía panameña”.
Mediante una exposición didáctica, un vocero del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) anuncia el posible desempeño del FAP con el correr de los años, una vez entre en vigencia.
“A partir de 2013, se mantendrá como una reserva para el país. El FAP crecerá aproximadamente desde mil 200 millones en 2013 (producto de la capitalización inicial del Fondo Fiduciario para el Desarrollo o FFD) a 6 mil millones de dólares en 2025 y a 7 mil millones de dólares en el año 2040”.
El capital semilla del FAP se origina en la suma ahorrada durante 14 años en el FFD. La creación de este último fondo ocurrió en 1997 y se fortaleció con los réditos generados con la venta de empresas eléctricas panameñas y de los activos del Instituto Nacional de Telecomunicaciones (Intel), recuerda el economista Domingo Latorraca, miembro de la comisión que asesoró al MEF en la elaboración del anteproyecto de Ley.
Al cierre de 2011, los activos del FFD ascendían a mil 244 millones de dólares.
Repercusiones necesarias
El FAP tiene otro fundamento de aplicación práctica. En caso de eludirse su aprobación, el país corre el riesgo de padecer un recalentamiento económico. Es como si se multiplicaran los latidos del corazón a un ritmo espectacular, muy por encima del que precisa el organismo.
“El Estado tendría que inyectar recursos importantísimos a la economía”, considera Domingo Latorraca. El efecto negativo de ese fenómeno sería un crecimiento superior a la capacidad productiva nacional ante la demanda agregada.
La creación del FAP evitaría además otro padecimiento, asegura Felipe Chapman: la enfermedad holandesa.
El concepto de enfermedad holandesa surge en la década de 1960 en los Países Bajos debido al hallazgo de yacimientos de gas natural cerca al mar del Norte. Se generó la subida de los ingresos en moneda local — en esa época el florín—, el cual se apreció hasta deteriorar la competitividad de otras exportaciones.
“Una bonanza mal administrada puede más bien crear consecuencias negativas no previstas”. El financista señala algunos de los resultados para una economía, como por ejemplo la de Noruega si ese país hubiera tomado la decisión de profundizar el estado de bienestar que alimenta una visión a largo plazo.
“El efecto se evidencia en el precio de los activos; desde la tierra, la vivienda, los inmuebles, hasta los valores financieros. Se recibe tal presión, que se alcanzan niveles insostenibles, y hasta se puede cerrar una inflación en activos reales”.
La economía de Panamá puede crecer a una velocidad sin precedentes, pero también puede padecer los males o enfermedades enunciados por Latorraca y Chapman.
Una vez entre en operación el tercer juego de esclusas del Canal, los ingresos del Estado panameño se estima aumentarán, en 15 años, de mil 43 millones de dólares en 2011 a más de 4 mil 200 millones de dólares en 2025.
“De traspasarse todos estos excedentes al Tesoro Nacional, se promovería un aumento ineficiente del gasto público y un posible recalentamiento de la economía”, reconoce el MEF.
Nudo y aplicación
La pronta constitución del FAP impediría el recalentamiento de la economía y la aparición del virus holandés. Este fondo tiene una finalidad altruista, dice el MEF, que es promover un ahorro en provecho de futuras generaciones.
Y jugaría un rol anticíclico, pues también le haría frente a desaceleraciones económicas o a contingencias de la naturaleza.
“Me inclino más por el uso del FAP en situaciones de contracción económica. Estas ocurren cuando la economía decrece y se presenta un crecimiento negativo de la economía. La desaceleración se produce cuando la economía crece pero a un ritmo más lento”, explica Chapman.
La propuesta del Ejecutivo tiene en cuenta el aporte anual del Canal al Tesoro Nacional, correspondiente al 3% del producto interno bruto (PIB).
El fondo recibirá los excedentes del porcentaje señalado contra el PIB. Los retiros les harán frente a una desaceleración de la economía cuando su crecimiento se halle por debajo del 2% en dos trimestres consecutivos; y al suceder desastres naturales que lleguen a representar el 0.5% del PIB.
Ambas hipótesis (contracción o desaceleración) están sujetas a términos de tiempo definidos. Su acaecimiento puede dar lugar a la aplicación automática del FAP, un resorte que al oprimirlo se dispara.
“Se deberá usar el fondo cuando por lo menos se tengan dos trimestres seguidos de contracción económica. O en caso de desaceleración, que fuese un crecimiento digamos inferior al crecimiento de la población. Por decir una cifra, un crecimiento inferior a 2 o 1.5 por tal vez tres o cuatro trimestres consecutivos”, compara Chapman.
Otros fondos
Durante la última década se puso de moda la elaboración de Fondos Soberanos. Más de 30 países configuraron su fondo contra las adversidades. La mayoría se guió por las experiencias con mejores resultados. Otros terminaron en fracaso.
“Ejemplos de Fondos Soberanos prominentes son el Fondo de Pensión Gubernamental de Noruega, con activos por 525 mil millones de dólares; el Fondo de Estabilización Económica y Social de Chile, de 13 mil millones de dólares; el Temasek Holding de Singapur, compuesto por 525 mil millones de dólares”, precisa el MEF.
Panamá ha seguido con especial atención el comportamiento de los fondos de Noruega y Chile. “Otros [ejemplos] podrían ser un punto de referencia menos atractivo para Panamá y no vale la pena mencionarlos”, comenta Felipe Chapman.
Entre los poco atractivos está el de Venezuela: pasó de tener 700 millones de dólares en 2003 a contar con dos millones de dólares en 2012.
Hasta el 23 de diciembre de 1969, Noruega fue un país de campesinos y pescadores, repleto de bosques y de mares de poco provecho. El día anterior a la Navidad de 1969 hallaron petróleo.
Desde entonces viene fortaleciendo una industria que genera 200 mil empleos y que tiene operaciones en 40 países.
Los ingresos del crudo entregados al Fondo de Pensión Global de Noruega se invierten en diferentes mercados. Cuando se acabe el petróleo noruego, los beneficios del fondo pagarán las obligaciones pensionales.
“Solo 4% de los beneficios podría ir cada año a las arcas públicas para equilibrar el presupuesto estatal”, dice un periodista del diario El País de España.
El caso chileno es una muestra de responsabilidad, primero, y dignidad después. La paz silenciosa y la prosperidad lucidas por los chilenos tuvieron dos momentos de quiebre en menos de tres años.
“Vivieron una recesión desde finales de 2007, que se agravó en 2008 y que coincidió a su vez con un terremoto y un tsunami”, resume Chapman.
Los dos desastres naturales sufridos por los chilenos se sintetizan en las siguientes cifras: 800 muertos, mil escuelas demolidas, 2 millones de damnificados, 300 mil viviendas en ruinas y la destrucción de caminos, aeropuertos, embalses, canales y redes de agua potable. El total de las pérdidas económicas: 30 mil millones de dólares.
“No tuvieron que acudir ni a un mayor endeudamiento ni a un aumento de impuestos ni a un recorte de gastos. Eso sí, los réditos del fondo no fueron suficientes y tuvieron que consumir parte del capital para estimular la economía”, recuerda Chapman.
Los recursos chilenos estaban depositados en su Fondo Soberano, creado en 1985 con los excedentes provenientes de la extracción de cobre. El país austral es el número uno en exportación de este metal.
La experiencia panameña más próxima a un desastre natural la vivió José Delgado, productor agrícola nacido en Chepo, al este de la capital.
El 7 de diciembre de 2010 la región padeció un aguacero de dimensiones bíblicas. Tras horas de lluvia, el agua se hizo río y entró sin vacilar por la puerta principal de su casa hasta inundar la sala, el comedor y los cuartos. Y aun así eran más densas las lágrimas de su esposa y de sus hijos que el torrente que alimentaba al invasor inesperado.
También perdieron su restaurante y varias hectáreas de tierra.
“Eso fue hace 17 meses y no hemos recibido la ayuda prometida del Gobierno”, se lamenta Delgado.
Un Fondo Soberano tal vez habría podido cambiarle su angustia por esperanza.
EL CASO DEL FAP
EN CIFRAS Y LETRAS
$150
MILLONES. Es la suma mínima en daños y pérdidas que debe ocasionar un desastre natural en Panamá para que se pueda acudir a las reservas del Fondo de Ahorro.
2025
EL AÑO DE REFERENCIA. Se calcula que para entonces los aportes del Canal de Panamá al Estado serán del 4.86% del tamaño de la economía nacional.
1.264
MILLONES DE DÓLARES. Es el capital semilla proveniente del casi extinto Fondo Soberano para el Desarrollo que servirá de base para el FAP.
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