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EN NEGOCIOS, EL MEJOR MAESTRO ES EL TIEMPO |
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Pericia. Con el tiempo y la experiencia se pueden llegar a realizar las jugadas maestras en los negocios.LA PRENSA/ David Mesa
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La astucia que otorga la experiencia no es algo que se consigue a la vuelta de la esquina.
Buena parte de los emporios comerciales que dominan el panorama económico local fueron forjados por hombres nacidos en la década de 1930, quienes aún trabajan en fortalecer sus empresas.
Dos representantes de esta generación le ofrecen los resultados de su experiencia a la nueva camada de empresarios. En síntesis, una maratónica ruta en la que no siempre los acompañó el éxito.
Ellos son Guillermo Quijano, presidente del Grupo Sucasa, y Federico Humbert, presidente del Banco General, líderes empresariales que llevan más de cuatro décadas en los negocios, estableciendo alianzas, buscando socios y afrontando crisis de diversa índole.
Como sucede con los empresarios panameños que ahora caminan sobre los 30 años de edad, Quijano y Humbert también sintieron la necesidad de cortar el cordón umbilical de sus respectivos trabajos y dejar atrás la seguridad que representa tener un salario.
Las motivaciones
Quijano empezó un negocio por su cuenta porque tenía compromisos familiares. “En 1965 fundé mi primera empresa, Guayacanes S.A. Me motivó que en ese momento trabajaba con un tío y me iba a casar. Sencillamente el sueldo no me alcanzaba. Decidí comenzar mi propia empresa”, rememora este ingeniero nacido en 1938.
Humbert se volvió emprendedor por convicciones personales. Según relata, en 1959 se había graduado de negocios de la Universidad de Notredame, Indiana, Estados Unidos. En ese momento, luego de tres años laborando en la empresa Panameña de Seguros, decidió comenzar un negocio por su cuenta. “Me dediqué a vender seguros de manera ambulante por todo Panamá. Ni siquiera tenía una oficina propia”.
Una dificultad que suele presentarse al momento de hacer negocios y en la que concuerdan los dos empresarios, es en la necesidad de asociarse para aligerar la carga que supone administrar una empresa.
“Cuando busquen socios, toquen primero las puertas de los amigos”, sostiene Quijano. Humbert agrega que “al hacer negocios con socios, se les debe conocer muy bien. Deben tener una afinidad de valores para que las cosas funcionen”. En este sentido, los comienzos nunca son sencillos. Muchos se desaniman en el primer fracaso.
Si Quijano hubiera tirado la toalla con su primera derrota como empresario independiente, en Panamá no operaría la franquicia de restaurantes TGI Friday´s, ni existiría la cadena de hoteles Country Inn, ni al menos 30 mil viviendas construidas por la institución insignia de Quijano, Grupo Sucasa.
El primer trabajo que le encargaron como profesional independiente fue la construcción de una casa perteneciente a una iglesia episcopal en Gamboa. Para llevar el concreto, se debía atravesar un puente que era controlado por el ejército norteamericano, que no dejaba pasar los camiones porque eran muy grandes.
“Como la obra era una licitación que tenía un precio fijo, y no tuve en cuenta el factor del ejército al estudiar el pliego de cargos, los costos se dispararon. Tenía que descargar el material antes del puente y pasarlo en vehículos más pequeños. Además debía comprar hielo porque el concreto se calentaba y se podía dañar. Con esa obra, como decimos en buen panameño, perdí hasta el derecho de caminar”, recuerda el ingeniero, quien tardó varios años pagando la deuda.
Desde entonces, en cada nueva obra que emprende, Quijano amplía el panorama de posibles imprevistos. De manera que si llegan a presentarse, ya cuenta con la capacidad financiera para hallar soluciones.
Esquivando la turbulencia
El manejo de crisis es un aprendizaje que comparten tanto las generaciones pasadas como las presentes.
Mientras que un avezado como Quijano recomienda “mantener la serenidad” al momento de afrontar un problema, un previsor como Humbert —dedicado a la banca— se decanta por la acumulación de reservas que anticipen escenarios negativos.
“Cuando se presentan problemas se debe estar lo más calmado posible, para pensar con claridad. Además, siempre es bueno escuchar consejos. En ese momento yo acudiría a mis padres, los seres que me brindarán la opinión más sincera. Consulta con tus amigos y si eres religioso, acude al sacerdote, pues él también es importante”, explica el ingeniero civil.
Mientras que el presidente del Banco General, Humbert, con 77 años de edad, recomienda prepararse siempre para las turbulencias. “Crisis, siempre las va a haber, y por eso es bueno acumular reservas. Así creas que ya tienes suficientes, duplícalas, triplícalas”, sentencia.
Presentando cuentas
Otra de las convicciones en las que coinciden estos dos hombres, es el valor supremo de la transparencia. La consideran una valiosa clave para hacer negocios.
“Hay que tomar en cuenta los valores. El fin nunca puede justificar los medios y se debe ir un escalón a la vez. No se puede subir al quinto piso de un solo salto”, apunta el banquero. El constructor agrega que “no hay nada como dormir tranquilo. Si uno es transparente en sus negocios, a uno le va bien. Esto es de vital importancia, más aún cuando se tienen socios”.
En el competitivo mundo de los negocios, donde la rotación de personal suele ser algo frecuente, ambos empresarios coinciden en que las nuevas generaciones deben fidelizar a sus empleados, con incentivos que vayan más allá de un salario.
“La estabilidad laboral es un valor bastante apreciado. Si un empleado siente que dentro de una empresa puede crecer y lo valoran como ser humano, lo pensará dos veces antes de aceptar una oferta en otra empresa. También es importante hacerlo partícipe de las utilidades de la compañía. Eso refuerza los compromisos”, explica Quijano.
Quizás la mayor herramienta que pueden brindarles a las nuevas generaciones —no se relaciona con la multiplicación del dinero— se refiere a dos riquezas: la colectiva y la espiritual.
“Los nuevos empresarios deben involucrarse más en los gremios y en la política, pero no para conseguir un puesto y pasar a ser parte del sector público, sino para aportar ideas al desarrollo del país”, apunta el fundador de Sucasa.
Pero su compañero de generación agrega que “nunca se debe olvidar a la familia. Mi mayor tesoro son mis 33 nietos, mis ocho hijos y sus respectivas parejas”. La frase cobra particular mérito viniendo del presidente de un banco cuyo último estado financiero presenta activos por 8 mil 600 millones de dólares.
A diferencia de estos sabios de las empresas, los empresarios panameños de 30 a 40 años de edad tienen un particular estilo de hacer negocios. Pero tienen muy en cuenta sus consejos.
Al igual que Quijano, aman las riquezas colectiva y espiritual, y se encuentran en estado de alerta para hallar alegorías simples pero profundas en el trajín cotidiano.
La nueva camada
Oscilan entre 30 y 40 años y llevan en sus hombros la responsabilidad de construir las bases de la prosperidad del país, con cinco cualidades: fuerza, gracia, resistencia, altura y audacia del vuelo.
Estos empresarios de visión de águila fueron descritos con precisión por el hawaiano Robert Kiyosaki, gurú de la libertad financiera personal y autor de la obra Padre rico, padre pobre.
Sus consideraciones se ajustan a la horma del mercado panameño. Argumenta por ejemplo que las tasas de crecimiento de la población resultan mayores que las de apertura de empleos, y resulta que en Panamá viven ahora más de 3 millones de habitantes.
Destaca que una persona es útil para una empresa hasta los 40 años, y en Panamá a los 35 años ya se la considera obsoleta.
Denuncia la tendencia de los contratos de trabajo de disminuir los beneficios laborales, y nuestras noticias abundan en ejemplos de trabajadores a destajo, por horas o por períodos máximos de tres meses y bajo condiciones lamentables.
Y se burla de términos como reingeniería y reestructuración empresarial, que no significan otra cosa que despidos colectivos.
El diagnóstico de Kiyosaki se articula en la apertura panameña de los últimos 20 años, caracterizados por una población aún joven y con iniciativa empresarial y que prefiere suplirse sus propias necesidades.
El alto directivo de la Asociación Panameña de Ejecutivos de Empresas (Apede) y rector de la Universidad Latina, Modaldo Tuñón, dice que la presente era de cambios propicia “el inicio o crecimiento de los negocios de transporte, tecnología, telecomunicaciones, centros agropecuarios, turismo y artesanías”.
Con sentido crítico, Tuñón acusa dos vacíos para impulsar estas áreas de la economía: la falta de gestión tecnológica entre muchos profesionales, y de créditos de microfinanciamiento.
Ambas grietas disminuyen las posibilidades de éxito de un empresario porque “le quitan eficacia en las soluciones y le impiden gozar de un saludable flujo de caja”.
Pero aplaude en los empresarios panameños de más de 30 años una condición única e inédita: “A ellos los define la resiliencia, esa capacidad de sortear con eficacia las adversidades pensando en la meta definitiva. Son expertos en gestionar crisis”.
Si no se conoce la historia...
El director de asuntos económicos de la Cámara de Comercio, Industrias y Agricultura de Panamá, Manuel Ferreira, piensa que algunos de los sectores citados por Tuñón gozan de tradición centenaria. “Desde hace décadas hemos sido potencia regional en telecomunicaciones, transporte de carga, administración de puertos, y servicios marítimos y financieros”.
Economista y con un bagaje profesional de más de 20 años, Ferreira habla bien de la preparación académica y la precoz experiencia acumulada por los jóvenes empresarios que ya jalonan al país, y que vuelcan todo su empeño en varios campos de la economía, pero con respeto y admiración por los usos comerciales “que siempre aplicaron los forjadores del desarrollo panameño”.
Prueba de ello es Carlos Fernández (34 años de edad), ingeniero civil y constructor sin horario de trabajo, que de lunes a domingo piensa y sueña con ladrillos y mármoles.
Apenas cursó la maestría en gerencia de proyectos en el Instituto Politécnico Worcester de Boston, Estados Unidos, se vinculó profesionalmente al Grupo Los Pueblos que lidera Alfredo Alemán.
El empresario Alemán le ofreció a Fernández una oportunidad única de trabajo en la que éste aprendió una fórmula infalible en proyectos arquitectónicos: que deben construirse en el menor tiempo posible y reduciendo costos sin sacrificar la calidad. Y admira en su maestro el anteponer la calidad humana sobre los negocios.
“Al Mello le encanta tratar con la gente, escuchar sus necesidades y presentar soluciones. Dice que el trato personal es fundamental en el comercio”.
Fernández estuvo con Alemán seis años y pasó por varios cargos hasta llegar a la gerencia del Grupo Los Pueblos, y de haber participado en la construcción de proyectos tan importantes como Albrook Mall.
En 2002 decidió abrirse camino solo, y al año fundó Cao —sobrenombre de Fernández—, constructora y administradora de de obras que en siete años ha ganado respeto porque en sus trabajos siempre tiene en cuenta los deseos más exigentes del cliente, pero también los de la comunidad colindante.
“Nos va bien porque hacemos énfasis en las relaciones humanas, en atender a las personas como si fueran nuestra familia, algo que jamás suplirán Facebook o Twitter”.
Por su parte, la panameña Mariana Núñez (37 años) se encuentra entre las pioneras de los servicios impresos. Fundadora y directora de Ají Pintao, publicitaria experta en comunicación visual, tras estudiar diseño gráfico y comunicación social en la Universidad de Boston regresó al país para laborar mediante un contrato de trabajo.
En ese período conoció de primera mano el know how de la publicidad panameña, desde la perspectiva de las grandes compañías.
Entonces cayó en la cuenta de que existía una carencia: solo se producían campañas para radio y televisión y en cambio eran escasas en los medios impresos, especialidad de Mariana.
Por ello decidió fundar Ají Pintao, la firma que además de contar con un amplio portafolio de productos y servicios publicitarios, sustenta su know how en una memorabilia de miles de productos realizados que se reutilizan para crear nuevas soluciones, y que hace del caos un carnaval de ideas que se hacen realidad según las aspiraciones del cliente, y que lo acompaña hasta la consecución de los objetivos.
Así que los sabios de los negocios pueden estar tranquilos. Sus admirables hazañas que durante décadas han distribuido riquezas y oportunidades, ahora tienen en empresarios como Mariana Núñez y Carlos Fernández una generación con futuro, pero diferente.
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