Edicion N° 626 | 20 de abril de 2010
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SE TRAZATERRITORIO DONDE REINA EL LUJO

Comercio

MELISSA NOVOA Y MARIO A. MUÑOZ
mf@prensa.com

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consumo. Al año se importan 30 millones de dólares en perlas finas y piedras preciosas.  LA PRENSA/David Mesa

Los flamante yates y los imponentes veleros de los turistas pueden arribar a los  muelles panameños sin tener que pagar tarifa alguna. La reciente decisión de la Autoridad Marítima de Panamá pareciera una medida extravagante. ¿Quienes cuentan con mayores recursos están libres de pagar?
Sin embargo, medidas como estas son coherentes en la búsqueda de la meta de ser sede de un mercado de productos y servicios de alto valor.

Panamá como “hub de las Américas” debiera estar consolidado en  2020 y esto implica ser el “centro de clase mundial de servicios logísticos de valor agregado, turismo de lujo y agricultura de alto valor”.

En el Plan Estratégico de Gobierno 2010-2014,  Panamá debiera convertirse en un centro para turismo de lujo en destinos de playa, de negocios y compras, a fin de enfocarse en atraer a los segmentos de alto poder adquisitivo.

Parecen metas difíciles en un país donde todavía hay un 33% de índice de pobreza y por  las carencias en los servicios públicos y la falta de desarrollo en infraestructura turística. No obstante, los escenarios naturales (bosques y playas) combinados con una amplia gama de mercancías de lujo y alojamiento de alto estándar disponible alientan expectativas.

Las millonarias inversiones en tiendas de marcas internacionales, hoteles boutique, vehículos de alto valor y servicios para ejecutivos refuerzan las posibilidades de crecimiento. Los consumidores locales, sumados a los extranjeros -procedentes principalmente de Colombia y Venezuela-, han dinamizado las compras de mercancías costosas.

De hecho, se han triplicado las importaciones de perlas finas y piedras preciosas para llegar a  30 millones de dólares, por solo citar un ejemplo.

Un país de marcas

Un fenómeno reciente se ha dado con la llegada de marcas internacionales que se han instalado en el país y que han generado un interesante movimiento de ventas.

Sus locales exclusivos, tiendas de diseñador y sus escaparates refinados han tenido una buena recepción, pese a la crisis internacional reciente.

Es así en el área de la perfumería, por ejemplo, donde brillan marcas como Paco Rabanne, Nina Ricci y Carolina Herrera, según confirma Jean Pierre Pourcelot, director general de Sodepac, que es la filial del Grupo Puig (dueños y fabricantes de dichas marcas de perfumería).

Sodepac se encarga de distribuir en toda América Latina, incluyendo tiendas de duty free de aeropuertos y zonas francas. Pourcelot asegura que el mercado de perfumes y cosméticos sigue creciendo.

“La crisis financiera tuvo pocos efectos sobre nuestras ventas, porque se trata de un lujo accesible”, explica. Sin embargo, reconoce que artículos de mayores precios como los relojes y joyas han sufrido más con la baja del turismo internacional.

En general, en el país las importaciones de perlas finas y piedras preciosas cayeron 13.3% en 2009, según datos de la Contraloría General de la República. “El mercado se ha vuelto más competitivo, pero las grandes marcas como Chanel, Carolina Herrera y Dior siguen con muy buenas perspectivas para los próximos años”, asegura. 

Marcas como Paco Rabanne crecieron fuertemente (55%)  con el lanzamiento del perfume “1 Million”.

Panamá está cambiando y como dice Pourcelot,  el “público se vuelve más conocedor y exigente en cuanto a marcas y productos nuevos”.

Los últimos tres años han sido muy movidos en materia de marcas, como lo atestigua Guillermo Acevedo, director de Euroboutique (del grupo Motta Internacional), quien recuerda la llegada al país de fabricantes de lujo. Primero fue Louis Vuitton, luego Tiffany & Co., Hermés, Bulgari, Panerai y recientemente en 2010, se instaló  Dolce&Gabbana.

Acevedo considera que Panamá va en camino a consolidarse como un centro de marcas reconocidas internacionalmente.

“Recientemente hemos tenido la entrada de marcas y más están en camino; con ellas buscamos atender al mercado nacional y ofrecer una alternativa a aquellos clientes que antes viajaban al extranjero en busca de artículos que no estaban disponibles en sus países”, señala.

Las marcas de lujo, según Acevedo, han logrado adaptarse rápido a una economía contraída. 

“Hay mucha oferta de modelos más pequeños y económicos, así como diseños clásicos en las que las marcas han vuelto a lo básico, alejándose de diseños agresivos”, asegura. La oleada de inmigrantes y las nuevas empresas que se han instalado en el país le han dado dinamismo a la actividad y ha crecido el mercado. “Con el incremento en el tamaño del mercado, también ha venido un aumento en los estilos aceptados por los clientes, así como las marcas que buscan. El resultado ha sido una oferta más amplia”, señala.

Mitos universales

En Panamá el éxito de los productos de marca está dado por su capacidad para encarnar mitos universalmente comprendidos, opina Ana Jimena Vargas, gerente general de Unimer.

“Chanel se basa en el mito de la elegancia y la sofisticación francesa. El mito es universal, porque París es la capital mundial de la moda y Coco Chanel una exponente clarísima de ese je ne se quois de la mujer francesa”, indica. Marcas prestigiosas de los vehículos Mercedes Benz y BMW  se basan en el mito de la ingeniería de alta tecnología y la elegancia del diseño automotriz alemán, resalta Vargas.

La demanda por productos de marca está asociada a la búsqueda de la calidad, pero también a una “inversión” emocional. La gente aspira a mejorar su calidad de vida y quiere estar asociada a ciertos productos que los haga sentirse y verse mejor. La crisis financiera fue una prueba de fuego para las marcas porque los consumidores se vieron en la necesidad de revisar sus gastos de consumo.

La especialista explica que “los tiempos de la crisis resultaron ser tiempos de gran crecimiento para algunas marcas que lograron mantenerse o intensificarse, gracias al fuerte vínculo que han logrado crear con sus consumidores”. Las marcas, según ella, llenan la necesidad de seguridad, dirección, conveniencia, identidad, estatus, afiliación a un grupo y de expresión personal.

Pagar por la experiencia

No es extraño que Quintessentially, uno de los servicios de alto estándar más exclusivos a nivel internacional haya escogido a Panamá como el primer país de América Latina para instalarse.

¿Cómo funciona este servicio?

Un empresario panameño se comunica con su asistente personal en Quintessentially a fin de que le consiga una habitación para el fin de semana en el hotel The Ritz -Carlton de la ciudad de Los Ángeles y le haga una reservación, para el día siguiente de su llegada, en el restaurante más lujoso del área.

El asistente revisa la base de datos que posee la empresa, dedicada a brindar un servicio de lujo en el mundo, y con el apoyo de su homólogo en Los Ángeles logra conseguir todo lo que quiere el cliente. Pero para cumplir este deseo sin tener que preocuparse por los pormenores, el ejecutivo se hizo miembro de Quintessentially y pagó una cuota anual que le permite darse estos gustos.

La empresa cobra una cuota anual y sus miembros pueden pagar desde 5 mil 500 dólares para tener derecho a un asistente personal que le resuelva todas sus necesidades, hasta 45 mil dólares para recibir un servicio élite. En Panamá el servicio se brinda desde 2007, aunque conseguir que las personas entraran en Quintessentially fue una tarea un poco difícil.

En esos años no había una cultura de consumo del servicio de lujo, reconoce René Estripeaut, director en Panamá, quien agrega que la tarea ha sido la de  educar para crear esa cultura de consumo.

La membresía a la que él le llama “su caballo de batalla en los mercados latinoamericanos” es la llamada “dedicada”, a un costo de 5 mil 500 dólares al año para una persona o de 7 mil 700 dólares para una pareja.

Por eso, al inicio sus clientes eran transeúntes que pasan algún tiempo en Panamá y que conocen del servicio. Con la crisis mundial esta clientela disminuyó y sobre la marcha el mercado local fue aceptando este tipo de servicio.

Delegando en sus asistentes desde lo más sencillo como conseguir un profesor de natación para los niños, a lo más complejo como ubicar una medicina de origen chino para personas que padecen cáncer y que no se vende en Panamá, o pintar un elefante blanco para una boda a realizarse en India.

La idea es acortar la distancia con una membresía élite, que es muy popular en mercados como Moscú, Kuwait, países del Medio Oriente, donde el lujo está dignificado.

Fenómeno nacional

Si bien el lujo se concentra en la metrópoli, las compañías están extendiendo su red a lo largo del país como las distribuidoras de marcas de autos premium, que  arrancaron sus motores y conquistan destinos más allá del Puente de Las Américas.

Ya Bavarian Motors, por ejemplo, que distribuye BMW, anunció la apertura de una instalación exclusiva para la marca en la provincia de Chiriquí, donde hay un nicho de mercado. “Sabemos que el potencial de vehículos en esa provincia está para todas las marcas y para todos los productos”, admite su gerente general, Ricardo Maucci.  Sin embargo, el tener clientes en el lugar y no poder darles la atención los obligó a instalar un local en la provincia.

Bavarian Motors tiene entre 100 y 120 clientes en la ciudad de David, pero ahora esperan que esta cifra crezca. “Si no supiéramos que existe el potencial no estuviéramos tomando esta decisión”, reconoce Maucci. Otra distribuidora de autos premium que también ha visto potencial en el interior de la República es Consúltenos.

Roberto Durán, gerente general para la marca Audi, asegura que la empresa está en proceso de expansión y pronto estarán abriendo una sucursal en Chiriquí para Audi y Volkswagen. “La presencia de las marcas premium en el interior del país ha aumentado con el crecimiento de modelos del segmento SUV (Sport Utility Vehicle), y probablemente siga mejorando”, señala.

Ambos distribuidores afirman no haber explorado aún la posibilidad de expandirse a otras provincias. Y es que el Gobierno reconoce que “es difícil llegar a la mayoría de los lugares con alto potencial para convertirse en destinos turísticos”. En parte porque las carreteras que conectan las playas y otros destinos no existen o están mal cuidadas.

La meta para el Gobierno, según el plan quinquenal, es generar hasta $1,500 millones en el producto interno bruto adicionales por el turismo de negocios y compras. La idea es atraer a los compradores de lujo que encuentran mejores precios en comparación con Colombia y Venezuela, y que no pueden conseguir visa para entrar a Estados Unidos.  Se espera ampliar la fama de ofertas desde “chozas” ecológicas de cinco estrellas de lujo con vistas al Caribe.

 

 
 
 
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