Edicion N° 605 | 17 de noviembre de 2009
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Conciertos musicales florecientes y millonarios

El negocio de traer cantantes internacionales

RAÚL A. BERNAL
rbernal@prensa.com

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En los últimos meses, hemos escuchado y leído en los medios de comunicación los nombres de grandes cantantes como Gloria Estefan, Juan Gabriel, Vicente Fernández, José Luis Perales,  los Jonas Brothers, Franco De Vita y Olga Tañón, entre otros, tras las promociones que se efectúan por sus presentaciones en los escenarios panameños.

Y es que cada vez más, Panamá resulta un lugar atractivo para que los  artistas vengan a ofrecer su talento a un público que parece no importarle la crisis económica mundial, y se abocan a pagar altas sumas de dinero para gozar por los menos dos o tres horas de “un maravilloso espectáculo”,  como se acostumbra calificarlos.

La efervescencia de la llegada al país de estos cantantes extranjeros es cada vez más evidente, e incluso, se ha observado hasta cuatro artistas presentándose en un mismo mes, con las salas generalmente repletas de seguidores. Aparte de esto, el público suele pagar por el boleto de entrada desde 25 dólares hasta 350 dólares.

Algunos entendidos en esta materia indican que la industria del espectáculo en Panamá resulta ser millonaria, tras señalar que  estos artistas de talla internacional suelen cobrar entre 70 mil y 500 mil dólares.

Se estima que los empresarios que promueven estos eventos pueden obtener ingresos por el orden del 20% y 40%.

Pero agentes de las promotoras que traen a estos artistas confiesan que el margen de ganancia en este negocio varía con cada evento y que depende de  los costos involucrados en la producción del espectáculo, como son las  fuentes de ingresos, pero que el éxito financiero dependerá de la mejor administración que se efectúe.

Así lo da a conocer  David Candanedo, gerente general de la empresa Magic Dreams Productions, Inc., quien agrega que el negocio está lleno de riesgos, ya  que hay muchas variables que no se pueden controlar, como  la aceptación del público, el lugar donde se lleva a cabo el evento, la fecha en que se realice y los precios, entre otros factores.

“Es un negocio donde curiosamente uno le paga al artista y uno queda de empleado. Tú pagas, pero tienes que seguir un contrato que no tiene menos de cinco páginas con muchas especificaciones técnicas cuando es un artista bastante reconocido”, añade por su parte Haydee Tuñón, gerente de la también promotora Multimagen Entertaiment.

Discrepancias y desfases

Pero lo que todavía no termina de convencer del todo a los representantes de los diversos gremios de artistas nacionales es el trato que se les confiere a los talentos del patio, alegando que muchas veces los artistas extranjeros salen mejor beneficiados que los nacionales, contraviniendo en múltiples ocasiones las leyes que los protegen.

Para el secretario de la Unión Nacional de Artistas de Panamá (Unap), Adalberto Bazán, los empresarios siempre se las arreglan para darle al artista nacional lo que a ellos les parece,  cuando la ley dice que debe ser en igualdad de condiciones, que debe ser un mínimo de mil dólares por alternabilidad y que además deben hacerle la misma promoción, condiciones que según este sindicalista muchas veces no se cumplen.

Uno de los más recientes incumplimientos a los que  alude Bazán fue que en diversos periódicos de la localidad se informó que el mexicano Juan Gabriel había cobrado 800 mil dólares por su presentación, de los cuales debía pagar por ley el 5% a las organizaciones artísticas nacionales, cuando en realidad solo recibieron un 1% de la suma que se informó había cobrado.

Por esta razón, el secretario de la Unap asegura que levantarán su voz de protesta y que convocarán a la Comisión Evaluadora del Ministerio de Trabajo y Desarrollo Laboral para que analice el tema.

Otra queja  fue la de Cristóbal Toby Muñoz, secretario general del Sindicato de Trabajadores de la Música, Artistas y Similares de Panamá (Sitmas), que expuso el caso del también mexicano
Vicente Fernández, donde se registró un contrato por 50 mil dólares, cuando según sus investigaciones este cantante generalmente cobra unos 134 mil dólares.

“Hasta ahora siento que hemos sido vilipendiados en cierto sentido porque hay argucias legales que se utilizan para evitar darnos la razón”, afirma Muñoz.

Tanto Muñoz como Bazán y Esther María Atencio, del Sindicato del Trabajadores del Arte de Panamá (Sitap), sostienen que la Ley 10 de 8 de enero de 1974 —que protege a los artistas y trabajadores de la música nacional— debe ser reformada porque tiene 35 años de existencia y  actualmente los costos han subido 10 y 15 veces. “No podemos seguir con una tarifa de hace 35 años”, sustenta  Muñoz. Pero en algo que sí parecen estar de acuerdo, tanto los artistas como los empresarios y hasta las mismas autoridades, es que la norma legal que rige este tema está desfasada y requiere de cambios.

 

 
 
 
 
 
 
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