Edicion N° 599 | 29 de septiembre de 2009
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informe central

producción alimenticia no sacia el apetito

seguridad alimentaria

KEREM PÉREZ
kperez@prensa.com

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subsistencia. Hay que garantizar los alimentos en la mesa de cada panameño.Roy Hernández
sAun cuando la economía local parece haber sorteado la crisis financiera y se ha mantenido rebosante, la producción de alimentos no vive la misma historia.

Alimentos de primera necesidad, como el arroz y el maíz, han registrado leves caídas año tras año, lo que traza una línea delgada entre la abundancia y una mayor dependencia de los mercados internacionales.

En 2008, cuando el precio del petróleo comenzaba a tocar las nubes, los cereales se convirtieron en el  superhéroe de la historia. Su potencial uso para la fabricación de biocombustibles era la solución a los altos precios del crudo.

Esto provocó una especulación por quienes  mantenían entre sus reservas los cotizados granos, y produjo una escasez inesperada.

A esta situación se sumaba el alto consumo de países como China e India, que absorbían la otra parte de la producción, y la decisión de algunos  países, como Argentina, que prefirieron no exportar sus granos para mantener la “seguridad” interna.

En Panamá, la situación ha sido otra. Debido a los altos precios de los insumos (fertilizantes y combustibles) para la producción y la falta de crédito, algunos productores han preferido cambiar el olor del campo.

Es más, el aporte de la actividad agrícola y agropecuaria al producto interno bruto ha caído a 12% en un año.

La solución: aumentar la producción y mantener niveles de autosuficiencia en los productos que más se consumen, para mantener la seguridad alimentaria nacional y lograr reducir la desnutrición, que es uno de los  Objetivos del Milenio.

Aunque la producción agrícola ha tenido una caída, paradójicamente la de licor sí registra crecimientos, ya que a julio de este año ha aumentado 7.1% con respecto a julio de 2008.

Mientras esto sucede en Panamá, en el ámbito internacional  la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO, por sus siglas en inglés) hace un llamado de atención ante la necesidad de estar preparados para el futuro.

Según su último reporte, publicado el 23 de septiembre, para el año 2050 la producción de alimentos debe aumentar un 70%, porque la población llegará a ser de 9 mil 100 millones de personas.

Esto obliga a aumentar tanto la producción como los rendimientos de los principales alimentos, para garantizar que haya comida en la alacena, y se pueda reducir la desnutrición.

Según cifras del departamento de salud nutricional del Ministerio de Salud (Minsa), en 2008 la desnutrición en el segmento de peso-edad se encontraba en 3.9%, en tanto, las áreas indígenas registraba 12.4%. 

Estos altos índices se dan producto de una falta de consumo de cereales como  el maíz, arroz, y de hierro y vitamina A que se encuentran en la carne, explica Yeny Carrasco, nutricionista del Minsa.

Y es precisamente la demanda de cereales y carne lo que está creciendo en el mundo. La FAO estima que en 2050 la demanda de cereales alcanzará las 3 mil millones de toneladas, y la de carne,  470 millones de toneladas.

Por ello, la+s Naciones Unidas ha dado un plazo hasta 2015 para que los países en vías de desarrollo -como Panamá- consigan seguridad alimentaria, que sólo la poseen actualmente Brasil y la India.  

Situación nacional

Pese a los esfuerzos que se han hecho por mantener una elevada producción de arroz para el abastecimiento nacional, año tras año los productores se han ido retirando de los campos. Hace cinco años había 2 mil productores, ahora quedan mil 200.

De acuerdo con Carlos Santanach, director ejecutivo de la Asociación de Productores de Arroz de Chiriquí, sólo en el último año se han salido de la actividad 100 productores.

Pero, ¿qué los impulsa? Santanach asegura que la actividad ya no es rentable. Hace  cinco años se podía producir con mil dólares una hectárea, ahora se requieren  2 mil dólares para poder hacerlo.

Santanach  atribuye esta situación a los altos precios de los insumos, el requerimiento de un seguro más oneroso por el efecto climático (lluvias) y a la importación de una gran cantidad de arroz.

Para este ciclo agrícola 2009/2010 se pretendía llegar a las 70 mil hectáreas sembradas que producirían 7 millones de quintales de arroz, para abastecer la demanda, que mensualmente es de 550 mil quintales.

Sin embargo, a la fecha sólo se han sembrado 31 mil hectáreas y producido 40 mil quintales de arroz.

“El arroz, desde hace años está en crisis”, afirma Santanach, ya que desde su óptica ha habido un mal manejo. La crisis económica ha sido fuerte, pero a pesar de ello los arroceros quieren seguir aumentando el hectareaje para sembrar. Por esa razón, todavía hay algunos productores que siguen sembrando.

A los productores les preocupa la situación, y más aún cuando la solución pareciera ser que hay que importar arroz para poder cubrir la diferencia para abastecer al mercado local.

Lo que nos mantendría dependientes de los precios y la disponibilidad del mercado internacional.

En este sentido, Víctor Pérez, ministro de Desarrollo Agropecuario (Mida), explica que ya se está estableciendo la cantidad exacta de arroz que se deberá importar por contingente extraordinario y para eso tiene programada una reunión con la Comisión de Arroz. Aunque no se ha establecido la fecha de la reunión, el titular del Mida asegura que esta debe hacerse antes del 15 de octubre.

Azuero no se escapa

La producción de maíz también ha ido cayendo, debido a la reconversión de algunos productores hacia las cucurbitáceas (melón y sandía).

Hace tres ciclos agrícolas  (2006/2007), se producían 12 mil hectáreas, pero a la fecha, se han podido sembrar 11 mil hectáreas en el área de Azuero, el principal productor de maíz. La meta es de 20 mil hectáreas.

Valentín Domínguez, presidente de la Asociación de Productores de Maíz y Sorgo de la provincia de Los Santos, aclara que ya están terminando la siembra y se encuentran en la última etapa, pero lo que le preocupa son las escasas lluvias que han caído en la región.

En todo el país se consumen 8 millones de quintales de maíz, y sólo se producen alrededor de 1.5 millón. En Panamá se consumen 500 mil quintales de maíz y el resto es para el consumo animal.

Domínguez, preocupado, aclara que se requiere de una siembra de 80 mil hectáreas para poder abastecer al mercado.

El escenario con la carne es diferente. La producción ganadera ha ido creciendo anualmente.  Sólo en el primer semestre de 2009 el sacrificio de ganado vacuno aumentó 9.6%, con respecto al mismo periodo del año anterior.

Para Luis Martínez, presidente de la Asociación Nacional

de Ganaderos (Anagan), la producción ha tenido excedentes porque el hato ganadero ha ido creciendo de  una  a dos reses por hectárea.

Pero para continuar con este ritmo se deben impulsar proyectos de reservas de agua que son escasas en la región, más aún cuando el cambio climático y el Fenómeno de El Niño están ganando espacio.

En el arco seco (Coclé, Veraguas y Azuero), se deberán mantener reservas que ayuden a duplicar la cantidad de ganado disponible para consumo, afirma Martínez.   

Anualmente se producen 330 mil reses, de las cuales se consume el 90% y el resto se exporta.

En el caso de la producción lechera, donde Panamá ha sido deficitaria históricamente, la importación es más del 40% del consumo.

Martínez asegura que la producción de leche ha crecido, pero a la par que el consumo.

Si bien la producción ha ido en aumento —según Martínez antes una vaca producía 4.5 litros y ahora produce  6 litros—, esta aún no cubre la demanda.

En Panamá se producen alrededor de 160 millones de litros de leche y se consumen 300 millones.

El ministro del Mida tiene una carta bajo la manga: un  plan  de abastecimiento de forraje (alimento para las reses) y de construcción de presas, represas y pozos para la provisión de agua para los pequeños y medianos productores. Una cuestión de recursos

Deodoro Roca, coordinador subregional para América Central y representante en Panamá de la FAO, asegura que para que un país tenga seguridad

alimentaria debe tener suficiente cantidad de dinero y disposición de alimentos, en calidad y cantidad.

“La agricultura es un multiplicador, es un gran motor, y a diferencia de la construcción,  que  tiene un pico,  en la agricultura si funciona bien se puede seguir creciendo”, enfatiza Roca.

Para ello, la política agropecuaria de un país debe tener un norte, no dejando a un lado el cultivo de otros productos no tradicionales, sino  enfocándose en la principal tarea, que es asegurar su alimentación. 

Hacerlo de esta manera evitará que el país quede desabastecido y pueda prevenir una crisis.

 

 
 
 
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