Edicion N° 596 | 08 de septiembre de 2009
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informe central

Diversificarse es la ruta obligada de las industrias auxiliares

Marítimo

MELISSA NOVOA Y MARIO A. MUÑOZ
mf@prensa.com

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MODERNIZACIÓN. Las empresas han ampliado su enfoque para brindar servicios de reparación a los barcos.LA PRENSA/David Mesa

La industria marítima auxiliar se ha visto obligada a buscar una nueva ruta.

La tormenta financiera mundial la ha alcanzado debido a la baja en el tránsito de buques –sus principales clientes– por la vía interoceánica.

La Autoridad del Canal  de Panamá (ACP) prevé que el año fiscal 2009, que culmina el 30 de septiembre próximo, cierre con una caída de la carga de 5%, a la vez que espera que en 2010 haya una baja en el tránsito de buques.

La industria, que ofrece desde servicios de abastecimiento de agua, alimentos y combustible, hasta  reparación de buques e incineración de basura, lejos de avasallarse ha tomado fuerte el timón y ha optado por aventurarse en otras  “aguas”.

En ese sentido, algunas empresas marítimas auxiliares han buscado soslayar las vicisitudes de un menor flujo de buques diversificando sus servicios y haciendo inversiones, que en una cifra conservadora podrían superar los 30 millones de dólares.

La apuesta es seguir sacándole el máximo provecho a la posición geográfica de Panamá y también prepararse para la futura demanda, que se espera crezca cuando se recupere  el comercio marítimo internacional.

Ellos confían en que la tormenta pasará y que las aguas volverán a tomar su curso.

Más aun cuando está próxima a comenzar la construcción del tercer juego de esclusas que permitirá la llegada de buques pospanamax.

Creatividad marítima

Ante una marea menos favorable, hay que ser creativos y aprovechar la mínima oportunidad. Así lo confirma Lino Arosemena, gerente de Talleres Industriales, quien explica que aunque menos embarcaciones han requerido sus servicios, otros frentes se están abriendo.

Es cierto que una pila de generadores marinos de electricidad se acumula en su patio y que antes era un negocio rentable. Son plantas que se alquilan en contenedores y se colocan a bordo de las naves que  no solo  pasan por Panamá, sino que se instalan en otros puertos de Centroamérica y América del Sur.

Para compensarlo, han intensificado los servicios móviles en áreas cercanas, en el Caribe y en algunos puntos de Sudamérica.

La empresa está tratando de sacar provecho a la ventaja de contar con personal certificado en diferentes disciplinas navieras, lo que les ha merecido el reconocimiento en el ámbito internacional.

Por otro lado, la ampliación de la vía acuática no es algo futuro para Talleres, pues ya están recibiendo beneficios. Según Arosemena, están brindado servicios de reparación a las dragas de las empresas que están trabajando en la ampliación del Canal, como la Dredging International.

La operación de las dragas provoca que se desgaste la aspiradora, y la compañía realiza la reconstrucción de piezas y reemplazo de tuberías.

Talleres no ha esperado que termine la expansión para atender a barcos  tipo pospanamax. En Callao, Perú, realizó trabajos de soldadura bajo el agua a la embarcación Orient Brilliance por una ruptura de 45 metros de largo, equivalente a un edificio de 12 pisos.

“Hemos invertido mucho apostando a la ampliación del Canal, pero este año ha sido difícil. En el mar hay un exceso de barcos, pero que cuentan con menos recursos para invertir en sus reparaciones”, dice Arosemena.

Para Talleres Industriales su negocio principal son los buques mercantes, y ahora han tenido que cambiar su enfoque. Con el viento a favor, la empresa atiende a 2 mil 500 barcos al año y trabaja con 300 técnicos.

Su fundador, Rafael Arosemena,  explica que hace pocos años la compañía consiguió condiciones especiales similares a la zona de Howard y en ese sentido habilitaron oficinas para otras empresas que presten servicios a los barcos.

Ya están instaladas compañías de servicios, seguridad y de barcazas, y se está promoviendo atraer otras.

El plan de mejoras y la habilitación de un nuevo taller avanza en un 70% y está valorizado en 2.5 millones de dólares.

Concesión en la mira

El astillero Braswell, ubicado en la entrada pacífica del Canal de Panamá en Balboa, tiene una larga historia, cuyos orígenes se remontan a la construcción de la vía acuática.

De hecho, su mayor dique es una réplica de una esclusa y uno de sus edificios se asemeja a cuartos de máquinas de la ACP.

Por ello, el gerente de la compañía, Bernardo Fernández, explica que no ha sido fácil poner en vigencia la operación de la empresa, porque ha requerido remozar y modernizar maquinarias e instalaciones antiguas.

Se aplicaron planes de recertificación del personal y se adoptaron medidas de seguridad.

Fernández es el que lleva el timón de una concesión que debe finalizar en 2011, pero que la compañía espera extender por 20 años.

La posibilidad de que el Gobierno llame a una licitación es algo que el operador no tiene contemplado.

Todo ha marchado bien desde 2006, según dice,  cuando la Fábrica de Exquisiteces de Atún adquirió la concesión y, desde entonces, ha invertido 24 millones de dólares.

De conseguir esa adenda, se compromete a invertir 40 millones de dólares y seguir con sus mil empleados a bordo.

En el papel ya están los planes de la inversión millonaria a corto, mediano y largo plazo, “lo que se traducirá en innumerables beneficios económicos para Panamá y para los panameños”, insiste.

“Esperamos que antes de que se abra una nueva licitación –añade– obtengamos la extensión de la concesión que actualmente tenemos”. 

La concesión que se otorgó a Astilleros Braswell está bajo la lupa del Gobierno y éste no tiene entre sus planes renovar el contrato con esta empresa.

Vía electrónica, el administrador de la Autoridad Marítima de Panamá, Roberto Linares, dejó claro que una vez concluya esta concesión, la abrirán a licitación pública “y todos los interesados podrán participar en igualdad de condiciones”.

Variando el negocio

El golpe de la crisis lo comenzó a sentir MEC (Marine Engineers Corporation) Group en julio de este año.

Los trabajos de reparaciones navales que realiza la empresa son programados, por lo que tenían varios en línea hasta junio de este año.

Su presidente, Marvin Castillo, reconoce que las solicitudes de reparaciones comenzaron a cancelarse, que uno de sus clientes más importantes quebró y que las empresas han estado contrayendo el gasto en mantenimiento.

Pero previendo esta baja, la compañía empezó a prepararse. La respuesta era diversificar el servicio de reparación naval.

Sin dar mayor detalle, Castillo comenta que “hemos visto avenidas muy interesantes, pero cuyo impacto no se reflejará hasta enero o febrero de 2010”.

Aquí la inventiva no es lo único que se ha puesto en práctica. Las inversiones que tenían planificadas decidieron reestructurarlas, sin dejar de hacerlas.

Este año han adquirido un pantógrafo de corte de seis quemadores (robot que corta planchas, pero manejándolo desde una computadora) que  va a ayudar a cortar en serie, en una dobladora de 500 toneladas que permite doblar el acero y en más unidades flotantes.

Y el astillero que tienen contemplado hacer en Bahía Las Minas en Colón para atender buques de diferentes tamaños, incluso pospanamx, lo modificaron para atender barcos más pequeños.

“Estamos actualizando el plan de negocios. La empresa no ha parado su inversión”, asegura.

Tras el cliente

Lourdes Castillo, presidenta de Naves Supply, dice que de la cifra de buques que atendían en 2008, este año solo han prestado servicio a 20%.

“Estamos aguantando esta situación porque viene algo muy bueno con la expansión del Canal de Panamá y va a haber más desechos para recoger y disponer, además que va a crecer el volumen de clientes”, señala.

Mientras el vendaval pasa, ella ha decidido no quedarse en el muelle esperando a que los clientes atraquen, sino que prefiere tirarse al agua en búsqueda de nuevos clientes.

Para ello, en los próximos meses la empresa espera lanzar una campaña de mercadeo.

Una vez que el mar deje de estar picado, tanto Naves Supply, Talleres Industriales, Grupo MEC y Astilleros Braswell, así como el resto de las empresas marítimas auxiliares esperan salir a flote.

Por eso las empresas, mientras sortean la crisis continúan con sus planes de negocio para que el crecimiento futuro de la demanda no los tome desprevenidos y sin contar con las facilidades que les permitan brindar un servicio de calidad.

Y es que el mercado es muy atractivo. Un estudio realizado por Mare Mundi Consulting Inc. destaca que hay un mercado potencial por atender en el mar.

Se habla de 26 mil buques que requerirán de una carta náutica, reparaciones de emergencia o de mantenimiento, inspecciones de bandera, de carga o de seguros, servicio de remolcadores, recepción de derrames, agenciamiento o de servicio de bunkering.

Marvin Castillo, también presidente de la Cámara Marítima de Panamá, dice que en general la industria marítima auxiliar está contraída por la situación, pero también porque las empresas no tienen una salida al mar.

“No hay cómo dar un servicio allá afuera. No tenemos un muelle para la industria marítima auxiliar”, sostiene.

De allí que en conjunto la industria –que genera empleo para más de 10 mil personas– esté promoviendo la construcción de un muelle para desarrollarse en Farfán con lo que esperan tener, por fin, la salida al mar que tanto han pedido en los últimos años.

El tema está cuajando y esta semana los empresarios tienen programada una reunión para ver temas técnicos, como el costo del muelle, las opciones para obtener el financiamiento, si se manejará a través de una concesión y si será un patronato que se encargue de su administración.

 

 
 
 
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