Primero fue el corregimiento de San Francisco.
El ritmo acelerado en las obras de construcción motivó a sus residentes a solicitar un estudio para determinar si la infraestructura soportaría el crecimiento inmobiliario que les llegó inesperadamente.
El diagnóstico determinó cosas que muchos intuían y otros daban por hecho. La infraestructura sanitaria es ineficiente para atender la alta demanda de población del área, así como el sistema pluvial y vial del lugar.
“Salimos a la calle y nos dimos cuenta de que efectivamente todo el boom inmobiliario lo está recibiendo San Francisco y que la infraestructura no acompaña el desarrollo de esas construcciones”, señala el arquitecto, Manuel Trute, quien fue uno de los consultores que trabajó en el estudio de este corregimiento desde 2007 y que concluyó a inicios de este año.
Pero esta área no es la única que está soportando obras de alta densidad con una infraestructura muy pobre. La imagen se repite en Bella Vista en sectores como El Cangrejo, El Carmen y Obarrio, que viven similar situación: una infraestructura que no compensa la alta demanda de servicios públicos que se está dando en estas zonas.
Y la misma intranquilidad de los moradores de San Francisco la reflejan los residentes de Las Cumbres, Bella Vista, Río Abajo, zonas en las que durante el mes de enero se realizaron cerca de 10 cabildos para discutir el crecimiento inmobiliario que los ahoga.
De enero a julio de este año se han aprobado mil 216 permisos de construcción, reparaciones y remodelaciones en el Municipio de Panamá, que representan 20.7 millones de dólares.
El arquitecto Ulises Lay indica que si bien el desarrollo urbano ha venido acompañado de muchos cambios de zonificaciones, estos se hicieron en forma unilateral y sin las debidas consultas a las entidades que tienen bajo su responsabilidad los sistemas de acueductos, alcantarillados sanitarios, así como los pluviales y viales.
Y allí es donde está la respuesta al problema de infraestructura ineficiente y crecimiento desordenado, en la aplicación de mecanismos de planificación u ordenamiento territorial, coinciden arquitectos y urbanistas.
Entre 2003 y principios de este año se habían reportado 59 solicitudes de cambio de uso de suelo en el barrio de San Francisco (específicamente en el área de Vía Israel hasta la zona colindante con Parque Lefevre).
Lo que mayormente se encontró en estas solicitudes fueron cambios de baja a alta densidad y de alta a más alta densidad. (ver tabla: Norma de zonificación).
La supervisión de estos cambios, para algunos está en manos de la Junta de Planificación Municipal de Panamá y para otros del Ministerio de Vivienda (Mivi), el cual debe trabajar en este tema en conjunto con el Ministerio de Obras Públicas (MOP) y el Instituto de Acueductos y Alcantarillados Nacionales (Idaan).
Trute dice que el desarrollo urbano que se está dando en el país “es un plato que se está aprendiendo a comer”, pero reconoce que es un proceso que va un poco lento porque el Estado ha sido muy paternalista. Cuando la ciudad crece es que se comienzan a hacer infraestructuras, y no antes, como debe ser.
El también urbanista opina que es injusto que la mejora de infraestructuras sea una inversión que tenga que hacer el ciudadano a través del pago de impuestos, y no de los que están creando nuevas demandas en ciertas áreas de la metrópoli.
Así como representantes de la Sociedad Panameña de Ingenieros y Arquitectos (SPIA) y de la Universidad de Panamá, Trute aboga por la aplicación del sistema de valorización o bonificación como se hace en Taipei, Hong Kong, Estados Unidos y también en ciudades latinoamericanas como Sao Paulo (Brasil) y Bogotá (Colombia).
“En otros países si se quiere zonificar un lote con alta densidad, no es la población la que tiene que pagar por la infraestructura que allí se requiere, sino el propio inversionista que está imponiendo una nueva demanda a la ciudad”, sustenta.
Mientras se define sobre este aspecto, la ciudad sigue sufriendo las consecuencias de un crecimiento urbanístico que va a pasos agigantados y que >>
>>tiene problemas de aguas servidas, falta de vivienda de interés social, excesivo tránsito vehicular, y transporte público deficiente.
Trute le añade una legislación urbana (la Ley 6 de urbanismo) que permite hacer, lo que él llama “exabruptos”, como la construcción de paredes adosadas que le roban iluminación natural a las residencias contiguas o pocos espacios abiertos entre un edificio y otro, por ejemplo. Y esta situación, por lo que ve, podría empeorar.
El caso San Francisco
Tuberías trabajando forzadas, un sistema vial que no tiene la capacidad de soportar el flujo vehicular que está pasando por el lugar y usos de suelo de alta densidad en donde se han construido y se están construyendo obras que no cuentan con la infraestructura para atender esa demanda.
Ese fue el resultado del estudio del sistema sanitario, pluvial, vial y de acueductos de un sector de San Francisco, que solicitaron residentes de la zona y que fue concluido en marzo de este año.
Trute, que formó parte de los consultores que hicieron el estudio, destaca que en las investigaciones se encontró que desde 1990 ya se venía zonificando muchas áreas de este corregimiento con códigos de muy alta densidad, algunos todavía no se han de-sarrollado, pero los que sí se han de-sarrollado en algunos casos no se han hecho en forma organizada.
“Hay un exceso de códigos de uso de suelo de alta densidad que no se van a usar, y los que se están desarrollando sí necesitan una infraestructura”, subraya.
El problema más grave que detectaron los consultores es la deficiencia en el alcantarillado sanitario.
Lay explica que el problema reside en que donde había dos unidades de viviendas unifamiliares, ahora se están construyendo edificios de 40 unidades familiares o más.
“Cuando uno compara esa densidad modificada de población con los diámetros que existen de las tuberías, puede determinar que estos van a colapsar porque no tienen la capacidad suficiente para atender esta demanda”, argumenta.
De acuerdo a Lay lo único que puede hacer el Idaan es destapar las tuberías, porque esta entidad no cuenta con ningún programa de mejora de alcantarillados en la ciudad de Panamá.
Si bien —agrega— se está haciendo el saneamiento de la bahía, los trabajos son solo para adecuar el sistema para que desemboque en una colectora principal, y no se está haciendo ninguna mejora a los sistemas de distribución internos de la ciudad.
A su juicio lo que necesita el corregimiento de San Francisco es un cambio a las tuberías de mayor diámetro que soporten la demanda. Y ese es el trabajo que no está haciendo el Idaan, “tiene 30 años de no invertir en mejoras”.
Al respecto, el director de planificación del Idaan, Nilson Espino, señala que proveer de infraestructuras a estas áreas es una responsabilidad compartida entre el promotor y la entidad gubernamental.
“Conscientes de que la infraestructura sanitaria no puede suplir la alta demanda del lugar, se estableció un mecanismo de cooperación permanente a través de la valorización. La misma empresa privada participa en la inversión de la red sanitaria”, sostiene. Aunque confiesa que la inversión en la infraestructura se está haciendo a la par de que se da la demanda y no antes.
“Esto es parte del proceso de aprendizaje a raíz del crecimiento”, acentúa.
Además del sistema sanitario, San Francisco tiene problemas por el congestionamiento que se da en su sistema vial.
Trute comenta que las calles del lugar no están hechas para soportar el flujo vehicular que se genera por las nuevas edificaciones que se levantan en el área, pero mucho más debido a la gran cantidad de automóviles que utilizan San Francisco como conexión para dirigirse a las nuevas áreas de desarrollo.
“Existe un proyecto de semaforización, pero como el sistema vial de San Francisco fue diseñado para una urbanización de casas unifamiliares, un>> >>semáforo no va a resolver el problema del flujo vehicular”, acepta.
Por su parte, Angelino Harris, quien fue la persona que estudió el sistema vial del sector, coincide con Trute acerca de que el tránsito que atraviesa San Francisco es en su gran mayoría de paso.
“En la vía Cincuentenario, por ejemplo, hay primero cuatro carriles y de repente quedan en dos carriles, y eso lo que hace es que produce un tranque que al final se refleja en el área de San Francisco”, concluye.
Harris plantea que no es posible manejar debidamente el crecimiento que se está dando en los distintos sectores de la ciudad, sino se crea una infraestructura y una forma de operación y servicio de transporte adecuado para toda la urbe.
El también ex director de la Autoridad del Tránsito y Transporte Terrestre enfatiza que este problema se resolvería con un sistema de transporte masivo, que permita moverse a través de redes de alta capacidad sin tener que entrar en las calles internas.
“El impacto que esto tendría en San Francisco es que pudiera sacarse de circulación el 90% de los autobuses que pasan por este corregimiento”, asegura. Claro –expresa- esto no solo resolvería el problema de este sector, sino de otras áreas que también recibirían el servicio.
A esta opinión se le une Trute, quien indica que la ciudad pudiera pagarse perfectamente un transporte público adecuado, pero que aún no se consigue ponerle el cascabel al gato y todavía se está peleando por el servicio que prestan los llamados ‘diablos rojos’.
Zapatero a su zapato
A la Junta de Planificación Municipal de Panamá (JPM) no paran de llegar solicitudes. Semanalmente están recibiendo de 8 a 15 peticiones de cambio de uso de suelo o de proyectos que desean ser construidos en determinadas áreas de la ciudad capital.
En 2007 cuando comenzaron a funcionar vieron 66 casos, y a junio de este año ya han revisado 88. (Ver cuadro: Propuestas analizadas).
Carlos Alvarado, representante de la Universidad de Panamá ante la JPM, reconoce que el trabajo se ha intensificado al punto de que en vez de reunirse cada 15 días, ahora lo están haciendo una y hasta dos veces a la semana para poder atender el volumen de solicitudes que llega a sus manos.
La mayoría de las solicitudes corresponden al área de Bella Vista, Bethania o Parque Lefevre.
La dinámica está marcada por peticiones para hacer cambios drásticos de uso de suelo residencial a comercial intenso, así como asignaciones de zonificación en aquellos lugares que están en las afueras de la ciudad y que aún no tienen sus normas de uso de suelo.
“La ciudad ha cambiado sus límites y la complejidad de los problemas se hace cada vez más grande”, expresa Alvarado.
Ante esta realidad Alvarado quiere dejar claro cuál es el rol que le corresponde a la JPM.
Como órgano consultivo las recomendaciones que realiza al Mivi están supeditadas a la Ley 6 de febrero de 2006 de ordenamiento territorial para el desarrollo urbano, y no se debe confundir el papel que juega la junta con el del Municipio o del Ministerio de Vivienda. Al primero le corresponde la aprobación de los proyectos y al segundo el cambio de uso de suelo.
Los representantes de la JPM quieren disipar cualquier duda. Y es que hay una percepción de que la junta es la que da el visto bueno a estas solicitudes, cuando lo que hace es recomendar.
“El Mivi tiene poder de veto sobre lo que la junta opina”, comenta el representante de la SPIA ante la junta, Humberto Echeverría, quien confiesa que hasta el momento han aceptado sus veredictos.
El formar parte de la JPM no significa que sus miembros pasen por alto las violaciones que se están dando a las normas de ordenamiento territorial.
Alvarado reconoce que los abusos a las normas son tan flagrantes que pareciera que la ley hubiera dado licencia para hacer cosas impensables. “Algo está fallando”, reitera, mientras recuerda la construcción que se levanta entre el centro comercial Multicentro y el área de Marbella y que pasa por arriba del río Matasnillo, la que se está haciendo en el Miramar y el caso del Club de Yates y Pesca “en las que se les ha dado un área mucho más grande de lo que se ha publicado”.
Por su parte, el urbanista Trute piensa que se haga lo que se haga se debe mejorar la infraestructura para permitir un aumento en la densidad de población de determinada área, y de no darse una inversión en servicios públicos, no otorgarse los cambios de zonificación.
“Uno no hace un edificio y deja que el resto se dé solo. Uno debe hacer ciudad”, expresa.
Alvarado considera que la ciudad capital no puede seguir con un crecimiento acelerado no controlado porque al final lo que va a quedar es una ciudad moderna con muchos edificios, pero terrible desde el punto de vista urbanístico.