Edición No. 543 | 26 DE AGOSTO DE 2008
 
 
 
Panorama
 
Obsesión traba expansión
 
Deploran la energía colectiva que los estadounidenses gastan en la vivienda familiar 
 
Amity Shlaes 
BLOOMBERG 
 
Todo estará bien si arreglamos el problema de vivienda. Esa era la esperanza a que se aferraron los inversores mientras miraban como Fannie Mae y Freddie Mac se desmoronaban la semana pasada.

Las campañas presidenciales reflejan una confianza similar en el poder curativo de la vivienda. El senador John McCain sugirió recientemente que no solo las moras en préstamos hipotecarios, sino también la ansiedad por esas hipotecas es nuestro peor problema: “Los estadounidenses están sumidos en la incertidumbre con esta crisis”.

“Three-Bedroom Ranch” (casa de tres dormitorios), un aviso de la campaña de Barack Obama, sugiere que Estados Unidos necesita un “plan para construir” para la clase media en vez de subsidiar los intereses de las compañías. Los candidatos parecen creer que la recuperación es algo con puertas francesas y techo nuevo.

¿Pero qué pasa si las casas no son un refugio, sino una prisión? ¿Y si hasta un mercado inmobiliario en auge es en sí mismo un problema? Esa es la teoría del triunfador Phelps: no Michael Phelps, el nadador olímpico, sino el premio Nobel de economía Edmund Phelps de la Universidad de Columbia.

Phelps deplora la energía colectiva que los estadounidenses gastan en la vivienda familiar.

“Solía decirse que el negocio de Estados Unidos eran los negocios”, dice Phelps. “Ahora el negocio de Estados Unidos es la propiedad de una casa”. Para crecer en forma óptima, dice, el país debe trascender su pasión por la vivienda.

Como un edificio de apartamentos, el argumento de Phelps funciona en múltiples niveles.

El primero es obvio. El gobierno federal distribuye demasiados recursos para la vivienda. Allá por 2005, cuando las penurias de Fannie Mae y Freddie Mac no comandaban las tapas de los periódicos con tanta regularidad, el Gobierno ya gastaba millones de dólares para subsidiar directamente la vivienda.

Apoyo indirecto

Cerca de 147 mil millones de dólares, se fueron en subsidios de impuestos indirectos para los propietarios de casas. Ese enorme monto podría haberse usado para cualquier cantidad de proyectos gubernamentales atractivos para cualquiera, desde Laura Bush a Dennis Kucinich: machacar porcentajes en las cabezas de los chicos de quinto grado, bajar el impuesto a las ganancias de capital, declarar vacaciones veraniegas de gasolina, usted elija. Hay cierta pereza en la campaña nacional de vivienda, y le ha costado mucho al país.

La obsesión con los bienes raíces es también un problema del sector privado.

Confinados en sus hogares, los estadounidenses se están volviendo “menos ágiles”, dice Phelps. Las casas sin vender impiden que las familias se muden.

El desafío más profundo es que están tan aferrados a sus viviendas que ni siquiera quieren mudarse cuando pueden vender. Esta actitud empecinada se asemeja demasiado a la de los europeos.

 

 
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