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EMPAQUE. Aluminios Panamá utiliza una trituradora para compactar los desechos de aluminio. Posteriormente se arman y pesan pacas de entre 400 y 450 kilos que son amarradas con zunchos, listas para exportar. |
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Incremento. Rosario Arana, gerente de Recimetal, comenta que de 120 contenedores que esa empresa saca de basura al mes, aproximadamente 20 son de chatarra. |
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Reutilizar. Miguel A. Amado, presidente de Aluminio de Panamá S.A., explica que el proceso de su producción genera 10% de chatarra. |
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Costos. Alexander Quintero, vicepresidente de Yisalex S.A., afirma que los costos de producción en los últimos años han aumentado hasta un 60%. |
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Aumento. Edgardo Moreno de Fundidora Istmeña, dice que en el 2000 compraba la libra de aluminio
a 25 centavos, ahora cuesta más de 85 centavos. |
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El buen momento económico que vive el país no solo se refleja en sectores como el del turismo o la construcción. La exportación de chatarra de Panamá hacia mercados de China y Estados Unidos también ha encontrado un nicho.
Pero mientras las empresas exportadoras nacionales de chatarra reportan números positivos, pequeñas fundidoras van camino a la quiebra y han tenido que idear estrategias para adquirir la materia prima que utilizan en su producción (particularmente aluminio, cobre y bronce).
Las compañías exportadoras prefieren a clientes en otras latitudes, pues venden a mejor precio fuera del país.
Según datos de la Contraloría General de la República, en lo que va del año China, Estados Unidos y Brasil son los principales destinos de la chatarra que se origina en el país. (Ver tabla: Desperdicios y desechos de aluminio).
El total de las transacciones de este tipo en 2007, según el valor FOB (precio de la mercancía a bordo de la nave) fue de aproximadamente 18 millones de dólares. De enero a junio de este año la cifra de exportaciones de este tipo de chatarra asciende a 9 millones de dólares.
José A. Arango, representante de la empresa Lesa, exportadora de de-sechos de metales no ferrosos y envases de PET, calcula que desde hace 5 años aproximadamente, con el auge de la construcción, el desecho de chatarra en el país se ha incrementado entre 30% y 35%.
Arango empezó con este negocio en 1991 al detectar que en Panamá no había manejo de grandes volúmenes de chatarra, y aunque en la actualidad los números para él no son tan altos a la hora de exportar, cada año la cifra aumenta.
En 1995, el representante de Lesa se trasladó a El Salvador desde donde abrió plantas recicladoras en Guatemala, Honduras, República Dominicana, Brasil y Miami. Anota que el año 2000 fue un parteaguas en el negocio, pues “a partir de ese momento el mercado apunta a Asia y no a Estados Unidos, como era lo normal”.
Compra-venta
Recimetal, una de las mayores exportadoras locales de papel, cartón y plástico, según un directorio del Programa Ambiental Regional para Centroamérica (Proarca), también registra que la exportación de chatarra ha aumentado.
Rosario Arana, gerente general de esa compañía, coincide con Arango, de Lesa, en que la demanda de chatarra ha crecido y que China y Corea del Sur son algunos de los países que más codician los desechos de aluminio y cobre, entre otros metales.
A China se exportó en 2006 desperdicio de aluminio por un valor de 3 millones 600 mil dólares. Para 2007, las transacciones hacia este destino habían aumentado 28%, para cerrar en 4 millones 700 mil dólares.
“De 120 contenedores que estamos sacando de basura al mes, aproximadamente 20 son de chatarra”, dice Arana de Recimetal.
Pero si bien las cifras podrían pintar un panorama alentador, para la gerente Panamá aún “está en pañales en el tema del reciclaje”, por lo que conseguir la materia prima, esa chatarra, sigue siendo el principal reto: la hay, pero no quién la recoja.
El primer intento de Arana de crear este negocio en Panamá fue en el año 2000, pero literalmente, dice, “me estrellé”. Tenía clientes para vender la basura, pero no cumplía con los pedidos. Al año siguiente volvió a intentar, sabiendo que es un negocio de altísima rotación, donde los proveedores no son seguros.
“Después de ese fracaso aprendí. La necesidad te hace buscar alternativas propias y por eso trabajamos con personas privadas de la libertad, a quienes se les paga seguro y hacen parte de la nómina de 100 empleados que tiene la empresa en esta sede. Aquí todo es legal”, aclara y anota que también tienen acuerdos con organizaciones sociales, universidades, hoteles y hospitales para recoger material.
El 90% de lo que recicla Recimetal se exporta.
En el caso de Lesa, Arango señala que alrededor de 350 personas son sus proveedores, a quienes se les compra el material por libra, cuyo valor depende de varios factores: si son cables eléctricos de aluminio o de cobre, si se trata de desechos de las fontanerías, las hojas de las litografías o las latas de soda, cuya libra puede costar 60 centavos de dólar.
“Después de la compra se separa por material, se limpia —que no tenga hierro porque es un contaminante—, se empaca y se exporta”, explica.
La chatarra que recoge la planta de Lesa en Panamá representa el 20% del total de las exportaciones regionales de la empresa, cuyos desechos llegan principalmente a Corea del Sur, Japón, Taiwan, Vietnam, China, Brasil y México.
Según la Asociación Inglesa de Reciclaje de Metales, cada año en el planeta se reciclan alrededor de 400 millones de toneladas de metal, de los cuales un alto porcentaje aterriza en Asia.
Escasa materia prima
¿Qué se puede hacer con los desperdicios y desechos de aluminio, cobre o bronce? Desde partes para autos, parrillas para estufas, pesas para gimnasio, herrajes, hasta tapas de alcantarillas, plumas para agua y placas para cementerio, por mencionar solo algunos artículos.
En Panamá, para Yisalex, S.A. y Fundidora Istmeña, empresas con varios años en el mercado de la fundición, dedicadas a la elaboración de lápidas, bustos y otros productos, “la situación es dura” y los números contrastan con el crecimiento que tienen las exportadoras de chatarra.
Ambas compañías familiares pasan por un momento crítico, el negocio va a la baja y sacando los desperdicios de Panamá el futuro no se vislumbra mejor.
“El problema es que las recicladoras de chatarra no quieren venderme. La libra de desperdicio de bronce hace unos años costaba 40 centavos de dólar, hoy día se puede vender a 2 dólares con 10 centavos”, afirma Alexander Quintero, vicepresidente de Yisalex S.A.
Para el representante de esta empresa, los costos de producción en los últimos años han aumentado hasta 60%. Reconoce que el alza del petróleo puede contribuir, pero el problema real es conseguir el material para producir.
“Hay que salir a buscar la materia prima. Compramos chatarra clasificada a pequeños recicladores”, dice, y apunta que en ocasiones le han ofrecido contenedores de chatarra, pero por su nivel de producción no puede comprar grandes volúmenes para tener la materia prima guardada. Entonces es cuando entra en juego la ley de la oferta y la demanda: se vende a quien pague mejor.
Quintero es enfático cuando dice que él no compra placas robadas de los cementerios o tapas de las alcantarillas, lo que podría generar un respiro por contar con materia prima.
“El hecho de que la chatarra se exporte tiene un impacto económico negativo para nuestras empresas”, comenta Quintero, quien también tiene un negocio de impresión digital, serigrafía y grabados.
Pero si para Quintero la situación es difícil, para Edgardo Moreno, propietario de Fundidora Istmeña, la cosa no anda mucho mejor: confiesa que su negocio está quebrado, por la misma razón que argumenta el vicepresidente de Yisalex S.A.: falta de material. Sin embargo, Moreno aclara que más que escasez de chatarra, los precios tan altos fueron mermando la producción de su negocio, fundado en 1991.
“En el año 2000 compraba la libra de aluminio a 25 centavos, ahora cuesta entre 85 centavos y un dólar. Los grandes recicladores dan dinero por adelantado para asegurar sus envíos al exterior y pueden pagar hasta 3 dólares por la libra de aluminio”, dice.
Moreno comenta que en 1996, uno de los mejores años de su negocio, en un mes facturó 60 mil dólares, pero en los últimos tres meses las ventas no superan los 3 mil dólares.
“Ya tomé la decisión de cerrar este negocio que empezó hace 17 años, pero moriré con las botas puestas”, afirma Moreno.
Utilidad del reciclaje
En un informe de julio de este año, el Banco Mundial (BM) explica que debido a la escasez de energía y a la inflación, el precio del oro, cobre, níquel y aluminio en los mercados internacionales, para la segunda mitad de 2008 y 2009, variará.
En el caso del aluminio, dice, la tendencia en los precios será descendente, mientras el mercado se mantenga en una situación de excedentes durante 2008 y 2009, y prevé que China podría convertirse en un importador neto de este metal en 2010 o antes.
Para el ingeniero Miguel A. Amado, presidente de Aluminio de Panamá S.A (Alpan), si bien su negocio directo no es el reciclaje, el proceso de su producción genera 10% de chatarra con un valor agregado: “es chatarra limpia que se utilizará por primera vez”, declara.
“Algunas veces la chatarra se ha vendido al mejor postor y otras veces se utiliza para ser maquila. Mandamos chatarra y nos devuelven los lingotes de aluminio”, sostiene Amado.
Una vez se recolectan los de-sechos de los marcos de las ventanas, de puertas y rejas, estos pasan a una trituradora para compactarse y hacer pacas de 400 ó 450 kilos.
Al mes, Alpan vende un contenedor de chatarra con 20 toneladas aproximadamente.
Amado comenta que muchas veces no sabe a dónde va a parar su chatarra, pero uno de sus clientes más frecuentes es la empresa de metales Alpert & Alpert, con sede en los Ángeles, California, que después le devuelve lingotes, pagando Alpen una diferencia.
La primera semana de julio de este año, el aluminio registró un precio récord en la Bolsa de Metales de Londres, al llegar a los 3 mil 327 dólares la tonelada, superando los 3 mil 310 dólares por tonelada del 11 de mayo del 2006.
El pasado viernes 22 de agosto, el precio cerró en 2 mil 864 dólares la tonelada.
El presidente de Alpan explica que no vende sus desechos en el mercado local porque no hay nadie en Panamá que pueda utilizar esa chatarra, “por el tipo de material que es”.
Por su parte, Rosario Arana, gerente de Recimetal señala que ella preferiría que ese material que se exporta se quedara en el país, pero lastimosamente las empresas locales pagan, por la misma mercancía, menos que las extranjeras.