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PROYECCIÓN. Según la calificadora de riesgo Moody´s los cambios estructurales y las medidas de prevención hacen que el destino de América Latina no dependa de las materias primas. |
Finalmente, parece que el mercado de las materias primas está desinflándose a nivel internacional. Esto lleva a cuestionar si la baja en los precios es más bien temporal o representa una corrección estructural. Ante ello, los mercados empiezan a especular acerca del futuro de los grandes exportadores, entre los cuales se encuentra América Latina.
Dada la idea, un tanto generalizada, de que el destino latinoamericano está fuertemente atado al precio de las materias primas, es importante destacar algunos aspectos de la región para determinar si América Latina continúa siendo una república bananera, como muchos todavía lo piensan.
Ciertamente, en las últimas semanas se ha observado una baja en los precios internacionales de diversas materias primas como el petróleo, metales y granos, entre otros. Dado que los precios habían alcanzado niveles exageradamente altos con respecto al determinado por los factores fundamentales (oferta y demanda) y dada la firme tendencia a la baja mostrada por los precios, se cree que el mercado está bajo un proceso de corrección más que ante un evento temporal.
Esta corrección a la baja, debería llevar a los precios a expresar de mejor manera las condiciones fundamentales de oferta y demanda en los mercados mundiales. Por lo que se espera que si bien los precios pudieran bajar adicionalmente, estos quedarían aun en niveles altos para el resto del año, comparados con sus niveles alcanzados en los años anteriores.
Diversos factores están detrás de esta corrección a la baja en los precios de las materias primas. Entre los más importantes encontramos, primero, una moderación generalizada en el crecimiento económico de prácticamente todas las regiones del mundo, lo cual libera presiones a la demanda por materias primas.
Segundo, una normalización en las condiciones de producción de los principales proveedores de materias primas, después de haber enfrentado restricciones en su capacidad productiva (clima adverso, fricciones geopolíticas y retraso en la maduración de las inversiones).
Tercero, el componente especulativo se ha reducido en las transacciones tanto de las materias primas como en los valores respaldados por las mismas, ya que la ampliación de los diferenciales de tasas de interés ha revivido el apetito de los inversionistas por los bonos de países emergentes embarcados en una ola global de restricción monetaria. Todo esto ha llevado a la reducción de los exagerados precios de las materias primas en los mercados internacionales.
Un peso diferente
La importancia de las materias primas en Latinoamérica varía de país a país.
Es innegable que América Latina es una exportadora neta de materias primas, con algunos países más que otros. En este sentido, los ingresos por exportaciones primarias representan un componente importante de las economías de la región. Por ejemplo, en México las exportaciones de crudo alcanzan casi 20% de las exportaciones totales, mientras que en Venezuela representan más del 80%.
En Chile las exportaciones de cobre representan poco más de la mitad de los ingresos totales; en Argentina las exportaciones de soya representan un 20% del total; mientras que en Brasil las exportaciones de hierro alcanzan alrededor de 15%.
Sin embargo, a nivel agregado, las exportaciones regionales tienen un mayor componente manufacturado, lo cual da cuentas del proceso de industrialización que ha emprendido la región y que es el resultado neto del profundo proceso de reformas estructurales iniciado hace más de dos décadas. Por ejemplo, en los últimos cinco años (aún y con el auge de las materias primas), las exportaciones de bienes primarios (agrícolas, mineros y energéticos) representaron alrededor del 45% del total, mientras las exportaciones industriales representaron alrededor del 55%.
Esto comparado con proporciones al inicio de la década de 1990 cuando las exportaciones primarias representaban el 60% y las industriales, el 40%, echa por tierra la idea totalmente equivocada de quienes aún afirman que la región continúa siendo una exportadora de bananas.
Es cierto que dado su carácter de exportadora neta de productos primarios, una baja en el precio de las materias primas indudablemente tendrá un impacto para la región, pero no causará una crisis como muchos auguran.
Definitivamente, el ajuste a la baja en los precios va a producir un efecto de reducción en los ingresos externos de la región, lo cual provocará un ajuste en los niveles de gasto.
Esto, al final de cuentas, va a moderar el crecimiento económico latinoamericano solo hacia niveles mas consistentes con la capacidad potencial de la región, pero de ninguna manera va a meter a América Latina en una situación crítica como en el pasado. Porque, si bien es cierto que los ingresos extras aumentan el gasto de la región, los presupuestos gubernamentales y programas económicos están elaborados con precios conservadores para las materias primas de exportación. Por lo que el ajuste en precios solo reducirá a los ingresos extraordinarios, afectando únicamente al crecimiento económico adicional por encima del potencial.
Por otro lado, los países latinoamericanos han aprovechado de alguna manera el auge reciente de las materias primas. En términos generales ha habido un aprovechamiento de los recursos extras, aunque en algunos países más que en otros, tanto en la parte de gasto como en la de inversión. En casi todos los países hubo un aumento del gasto corriente del gobierno, pero también hubo un incremento no solo en la inversión pública en infraestructura y gasto social, sino que también muchos gobiernos pudieron ahorrar parte de los recursos adicionales, ya sea en forma de reservas internacionales, fondos de estabilización macroeconómica, o bien en la creación de fondos soberanos como en el caso de Chile y Brasil.
Estos fondos, además de permitirle a los gobiernos de la región utilizarlos como instrumentos de política contracíclica, también les permite aumentar el acervo de capital productivo en la economía, lo cual redunda en un aumento de la capacidad potencial de crecimiento de la región.
En este sentido, América Latina ha aprendido de las lecciones del pasado y no solo no ha hecho “cuentas alegres” con los ingresos extraordinarios de las materias primas, sino que también ha tomado previsiones para las épocas en que los precios se tengan que ajustar a niveles más consistentes con las fuerzas de la oferta y la demanda. De esta manera, Latinoamérica se ha preparado para enfrentar los tiempos difíciles de la austeridad, durante la cual, la región será perfectamente capaz de poder evolucionar de acuerdo a su capacidad productiva. Así, el ajuste a la baja en los precios internacionales solo le quitará a la región el crecimiento adicional por encima de su potencial, calculado en 4.5%. Latinoamérica, para descontento de muchos, no es mas una república bananera.
Por supuesto, esta situación favorable no implica que los gobiernos latinoamericanos bajen la guardia y sea momento de complacencia y descanso. Por el contrario, debe ser un estímulo para redoblar esfuerzos de disciplina macroeconómica y profundizar en el largo camino de las reformas estructurales, las cuales son la única vía para modernizar a la región y ponerla a la altura de sus principales competidores en el concierto mundial.
El autor es economista senior para América Latina de Moody’s