Edición No. 539 | 29 DE JULIO DE 2008
 
 
 
Tema de portada
 
Basura tóxica sin control
 
El crecimiento económico de algunos países, entre esos Panamá, ha traído también el aumento de la llamada basura electrónica que requiere de estrategias concretas para un manejo adecuado y así evitar más efectos catastróficos 
 
Alvaro Avila 
aavila@prensa.com 
 

LA PRENSA | David Mesa

José Pablo Mora, de Panduit, explica que no toda la basura electrónica es reciclable.

Cortesía de Anam

Natalia Young dice que la Anam tiene diversos proyectos para el tratamiento de sustancias peligrosas.

La basura electrónica -también conocida como e-waste- acapara la agenda de varios organismos internacionales, al considerarla como una amenaza del siglo XXI, mientras que algunos gobiernos y empresas privadas reconocen que es necesario definir y concretar políticas para el manejo óptimo de este tipo de desechos.

Un reporte de la Organización de Naciones Unidas (ONU) de enero de 2007, estimó que cada año se generan más de 50 millones de toneladas de desechos tóxicos provenientes de aparatos electrónicos. "El manejo deficiente de esta basura puede soltar químicos muy peligrosos y metales pesados en el medio ambiente", dice el informe, y agrega que ese tipo de residuos constituye el 5% del total de desechos municipales en el mundo.

La organización no gubermental Greenpeace destaca que son entre 20 millones y 50 millones de toneladas de basura de productos electrónicos desechados a escala mundial. Un teléfono celular, por ejemplo, contiene entre 500 y mil componentes, y varios de esos elementos tienen metales pesados como plomo, mercurio, cadmio y berilio.

A mayor crecimiento económico, más consumo y más basura de este tipo, pero se desconoce dónde se fabrican los productos, bajo qué parámetros ambientales y de qué están hechos, por lo que el criterio de consumo responsable entra a jugar a esta dinámica.

Los países desarrollados generalmente son los mayores proveedores de esta basura, pero el auge de economías emergentes de países como Brasil, China e India han ido convirtiendo sus poblaciones en grandes generadores y bodegas de la también llamada 'e-basura'.

A pesar de la advertencia de las organizaciones internacionales, la mayoría de países latinoamericanos no tienen una estrategia o legislación al respecto y, desafortunadamente, Panamá no es la excepción.

Según datos de la Contraloría General de la República, el valor de las importaciones de aparatos electrónicos y los accesorios de estos a Panamá, en 2007 ascendió a 585 millones 867 mil 939 dólares, mientras que en 1997 la cifra fue de 249 millones 151 mil 510 dólares.

José Pablo Mora, consultor en sistemas de cableado estructurado, de Panduit, sostiene que primero hay que asimilar las causas y consecuencias del mal manejo que aún hay de la basura tradicional, para después pensar en el manejo del e-waste.

"Un punto a tener en cuenta es que el tratamiento de este tipo de desechos (tecnológicos) es mucho más complejo que tratar el cartón o el vidrio, por la automatización de componentes que tiene internamente", subraya.

Para el consultor es necesario entender que no toda la basura tecnológica es reciclable y que la mayoría de estos desechos va a parar a vertederos. "Tenemos que asegurar los pasos para que una vez ahí, el impacto sea el menor".

Otros especialistas, además de ver y pensar en el e-waste desde un punto meramente ambiental, consideran que el concepto por sí solo representa un oportunidad de negocio, eso sí, siempre y cuando se controle el manejo de los desechos, para lo cual es necesario el apoyo de las grandes firmas electrónicas, de la ciudadanía y de las autoridades nacionales y locales.

Legislación o programas

En un país de gran concentración de negocios, como Panamá, con el auge económico que está viviendo, el tema de la e-waste adquiere relevancia.

Natalia Young, directora de protección de la calidad ambiental de la Autoridad Nacional del Ambiente (Anam), comenta que en el país no existe información real sobre la cantidad de residuos electrónicos que se generan. "Hay muchas fuentes al respecto, como la aduana que establece cuántos equipos entran y salen de Panamá, y la Contraloría. Estamos preparando encuestas para aplicarlas a los mismos generadores de este tipo de desechos", señala.

Para la funcionaria, esa institución intenta identificar, por medio de un estudio, los tipos de residuos que se generan y hacia dónde son llevados, si son reciclados y cuál es el manejo. Mucha de esta broza contiene metales pesados que se utilizan para la fabricación de los productos. "Nosotros tenemos un proyecto piloto de mercurio y estamos trabajando con el tema del plomo y el cadmio", apunta.

Greenpeace afirma que los tubos catódicos de los monitores vendidos en 2002 en todo el mundo contenían cerca de 10 mil toneladas de plomo. La exposición de niños a este metal puede causar trastornos en el desarrollo intelectual y en los adultos problemas en el sistema nervioso, sanguíneo y reproductor.

Según Young, en Panamá no se ha presentado este tipo de efectos, pero enfatiza que es muy importante contar con una información real a través del estudio.

"Estamos en la recolección de los datos. Nos hemos concentrado en computadoras y celulares, en su vida útil y eficiencia; en ver en qué áreas hay más consumo, pero, insisto, mientras no tengamos esa información, no vamos a saber si lo que hace falta es una legislación, un programa específico o adecuar los programas que ya están en la Anam", afirma.

La funcionaria anota que sin embargo hay un borrador de un anteproyecto de ley llamado Desarrollo de Instrumentos Normativos para el Ecoetiquetado y el Fomento del Mercado de Valorización de Residuos.

Esa iniciativa involucra a distintos ministerios y otros organismos del Estado; contempla las campañas de la empresa privada, además lleva un registro nacional para el fomento de valorización de residuos e incentiva la participación ciudadana, entre otros puntos.

Concretar iniciativas

La empresa privada y el sector público coinciden en que las estrategias conjuntas pueden generar acuerdos para que el reciclaje y la donación sean una manera limpia de tratar con este tipo de basura.

Mercedes Morris, gerente de Comunicaciones Corporativas Dell Latinoamérica, resalta que la sostenibilidad de un negocio como el de esa empresa depende del manejo responsable del producto en todas las etapas de su vida. "Ninguna compañía puede sostenerse en el tiempo si no integra todos los procesos a todos los niveles. Las empresas que al final del día no cuidan esos procesos, destruyen su propia sostenibilidad".

La ejecutiva explica que, antes de desechar un equipo, la primera opción es donarlo a instituciones, pero primero, comenta, se revisa el disco duro, se borra la información y se formatea para asegurar que tendrá una vida útil. "Con la Secretaría de Ciencia, Tecnología e Innovación (Senacyt) se firmó un convenio y a través de ellos repartimos mil 500 equipos".

Morris apunta que en Panamá aún no hay un programa formal de reciclaje entre el Gobierno y las empresas. Dice que hay conversaciones con la Anam para iniciarlo y que a esa compañía le interesa se formalice, como en el caso de Colombia, en donde Dell firmó con el gobierno de ese país un programa de reciclaje, que consiste

en recoger en las casas los equipos que no se usan, entre otros puntos.

Jorge Conte Burrel, director y fundador del Grupo Parques Nacionales Panamá y de Alianza Contaminación Cero, expresa que en el país no existe legislación especial para el manejo de esta basura y las empresas no se ven obligadas a implementarla. "Necesitamos legislación al respecto y responsabilidad social empresarial ambiental para realizarlo", subraya.

Un aspecto que resalta el especialista es que las empresas dedicadas a la producción, mercadeo y distribución de estos productos están tomando medidas consecuentes para reducir el impacto ambiental, a la par que consumidores, organizaciones ecologistas y leyes se los exigen.

Conte anuncia que con Alianza Contaminación Cero harán campañas de concienciación en Panamá, en los próximos 60 meses, sobre 10 contaminantes peligrosos. Visitarán empresas, universidades y colegios con el fin de disminuir la cantidad, mejorar el manejo y buscar alternativas en el uso de estos contaminantes.

Por su parte Saulo Passos, encargado de comunicaciones para Cono Norte, Centroamérica y Caribe de Nokia, manifiesta que esa firma tiene en 85 países puntos de recolección para reciclar teléfonos móviles y accesorios usados.

"Actualmente, Nokia realiza campañas de recolección en conjunto con los operadores en Chile, Perú, México y Colombia; en Centroamérica, incluido Panamá, se está desarrollando el proyecto para llevarla a cabo este segundo semestre", dice.

Consumo responsable

Gustavo Ampugnani, director de campaña de Greenpeace México, expone que dada la rapidez con la que se generan estos residuos, no porque los aparatos caduquen en su función primordial, sino por la agresiva campaña publicitaria de los productos, el consumidor cambia cada rápidamente su celular, computadora o consola de videojuegos.

"Si a ese hecho le sumamos que muchas empresas utilizan componentes tóxicos, pues, tenemos un gran problema ambiental que nadie quiere resolver: la industria se resiste a sustituir componentes tóxicos, muchas de ellas tampoco se quieren hacer responsables de esa basura", señala.

Además, manifiesta que los gobiernos tienen poco control sobre las industrias "porque temen poner estándares ambientales altos que hagan huir los capitales", dice.

Está comprobado que las consecuencias de la mala administración del e-waste, en primera instancia, las padecen los trabajadores de las industrias que están en contacto con esas sustancias tóxicas, o la gente pobre que vive cerca de los basureros. "Los ejemplos de China en esto último son contundentes. No dudo que se repita a menor escala en Panamá", comenta.

Una recomendación de Ampugnani y que sintetiza el manejo responsable de este tipo de basura es demandar como consumidores productos limpios, que no supongan un problema para el ambiente.


COLUMNISTA INVITADO
Los efectos del consumo

MARIA EUGENIA LO GIUDICE
mf@prensa.com

OPINIÓN | El vertiginoso ritmo de la tecnología y la alocada carrera del consumismo generan un grave "riesgo" si no se trata el tema con responsabilidad desde la propia sociedad de consumo, gobiernos, empresarios y consumidores.

La exposición a un agente químico o físico bajo condiciones específicas genera un riesgo con muchas posibilidades de producir daño. Y esto es lo que ocurre con los componentes de los residuos de aparatos eléctricos y electrónicos (Raee) no tratados adecuadamente.

Los Raee contienen materiales pesados como el plomo (que producen daño renal, trastornos menstruales, irritan el sistema nervioso y disminuyen los glóbulos rojos); el cadmio (afecta al hígado, el riñón, los pulmones, el corazón, los huesos) y el níquel (afecta

los pulmones, provoca abortos espontáneos).

Una "apropiada gestión del e-waste" significa generar oportunidades económicas, sociales y medioambientales porque se puede reutilizar, restaurar o reciclar. Así se estima que el 25% es recuperable, 72% se puede reciclar, desechándose tan solo el 3%. Se recuperan ciertos metales como, plata, cobalto, sílice, etc. (no tratado adecuadamente lleva a trabajos clandestinos).

Socialmente da cabida a mano de obra desocupada y ayuda a sectores que no tienen acceso a la informática.

En Argentina, hacia fines de 2007 se produjeron alrededor de 20 mil toneladas de Raee. Contabilizamos un trato adecuado del 35%. Todavía no contamos con una ley especifica, si bien actualmente existen algunos proyectos sobre su manejo sustentable.

En ese país, la Secretaria de Ambiente y Desarrollo Sustentable se rige por las leyes de "Residuos Peligrosos", de "Residuos Industriales y Actividades Comerciales" y de "Gestión de residuos domiciliarios". Normativa ambiental, basada sobre responsabilidad post-consumo de Aparatos Eléctricos y Electrónicos del Mercosur, es decir: "responsabilidad social extendida del productor".

La Argentina ratificó el funcionamiento de un Centro Regional de Capacitación y Transferencia de Tecnología para América del Sur, entre la Secretaria de Ambiente y Desarrollo Sustentable y el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) en 2002, y en 2005 firmó un Convenio Marco con la Secretaria del Convenio de Basilea.

Su objetivo es la capacitación y fortalecimiento de las estructuras de control y producción de la región para cumplimentar las reglas de la Convención de Basilea.

El centro, que actúa como nexo para los países de la región a través de puntos focales, conjuntamente con Bolivia, Brasil, Chile Colombia, Ecuador, Paraguay, Perú, Uruguay y Venezuela, desarrolla como proyecto un inventario de Desechos Eléctricos y Electrónicos en América del Sur, y tiene como prioridad el control del tráfico ilícito de residuos peligrosos, intercambio de información sobre buenas prácticas, asistencia en el desarrollo de sistemas de documentación para la generación de transporte y disposición de residuos peligrosos.

El país se basa -para la aplicación de su política ambiental- en los principios de prevención, precautorio, de responsabilidad, de subsidiariedad, sustentabilidad, solidaridad y cooperación, entre otros, como lo marca nuestra Constitución Nacional.

Trabajamos sobre los pilares de la 1) concienciación, 2) gestión adecuada y 3) optimización de los e-waste para una correcta legislación, generando fuentes de trabajo, ayuda a sectores sin acceso a la informática, incentivos a la alternativa de "reciclar o reutilizar" y formación de ciudadanos responsables en la sustentación del ecosistema.

La autora es abogada especialista en derecho de alta tecnología

 

 
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