Edición No. 529 | 20 DE MAYO DE 2008
 
 
 
Relieve
 
Ayer ingeniero, hoy banquero
 
Ramón Martínez Stagg está estrenando silla. Como presidente ejecutivo de Stanford Bank, el banquero dice tener desafíos interesantes por delante como triplicar el tamaño del banco en un periodo de dos años 
 
MELISSA NOVOA 
mnovoa@prensa.com 
 

PERFIL
Profesional

Luego de graduarse, Ramón Martínez Stagg trabajó en Cofina, y al poco tiempo saltó a la fábrica de plásticos Polymer.

Años más tarde entró a la petrolera Shell, donde ocupó diversos cargos: tesorero, gerente de mercadeo y ‘country manager’ en Nicaragua.

Entró al sector bancario con Banistmo, y desde hace un mes es el presidente ejecutivo de Stanford Bank.

En sus manos ha tenido la responsabilidad de determinar las sucursales que quedaban abiertas y cuáles se cerraban en la entidad bancaria en la que trabajaba. Así como qué personas se quedaban o se iban en el proceso de reestructuración de la empresa. Esas, confiesa Ramón Martínez Stagg, han sido decisiones muy difíciles que ha tenido que tomar.

Pero lo que le costó más en su vida fue determinar si aceptaba una promoción como gerente general de Shell en Nicaragua. Esta implicaba tener que separar a su familia, ya que sus hijos más grandes recién estaban iniciando sus estudios universitarios en Panamá.

El ejecutivo dice que pareciera una incongruencia porque mientras la nueva posición le representaba un reto profesional, no era nada agradable vivir separado de sus dos hijos mayores.

Ya instalado en Nicaragua, lo contactaban head hunters para ofrecerle posiciones en Panamá, pero era tan prematuro su traslado que, dice, hubiera sido irresponsable de su parte escuchar las propuestas.

Año y medio después cambió de opinión. Analizó el balance que existía entre su crecimiento profesional y su vida familiar, y decidió prestar atención a los head hunters.

Martínez, quien desde abril es el presidente ejecutivo de Stanford Bank (Panamá) S.A., recuerda esas primeras experiencias de su vida profesional y otras anécdotas, como el hecho de que siendo licenciado en Economía y con una maestría en Banca y Finanzas, en sus primeros trabajos lo llaman ingeniero, pues su cargo era ingeniero de procesos en Polymer. Ahora le llaman banquero.

Después de haber laborado por años en Banistmo, que fue adquirido por HSBC en 2006, este año decidió seguir escalando peldaños en su vida profesional y aceptar la propuesta que le hizo Stanford Bank (Panamá) S.A. para estar al frente de la entidad.

Manejar una faceta del negocio que era nueva para él, como lo es la banca privada, representó un reto muy interesante.

Hasta el momento sus tareas han sido definir la estrategia del banco y concretarla, implementando planes de acción, así como fortalecer su equipo humano y asegurarse de que todos estén alineados con el objetivo de la entidad.

Por otro lado, debe continuar con el plan de reposicionamiento del banco en el mercado panameño y en el regional, expresa Martínez muy contento con el nuevo reto.

Está seguro de que con el equipo humano con el que cuenta podrá cumplir con su meta a corto plazo: triplicar el tamaño del banco en un periodo de dos años. "Con los tres pilares que tenemos: el banco, la casa de bolsa y la fiduciaria, podemos ofrecerle al segmento de clientes de alto patrimonio variedad de servicios", indica.

Sobre sus actividades favoritas, el ejecutivo comenta que una de las grandes mentiras que le dijeron cuando se cambió al sector bancario era que los banqueros jugaban golf varias veces a la semana "y todavía no he encontrado esos días". Y aunque no lo practica con la frecuencia que quisiera, reconoce que esta es una forma de eliminar el estrés.

"Un jefe me dijo que el peor día tuyo en una cancha de golf, es mejor que tu mejor día en el trabajo", admite. Otra actividad que practica para entretenerse es la lectura. Actualmente está leyendo historias de Estados Unidos y el libro que está empezando es "La transformación de América".

Martínez Stagg asegura que todo es cuestión de encontrar un balance entre el trabajo y su vida personal. Profesionalmente el banquero ha logrado muchas de sus metas, pero en lo personal aún le quedan muchas pendientes: aprender a tocar guitarra, hablar mejor francés y ser un buen agricultor. Este último ya está por cumplirlo. Recientemente compró una finca de 31 hectáreas que espera poder sembrar.
 
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