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| Bloomberg |
En este artículo no intentaremos explicar las razones que nos han llevado a la situación actual de un mayor costo de la vida, ni cuáles son las opciones de política pública al alcance del Gobierno Nacional. Lo que queremos hacer es poner el reflector sobre lo que podemos o, más bien, debemos hacer como consumidores en los diferentes mercados de nuestro país. Y no se trata de decidir que somos los consumidores los culpables del alza de precios, pero sí de reconocer que tenemos un espacio para enfrentar adecuadamente esta nueva realidad, que ya no es coyuntural.
Este comportamiento deseable del consumidor parte de la premisa de que es necesario que en una sociedad de la información como la actual, los consumidores no solo manejen datos relevantes sobre los productos que adquieren y sobre los proveedores que se los ofrecen,
sino que utilicen esta información para tomar mejores decisiones de consumo.
Nos referimos en particular a conductas como la comparación de precios entre productos de diferentes marcas o entre productos idénticos ofrecidos por empresas distintas.
En este caso el mercado de combustibles líquidos en nuestro país sigue siendo un buen ejemplo
-aunque no el único-, ya que diferencias notables de precios (que en algunos casos llegan a ser de más de 10 centavos por galón) que se observan entre distintas estaciones de combustible (hay que destacar que en general se ofrecen productos homogéneos) tienen una buena parte de su explicación en el comportamiento pasivo de los consumidores de dichos establecimientos, quienes "permiten" esta situación.
Hacemos la advertencia de que no estamos refiriéndonos a estaciones ubicadas en Alcalde Díaz frente a otras en Costa del Este, donde los costos de movilidad hacen absurda una comparación, sino entre estaciones que, de hecho, están separadas apenas por algunos metros en varias de nuestras principales arterias viales.
Esta actitud pasiva, de consumidores cautivos por su propia inercia y permisividad, es propia de épocas anteriores, cuando la regulación de precios implicaba en términos prácticos que las diferencias que vemos hoy eran nulas o insignificantes.
El escenario ha cambiado, pero muchos consumidores no se han dado cuenta, ya que a pesar de lo que se dice continuamente, no todos los supermercados tienen los mismos precios (incluso hay diferencias entre establecimientos de la misma cadena, ubicados en áreas geográficas distintas) ni todas las estaciones de servicio ni todos los almacenes de ropa.
Pareciera que las técnicas de Goebbels -el ministro de propaganda de la Alemania nazi quien dijo que "una mentira repetida
adecuadamente mil veces
termina convirtiéndose en una
verdad"-, aún tienen mucha influencia en nuestro país.
Consumo consciente
Otro espacio amplio de participación ciudadana en nuestra condición de consumidores está en la racionalización en el consumo, especialmente en productos energéticos vinculados a los derivados del petróleo.
Pero la racionalización no solo consiste en tener una actitud más frugal, sino en extenderla hacia la compra de bienes que luego originan un consumo recurrente a futuro.
Por ejemplo, en el caso de la energía eléctrica deberíamos tender a la compra de bombillos fluorescentes y no incandescentes, utilizar calentadores que solo calienten el agua que fluye, si se va a adquirir un acondicionador de aire, la eficiencia energética del mismo (medida por las siglas EER) debiera ser una variable incluso más relevante que el precio (aquello de que lo barato sale caro cabe aquí perfectamente), si no preguntémonos cuántos de nosotros tomamos en cuenta, antes de realizar una compra, la información sobre consumo energético en las etiquetas amarillas que acompañan a muchas refrigeradoras.
El hecho de que es cada vez más frecuente ver en nuestras calles autos muy pequeños, donde es claro que su precio y ahorro de combustible privan sobre el diseño o prestaciones, es una señal de que vamos en la dirección correcta. Y aunque muchas veces pensemos que el esfuerzo individual es inútil, dada la lógica de la acción colectiva, a lo mejor esto revela que seguimos con algunas ataduras mentales de las que solo nosotros mismos nos podremos liberar.
- El autor es director nacional
de Asuntos Económicos
de la Autoridad de
Protección al Consumidor.