Edición No. 523 | 8 DE ABRIL DE 2008
 
 
 
Nacional
 
Lo panameño vende
 
Ya sea con artesanías, con adaptaciones de estas o imprimiendo un toque distinto a objetos tradicionales, empresarios creativos han puesto su grano de arena para forjar una imagen de Panamá entre los extranjeros y elevar el valor de la identidad entre los locales 
 
Zoraida Chong 
zchong@prensa.com 
 
 
 
FLASHES
1. En Breebaart, la artesanía es vista como en Japón: ‘Una alabanza a la creación’.
LA PRENSA | Iván Uribe
2. La reproducción de huacas se inició como un esfuerzo por conservar el testimonio histórico precolombino.
LA PRENSA | Ana Rentería
3. Experimentar con colores y texturas, fue la estrategia para dar nuevo impulso a la marca Panabrisa Corona.
LA PRENSA | Jorge Fernández
Con el crecimiento en las actividades comerciales en el país y la afluencia de visitantes extranjeros, una oleada de tiendas de artesanías se observa en centros comerciales y turísticos, pero más allá de la coyuntura, hay iniciativas que llevan años desarrollando negocios exitosos a partir de elementos de identidad.

Estos empresarios tienen en común que muchos de sus clientes son extranjeros, que se sienten atraídos por productos novedosos que pueden llevarse a sus países de origen como una muestra de la cultura panameña. Pero todos coinciden en que su mercado local también es importante.

conservar el patrimonio

Hasta la década de 1970, la compra-venta de huacas era común en el territorio nacional -luego disminuyó por las regulaciones implementadas- y muchas piezas salían del país sin que existiera registro de ello.

Agnes Santomeno, gerente de ventas de Reproducciones y Originales S.A. (Reprosa), narra que su suegro, Frank Santomeno, decidió reproducirlas, de manera que si no se conservaban las originales, por lo menos quedara un registro del arte precolombino en las reproducciones.

"Él no quería que en cien años apareciera una pieza en un museo extranjero y nadie supiera que era panameña", señala.

Frank Santomeno aprendió a reproducir de forma exacta las huacas y para conseguir que se las prestaran se comprometió a dar al propietario la primera copia. La voz se fue pasando y a su puerta llegaron compradores pidiendo reproducciones, y los Santomeno optaron por abrir una tienda.

En los 33 años que lleva Reprosa en el mercado, ha vivido tiempos buenos y malos, pero Agnes Santomeno asegura que la clave para permanecer ha sido la persistencia y la convicción de que tienen un producto único.

Entre los momentos más difíciles se encuentra la crisis de finales de la década de 1980 y la invasión estadounidense de 1989, cuando se vieron obligados a despedir a cien trabajadores. "Y pagamos cada centavo a nuestra gente", resalta Santomeno con convicción, y añade que esto fue posible porque su esposo, David, decidió mantener una cuenta en Estados Unidos.

Otro capítulo crítico fue la salida del ejército estadounidense de Panamá en la década de 1990, pues eran parte importante de su clientela.

"Siempre causan más interés las cosas que no son de su país, porque los locales lógicamente piensan que cualquier día pueden ir a Bocas del Toro o comprar una pieza de Reprosa", explica.

Aunque asegura que fueron muchos los años en que perdieron dinero, Santomeno recalca que siempre estuvieron seguros de que llegarían épocas más turísticas, en las que mejoraran las ventas.

Los tiempos cambiaron y ahora Reprosa tiene una tienda en el Casco Viejo, una en Obarrio y su centro de producción en Costa del Este, donde cuentan con una sala de exhibición que les permite hacer recorridos a grupos de clientes por la historia del país.

"Mi sueño es tener un museo y un lugar donde los turistas puedan ver a los artesanos trabajando, aquí ofrecemos 'tours' y a la gente le fascina, porque el turista ahora es más educado, no viene solo a la playa, viene a conocer Panamá, y no desde un mall o un casino, muchos quieren ver su biodiversidad, su cultura".

Aunque escocesa de nacimiento, Santomeno es una apasionada de la artesanía local, por ello se decidió a ampliar la gama de productos que ofrece e incluir piezas que van desde las esculpidas en tagua hasta los collares de chaquiras de los ngöbe buglé, "pero que cumplan con estándares de calidad, porque el cliente que entra a mi tienda busca eso". Esta, dice, es la clave para darle mayor prestigio a la artesanía local.

Helen Breebaart. LA PRENSA| Iván Uribe
Alta costura

El nombre de Helen Breebaart es ya un punto de referencia en el mundo de la moda en Panamá, su trayectoria diseñando prendas con aplicaciones de mola la ha llevado a representar al país en desfiles internacionales y vistiendo a reinas de belleza, además de hacer mancuerna con el diseñador Renaud Pellegrino, para vender en Francia costosos bolsos hechos en Panamá.

Aunque asegura que su clientela no es el turista convencional, lo cierto es que en estos días su taller "está trabajando al límite de su capacidad y necesitamos más gente que sepa coser de verdad".

"La buena noticia es que la Universidad de Panamá va a lanzar una carrera de diseño de modas, pero estamos pidiendo que la primera enseñanza sea la costura, porque es muy simple: no se puede ser un chef sin saber cocinar", asegura la diseñadora, quien se considera franco-panameña.

A Breebaart no le gusta definir a quienes viste por su origen local o extranjero, sino por su cosmovisión.

"El punto en común entre mis clientes es que todos son cultos y aprecian lo que hacemos. Es cierto que tienen que tener cierta capacidad económica, porque no somos baratos, nuestra producción es cara, pero es gente que valora una artesanía bien hecha, de raíces profundas", destaca.

Para Breebaart el trabajo que lleva a cabo con sus colaboradores de la etnia kuna es más que ropa.

"Por diez dólares puedes vestirte en Panamá de pies a cabeza, pero si tienes el privilegio de venir a vestirte con algo a la medida y diseñado especialmente para ti, tienes que valorarlo".

Y aunque la diseñadora creció en una familia en la que las mujeres practicaban afanosamente las artes y manualidades que se enseñaban en las escuelas francesas, asegura que no se trata de hacer algo con aspecto añejo, sino de combinar la calidad con la herencia prehispánica de las etnias panameñas.

Tradición renovada


Otra marca que ha ganado un lugar en la memoria de los consumidores atado al nombre de Panamá es Panabrisa Corona, que desde 1953 fabrica las tradicionales guayaberas.

Si bien este producto no es exclusivo del país, pues se usa también en otras zonas tropicales de América Latina, es aquí donde se le ha dado un giro en formas, texturas y colores, para atraer a un público más contemporáneo.

Alberto Pons, quien heredó el negocio de su padre, y su esposa Patricia Owens, decidieron implementar una estrategia que les permitiera mantenerse vigentes al interior y exterior del país. Así optaron por convertir la guayabera en una prenda femenina y fabricar productos para todas las edades.

"Si una empresa como la nuestra quiere tener éxito en el mercado internacional tiene que innovar porque hay otros países que también hacen guayaberas", señala Pons.

La pareja decidió renovar el negocio antes de que los números de la empresa llegaran a rojo, y cuando el crecimiento solo rondaba el 2%.

El momento decisivo de esta estrategia llegó con la celebración del concurso de Miss Universo en 2003, pues los organizadores eligieron sus diseños como parte de la imagen del certamen.

A partir de ahí el crecimiento no se hizo esperar. Las guayaberas ya se exportaban, pero las adaptaciones de la prenda original renovaron sus compradores y además de incrementar sus ventas en el exterior, los han llevado a abrir cuatro tiendas en Panamá, en los centros comerciales Albrook Mall, Multiplaza, Multicentro y Los Pueblos.

Entre los planes de la empresa todavía no hay una expansión al exterior de las fronteras, pero sí están analizando la posibilidad de abrir una en la provincia de Chiriquí.

"La moda indudablemente tiene un ciclo ¿Cuándo se cumplirá este? No quiero ni imaginarlo, pero mientras tanto nuestras ventas siguen creciendo, y obviamente en esto ha influido la llegada de turistas y la aceptación de los panameños".

A pesar del éxito, Pons y Owens no están dispuestos a sentarse pasivamente a ver llegar el futuro, su plan es continuar innovando tanto como sea necesario. "El límite es la imaginación", apunta Pons.
 
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