Edición No. 519 | 11 DE MARZO DE 2008
 
 
 
Opinión
 
Beneficios para el futuro
 
La economía de mercado es condición necesaria, pero no suficiente para una sociedad libre, venturosa, próspera, justa y ordenada. El destino final de la economía de mercado se decide más allá de la oferta y la demanda”. -Wilhem Röpke. 
 
Gustavo Chellew 
mf@prensa.com 
 
Panamá, desde el año 2003, ha entrado en un ciclo de acelerado crecimiento económico; las razones de este ciclo tienen que ver con el crecimiento de la economía mundial en este mismo período y la incursión de China e India exitosamente en la globalización. Además, Panamá fue descubierto por la inversión internacional en función de las ventajas comparativas en materia de su estratégica posición geográfica, dolarización y probada estabilidad democrática.

Lo anterior está en la actualidad definido, al crecer la economía ya en 2003 en más del 4% y superar en forma progresiva, año a año, este crecimiento, hasta llegar en 2007 al 11.2%. Este crecimiento ha generado riqueza que, sumada a la reforma fiscal de 2005, ha permitido al Estado, comparando 2006 con 2007, llegar a 5 mil 505 millones de dólares en sus ingresos totales, lo que supera los ingresos de 2006 en mil 222 millones de dólares; es decir, 28.5% en un año.

En este mismo período, los gastos totales aumentaron 15%, lo que ha generado un superávit. Dentro del aumento de la recaudación, es importante destacar el incremento de los ingresos tributarios, que pasaron de mil 763 millones de dólares en 2006 a 2 mil 92 millones de dólares en 2007, lo que representó un aumento de 329 millones de dólares en un año; es decir, 18.7%.

En este entorno económico, difícil de mejorar, existe un problema latente que el Estado debe enfrentar, y es que esta riqueza que las cifras nos entregan y que se palpa al caminar por las calles de Panamá, no ha llegado en forma directa a la mayoría de los ciudadanos, quienes no disfrutan de ella. Esto se debe, en gran medida, a que diferentes factores externos e internos han

desatado una grave espiral inflacionaria, que se refleja en un aumento de la canasta básica de 4.74% en 2005, 1.20% en 2006, hasta 13.18% en 2007. Esto significa que en el último trienio la canasta básica ha tenido un incremento de 19.12%; significa también que la capacidad de compra del panameño ha disminuido en un porcentaje similar en estos rubros respecto al 2004. En los niveles de pobreza o salario mínimo, esto representa dejar de consumir lo indispensable.

Durante los últimos 25 años, la inflación en Panamá no superó como promedio anual el 1.5%, solo en períodos excepcionales creció por encima de este porcentaje y por lapsos muy cortos.

Por lo tanto, valdría la pena preguntarse: ¿Por qué la inflación en 2007 llegó al 6.4% comparada con el 2006 y la canasta básica, que es parte de esa inflación, alcanzó el 13.18% si en el mismo período la inflación en Estados Unidos fue de 3.2% y el aumento de los alimentos dentro de ese índice alcanzó solo 4.5%? Planteo esta pregunta porque la inflación que sufre Panamá tiene un componente importado, que debiera corresponder a la inflación de Estados Unidos (EU) y en este período que analizamos, no solo no fue similar, sino que nuestro país dobló la de EU (Estados Unidos 3.2% - Panamá 6.4%), situación inédita, ya que la inflación de Panamá fue siempre igual o inferior a la de esa nación.

Los efectos importados en nuestra inflación tienen que ver con la devaluación del dólar, que afecta los precios de los commodities y del petróleo en forma permanente, con los ciclos que viven los países que comercian con Panamá, con el déficit fiscal de EU y en particular, con la inestabilidad actual de su economía. Está llegando un período en los países industrializados de enfriamiento de sus economías, y en el caso particular de EU, de probable recesión, lo que indudablemente afectará a Panamá por su interrelación con la actividad económica mundial.

Se argumenta que la inflación interna ha llegado a los niveles que tiene por un crecimiento de la demanda, argumento que no comparto, porque aunque la demanda haya crecido en los sectores económicos más fuertes, ha disminuido, como ya lo probamos a través de la inflación, en los sectores más amplios de la población, y además porque el mercado está bien abastecido. Se sabe que el petróleo encarece los costos y que debido a esto aumentan los precios, sin definir en qué porcentaje los afectan realmente.

En fin, existen argumentos para justificar el porqué de este 6.2% de inflación para 2007, o de este 13.19% para la canasta básica. Nos debemos detener a pensar en otros factores internos que han hecho posible esta realidad; el primero, es una constante en el país, la estructura oligopólica de gran parte de su quehacer económico. Se podría decir que uno de los pocos sectores competitivos de la economía entre sí, y por lo tanto donde operan las leyes del mercado, es el sector bancario, por su estructura multinacional y amplia en un país pequeño como Panamá; pero no podemos decir lo mismo del sector alimenticio, farmacéutico, de energía, donde los oferentes no representan un mercado abierto competitivo. Esto produce un efecto en los precios, porque lo que decide su nivel no es la demanda, sino la oferta.

Dicho lo anterior, el otro factor —dada esta estructura oligopólica que ha influido en el espiral inflacionario— es la aplicación del impuesto alterno a la renta denominado CAIR. Este impuesto, exitoso en su gestión de generar tributos, ha tenido un segundo efecto producido por la forma de aplicarse directamente basado en las ventas brutas, ya que para los empresarios, en este modelo poco competitivo en áreas vitales de la economía (oligopólico), se les puede hacer difícil una reserva del 1.4% de todo lo que facturen para pagar el CAIR.

Es sumamente probable que anualmente, para hacer esta reserva, este impuesto se le traspase a los precios, entre otras razones, porque ningún empresario sabe cuál va a ser el resultado de su gestión anual.

En definitiva existen sectores productores, distribuidores mayoristas y minoristas, donde este fenómeno de hacer las reservas para pagar el CAIR, puede generar aumento de precios en los tres niveles que hemos señalado, lo que se hace crónico si se considera que al aplicársele a los precios la primera vez en 2006 ya se creó la base de esta reserva para pagar este impuesto en forma permanente, y existe la posibilidad de que las empresas repitan anualmente el mismo ejercicio, lo que explicaría la diferencia entre la inflación importada, que normalmente fue similar a la interna, y la del 100% que se produce hoy día entre la externa y la interna.

Sería preferible aumentar el ITBMS en la medida necesaria a todos los productos que no sean de primera necesidad, en lugar de mantener una fórmula tributaria que fomente una inflación permanente y afecte el precio del consumo básico (alimentos, medicinas, comunicaciones, educación, energía, etcétera), con sus secuelas sociales.

La economía tiene sentido si sirve a los intereses de toda la comunidad nacional con equidad y justicia. Debemos entender que el crecimiento económico desaparece cuando se quiebra la estructura social de un país, cuando la inestabilidad de su sociedad aleja la inversión y, por lo tanto, la generación de riqueza.

La mejor forma de detener el crecimiento es la desestabilización social. Por lo tanto, en función de esa estabilidad social, que nace de la justicia y equidad en el desarrollo económico, se debe pensar en reemplazar el CAIR por un impuesto, como ya lo dijera, que no afecte la canasta básica y los servicios elementales como lo prevé la ley al no aplicarles el ITBMS.

Sería, además,s recomendable analizar cómo controlar las distorsiones que crea la estructura oligopólica en la economía nacional, se deben revisar dentro del marco jurídico vigente todos los contratos o concesiones que el Estado ha otorgado y que tienen que ver con servicios de primera necesidad, como son: energía, comunicaciones, corredores, etcétera, para corregir las distorsiones que afectan sin justificación los precios al consumidor.

En fin, se deben hacer todos los esfuerzos para mejorar la redistribución del ingreso, que permita a los sectores medios y bajos recuperar la capacidad de consumo que tenían antes de esta espiral inflacionaria y que les permita mejorar su participación en el crecimiento del producto interno bruto.

  • El autor es analista económico.
 
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