Edición No. 516 | 19 DE FEBRERO DE 2008
 
 
 
Tema de portada
 
Grandes planes no encienden motores
 
La ausencia de un mercado local, la falta de coordinación entre regulaciones e inversiones y los cambiantes precios de los biocombustibles en el mercado internacional han impedido que los intentos de Panamá por incursionar en este sector se cristalicen en el mediano plazo 
 
zoraida chong 
zchong@prensa.com 
 
LA PRENSA | David Mesa

Desde hace varios años se ha anunciado en múltiples ocasiones y con bombos y platillos el interés de empresas transnacionales de invertir en la producción tanto de etanol como de biodiésel en Panamá.

Altos funcionarios del Gobierno -incluido el presidente Martín Torrijos- se han reunido con homólogos en otros países para llegar a acuerdos. Se ha hablado del potencial de las tierras nacionales para el cultivo de productos como la caña o la palma africana y de las miles de hectáreas que podrían usarse para ello. Pero el tiempo pasa y nada se concreta.

Un estudio de viabilidad encargado por el Gobierno a la consultora Intracorp y que fue entregado a principios de 2007 indica que tanto el etanol de caña de azúcar, como el biodiésel de palma africana -o palma aceitera- eran técnica y económicamente viables.

DISPOSICIÓN. Alejandro Flores, de Cadasa, asegura que está buscando opciones para diversificar su oferta de productos y así poder expandir su negocio.
LA PRENSA | David Mesa

Pero lo cierto que es los intentos de producir biocombustibles a escala comercial en el país se mantienen estancados, y quienes están más cerca de los proyectos aducen diversas razones.

Etanol y TPC

Desde 2004, cuando se llevaban a cabo las negociaciones para un tratado de libre comercio -luego llamado tratado de promoción comercial (TPC)- con Estados Unidos (EU), los negociadores panameños se encargaron de incluir el tema de la exportación de etanol a ese mercado.

Esto abrió la posibilidad de que Panamá pudiera exportar -previa ratificación del tratado, lo cual no ha ocurrido- en una primera etapa hasta el 7% del consumo estadounidense de biocombustibles libre de arancel. Eso representaría unos 350 millones de galones de etanol.

Los acuerdos alcanzados con EU generaron múltiples declaraciones del Gobierno panameño, e incluso el brasileño, sobre las ventajas que representaba el istmo para las inversiones de grandes empresas del sector de biocombustibles, especialmente de Brasil, ya que estas deben pagar un arancel superior a los 50 centavos por galón que introduzcan a EU.

Para Alejandro Flores, gerente general de Central Azucarera de Alanje (Cadasa), las consecuencias de no lograr el TPC son claras. En Panamá no existen compradores para ese producto y las posibilidades de entrar sin aranceles al mercado más grande del continente parecen esfumarse.

Planta de biodiésel.
LA PRENSA | David Mesa

"Sería invertir en algo que no tiene seguridad de ventas", afirma. El viceministro de Comercio e Industrias, Manuel José Paredes, no coincide con este argumento y aduce que las condiciones contempladas en el TPC también están en los acuerdos de la iniciativa de la Cuenca del Caribe (CBI por sus siglas en inglés). Esta disposición unilateral que permite la entrada a Estados Unidos de diversos productos de Centroamérica y el Caribe sin pagar aranceles, vence este año, pero según el Ministerio de Comercio e Industrias algunos sectores gozarán de la extensión de estos acuerdos.

Paredes aseguró que el etanol es uno de ellos, aunque dijo no recordar cuánto durará la excepción.

En mayo de 2007, cuando la ratificación del TPC parecía algo muy probable, los Gobiernos de Panamá y Brasil firmaron un acuerdo de asistencia técnica para el impulso del etanol en el istmo, que acaparó titulares en los periódicos nacionales y regionales, y aunque luego no hubo más noticias, Paredes asegura que se están dando resultados.

Para ejemplificarlo se remite a las modificaciones hechas en 2007 a la Ley 8 del 16 de junio de 1987 que, dice, son producto de esa cooperación.

EMPUJE. Según Ángel Cedeño (en primer plano), presidente de Coopemapachi, uno de los principales objetivos de esta organización es comprar su propia extractora de aceite. LA PRENSA | David Mesa

El viceministro también garantiza que el interés de las empresas brasileñas se mantiene y que hay varias que siguen haciendo estudios para invertir en Panamá, no obstante, se negó a revelar el nombre de alguna de ellas.

Sin compradores a la vista

Por las condiciones del parque vehicular panameño, el etanol como combustible tendría que mezclarse con al menos 90% de gasolina y no existe en el país una empresa que se dedique a esa operación ni una ley que la regule, de manera que los ingenios azucareros todavía no ven este carburante como una oportunidad de negocio a corto plazo.

"Tendríamos que comprar la gasolina, mezclarla y poner una estación aquí mismo en el ingenio", expresa Flores. Para Paredes, el avance del etanol en Panamá es un proceso que toma tiempo, debido a diversos factores que deben afinarse, no obstante aclara que las regulaciones que se requieren se harán en función de las intenciones de inversión que exprese el sector privado y no antes.

"Dada la política del Gobierno de promover a Panamá como un centro energético para la distribución de derivados del petróleo y otros combustibles, y viendo las posibilidades de inversión en el país, preferimos enfocarnos más en la parte industrial y crear incentivos para la producción de combustibles, en lugar de saltarnos pasos e ir al uso del biocombustible sin tener las etapas previas cubiertas", explica.

En este sentido, Paredes detalla que no sería necesario crear nuevas leyes sino implementar ajustes, como la definición de una norma técnica y la creación de impuestos para las nuevas actividades industriales y comerciales.

El problema es que en el sector privado tampoco se quieren hacer las inversiones millonarias para la producción de biocombustibles sin que exista una legislación que garantice el mercado, por ejemplo una que obligue al uso de gasolina mezclada con etanol, como se hizo en Brasil.

El único avance que se ha dado en este sentido es la mencionada modificación a la Ley 8, que según el viceministro incluye "una serie de beneficios a la producción". Concretamente, se incentiva el refinamiento en la zona libre de combustibles.

ZAFRA. La cosecha de caña de azúcar se realiza entre el 15 de febrero al 15 de marzo, pero la ampliación de los cultivos podría extenderla hasta 30 días.
LA PRENSA | David Mesa

Palmas muy altas

Además de la caña, la otra materia prima para biocombustible que ha generado incontables anuncios de inversión y otras noticias es la palma africana o aceitera, de la que se cultivan unas seis mil hectáreas actualmente.

El origen en Panamá de esta actividad no es reciente, pues se inició a principios de la década de 1980, por iniciativa del general Omar Torrijos, quien consideró que debía darse una reconversión del sector agrícola del oriente panameño hacia un producto más resistente y rentable que los que se desarrollaban entonces.

En esos años nadie pensaba en producir biodiésel, de manera que la propuesta de Torrijos apuntaba a la producción de aceite comestible, sin embargo, y aunque parezca increíble, cerca de tres décadas no han sido suficientes para que la zona se convierta en líder o siquiera importante productora.

Solo en los últimos años las tierras cultivadas han empezado a expandirse y las tres cooperativas que se dedican a la actividad, y que datan de la década de 1980, tratan de ponerse a la vanguardia. Por ejemplo, la Cooperativa Empresa de Palma Aceitera de Chiriquí (Coopemapachi), se encuentra implementando nuevas tecnolo-gías tanto en el proceso agrícola como en la información y comunicación.

La utilización de semillas mejoradas -que se obtienen en el extranjero- permite que la primera cosecha se efectúe a los 18 meses de haber sembrado, cuando la palma todavía no alcanza el metro de altura.

Además, han iniciado, con la ayuda del Banco Interamericano de Desarrollo, el mapeo de toda la siembra para en una etapa posterior, realizar la trazabilidad del producto final.

El sueño de los cooperativistas es comprar su propia planta extractora, algo que requeriría una inversión cercana a los 3.5 millones de dólares.

Y aunque en 2006 se anunció que la empresa estadounidense Texas Biodiésel financiaría una extractora para Coopemapachi, como parte de su plan para instalar en Panamá una refinería, los acuerdos no llegaron a feliz término.

"Hicimos todas las negociaciones y cuando solo faltaba firmar el contrato dijeron 'vendremos la próxima semana', y no volvieron más", explica Ángel Cedeño, presidente de la cooperativa.

En la zona palmicultora de la provincia de Chiriquí existe solo una planta extractora, que compra el 80% de la fruta cosechada -el resto es vendido a una planta en Costa Rica- y realiza el procesamiento de esta.

Las palmeras dan fruto a los 18 meses de su plantación. LA PRENSA | David Mesa

"Tenemos capacidad para procesar 500 toneladas diarias de fruta, lo que equivale a 12 mil hectáreas de siembra, pero en Panamá solo hay unas 6 mil hectáreas, de manera que para usar la capacidad completa importamos fruta de Costa Rica", señala Guillermo Cárdenas, de Extractora del Barú S.A. (Ebasa).

Pero si los actores del sector estaban esperando un buen momento para crecer, este sin duda ha llegado, pues el escenario se configura con los precios más altos de la historia, impulsados por la producción de biodiésel a partir de alimentos en otras latitudes.

Los precios que se pagan en Panamá, tanto por el aceite como por la fruta, tienen como referencia los del mercado de Rotterdam, que desde 2006 se han doblado (Ver gráfica: Precios internacionales).

Esto ha beneficiado a los productores de la fruta, pues reciben como pago entre el 13% y el 15% del precio del aceite.

La mayor rentabilidad de este cultivo ha llegado acompañada por el creciente interés del Gobierno por incentivar la actividad. Razón por la cual se han puesto a disposición de los productores apoyos para incrementar la extensión sembrada y la eficiencia, en el marco del Plan Estratégico de la Palma de Aceite 2007-2006.

Pero los avances en el cultivo y procesamiento de la palma no necesariamente implican que se haya vuelto rentable la producción de biodiésel, por el contrario, un mercado donde el aceite de cocina ronda los seis dólares por galón conlleva costos de producción para el biocombustible de cinco dólares, y a eso habría que añadir distribución y comercialización si se pretende iniciar un negocio.

Así, y aunque se han hecho pruebas con buenos resultados de calidad, los productores de Coopemapachi tienen congelada la producción de biodiésel.

Ellos cuentan con dos pequeñas plantas que durante un tiempo proveyeron de combustible a sus vehículos, pero como no tienen una extractora se ven en la necesidad de comprar el aceite a precio de mercado.

Los especialistas en el tema no descartan que en el futuro se pueda incursionar en el mundo de los biocombustibles, sin embargo, para ello tendrían que caer los precios de manera significativa.

En el estudio realizado por Intracorp en 2006 y entregado en enero de 2007, se hace referencia a la conveniencia de implementar la tecnología necesaria para producir tanto aceite comestible como biodiésel, pues esto permitiría aprovechar mejor las variaciones en los precios de ambos productos. Aun así, el tiempo ha demostrado que los datos de los estudios pueden quedar obsoletos rápidamente, en función de los vaivenes del mercado.

Potencial para agroindustria
Optimización de tierras

El gran dilema de los biocombustibles que se elaboran utilizando como materia prima cultivos alimenticios es que ponen en riesgo la seguridad alimentaria del mundo, al generar incremento de precios y competencia por las tierras cultivables, sin embargo, el punto que ha sido defendido por algunos organismos internacionales, como la Comisión Económica para América Latina, es la capacidad de estos carburantes de incentivar las actividades agrícolas y, por tanto, disminuir el desempleo y mejorar la calidad de vida en áreas rurales.

Según los estudios de viabilidad para la producción de etanol de caña, en Panamá esta actividad tendría un efecto positivo, ya que se cuenta con capacidad suficiente para cubrir una hipotética demanda interna de etanol —tomando como referencia la utilización de una mezcla con 90% de gasolina— sin sacrificar la producción de otros bienes.

Esta premisa la respaldan los productores azucareros, quienes consideran que la demanda local está totalmente cubierta. En el resto del mundo tampoco hay muchas oportunidades, pues es casi imposible competir con las economías a escala que también están incrementando su oferta. Por ello, las empresas del sector necesitan enfocarse en otros productos que les permitan diversificar su oferta.

Aunque el rendimiento de los cultivos por hectárea y los costos de producción no son competitivos en el ámbito internacional, la actividad sería rentable siempre que el precio del barril de petróleo se sitúe alrededor de los 50 dólares —en la actualidad se acerca al doble de esa cifra—, y por otro lado, el incremento de las extensiones sembradas, la implementación de tecnologías para aumentar la eficiencia y las posibilidades de nuevas inversiones repercutirían en un impacto económico positivo en las zonas agrícolas.
 
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