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| Bloomberg |
Con los precios del petróleo por las nubes, fenómeno que posiblemente no cambie en el corto plazo, viene de manera muy oportuna la próxima asamblea general del Banco Interame-ricano de Desarrollo (BID) en Miami, uno de cuyos temas centrales de discusión es precisamente el de la energía.
Paradójicamente, el continente vive al mismo tiempo en medio de la abundancia y la escasez de energía, y entre la bonanza y la pobreza que se derivan de tenerla o no.
Aunque parezca sorprendente, América Latina es -después del bloque de países que se independizaron de la antigua Unión Soviética- la región del mundo donde las exportaciones de productos minero-energéticos tienen el mayor peso dentro de los principales bienes exportados.
De acuerdo con cifras de la Organización Mundial de Comercio (OMC) los rubros de energía y minerales básicos, son los mayores generadores de divisas para la Comunidad de Estados Independientes (CEI), como se les conoce ahora a 12 de las naciones que antes integraron la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, lo mismo que para Latinoamérica.
En aquella región, donde figuran países como Ucrania, Armenia y Uzbekistán, sus exportaciones de combustibles y minerales, representan el 64% del total de sus ventas de mercancías. En América Latina, esta proporción es del 42%, en promedio, aunque para algunos países su importancia es mucho más alta.
Las exportaciones minero-energéticas de Centro y Suramérica, sumaron para el 2006, 182 mil millones de dólares, de los cuales 110 mil millones correspondieron a combustibles y más de 70 mil millones a carbón y otros minerales. La primera cifra es cerca del doble del total de las exportaciones agrícolas, que contabilizaron un poco más de 102 mil millones de dólares.
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| De poco sirve decir que la región en promedio exporta gran cantidad de combustibles, si algunos bloques como Centro América y el Caribe, sufren el peso de las costosas importaciones de petróleo, restándoles importantes recursos para su desarrollo en materia social y económica”. Jorge L. Arrizurieta / mf@prensa.com |
La región latinoamericana importa igualmente grandes cantidades de combustibles y productos mineros, que representan más del 22% de sus compras totales de mercancías. Para algunas economías tal cosa se traduce en una verdadera ruina.
Por un lado, lo anterior significa que América Latina tiene una riqueza que está por evaluar frente al mundo para darle su peso específico. Por otra parte, refleja una deficiencia que se le ha señalado por décadas, como es la de ser un exportador neto de productos básicos y un gran importador de productos elaborados y de alta tecnología.
Lo malo de la situación, caracterizada por los buenos precios de los productos básicos actuales, jalonados por la demanda de China especialmente, es que un problema estructural de las economías latinoamericanas continúe escondido.
Por tales circunstancias, no deja de ser muy oportuna la próxima reunión del BID en abril, para abordar de una manera integral el panorama energético de la región, saturado de contrastes que impiden dimensionar los desequilibrios y las alternativas para construir entre todos una matriz más equilibrada que permita un desarrollo más armónico.
El papel de los biocombustibles, no solo como palanca para ayudar a resolver déficits energéticos, sino para darle un mayor valor agroindustrial al campo, debe por lo tanto enmarcarse en medio de un escenario más integral, según la visión que se desee para el desarrollo de América Latina en las próximas décadas.De poco sirve decir que la región en promedio exporta gran cantidad de combustibles, si algunos bloques como Centroamérica y el Caribe sufren el peso de las costosas importaciones de petróleo, restándoles importantes recursos para su desarrollo en materia social y económica.
Cuando esta región debe sacar de su tesorería siete mil millones de dólares o más al año para pagar la factura petrolera, por buenos descuentos que obtenga, en la práctica está aplazando soluciones de fondo a los problemas que la agobian.
Si dichos desequilibrios no se corrigen, simplemente se continuará caminando sobre el mismo círculo vicioso actual sin descubrir la ruta que coloque a la región como productora de manufacturas más sofisticadas, generadoras de empleo y buenos salarios, sobre la base de una plataforma energética más coherente.
La concurrencia del sector privado a la próxima asamblea del BID, permitirá sin duda hacer un análisis más franco sobre el desarrollo de nuestras distintas regiones, donde los desequilibrios son profundos: mucha riqueza al lado de mucha pobreza.
- El autor es ex director ejecutivo alterno del BID