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Este año marcó un hito en la historia de Panamá y de América Latina. Como señala la última edición de la publicación semestral del Fondo Monetario Internacional Perspectivas económicas: La región está pasando por el período más largo de crecimiento económico desde la década de los años 1970.
En los últimos cinco años se crearon más de 25 millones de nuevos empleos, y 16 millones de personas salieron de la pobreza, en parte con el apoyo de programas de asistencia social focalizada. Referente a esto, el rendimiento de Panamá sobresale.
El producto interno bruto (PIB) real creció casi un 8% durante el período de 2004-2007, y -en parte debido a la ampliación del Canal de Panamá- se mantendrá fuerte en los próximos años, mientras que el desempleo abierto ha disminuido a la mitad en los últimos 4 años, llegando a 5.3%.
Además, a diferencia de episodios previos, la actual expansión en la región se ha sustentado en un afianzamiento de los fundamentos
económicos.
Ha sido asimismo notable la capacidad de resistencia de la región ante la turbulencia que empezó en agosto. Hubo cierta volatilidad, pero la región en general resistió este shock externo sin sobresaltos, y las fluctuaciones en los flujos de capital fueron absorbidas por los tipos de cambio flexibles. La capacidad de resistencia de la región también es resultado de mejoras en los balances del sector público.
Claro que esto no significa que ahora América Latina sea inmune al contagio. La región, y Centroamérica en particular, sigue siendo muy sensible a una desaceleración brusca de la economía mundial, a una mayor contracción de los mercados financieros o a un empeoramiento de los términos de intercambio. Algunos de estos
riesgos se han agudizado debido a la desaceleración en Estados Unidos. Para resistir dichos riesgos y mantener firme la actual expansión, sería útil consolidar y profundizar las recientes mejoras macroeconómicas.
La política fiscal es un primer ámbito donde cabe actuar. El año pasado el aumento de los ingresos llevó a superávits primarios sin precedentes. Sin embargo, el gasto público ahora está creciendo a un ritmo
bastante acelerado, y los saldos
fiscales se deteriorarán si esa
tendencia continúa.
En vista de los aún altos niveles de deuda, los Gobiernos deben encontrar un equilibrio entre las inversiones sociales y de infraestructura, y la reducción del endeudamiento. Esto es un reto para Panamá, donde la relación de deuda pública/PIB-no obstante la tendencia a disminuir rápidamente-fue una de las más altas en la región al final de 2006, con 57%.
Otro ámbito clave es la política financiera. En el último año el crédito de los bancos al sector privado creció a un promedio de casi 40%. Con el bajo nivel de intermediación en la región, este aumento no es necesariamente un problema. Pero los hechos recientes en los mercados financieros internacionales reflejan los riesgos de relajar las normas de crédito en busca de una rápida expansión. En Panamá la expansión del crédito ha sido más moderada, alrededor del 14% durante el último año, reflejando un alto nivel de intermediación del sistema bancario. Sin embargo, en el ambiente global actual, es importante contar con regulación y supervisión financiera adecuadas.
La política monetaria y cambiaria es el tercer ámbito crítico. En los últimos años se han desarrollado regímenes de política monetaria ágiles y flexibles, que se han adaptado bien a fluctuaciones externas e internas. Pero también es evidente que la inflación está subiendo gradualmente en muchos países, incluyendo Panamá. Esto se debe en cierta medida a factores del lado de la oferta, como el alza mundial de los alimentos y los combustibles, pero también es sintomático de un entorno de crecimiento vigoroso. Hay que vigilar de cerca estas tendencias inflacionistas.
En resumen, la evolución de América Latina ha sido positiva. Aunque los precios del petróleo y los granos importados se mantienen altos, el crecimiento mundial sigue siendo relativamente vigoroso y los flujos financieros están contribuyendo fuertemente a esa evolución favorable. Las condiciones mundiales no serán siempre tan propicias, y ahora es el momento apropiado para dedicar esfuerzos a detectar y abordar las fuentes restantes de vulnerabilidad. Al mismo tiempo, los países no deben descuidar la tarea básica de fomentar el crecimiento con medidas que estimulen la inversión y la productividad. El Fondo Monetario Internacional se mantiene comprometido con esta tarea, mediante el asesoramiento en materia de políticas y la asistencia técnica en todos estos temas cruciales.
- El autor es director del Departamento del Hemisferio Occidental del Fondo Monetario Internacional