Edición No. 505 | 27 DE NOVIEMBRE DE 2007
 
 
 
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Metamorfosis demográfica
 
Igual que en los tiempos de la construcción del Canal, Panamá está experimentando la llegada de extranjeros en busca de una oportunidad de negocio o escapando de las crisis en sus países. Es un fenómeno que apenas comienza y cuyo impacto aún está por definirse 
 
VIANEY MILAGROS CASTRELLÓN 
vcastrellon@prensa.com 
 
La migración hacia América Latina no es cosa nueva. Desde los tiempos de las colonias, la ola de europeos que llegó en busca de riqueza ayudó a recomponer el rompecabezas étnico de las Américas.

Actualmente es otra vez la oportunidad de negocio la que atrae a los ciudadanos de ultramar, quienes compiten con estadounidenses y residentes de potencias asiáticas que quieren entablar relaciones comerciales con los 513 millones de habitantes en América Latina y el Caribe.

A este coqueteo comercial se le agrega otro fenómeno que está incidiendo en la demografía de los países latinoamericanos. Las crisis políticas y económicas están impulsando la migración intrarregional que ha poblado, por ejemplo, a Costa Rica de nicaragüenses y a República Dominicana, de haitianos.

Panamá no se escapa de esta realidad. Igual que al istmo arribaron afroantillanos y chinos en busca de un trabajo en la construcción del Canal, hoy día son colombianos y venezolanos que escapan de la violencia y de la inestabilidad política en sus países de origen.

En el caso de los vecinos colombianos, el número de sus nacionales que emigraron a Panamá ha crecido un 236.2% en los primeros cinco años de este siglo, según las estadísticas del gobierno de Álvaro Uribe.

Panamá está pasando ahora, en una escala menor, por una metamorfosis demográfica similar a la que han sufrido otros países como Estados Unidos y España con su ola de inmigrantes. El país se está adaptando a este fenómeno que aún se encuentra en sus inicios y cuyas consecuencias todavía están por definirse.

TENDENCIA. Los chinos siguen siendo la segunda población inmigrante en el país.
LA PRENSA | Eric Batista
FENÓMENO REGIONAL

Con 25 millones de latinoamericanos que han abandonado su país de origen para establecerse en una nación extraña, la migración ha tenido un impacto en la demografía regional.

Panamá, a pesar de ser una de las naciones de menor población, es la cuarta con mayor porcentaje de inmigrantes (2.9%), superada solo por Costa Rica (7.5%), Argentina y Venezuela (empatados en el segundo lugar con 4.2%), y Paraguay (3.1%).

En el vecino Costa Rica, con una población que es 44 veces menor que la brasileña, su población inmigrante representa el 8%, según el último Censo Nacional del año 2000 y la Encuesta de Hogares de 2006, mientras que en el país sudamericano ni siquiera alcanza un punto porcentual.

“En términos económicos, la inmigración extranjera y particularmente de nicaragüenses, no ha impactado de forma negativa los índices de pobreza y desempleo. Más bien, en algunos sectores productivos su impacto ha sido positivo, particularmente en la agricultura tradicional y la construcción, beneficiados de inmigrantes nicaragüenses hombres; así como los servicios personales (vigilancia privada y servicio doméstico) de hombres y mujeres nicaragüenses, respectivamente”, dice Jorge Barquero, demógrafo costarricense e investigador del Centro Centroamericano de Población.

Según los últimos estudios, la ola de inmigrantes de Costa Rica dejó de aumentar desde hace varios años para calcularse en 400 mil extranjeros entre los 4.5 millones de habitantes estimados hasta mediados de este año.

Para el también sociólogo, el impacto demográfico de este flujo migratorio no ha sido catastrófico y su estabilización -la migración nicaragüense dejó de crecer entre 2003 y 2005- pronostica que tampoco lo será en el futuro.

“Su impacto se verá principalmente en el crecimiento de la población total, pero las proyecciones estiman un paulatino decrecimiento en la migración internacional, y su bajo peso relativo no modificará las tendencias nacionales en cuanto a estructura por sexo y edades de la población de Costa Rica, que al igual que Panamá, transitará por un proceso de envejecimiento demográfico”, añade el investigador.

El fenómeno de Panamá, sin embargo, difiere del costarricense. Mientras que en el país vecino la llegada de extranjeros vivió su mayor dinamismo en la década de 1990, en Panamá es ahora que se observa un incremento de los visitantes foráneos.

En el caso de los colombianos, que representan el mayor grupo de migrantes intrarregionales (700 mil en el año 2000), su presencia en el país se percibe con mayor fuerza desde hace un par de años.

Según el último censo nacional de Colombia, esta percepción no está equivocada (Ver tabla Emigrantes de Colombia por país de destino). La estadística revela que antes de 1996, solo mil 145 colombianos emigraban legalmente a Panamá, mientras que entre los años 2000 y 2005, la cifra creció un 236.2% para alcanzar los 4 mil 135 inmigrantes.

El último censo realizado en Panamá en 2000 confirmaba que hasta ese entonces, los colombianos eran el mayor grupo foráneo en el país (Ver tabla Económicamente activos: Población activa de más de 10 años censada en Panamá y nacida en otros países). Los sudamericanos representaban el 25.7% de los 82 mil 97 foráneos que vivían en el país. El segundo grupo en importancia, los chinos, solo alcanzó el 11%.

TOLERANCIA A PRUEBA

“Hay que tomar en cuenta que la llegada de extranjeros sea absorbida por la cultura nacional. Lo importante es que exista una armonía entre las diferentes formas de ver las cosas, que tengamos una cultura de tolerancia”, dice el sociólogo Bolívar Franco.

Aunque el también investigador asociado del Centro de Estudios Latinoamericanos Justo Arosemena destaca que la sociedad panameña se ha caracterizado por su respeto a la cultura extranjera, también advierte que un posible deterioro de la economía podría cambiar esta armonía de convivencia.

“En la manera en que la situación económica apriete, puede ser que se termine buscando un culpable. Ha ocurrido en otros países, donde el chivo expiatorio es un extranjero”, agrega el investigador.

La migración tiene impactos negativos y positivos. En Estados Unidos, país donde los inmigrantes latinoamericanos han desplazado a los negros como primera minoría, se calcula que el salario real promedio por hora disminuyó un 3.2% debido al aumento de la fuerza laboral de 11% por inmigración.

En Costa Rica, por otro lado, los empresarios han comenzado a quejarse de la falta de mano de obra inmigrante, dado que los nicaragüenses (que superan las 240 mil personas) prefieren ahora mudarse a El Salvador, lo que ha mermado la oferta de trabajadores, especialmente para la cosecha de café y la zafra de caña de azúcar.

Franco se refiere a casos como los de Francia, donde hace dos años la tensión entre los desfavorecidos inmigrantes africanos que viven en los suburbios parisinos entre el desempleo y la discriminación racial explotó.

Los disturbios que duraron más de dos semanas dejaron miles de automóviles quemados y cientos de arrestados. Además, evidenciaron el resentimiento acumulado entre los europeos y los extranjeros, a quienes el entonces ministro del Interior y actual presidente, Nicolás Sarkozy, llegó a calificar como “chusma”.

En Panamá, la situación dista de llegar a esos extremos xenófobos. El último esfuerzo para implantar un mayor control migratorio se dio a comienzos de este año, cuando ciertos sectores políticos propusieron al Gobierno que se exigiera la visa de entrada a los ciudadanos colombianos.

La medida buscaba establecer un más severo filtro de seguridad en la llegada de estos ciudadanos sudamericanos que ha tenido un incremento de 42.3% en los últimos nueve años, solo en el Aeropuerto Internacional de Tocumen. Mientras que en 1997 eran 74 mil 742 los colombianos que volaban a Panamá, el año pasado fueron 129 mil 418.

Otro grupo que también ha incrementado su presencia ha sido el venezolano. La llegada de sus ciudadanos a Panamá vía aérea ha crecido 89.5% entre 1997 y 2006, hasta alcanzar los 23 mil 113 visitantes el año pasado.

“Creo que aún los panameños no valorizan lo que tienen: un país con un crecimiento sostenible del 5%, una economía dolarizada, estabilidad política y social, y costos comparativos muy bajos comparados con Europa y Estados Unidos. Estas son las razones de que tantos estadounidenses, europeos, colombianos y venezolanos, en ese orden, busquen alojarse en Panamá”, dice Germán Chacín, presidente de la Cámara de Integración e Inversiones Panameño-Venezolana.

Las visas expedidas a los venezolanos han tenido un crecimiento en los últimos dos años. De los 69 venezolanos a los que el Ministerio de Gobier-no y Justicia les otorgó permiso para trabajar en 2004, la cifra subió a 96 el año pasado. De igual forma, las visas para inversionistas aumentaron de 24 a 30 en el mismo periodo de tiempo.

Para Chacín, Panamá “es un faro de atracción en una pista de aterrizaje para todo aquel que quiera inversiones altamente rentables”. El empresario se refiere no solo a las oportunidades de negocio en sectores como los bienes raíces sino también a los atractivos para los baby boomers estadounidenses y retirados europeos.

Así también lo explica Philippe Casteran, consejero económico y comercial de la Embajada de Francia en Panamá, quien define los dos perfiles del inmigrante francés: el pensionado que busca un lugar para retirarse, y el microempresario que viene a abrir negocios.

“Al francés le seducen los países como Panamá por la debilidad del dólar. Es por eso que los pensionados saben que pueden conseguir terrenos al mismo precio que en Francia pero más grandes”, explica el diplomático.

Casteran calcula que actualmente viven 750 compatriotas en Panamá. “Son personas que vienen de forma permanente. Eso sí, no cortan el cordón umbilical con Francia”, aclara.

PERFIL MIGRANTE

El demógrafo Jorge Barquero ex-plica que el inmigrante de ultramar posee mayores ingresos, edad y calificación aunque no necesariamente lleva pretensiones de residir permanentemente en los países latinoamericanos ni busca un empleo, lo que puede representar una oportunidad en los países de destino para estimular la inversión extranjera directa.

Los inmigrantes latinoamericanos que se mueven entre los países de la región en vez de ir a Europa o a Estados Unidos, por otra parte, tienen un menor nivel de escolaridad.

En Panamá, México y Bolivia, el 50% de sus inmigrantes censados cuenta con 12 o más años de estudio, según un informe del Centro Latinoamericano y Caribeño de Demografía (Celade). Chile alcanza el mayor porcentaje, de más de 60%, mientras que República Dominicana (16%), Venezuela (14%) y Costa Rica (12%) registran los niveles más bajos.

El Celade también analizó la proporción de profesionales, técnicos y afines (PTA) en la fuerza laboral migrante para descubrir que el porcentaje ha aumentado de 6% en 1970 a 13% en 2000.

“Aunque el total del PTA entre la población económicamente activa migrante es todavía reducido, su aumento contribuye a valorizar este patrón migratorio. Además, la tendencia puede servir de base para impulsar medidas de cooperación regional que hagan posible el empleo compartido de recursos”, dice el informe.

En Panamá, el arribo de extranjeros seducidos por negocios tan atractivos como la segunda obra canalera o que buscan la estabilidad política puede seguir en incremento. La armonía entre el país receptor y sus nuevos huéspedes dependerá en parte del perfil del inmigrante y de los beneficios económicos que ambos reciban.

 

Una minoría mayoritaria
Hispanos en Estados Unidos

Mexicanos, puertorriqueños y cubanos descubrieron con el pasar de los años que el tamaño sí importa. A medida que su población en Estados Unidos aumentaba, también lo hacía su poder político y económico.

Los hispanos contabilizaron para el censo del año 2000 unos 35.2 millones de personas (12.5% de la población estadounidense), lo que representó un incremento de 61% comparado con el estudio demográfico de 1990.

Para ese entonces ya le pisaban los talones a la comunidad negra que tenía una población de 36.2 millones. Fue en el año 2003, cuando los hispanos alcanzaron la cifra mágica de los 38.8 millones de personas, convirtiéndose en la primera minoría étnica y haciendo de Estados Unidos el cuarto país hispanohablante del mundo, luego de España, México y Colombia.

Su envidiable posición demográfica le ha traído beneficios políticos. Ya en las pasadas elecciones de 2004, se vio cómo los candidatos se esforzaban por hablar en español y encontrar el nexo con los votantes hispanos. Para los comicios de 2009 hay inclusive un candidato presidencial hispano, Bill Richardson, que explota sus raíces mexicanas con el electorado. Todos quieren asegurarse el voto hispano que en algunos estados claves como California y Florida puede hacer la diferencia.

Los latinoamericanos residentes en Estados Unidos también han incrementado su poder adquisitivo que para este año totalizaba los 863 mil 100 millones de dólares, según un estudio de la Universidad de Georgia.

El poder adquisitivo ya había aumentado de 212 mil millones de dólares en 1990 a 798 mil millones en 2006, y podría ser de un millón 200 mil millones dentro de cinco años, según el estudio.

 
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