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LA PRENSA | Boris Gómez |
A lo largo de este año las cifras de la Contraloría General de la República muestran un incremento de las agroexportaciones, impulsado por los productos no tradicionales. Un ejemplo de esto es el caso de la piña, que entre los meses de enero y septiembre aumentó 33.5% en volumen y 17.9% en valor, con relación al mismo periodo del año anterior.
Estos resultados no son aislados. Hace unos 20 años que los agricultores empezaron a apostar por la exportación de productos no tradicionales.
Desde entonces el crecimiento se ha dado de manera variable, pero la vocación del suelo panameño para la producción de cultivos como la piña, melón y sandía, así como la constante demanda de estos en el mercado internacional han aumentado el interés de nacionales y extranjeros, que están incrementando sus inversiones y la superficie sembrada de estos cultivos.
Pero no todo en el campo es color de rosa. La agricultura es un negocio que implica muchos riesgos y tener éxito no siempre depende del esfuerzo que se dedique.
Sembrando con buen tiempo
En los últimos años el agro panameño en el segmento de productos no tradicionales ha visto llegar importantes inversiones. Una de las más recientes es la de la empresa Dolce Pineapple, que en menos de dos años echó a andar un jugoso negocio exportador.
En agosto 2005 compraron 240 hectáreas de terreno en el distrito de Gualaca, en Chiriquí, las sembraron con semilla de piña de alta calidad, construyeron una planta de empaque, cerraron un trato con Chiquita para la exportación y para diciembre de 2006 estaban cosechando el producto y subiéndolo a los barcos.
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POTENCIAL. Panamá posee 3.4 millones de hectáreas con vocación agropecuaria, de las cuales 1.5 millón son agrícolas arables. LA PRENSA| Archivo |
Los dueños de Dolce Pineapple, possen también Fertica, una distribuidora de insumos agropecuarios, de manera que tenían a su disposición técnicos especializados y el capital suficiente para hacer una inversión cuyos retornos esperan ver en cinco o siete años. "Los costos de producción fueron unos 22 mil a 24 mil dólares por hectárea, de los cuales la mitad es la semilla, pero después del primer cultivo las siguientes salen de la misma finca y ese costo se baja, igual que las instalaciones de riego y los caminos", ejemplifica Luis Ríos, presidente de Fertica.
El agroempresario también afirma que la parte más importante del nuevo negocio es la planta empacadora, que tiene capacidad para trabajar tres veces más producto de lo que están produciendo hasta la fecha, de manera que lo ideal es que los vecinos de Gualaca se motiven a sembrar piña y puedan utilizar la planta.
"Queríamos ganar experiencia en este negocio, pero también que fuera una oportunidad para nuestros técnicos de capacitarse en estos cultivos y apoyar a nuestros clientes en los procesos de diversificación", añade Ríos.
Otra de las importantes inversiones que se han hecho recientemente en el agro es la de la empresa española Ramfrut, que inició operaciones en Panamá en 2002 y actualmente exporta cerca de 500 contenedores de cucurbitáceas -sandías y melones- al mercado europeo y estadounidense.
El área de cultivo de Ramfrut abarca unas 400 hectáreas, en el corregimiento de Río Hato, donde además tiene una planta empacadora de 4 mil 500 metros cuadrados.
El gerente de la empresa, el español José Igual Yuste, se muestra satisfecho con los resultados del negocio y destaca la ventaja que ofrece Panamá en sus actividades globales.
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Luis Ríos.
LA PRENSA | Grabriel Rodríguez |
Explica que en los últimos meses del año cosechan en sus plantaciones de Brasil y a partir de mayo se inicia la temporada en España, de manera que Panamá "tiene su ventana" entre los meses de febrero y abril. Adicionalmente, el hecho de ser una trasnacional, con los canales de distribución bien organizados y la exclusividad como productores para la cadena de supermercados española Mercadona, también les ayuda a aprovechar mejor sus cosechas.
"Si tenemos frutos muy grandes que en España no se venden bien, los mandamos a Estados Unidos, porque eso es lo que buscan ellos. Y el producto más pequeño, que no nos sirve para Mercadona, de pronto lo piden los negocios ingleses y de otros países", explica Igual Yuste.
La creciente demanda de cultivos no tradicionales es el principal aliciente para quienes invierten en el campo. Los productores aseguran sentirse seguros en este aspecto, pues el incremento del poder adquisitivo de mercados como China e India configura un escenario prometedor, no obstante, las grandes oportunidades son también un reto para los locales, la mayoría de los cuales no cuenta con capitales millonarios para desa-rrollar sus empresas.
Amenaza constante
No se puede negar que la mayoría de los productores de cultivos no tradicionales están viviendo buenos tiempos, prueba de ello es que muchos están invirtiendo en tecnología y en aumentar sus áreas de cultivo. Sin embargo, aseguran que las amenazas son continuas.
Carlos Ríos, propietario de Mensabé Export Import, en la península de Azuero, sufrió este año un revés inesperado en su negocio.
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Atraído por la demanda internacional de una especie de calabaza conocida como butternut, se aventuró a probar este cultivo. Pero el exceso de lluvias provocó que se perdiera gran parte de los cultivos, de manera que a la hora de la cosecha no consiguió extraer producto suficiente que cumpliera con el tamaño requerido para la exportación.
"Se logró salvar algo de la inversión, porque al mismo tiempo hubo una escasez de zapallo, y se sustituyó con esta calabaza en el mercado local", recuerda Carlos Ríos, que al igual que otros productores de la región azuerense promocionó su producto en las ferias libres que realiza el Instituto de Mercadeo Agropecuario.
Actualmente los que producen cucurbitáceas en las provincias centrales se están viendo afectados nuevamente por las lluvias.
La temporada de siembra, que debería empezar en estos días y terminar antes del 15 de diciembre se está retrasando, debido a que el exceso de agua afecta los cultivos. "Tenemos 11 hectáreas plantadas en invernaderos, pero eso es un riesgo porque estamos usando semilla, sustratos y mano de obra, y si no logramos trasplantar a tiempo, todo eso se va a perder", afirmó el exportador.
Falta poco menos de un mes para la fecha límite, añade Ríos, y el problema es que no se puede sembrar todo al mismo tiempo, porque al momento de cosechar se daría una saturación del mercado, que a su vez causaría una caída de los precios.
Competencia desigual
Es innegable que las inversiones privadas en el agro, además de contribuir al crecimiento económico nacional, son una herramienta idónea para promover el desarrollo del interior del país y evitar así la migración hacia la ciudad capital, sin embargo, también es cierto que no es lo mismo trabajar con capital limitado y solicitando préstamos que hacerlo con el respaldo de empresas bien consolidadas.
"La mayoría de nuestros productores son muy pequeños y si usted viene con tres millones o cuatro millones de dólares para invertir, imagínese cómo le pega eso al productor local, que a duras penas produce pidiendo préstamos y arrastrando deudas", explica Diomedes Jaén, presidente de la Asociación de Exportadores de Azuero.
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En este sentido, la preocupación de los productores es que la competencia los convierta en asalariados
de otras empresas en lugar de
propietarios.
Un ejemplo de sus desventajas se encuentra en el aspecto laboral. "Si al trabajador nosotros le pagamos seis dólares el día y otros le pagan ocho, se va y no regresa más", añade Jaén.
Un fenómeno similar se presenta en relación a la renta de las tierras productivas. Muchos agroexportadores rentan terrenos fértiles y con instalaciones de riego para incrementar sus áreas de producción, pero también aquí los recursos quedan a disposición del mejor postor.
Otro aspecto en el que las grandes empresas llevan la delantera es el de la distribución. Mientras que éstas tienen canales bien definidos y compradores permanentes, los pequeños productores están expuestos a abusos por parte de los brokers (intermediarios), que en más de una ocasión los han estafado.
Por si fuera poco, los productores locales sostienen que también los extranjeros tienen acceso a los muchos incentivos estatales que existen actualmente. A este planteamiento el director de Desarrollo Agrícola del Ministerio de Desarrollo Agropecuario, Maximino Díaz, alega que los pocos inversionistas están asociados con productores panameños y cuando invierten en infraestructura también benefician a los locales. "El esfuerzo del Gobierno está enfocado al productor nacional",
destaca.
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Edwin Pérez.
LA PRENSA | Zabdy Barría |
Retos para alcanzar el éxito
Frente al competitivo escenario nacional, agricultores y sector público coinciden en que la solución a los pequeños y medianos productores locales es unirse para hacer más rentables las inversiones y reunir volúmenes suficientes de producto para exportar.
Díaz cita como ejemplo a los productores de arroz del Valle de Tonosí, quienes crearon una cooperativa y de esta forma accedieron a un crédito del banco Cuzcatlán.
Edwin Pérez, presidente de la Gremial de Agroexportadores de Panamá, sostiene que la agrupación a la que representa también está haciendo inversiones para mantener la competitividad.
"En los últimos cinco años el productor y el agroexportador están buscando tecnología, sobre todo porque mercados como el europeo lo exigen. Las plantas se están cambiando a empaque mecanizado, también porque la mano de obra se pone cada vez más cara", sentencia.
Para Luis Ríos, de Dolce Pineapple, otro de los grandes retos para los productores es incursionar en la distribución de sus frutas a nivel internacional, pues es ahí donde pueden encontrar mayores ganancias.
"En el caso de la piña, vemos que en el mercado internacional el volumen de consumo está aumentando y el valor también, pero el precio al productor está en una curva descendente, y eso es porque en la intermediación la brecha está aumentando", apunta el agroempresario, quien advierte que para entrar en esa siguiente etapa de la distribución también será necesaria la participación del sector gubernamental, que deberá participar "con mucha organización y seriedad", para que los fondos se administren de forma eficiente y poco burocrática.
Las pérdidas de unos son de todos
Por décadas el agro panameño sufrió las consecuencias del olvido gubernamental o de políticas inconsistentes, y pese a que ahora algunas iniciativas están dando resultado, son muchos los productores que quedaron excluidos de la actividad.
Uno de los infortunios que dejó fuera a muchos agricultores ocurrió en la década de 1990, cuando se promovieron las inversiones en sistemas de riego y la reconversión masiva a productos no tradicionales, pero seguir esa tendencia implicó un proceso aprendizaje que no todos lograron pasar.
Entre 1997 y 1999 factores climáticos dañaron los cultivos y arrastraron a los agricultores a un atolladero de deudas, muchas de las cuales siguen pendientes.
Rubén Samaniego, un productor de la península de Azuero que se dedicaba al maíz, se encuentra hoy fuera del negocio y sin ánimo de regresar. “Estoy alquilando parte de mis tierras y otras las estoy vendiendo. Lo único que quiero es salir de las deudas y olvidarme de eso”, afirma.
Aunque las instituciones públicas y los productores que aún se mantienen en el negocio aseguran que hay incentivos para volver a sembrar, al igual que Samaniego, muchos han quedado sin relevo generacional, pues durante los tiempos difíciles convencieron a sus hijos de que ser asalariado era mejor que ser agroempresario.
En una época en que el precio del petróleo y la producción de etanol ha disparado el valor de los productos agrícolas, Panamá se encuentra ante la realidad de que cultivos como el sorgo o el tabaco ya no se producen en territorio nacional, mientras que las hectáreas cultivadas de arroz y maíz han disminuido considerablemente. |