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DEGRADACIÓN. La explotación indiscriminada del buceo puede acabar con la vida coralina.
LA PRENSA/Alexander Arosemena |
Con efectos climáticos tan negativos como que la temperatura alrededor de la Antártida ha aumentado cinco veces más que
el promedio global en los últimos 50 años y que los huracanes categoría cuatro y cinco -como “Katrina”- se han casi duplicado en los últimos 30 años, el tipo de turismo a gran escala que moviliza a un millar
de personas en un crucero, está siendo desplazado ahora por una actividad que concilie el respeto a los recursos naturales con la rentabilidad financiera.
Se trata del turismo sostenible por el cual los turistas europeos y estadounidenses están dispuestos a pagar miles de dólares y euros por pasar unos minutos con los manatíes en las costas de Puerto Rico o tomarse un whisky contemplando los glaciares de la Patagonia.
El desafío de esta actividad no está en atraer a los visitantes a estos lugares que prácticamente se venden por sí solos. El reto es para los gobiernos que deben desarrollar planes turísticos a largo plazo que no comprometan sus recursos.
En Panamá, donde ya se han dado casos de explotaciones indiscriminadas en áreas protegidas, este nuevo concepto está dando sus primeros pasos, tratando de convencer a las autoridades de brindar el apoyo necesario y a los empresarios de que estos proyectos también pueden representarles ganancias.
DE USHUAIA A PANAMÁ
En el último reporte del
World Travel Market elaborado
en asociación con Euromonitor International, es justamente uno de esos exóticos destinos el que acapara el informe sobre América del Sur.
Ushuaia, la ciudad argentina que saltó a la fama con el documental La Marcha de los Pingüinos, vivió su boom turístico en el año 2003 cuando la devaluación del peso atrajo a unos 100 mil visitantes que llegaron en busca de un destino desconocido y económico, y desde entonces ha mantenido un crecimiento sostenido que el año pasado alcanzó los 160 mil turistas.
Para la organización con base en Londres, la llegada de cruceros y vuelos cargados de turistas a la ciudad conocida como “El Fin del Mundo” ha despertado la preocupación por el incremento de las emisiones de carbono y los posibles derrames de petróleo, especialmente en momentos en que las tres principales compañías de cruceros tienen previsto incluir a Ushuaia antes de 2009 en sus itinerarios.
En Panamá, un país que recibió el año pasado mil 445.5 millones de dólares de la industria turística, esta preocupación también se encuentra en la mente de los ambientalistas locales.
“La filosofía de desarrollo sostenible es compleja; significa que no estoy canibalizando mis recursos. Cuando hablamos de que una de cada cinco hectáreas en el país ha sido fuertemente degradada en menos de 60-80 años, es alarmante. Pareciera poco tiempo, pero son solo un par de generaciones”, dice Líder Sucre, director ejecutivo del Museo de la Biodiversidad.
Sucre, quien fue también director ejecutivo de la Asociación Nacional para la Conservación de la Naturaleza, pone como ejemplo del turismo no sostenible el manejo que recibió el Parque Nacional de Portobelo, cuando comenzó la actividad de buceo en la costa atlántica hace dos décadas.
Según el conservacionista, la explotación indiscriminada de actividades como la ganadería, la pesca y la construcción tuvo un impacto tan negativo que ha prácticamente acabado con la vida coralina. “Es la parte más accesible para bucear, pero se considera muy inferior a Bocas del Toro y San Blas. Esto se puede mejorar si se le dan unos 20 años más de protección, pero el daño ya está hecho”, añade.
El Museo de la Biodiversidad, ubicado en la calzada de Amador y cuya apertura está programada para noviembre de 2009, busca fomentar en los visitantes locales y extranjeros el turismo amigable con el medio ambiente. Al final del recorrido por el museo que contará con ocho salas que describen la herencia natural del país, los turistas tendrán acceso a una base de datos interactiva sobre los lugares que pueden visitar.
“Uno de los objetivos es que la gente salga fascinada del mundo natural. La idea es que comprendan que el verdadero museo es Panamá, que todos los paisajes están afuera”, dice.
LOS DÓLARES SOSTENIBLES
¿Es el turismo sostenible rentable? Para la presidenta de la recién creada Asociación Panameña de Turismo Sostenible (Aptso), Annie Young, la respuesta es un automático sí. “Existe una percepción de que el turismo sostenible es barato y no es cierto. Es un turismo de alto nivel que apoya la economía local, pues es más equitativo. Es rentable por esas mismas razones, porque promueve que más sectores se beneficien de la industria. Hay menos monopolios”, dice la también propietaria de la agencia Ecocircuitos.
El turismo no es, sin embargo, una fuente inagotable de divisas. Según el Programa del Medio Ambiente de las Naciones Unidas (UNEP, por sus siglas en inglés), por cada 100 dólares que gasta un turista de un país desarrollado, solo cinco permanecen en la economía del país que visita.
El organismo internacional también destaca el peligro para los países que dependen del crecimiento de su industria turística para mantener a su economía local. La UNEP pone los ejemplos de países como Jamaica y las isla Maldivas, donde el 34% y el 83% de su fuerza laboral proviene del turismo. En Panamá, las agencias que quieren dedicarse a este tipo de turismo tienen que enfrentarse a sus contrapartes centroamericanas que les llevan la delantera.
“Llega como una asombrosa sorpresa para la mayoría de las personas conocer qué tan atrasada está Panamá con respecto a Centroamé-rica en el tema de turismo sostenible”, dice Scott Muller, miembro de
la junta directiva de la Aptso.
El crecimiento del turismo en
países en vías de desarrollo como
los centroamericanos, cuyos ingresos pronto superarán los 250 mil millones de dólares, según la Organización de Turismo Mundial de las Naciones Unidas (Unwto, por sus siglas en inglés), ha llevado a esta organización a desarrollar programas para el turismo sostenible dirigidos a eliminar la pobreza.
Panamá no ha sido incluido en este plan de las Naciones Unidas que asesora a países vecinos como Honduras, Colombia, Nicaragua y Guatemala.
Los pronósticos para el turismo solo vislumbran mejores tiempos. En los primeros ocho meses del año, la llegada de turistas internacionales creció 5.6% para alcanzar los 610 millones y la Unwto prevé que alcanzará el crecimiento del 5.7% anual previsto para 2007.
De este gran pastel, el turismo sostenible lucha para quedarse con un pedazo que le dé la estabilidad financiera necesaria para armonizar el negocio con el medio ambiente.
“La clave para un turismo estable y rentable es involucrar a los jóvenes empresarios, las comunidades locales y facilitar iniciativas de abajo hacia arriba. Podemos hacerlo mejor que como lo hemos hecho hasta ahora”, dice Muller.