 |
SUCESIÓN. El presidente Martín Torrijos nombró a Alexander para que administrara las finanzas públicas durante la segunda mitad de su gobierno.
LA PRENSA/David Mesa |
El ministro de Economía y Finanzas, Héctor Alexander, es un hombre de pocas palabras. En los siete meses que tiene al frente del ministerio que administra los fondos del Estado, son contadas las veces que se le ha escuchado hablar, casi todas en eventos oficiales como su discurso de aceptación del cargo en el Palacio de las Garzas o la rendición de cuentas que todos los miembros del Gabinete hicieron frente las cámaras de SERTV.
El lacónico funcionario se puede jactar de conocer al dedillo los vericuetos de esta dependencia desde que se le conocía como los ministerios de Planificación y Política Económica, y de Hacienda y Tesoro.
Los casi 40 años que lleva dentro de las esferas oficiales, incluyendo el tiempo que trabajó bajo el mando de la dictadura militar, parece haberle enseñado la importancia de controlar la información que sale del ministerio, una doctrina que ha pasado a algunos de sus subalternos.
Alexander llegó en momentos en que el ministerio ya había ejecutado la medida más controversial de la actual administración, la reforma fiscal, y hasta la fecha ha tenido que afrontar crisis menores como la venta del terreno para la construcción de la nueva sede de la Asamblea Nacional.
A Alexander aún le quedan 18 meses en el cargo en los cuales, si los pronósticos oficiales se mantienen, podrá seguir hablando de los admirables números macroeconómicos del gobierno de Martín Torrijos, pero al mismo tiempo tendrá que afrontar la contención de gasto prometida y la reducción de la cada vez más pronunciada brecha entre ricos y pobres.
IMAGEN NEUTRAL
Administrar bajo la sombra de un predecesor de tan alto perfil, como el ex ministro Ricaurte Catín Vásquez, quien aún no se había sentado en su oficina en Vía España cuando ya estaba dando entrevistas a los medios, o del controversial Carlos Vallarino, quien saltó a la Contraloría General en una más que cuestionada candidatura, parece haberle robado protagonismo al actual jefe de las finanzas públicas.
Su baja proyección mediática la compensa con la buena impresión que su administración ha causado hasta la fecha. Según el último Pulso de la Nación publicado ayer, lunes, el 42.9% de los mil 236 encuestados califica de excelente o buena su gestión que se inició el 23 de abril pasado; mientras que el 38.5% de los entrevistados opinó que su administración es mala o muy mala.
Esta es la primera vez que se mide la popularidad del ministro desde que Torrijos lo promovió de viceministro de Economía a jefe
de la cartera.
Alexander ha sabido centralizar la información que sale de su ministerio.
En las pasadas discusiones del presupuesto de la Nación en la Asamblea Nacional, por ejemplo, el director general de Presupuesto, Roberto Lugo, se mantuvo impávido ante las críticas de la oposición.
Al ser abordado por los periodistas, el funcionario respondió: "No estoy autorizado para dar declaraciones. Solo el ministro puede hacerlas".
Con solo 18 meses faltantes para que finalice este gobierno, las expectativas por la gestión de Alexander son bajas.
"Creo que no veremos nada nuevo del ministro con relación a la política económica ya trazada. Ya se dieron las reformas fiscales y de seguridad social y el gobierno actual no tiene previstas mayores reformas económicas", dice Frank De Lima, financista y asesor del Ministerio de Economía y Finanzas durante la administración de Mireya Moscoso.
Igual opina el presidente del Colegio de Economistas, Adolfo Quintero, para quien si se mantienen los controles hasta ahora implementados y se planifica adecuadamente, "no debe haber ningún problema" con las finanzas públicas del país.
Ambos tienen, sin embargo, una lista de deseos de las iniciativas que el ministro Alexander podría ejecutar en el futuro. Para De Lima, sería un más severo control de los gastos operacionales del Gobierno, mientras
que para Quintero, sería la contención del alza de los precios de la canasta básica.
A Alexander, el ministro de pocas palabras, probablemente lo escucharemos en sus programadas presentaciones en las cuales volverá a exponer las optimistas cifras del Gobierno, en espera de que su actuación sobrepase su laconismo.