LA PRENSA/Bernardino Freire |
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EMPRESARIO. Alberto De La Torre Pittí tiene una pequeña empresa de fabricación de colorantes para plásticos que solo vende al mercado local. Su meta es exportar. |
Alberto De La Torre Pittí tiene una meta bien trazada: exportar colorantes que son utilizados en la confección de bolsas plásticas, envases para alimentos y para detergentes.
Desde hace seis años, cuando creó su pequeña empresa Mayasha Color, S.A., De La Torre sabía que no quería quedarse únicamente con el mercado local, su objetivo siempre ha sido cruzar las fronteras e inicialmente distribuir los colorantes a los países centroamericanos.
El pequeño empresario tiene claro que no solo va a competir con compañías grandes que ya tienen presencia en los mercados a los que aspira llegar, sino que va a estar nuevamente de frente con su principal competidor en Panamá, Polymer, que ya exporta a estos países. "Como David con Goliat", dice.
Para lograrlo, el propietario de Mayasha Color, S.A., que factura al menos 200 mil dólares al año, tiene que comprar más materia prima y maquinaria con el fin de elaborar el producto en mayor cantidad. Actualmente, y solo para cubrir el mercado local, utiliza al mes 7 mil kilos de resina de polietileno, pigmento para plástico de colores y aditivos. Para exportar requerirá de 15 mil a 20 mil kilos (600 a 800 sacos).
Como todo empresario pequeño, Alberto De La Torre conoce las dificultades de solicitar un préstamo, ir de banco en banco, solo para ser rechazado, o esperar largos periodos de tiempo para que el crédito sea aprobado. Confiesa haber comenzado esta aventura -de abrir su propia empresa- empeñando sus joyas.
Pero ahora que ya quiere concretar sus planes de exportación requerirá de un préstamo a largo plazo para poder lograrlo. "Por eso puse los ojos en el programa Financiación Innovadora de Pequeñas y Medianas Empresa (Finpyme)", asegura.
Baja participación
En marzo de este año, la Corporación Interamericana de Inversiones (CII), el brazo financiero del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), lanzó en Centroamérica, Panamá y República Dominicana el programa con la finalidad de realizar un diagnóstico a 300 pequeñas y medianas empresas (40 por país), reforzar las áreas donde hubiera debilidad y procurar mayor acceso al crédito para concretar sus proyectos.
Pero los coordinadores de Finpyme en Panamá y de la CII se sorprendieron cuando vieron la baja asistencia de pequeños y medianos empresarios a la convocatoria para participar en el programa, que se realizó en marzo de este año.
Tal vez la propuesta original del programa fue lo que los limitó, piensa la coordinadora de Finpyme en Panamá, Luz Marina Pardo, quien junto a cinco consultores tuvo que tocar puerta por puerta para invitar nuevamente a los empresarios y explicarles con más detalles el objetivo del programa.
La propuesta le exigía a la empresa tener una facturación de entre medio millón y cinco millones de dólares anuales. "De salida eso eliminaba al mayor porcentaje de empresas que están en la categoría de pequeñas y medianas", reconoce la también representante de la Universidad Santa María La Antigua (USMA), que es la entidad que administra el proyecto en Panamá.
La CII tuvo que flexibilizar los requisitos y bajar el rango de facturación a 200 mil dólares, "lo que permitió que entraran más empresas".
Jorge Roldán, jefe de la División de Finanzas y Manejo de Riesgo de la CII, coincide con la representante de la USMA: "Muchos empresarios son reticentes a abrir sus puertas para mostrar su información financiera o contable, aunque una de las condiciones del programa es garantizar la confidencialidad", explica.
LA PRENSA| Ana Rentería |
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| Jorge Roldán. |
Resultados del estudio
La semana pasada los representantes del proyecto en Panamá, Centroamérica y República Dominicana se reunieron en el Foro de la Microempresa desarrollado por el BID en El Salvador, en el que mostraron los resultados preliminares de Finpyme.
Las empresas más atractivas para ser beneficiadas con este programa son las que tenían potencial de exportación y que contribuyeran al crecimiento económico de su país y al desarrollo de la región, sobre todo las que estuvieran vinculadas con sectores como el agrícola o el de turismo.
Por otro lado, otras quedaron automáticamente fuera de consideración, como las de la construcción y las de servicios (banca y seguros).
En Panamá, el porcentaje de empresas que calificaban por su actividad y sector es muy pequeño. En el país al menos 80% del parque empresarial está orientado al sector comercial y de servicios.
"Esa es una diferencia importante entre Panamá y el resto de los países que están participando en el programa", reconoce Pardo.
Hasta el momento, 20 pequeñas y medianas empresas panameñas se han unido al programa, pero Pardo afirma que aún hay espacio para crecer. La meta es realizar el diagnóstico a un total de 40 empresas.
Jorge Roldán admite que el programa ha ido con más lentitud en Panamá que en otros países como El Salvador, Guatemala, Honduras y Costa Rica, pero afirma que en las últimas semanas ha tomado un mayor impulso.
Hasta el momento se han unido empresas de manufactura de envases plásticos de foam, de mantenimiento de tanques sépticos y de plantas de tratamiento de agua, de fabricación de alimentos (embutidos, lácteos, granos, pastas), de fabricación de muebles y de ventanas de aluminio.
Conservas de Antaño, Agropecuaria Ava, Pastas Liana, Jardines Urbanos, Proyectos Generales, Figuer, Corporación Nacional de Envases, Aluminio Estructural, Agropecuaria JEG, Jagasa, Mayasha Color, S.A. son algunas de estas empresas.
En total hay 200 empresas participando en Centroamérica, República Dominicana y Panamá, pero el objetivo es llegar a las 300.
De acuerdo con informes de la Secretaría Económica Centroameri-cana, las pequeñas y medianas empresas representan el 80% del comercio intrarregional. Al 2006 este intercambio comercial fue de 4 mil 300 millones de dólares, es decir el 27% de las exportaciones totales del istmo centroamericano, del que dependen 2 millones de personas. De allí que sea tan importante impulsar el crecimiento de las más chicas.
Aún falta camino por recorrer
Representantes del Banco Interamericano de Desarrollo y la Corporación Interamericana de Inversiones (CII) concuerdan en que todavía hay camino que recorrer en el desarrollo de las pequeñas empresas en la región.
Estos negocios tienen que mejorar la gestión de sus recursos financieros y la elaboración de sus informes contables, lo cual les permite a las entidades bancarias hacer análisis de riesgo.
Los empresarios centroamericanos también deben mejorar aspectos como la seguridad ocupacional y el manejo de las aguas residuales.
De acuerdo con el modelo de diagnóstico de Financiación Innovadora de Pequeñas y Medianas Empresa, en una escala de 0 a 100, la mayoría de las empresas está por debajo de 70. Eso significa que difícilmente la CII invertiría en ellas. Esta organización está ofreciendo fondos no reembolsables de asistencia técnica para que las empresas inviertan en aquellas áreas donde tienen que mejorar.
Para este fin cuentan con recursos económicos de gobiernos como los de Corea, Austria y España. Con este último aún están en conversaciones.
Sin embargo, está por definirse el monto de los recursos, aunque estos no serán menores de 100 mil a 120 mil dólares por país. La CII podrá aportar entre 60% y 100% del proyecto, dependiendo de cada caso.
A la par de estos recursos económicos para asistencia técnica, los representantes de la CII firmaron acuerdos con bancos de los diferentes países para ampliar el acceso al crédito de la Pymes.
En Panamá el CII está en conversaciones con el Global Bank para firmar este acuerdo, recibir a las empresas diagnosticadas y tener la oportunidad de financiarlas. Por el momento, el reto es añadir más empresas panameñas al programa.