Edición No. 494 | 11 DE SEPTIEMBRE DE 2007
 
 
 
Actualidad
 
Industria relacionada con el lujo
 
China, el gigante del textil que controla cerca del 50% de la producción mundial, apenas es recordada en las pasarelas de moda internacionales y son muy pocos los diseñadores y boutiques que intentan darse a conocer más allá de sus fronteras. Ahora quieren dar el salto definitivo. 
 
Javier Albisu 
EFE 
 

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INDUSTRIA. Shanghai Tang, firma con sede en Hong Kong, inspirada en la cosmopolita Shanghai y dirigida por un elenco de ejecutivos internacionales

La apertura de zonas económicas especiales experimentales desde 1990, el arribo tanto de inversión como de ciudadanos extranjeros a las principales ciudades chinas, y el traspaso de soberanía de Hong Kong a China por parte de Reino Unido en 1997, han dinamizado una industria relacionada con el lujo.

Detrás de las masivas exportaciones de textil que tanto preocupan a Washington y a Bruselas, existe una generación de creadores dedicados a la moda, nacidos después de la Revolución Cultural china (1965), que intenta sacar la cabeza en un mundo tan competitivo como el de la alta costura.

Desde que hace miles de años, mercantes de la dinastía Han reco-rrían la Ruta de la Seda, un itinerario comercial entre Oriente y Occidente que terminaba en el mercado de la antigua ciudad de Changan, hoy Xian. China ha estado vinculada al comercio internacional de textiles desde tiempos inmemoriales, principalmente a través de la delicada seda, unos de sus productos más valorados.

Sin embargo, a principios de los años 1990 la industria del diseño de prendas de lujo prácticamente no existía en el gigante asiático y la industria moderna de la alta costura tan solo lleva alrededor de 10 años en ebullición en este enorme país, el mismo tiempo que lleva celebrándose la Semana de la Moda de Beijing.

La apertura de zonas económicas especiales experimentales desde 1990, el arribo tanto de inversión como de ciudadanos extranjeros a las principales ciudades chinas, y el traspaso de soberanía de Hong Kong a China por parte de Reino Unido en 1997, han dinamizado una industria relacionada con el lujo.

Ejemplo de la apertura e internacionalización de las marcas de moda chinas es la firma Shanghai Tang, con sede en Hong Kong, inspirada en la históricamente cosmopolita Shanghai y dirigida por un elenco de ejecutivos internacionales, que proclama ser una marca de “fusión donde el Este encuentra al Oeste”.

CLIENTES GLOBALES

De pequeña sastrería ha pasado a convertirse en una de las marcas de moda más prestigiosas de China y participada por un grupo internacional, Shanghai Tang ha recorrido este camino en poco más de una década.

“Los conceptos han cambiado mucho desde que Shanghai Tang forma parte del Grupo Richmond. Los directivos son occidentales: la directora creativa, Joanne Ooi, es estadounidense, el director de ventas, parisino… somos una firma internacional más que china”, explicó Luka Zhuho, directora de mercadeo de la firma en Shanghai.

Con precios elevados, aunque no tan prohibitivos como los de los diseñadores internacionales más conocidos, Shanghai Tang se dirige a una clientela con capacidad adquisitiva y gustos occidentalizados.

“Nuestro público en China es principalmente extranjero: expatriados, turistas… Nuestros clientes chinos, generalmente, o están relacionados con el mundo de la creación artística o son hombres de negocios acostumbrados a los gustos occidentales”, dice Zhuho.

Con tiendas en Nueva York, París o Londres, además de en Hong Kong, Beijing o Shanghai, en donde cuelgan fotografías de clientes como Hilary Clinton, Angelina Jolie, Alberto de Mónaco, Naomi Campbell o Nicholas Cage, “Shanghai Tang” es una de las marcas que con más ahínco intenta hacerse un nombre allende los mares.

DISEÑADORES CON PRESTIGIO

Pero quizá la diseñadora china internacional por excelencia y precursora de los que han venido detrás sea Vivienne Tam, que nació en China se crió en Hong Kong y se mudó a Estados Unidos en 1983, donde produce su propia línea de ropa, con una tienda insignia en el Soho neoyorquino, desde 1994.

Aunque cuenta con boutiques en América del Norte y del Sur, Europa, Oriente Medio y Asia, Tam sigue inspirándose en motivos chinos, como los cuellos o los tejidos, combinados con conceptos como el trabajo de las vidrieras o los estampados, subraya Helen Sheng, responsable de una de sus tiendas en Shanghai.

Menos conocida, aunque también ambiciosa es la firma INSH, que propone una línea más urbana y juvenil, inspirada en la vertiginosa vida de la Shanghai más joven, una ciudad ávida de éxito, dinero y reconocimiento, que muchos definen como “cortina de humo” de la China vetusta que se esconde detrás de la metrópoli de los rascacielos.

Los diseñadores chinos con aspiraciones y posibilidades universales, como Qi Gang, creador del vestido que la protagonista de la película Sueños de Shanghai, Gao Yuanyuan, lució en la entrega de premios del Festival de Venecia en 2005, saben que para entender la moda hay que entender las tendencias que dicta la globalización.

Y da la impresión de que estas tendencias pasan por adaptar el gusto y el corte a las predilecciones occidentales, probablemente porque es en Occidente donde se encuentran las pasarelas más importantes y los mercados más rentables, aunque se mantengan rasgos de identidad chinos en los diseños, apreciados por su exotismo.

El tiempo dirá si los nuevos creadores chinos, punta de lanza de una industria en ciernes, se convertirán en habituales de las revistas de moda y conseguirán vestir a los cuerpos más deseados del planeta, desfilando por alfombras rojas y pasarelas internacionales.

 

 
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