Edición No. 494 | 11 DE SEPTIEMBRE DE 2007
 
 
 
Tema de portada
 
Operaciones con cielo despejado
 
Los ataques terroristas ocurridos el 11 de septiembre de 2001 pusieron a las economías a temblar. Después de seis años las actividades económicas que parecían estar en la cuerda floja operan hoy día con un cielo sin nubarrones. 
 
Melissa Novoa 
mnovoa@prensa.com 
 

LA PRENSA | David Mesa

LA PRENSA | David Mesa

EJECUTIVO. El presidente de COPA, Pedro Heilbron, asegura que los viajeros vieron en Latinoamérica un destino muy atractivo.

LA PRENSA | David Mesa

INSPECCIÓN. El aeropuerto de Tocumen implementó nuevas medidas de seguridad en sus instalaciones.

LA PRENSA | Archivo

Ernesto Orillac.

LA PRENSA | Víctor Arosemena

SEGURIDAD. Desde 2001 los puertos han tenido que adoptar nuevas normas en sus terminales.

Archivo

Salvador Morales Baca.

LA PRENSA | Jihan Rodríguez

Carlos Urriola.

Imagen Ampliada
Imagen Ampliada
Fue como un efecto dominó. Los ataques terroristas al Pentágono así como al centro financiero de Nueva York y la caída del World Trade Center trajeron consigo un descenso en la demanda de pasajeros, un incremento en las primas de seguros y reaseguros y un aumento en el precio del combustible que aún se siente.

Mientras la aviación comercial intentaba recuperarse de fuertes pérdidas, que obligaron a algunas aerolíneas estadounidenses a acogerse al capítulo 11 de la Ley de Bancarrota, y a replantear sus estrategias enfocándose en destinos más rentables y tarifas más bajas, la industria de seguros y reaseguros también se enfrentaba a su caída más dura, a un aumento de las primas y a cláusulas más restrictivas de algunos de sus contratos.

Se estima que desde 2001 hasta 2006 las pérdidas en la aviación sumaron 41 mil millones de dólares y las del sector asegurador estuvieron entre 30 mil millones y 40 mil millones de dólares, al tiempo que el sector turismo se contrajo debido a que las personas optaron por cancelar o posponer sus viajes por temor a nuevos atentados.

Han pasado seis años desde que estos hechos estremecieron al mundo; y aunque hay incertidumbre, se estima que la economía mundial crecerá este año 4.9%, según las proyecciones del Fondo Monetario Internacional.

Sectores como la aviación, turismo, puertos y seguros han hecho sus ajustes y aprendieron a lidiar con los altos costos del barril de petróleo, que en 2001 era de 23 dólares y que hoy día llega a 77 dólares.

La industria portuaria tuvo que adecuarse e invertir en medidas de seguridad más estrictas para poder transportar mercancía a los puertos de Estados Unidos, un destino que recibe seis millones de contenedores anualmente.

La industria aérea, por ejemplo, que tuvo seis años consecutivos de pérdidas, comenzó en 2007 a recuperar su rentabilidad.

La Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA) estima que las aerolíneas podrían registrar una ganancia conjunta de 3 mil 800 millones de dólares al cierre de este año. Así como se prevé un incremento mundial en el movimiento de pasajeros de 4% para los próximos años.

En el mercado local la situación no ha sido muy diferente. Las aerolíneas, operadores de turismo, compañías de seguros y los exportadores aceptaron los cambios que dejaron los atentados terroristas y, como aseguran algunos, con el tiempo han logrado adaptarse a ellos.

En tiempo de crisis...

A pesar de que en Estados Unidos el movimiento aéreo mermó tras los atentados de septiembre de 2001, en Latinoamérica el panorama se proyectó muy distinto.

El presidente ejecutivo de Copa Airlines, Pedro Heilbron, reconoce que los países de la región sufrieron los efectos de los actos terroristas del 11 de septiembre de 2001.

En 2002 Copa sintió un mayor impacto. A diferencia de 2001, año en el que los ingresos de la aerolínea panameña aumentaron 12% y el movimiento de pasajeros creció 9%, un año después los ingresos registraron un incremento de apenas 3% y los pasajeros tan solo 1%.

Pero el impacto se sintió por poco tiempo, y el cielo se despejó.

La tendencia de elegir a Estados Unidos como destino cambió, y los viajeros preferían realizar vuelos más cortos y escoger nuevas alternativas turísticas donde no había amenazas terroristas. La región latinoamericana y del Caribe se presentó como una buena opción.

“Eso le dio visibilidad a Panamá como punto de conexiones o como centro de turismo. Fue muy fácil vender nuestra opción”, expresa Heilbron.

Las ventas anuales de la compañía aérea de Panamá crecieron de 255 millones de dólares en 2000, a 851 millones de dólares en 2006.

De igual forma el número de pasajeros se elevó de un millón 647 mil personas en 2000 a 5 millones 741 mil viajeros.

Heilbron resalta que si bien la empresa tuvo que adecuarse a nuevos procedimientos en materia de seguridad, su estrategia no se alteró.

La aerolínea continuó con los planes de renovar su flota, aunque postergó inversiones no prioritarias “hasta que no se tuviera un mejor conocimiento del impacto de estos acontecimientos en la industria y en nuestra empresa en particular”.

Acompañado de un entorno económico favorable en América Latina, entre 2002 y 2006 la aerolínea invirtió 700 millones de dólares para ampliar y consolidar su red de conexiones en el continente, y para este año y 2008 contempla añadir 594 millones de dólares en su plan de inversión para la compra de aviones e incrementar los destinos en la región.

Así como las demás líneas aéreas en el mundo, la panameña también ha tenido que afrontar los altos costos del petróleo y de su refinado, que se vio alterado tras el paso del huracán “Katrina” en 2005.

“Antes, el costo del barril para combustible de aviación promediaba los 5 dólares, actualmente está en 15 dólares y en ocasiones ha llegado a 20 dólares”, explica Heilbron.

Las primas de seguro también subieron para las líneas aéreas. De 3.5 millones de dólares al año que pagaban antes de 2001, ahora desembolsan 7 millones de dólares anuales.

Sin embargo, estas secuelas no han detenido el desarrollo del sector aéreo en Panamá.

De acuerdo con un reciente estudio de la IATA, en 2006 el sector de aviación aportó 325 millones de dólares al producto interno bruto de Panamá (Ver gráfica: Contri-bución del sector aéreo al PIB de Panamá).

Factores como la ubicación geográfica del país y el hecho de que su principal aeropuerto se haya convertido en el centro clave para la conexión de pasajeros de América del Norte, Centroamérica y Suramérica, han influido en este crecimiento.

A la par del sector aéreo, el de turismo también se ha desarrollado. Pero no hay que olvidar que la actividad turística sintió el remezón luego de los atentados terroristas debido a las cancelaciones de grupos de viajeros estadounidenses.

Ernesto Orillac, vicepresidente de la Asociación Panameña de Operadores de Turismo (Apotur) y director de Margo Tours, recuerda que un alto porcentaje de personas pospuso sus viajes por temor a subirse a un avión.

“Fueron tiempos muy difíciles”, asegura.

Los operadores decidieron cambiar de estrategia. Comenzaron a promover al país en los mercados europeos y suramericanos para intentar llenar el vacío que dejaban los viajeros de Estados Unidos. Asimismo se volvieron más dinámicos asistiendo a ferias internacionales “para consolidarnos como un destino nuevo, completo y seguro”.

La estrategia dio sus frutos. De acuerdo con cifras que maneja el Aeropuerto Internacional de Tocumen (principal puerta de entrada del país) el movimiento de pasajeros ha tenido un crecimiento sostenido en los últimos cinco años de entre 11% y 16% (Ver cuadro: Movimiento de pasajeros).

Razón de más para que la empresa Tocumen S.A. continúe con los trabajos de ampliación de la terminal aérea, con una segunda fase que se iniciará en enero de 2008 y que tendrá una inversión de 50 millones de dólares. Este dinero se suma a los 70 millones de dólares que se utilizaron en la primera etapa de expansión.

Erick Goldoni, gerente comercial de Tocumen S.A., afirma que su expectativa es superar los cinco millones de pasajeros para 2009, “de allí la necesidad de adelantar los trabajos de ampliación”.

Medidas estrictas

Las primeras medidas de seguridad que se aplicaron luego del 11 de septiembre de 2001 impactaron al mundo naviero y comercial en todos los sentidos.

Ahora toda la carga destinada a Estados Unidos debe contar con el manifiesto de carga (documento que contiene la lista de la mercancía que lleva el barco en el momento de su llegada o salida del puerto) 24 horas antes del embarque.

Asimismo se adicionaron nuevas enmiendas al Convenio Internacio-nal para la Seguridad de la Vida Humana en el Mar y se estableció el nuevo código obligatorio de Protección Marítima y Portuaria, en el que entre otras cosas se planteaba que el país requería estar preparado para evaluar y certificar el nivel de riesgo de puertos, buques y compañías marítimas.

También se comenzó a aplicar la Iniciativa de Seguridad de Contenedores un programa del Departamento de Aduanas de Estados Unidos que buscaba detectar armas de destrucción masiva y que incluía la presencia de funcionarios en puertos extranjeros alrededor del mundo, para tener un mayor control de la mercancía que se transportaba.

El sector marítimo panameño no había terminado de adecuarse a las nuevas exigencias de uno de sus principales socios comerciales, cuando el Gobierno estadounidense aprobó una nueva ley en materia de seguridad.

Se trata de una norma que determina que la carga que se dirige hacia ese destino debe ser verificada en su totalidad en el país de donde proviene.

Carlos Urriola, gerente general de Manzanillo International Terminal (MIT), dice que aún está analizando los detalles de esta nueva ley, ya que a diferencia de las regulaciones anteriores que permitían cierta flexibilidad, la norma recién aprobada por el Senado de Estados Unidos exige que se revise el 100% de la carga.

Urriola asegura que aunque lo que se distribuye desde el puerto de Manzanillo hacia Estados Unidos no supera el 20% del total de su mercancía, la expectativa con la ampliación del Canal es incrementar el movimiento de contenedores en los próximos años y hacer de Panamá una plataforma de distribución para muchos países, tras los tratados de libre comercio.

El gerente de la compañía portuaria en Panamá dice que en el ambiente quedan algunas interrogantes: ¿lograrán los expertos de-sarrollar una tecnología, en los próximos cinco años, que permita cumplir con la entrega de la carga que se destina al mercado estadounidense?, ¿traerá esto como consecuencia un alto al comercio?, ¿se podrá hacer a la velocidad y los volúmenes que se requieren?

Urriola explica que aún no existe una tecnología que verifique el 100% de la mercancía transportada con la agilidad que requiere el comercio mundial.

Mientras el sector portuario termina de entender y adecuarse a la norma recién aprobada, el sector aéreo hace lo suyo en la aplicación de medidas de seguridad para las aerolíneas, aeropuertos y pasajeros.

El aeropuerto de Tocumen no solo tuvo que modernizar sus instalaciones, sino que debió implementar e invertir en equipos para un mayor control de seguridad.

Se adquirió equipos de rayos X, arcos de metales, detectores manuales, máquina para detectar residuos de drogas o explosivos, y escaners que les ha permitido encontrar todo tipo de armas y sustancias líquidas que podrían ser peligrosas.

seguros intentan nivelarse

Si para las actividades económicas mencionadas los atentados terroristas fueron catastróficos, para el sector de seguros y reaseguros lo fue aún más.

El sector, que ya estaba preparado para afrontar las consecuencias de catástrofes en áreas propensas a terremotos o a huracanes, no tenía considerado dentro de sus contratos ninguna cláusula sobre eventos terroristas y en magnitudes como las del 11 de septiembre de 2001.

En Panamá la industria de seguros también sufrió las consecuencias.

Los costos de reaseguro para las aseguradoras panameñas tuvieron un alza de 30% en el ramo de incendio, lo que evidentemente afectó la rentabilidad. Pero la situación no había terminado de nivelarse cuando el sector volvió a ser golpeado, en esa ocasión por el huracán “Katrina”.

Este evento de gran magnitud junto a los otros desastres naturales que se registraron en esa época produjeron un alza en los costos de reaseguro de incendio en 20%.

“Aunque este es un evento que sí está contemplado por las aseguradoras y reaseguradoras, no se esperaba que el impacto fuera tan grande. Se estima que las pérdidas aseguradas oscilan entre 50 mil millones a 60 mil millones de dólares”, reconoce Salvador Morales Baca, vicepresidente ejecutivo y gerente general de Interoceánica de Seguros.

De acuerdo con cifras de la Asociación Panameña de Aseguradores (Apadea), entre 2001 y 2007 el mercado de seguros en Panamá sufrió un aumento del 60% en sus costos, que repercute en al menos el 25% de su rentabilidad (Ver cuadro: Primas del mercado de seguros en Panamá).

Morales Baca dice que el aumento ha sido absorbido en su mayor parte por las aseguradoras, debido

a que la fuerte competencia y la presión del mercado impiden trasladar los costos al cliente. No obstante, algunas pólizas han aumentado.

Han pasado 72 meses desde que las economías sintieron un golpe que las hizo tambalear.

En Panamá el temor también se sintió, y aunque aún hay “residuos” de los atentados debido a los altos costos que hay que pagar para reforzar la seguridad, y además de que ronda el eterno fantasma del alza en los precios del petróleo, los sectores económicos más afectados han aprendido a vivir con ello y a seguir adelante con creatividad.

Exportadores enfrentan cambios

Rosmer Jurado, gerente comercial de la empresa Proluxsa, ha aprendido a vivir con los cambios comerciales de este siglo. A pesar de que los procesos de logística y exportación de la compañía panameña se complicaron y se incrementaron los costos de los envíos, lograron adaptarse a las nuevas medidas de bioterrorismo.

En la planta de Proluxsa se hizo una inspección con un representante de la Food and Drug Administration (FDA), la agencia estadounidense responsable de la regulación de alimentos, medicamentos, cosméticos y productos biológicos.

Además, cumplieron con el trámite electrónico, en el que se debe registrar toda la mercancía transportada a Estados Unidos con 24 horas de anticipación “incluyendo las muestras sin valor comercial que se envían a potenciales clientes”.

Los exportadores han tenido que cumplir con los requerimientos, para evitar la imposición de multas o la retención de su mercancía por parte de Aduanas o de la FDA.

Rosmer Jurado reconoce que han tenido que asignar más recursos para poder cumplir con las nuevas normas, y confiesa que ha habido retraso en la entrega de la mercancía por las constantes inspecciones que se realizan en los puertos de entrada y salida.

 

 
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