Edición No. 494 | 11 DE SEPTIEMBRE DE 2007
 
 
 
Nacional
 
Las soluciones no llegan al consumidor
 
El precio del arroz se ha visto impactado en los últimos dos años y aunque los productores se remiten al costo de los insumos, existen interrogantes a la hora de sacar cuentas. 
 
Zoraida Chong 
zchong@prensa.com 
 

LA PRENSA | Archivo

INCREMENTO. Aunque la escasez de arroz se ha descartado los altos precios se mantienen.

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Producción. Para lograr el alto rendimiento de las tierras sembradas hay que invertir cerca de mil 400 dólares por hectárea.

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Arroz, el principal producto de la canasta básica del panameño, no ha escapado a la embestida de los aumentos de precio, causados, en gran medida, por el encarecimiento del petróleo y sus derivados.

La demanda de granos en Estados Unidos para producir etanol también ha influido en el valor del producto en el mercado internacional, pero en Panamá, el país con mayor consumo per cápita en Centroamérica -477 mil 650 quintales mensuales-, las causas se configuran en un contexto complejo en el que persisten interrogantes.

Los problemas en la cadena de producción y comercialización del arroz se inician en el campo, pues los productores llevan años pidiendo aumentos de precio y otras políticas estatales para sufragar los costos de la industria.

Al director general del Instituto de Mercadeo Agropecuario (IMA), Gonzalo Cambefort, no le extraña que los productores arroceros afirmen que en 30 años no han subido sus precios de venta, pues son los más afectados por los aumentos de costos y los que menos se han beneficiado con los aumentos al consumidor final.

En este sentido, Carlos Santanach, secretario ejecutivo de la Asociación de Productores de Arroz de Chiriquí (Apach), asegura que en todo este tiempo han asumido las pérdidas causadas por plagas y el incremento en los costos de insumos indispensables para obtener buenos rendimientos.

“Hay aumentos en el costo de insumos como los fertilizantes, pero además hay que utilizar más productos, como el plaguicida que controla al ácaro spinky”, explica Santanach, en referencia a la plaga que atacó los cultivos en 2004, causando pérdidas para los productores.

A pesar del ataque de esta y otras plagas, los arroceros han mantenido un elevado rendimiento por hectárea, pero con costos de producción cercanos a los mil 400 dólares por hectárea, mientras que “de 2000 a 2003 hablábamos de 950 dólares”, explica Santanach.

El rendimiento en Panamá ronda las nueve toneladas por hectárea trabajada, según datos del IMA, mientras que en países como India, que es el segundo productor más grande del mundo, es de cuatro toneladas por hectárea, según información de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación.

¿Dónde se encarece el arroz?

En 2006, el arroz en cáscara superó los 14 dólares por quintal (220 libras), que desde 2005 había costado 12 dólares. Este año el precio ya se ubica en 17 dólares.

Pero el aumento de los productores no es el único que llega al consumidor, pues el paquete de cinco libras, que en agosto de 2006 costaba 1.50 dólar, en la actualidad se encuentra, salvo raras excepciones, entre 1.85 dólar y 2 dólares, según la encuesta mensual de la Autoridad de Protección al Consumidor y Defensa de la Competencia.

Y aunque los comerciantes han reiterado constantemente que venden el arroz más caro porque lo compran más caro a los molineros, estos últimos se escudan en sus costos de producción.

“La electricidad es uno de los factores que influye en los incrementos. Lo que más nos afecta es el precio del combustible y en consecuencia el de los empaques plásticos y mantenimiento de equipos rodantes. Estos son costos operativos que cada día se incrementan más en todas las industrias”, afirma Alberto Martinelli, presidente de la Asociación Nacional de Molineros (Analmo).

Desde el IMA, en cambio, se inclinan por considerar que son los productores los que llevan el peso más importante del incremento de costos.

“Aceptamos que los molinos han tenido aumento en los costos, y los comerciantes también, pero este no debe ser mayor que el de los productores”, explica Cambefort, quien añade que la institución ha mantenido su política de incentivar las ferias del productor y eventualmente comprar el arroz en cáscara para pilar y vender.

Pero el director del IMA aclara que con esto no se busca presionar a los actores del mercado, sino brindar alternativas a los consumidores.

La institución también mantiene un intercambio de información con algunas cadenas de supermercados para determinar en qué punto ocurren los mayores aumentos.

Según Cambefort, cadenas como El Rey, Riba Smith y El Machetazo también trabajan en conjunto con el IMA para agilizar la llegada, tanto del arroz como de otros productos agropecuarios, a los consumidores.

En este punto, hace énfasis en que los comerciantes no están obligados a dar información, ni el IMA tiene potestad para pedirla, de manera que en muchos casos, cuando el arroz entra al molino y hasta que se pone a la venta, las instituciones estatales no tienen oportunidad de esclarecer cuál de las partes está incrementando de forma desmedida los precios y llevándose “márgenes de ganancia exagerados”.

Migración productiva

Según Carlos Santanach, las pérdidas causadas por las plagas y los incrementos en costos han llevado a algunos productores a abandonar la actividad, ya sea para vender sus tierras a promotores turísticos o para dedicarse a cultivos más rentables.

Y aunque no se trata de una actitud generalizada, las afirmaciones suenan lógicas si se comparan con las cifras del Ministerio de Desarrollo Agropecuario (Mida) que reflejan una disminución en la superficie sembrada de 78 mil 550 hectáreas en el año agrícola 2004-2005 a 59 mil 635 en 2006-2007 (Ver gráfica: Producción y rendimiento de arroz mecanizado).

Pese a todo, desde el punto de vista del IMA, la subida de los precios en el mercado internacional y la disminución en la oferta de granos como resultado de la producción de etanol, es una señal de que el arroz puede convertirse en un producto rentable.

“Hace algunos años el mercado internacional pedía más productos no tradicionales, pero hoy día los precios del maíz y el arroz se han disparado tanto que también es importante sembrar esos granos”, afirma Cambefort.

El problema es que el aumento de precios, necesario para los productores, se traduce en aumentos en el procesamiento y comercialización, que impactan al consumidor en uno de sus productos alimenticios esenciales.

La importación no ayuda

Este año se importó 1.6 millón de quintales de arroz, con un arancel de 3%, para prevenir una posible escasez.

Desde el IMA aseguran que fue comprado a 10.60 dólares por quintal, a lo que es necesario sumar el porcentaje de arancel y el flete, sin embargo este precio es considerablemente inferior a los 14 dólares que costaba hace poco el producto nacional. Pese a ello, los precios del arroz a los consumidores no disminuyeron.

“Lo que se hizo fue garantizar la disponibilidad de grano, no de precio. No hay escasez, porque los productores están cosechando y los molinos están produciendo, pero el tema es que es está tan caro producir que eso ha subido los costos de la materia prima y los costos operativos”, aduce Martinelli.

Este episodio demostró que, al menos en el caso panameño, la importación con ventajas arancelarias tampoco es una solución al problema de los precios.

Robo y vandalismo en el IMA

En medio de las diferencias entre productores, molineros, comerciantes, consumidores e instituciones estatales, han ocurrido hechos alarmantes.

En mayo de este año, cerca de 400 quintales de arroz limpio y seco fueron robados de los silos del IMA en Santiago de Veraguas, cuando personal no autorizado por la empresa propietaria del producto lo retiró del lugar.

Días después las instalaciones del IMA, esta vez en Coclé, sufrieron otro golpe. Cuatro delincuentes robaron miles de dólares en equipos, dinero en efectivo y productos, además de los cables que hacían funcionar la piladora de la institución.

El director del IMA afirma que estos hechos coincidieron con el reinicio de las ferias del productor y aunque las investigaciones siguen su curso, aún no se ha podido esclarecer la identidad de los responsables.

 

 
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