La crisis de las hipotecas de alto riesgo ha desviado la atención de los crecientes temores sobre los fondos de riqueza soberana (SWF, tal su sigla en inglés) como los nuevos cucos de las finanzas globales.
Pero apenas ceda la crisis de las hipotecas de alto riesgo, las ansiedades sobre los SWF regresarán, ya que el surgimiento de este vasto y creciente manojo de fondos controlados por el Estado puede tener implicaciones de mayor alcance y, por cierto, políticamente más sensibles, que la angustia, con suerte temporal, causada por la crisis de las hipotecas de alto riesgo.
De hecho, si los SWF siguen creciendo, sus inversiones están destinadas a alterar de manera permanente el peso relativo de los activos controlados por el Estado y los privados en las economías avanzadas. Según Morgan Stanley, se espera que los SWF gestionen 12 mil millones de dólares de dólares para 2015, con respecto a los aproximadamente 2 mil 500 millones de dólares.
Algunos de los mayores inversores -tanto pasivos como estratégicos- en los mercados financieros en los próximos años serán instituciones de gobierno. Que entre estas las más grandes estén en China, Rusia y en algunos Estados petroleros inestables, suma otra preocupación a la mezcla.
El crecimiento de los SWF es una consecuencia directa de la acumulación de más de cinco mil millones de dólares en reservas extranjeras por parte de las economías de los mercados emergentes en Asia y entre los países exportadores de petróleo y productos básicos.
Los bancos centrales están transfiriendo sus excesos de reservas a SWF existentes o creados recientemente, que a su vez invierten en acciones de alto retorno.
Pero la aparición de los SWF está creando una reacción política violenta en la forma de “proteccionismo financiero”. Los ejemplos incluyen el esfuerzo fallido por parte de la National Overseas Oil Company de China por comprar la firma energética norteamericana Unocal y la oferta fallida de Dubai Ports para comprar una firma que administra los principales puertos estadounidenses.
Las opiniones sobre cómo responder a los SWF varían. El Reino Unido adoptó una política de no interferir, mientras que las preocupaciones políticas predominan en Estados Unidos, Francia y Alemania. A algunos les preocupa la reciprocidad: si a las empresas chinas se les permite invertir en compañías estadounidenses y de la Unión Europea, ¿las empresas de Estados Unidos y la Unión Europea no tendrían que poder invertir libremente en cualquier compañía china?
A otros les preocupa la seguridad nacional: ¿qué pasaría si “nuestros” puertos e industrias de seguridad u otras empresas “estratégicas” fueran comprados por China, Rusia o Arabia Saudita?
Y hay quienes se preocupan por el hecho de que los SWF sean propiedad del Estado: ¿qué le sucedería al gobierno corporativo si los inversores tuvieran objetivos que no fueran maximizar los retornos ajustados por exposición a un riesgo?
De la misma manera, existen temores por la transparencia: muchos SWF no revelan sus estrategias de inversión ni cómo operan.
Las predicciones de que el surgimiento de los SWF implica que el sistema financiero global se está convirtiendo en una forma de capitalismo de estado pueden ser exageradas.
Pero un pequeño grupo de actores gubernamentales que gestionan una vasta cantidad de activos extranjeros sí crea complicaciones.
Por supuesto, mientras Estados Unidos tenga déficits anuales de cuenta corriente de casi mil millones de dólares, necesitará pedirle prestado a rivales estratégicos como China, Rusia y los estados petroleros inestables de Oriente Medio, que cada vez más prestarán en forma de inversiones en acciones de alto rendimiento y no tanto en Letras del Tesoro de bajo rendimiento. De manera que, a menos que Estados Unidos empiece a ahorrar más, le costará quejarse de la forma –acciones en lugar de deuda- que adopta el financiamiento de su déficit externo.
Al parecer, los SWF están aquí para quedarse y crecer, y es verdad que ofrecen beneficios significativos. Pero si se vuelven demasiado grandes mientras que sus actividades siguen siendo opacas, el “proteccionismo financiero” generalizado se volverá cualquier cosa menos inevitable.
El autor es presidente de RGEMonitor.com, un servicio de información ’online’, y profesor de Economía en la Escuela de Negocios Stern de la Universidad de Nueva York.