Edición No. 493 | 4 DE SEPTIEMBRE DE 2007
 
 
 
Tema de portada
 
Otra cara del ‘boom’ inmobiliario
 
Tres de las constructoras más grandes del sector exponen su perspectiva sobre el desarrollo inmobiliario y los retos que se presentan para mantener la competitividad en un mercado atractivo pero difícil de predecir: el de los compradores extranjeros 
 
Zoraida Chong 
zchong@prensa.com 
 

La construcción no es el sector económico de mayor preponderancia en el producto interno bruto (PIB) panameño, pero en 2006 representó 4.6% del total de lo que produce el país, y en el primer semestre de este año creció 12% en comparación al mismo periodo de 2006.

Ante las dudas en el mercado por el futuro del actual boom inmobiliario, los constructores coinciden en que los reajustes que se están dando en el sector, como la caída de algunos proyectos o la falta de maquinaria para hacerle frente a las solicitudes de construcción, son solo una medida natural del mercado para limitar el crecimiento desmedido.

Aunque el desarrollo del sector está ligado al desempeño de la economía nacional, que este año se estima podría crecer alrededor de 10%, quienes se dedican a erigir rascacielos consideran que la bonanza económica viene acompañada de importantes retos e inconvenientes. Aun así, los que logren mantenerse en el negocio serán parte de un crecimiento sostenido durante los próximos 8 ó 10 años.

Tradicionalmente la industria inmobiliaria funciona con un promotor que comercializa los edificios y una empresa constructora que levanta la estructura, pero estas últimas sostienen que las ganancias no se reparten por igual: el constructor calcula un precio y debe cumplirlo, aunque los costos aumentan durante el periodo que duren los trabajos, que puede ser de varios años.

En este sentido, afirman que deben lidiar con el aumento de gran parte de los costos de construcción para mantener la competitividad frente al mercado de compradores extranjeros, que es en estos momentos uno de los pilares para su crecimiento.

Pero a pesar de todo, son también quienes ven crecer su cartera de clientes pues constituyen una parte esencial de un sector en plena expansión.

Tres líderes en el ámbito de la construcción hablan de los temas que dominan la agenda empresarial y las oportunidades en este competitivo ámbito.

>>> Los retos de la industria

Díaz & Guardia
En construcción

La empresa liderada por René Orillac tiene a su cargo la construcción del Museo de la Biodiversidad, diseñado por Frank Gehry, uno de los arquitectos contemporáneos más importantes a nivel internacional. También está en la construcción el Trump Tower y las ampliaciones de los puertos de Cristóbal y Balboa, entre otros proyectos.

René Orillac ha vivido los vaivenes de la industria desde hace más de 50 años. Basado en su experiencia, estima que uno de los problemas más importantes en el escenario actual ha sido asumir los aumentos en los costos de producción, mientras compiten por ofrecer precios más bajos en las licitaciones. Lo que en otras palabras en el sector se conoce como “la lucha de precios”.

Como usualmente las promotoras, y cualquiera que proyecte una edificación, optan por licitar la contratación de la empresa constructora, se crea una competencia reñida por ofrecer el mejor precio, aunque eso aumente los riesgos de terminar con pérdidas.

“En la mayoría de los casos, el contratista, con tal de conseguir trabajo y no tener que cerrar la empresa, termina metiéndose en proyectos donde no gana”.

El riesgo para la empresa es que cada nuevo proyecto llene los vacíos económicos del anterior, hasta que finalmente sobrevenga la quiebra.

Para contrarrestar este efecto, en Díaz y Guardia, empresa que lidera Orillac, han optado por ofrecer prioritariamente un sistema de construcción por administración delegada, que consiste en cobrar una especie de honorario por dirigir los trabajos, pero es el promotor el que “paga todas las cuentas”.

“Ahí no tengo ningún riesgo, pero a la vez la ganancia es menor”, añade.

El 80% de los proyectos que maneja Díaz y Guardia en la actualidad se hace bajo este sistema, salvo obras como la ampliación de los puertos de Cristóbal y Balboa, que por su naturaleza se adjudican por licitación.

Otro de los principales retos para el sector es “el exceso de aumento” de los materiales de construcción y la escasez de mano de obra.

“Nos referimos a exceso porque, por ejemplo, el precio del concreto tenía 20 años de no sufrir ningún aumento y en los últimos seis meses ha subido un 30%”.

Aunque parte de ese encarecimiento está ligado al precio del petróleo, el empresario sostiene que en gran parte se debe a la demanda actual del producto.

Las exigencias de trabajadores para la ampliación del Canal, disminuirá el desempleo y aumentará la calidad de vida de los trabajadores, pero a juicio de Orillac, también exigirá, del sector privado y gubernamental, mayores esfuerzos de capacitación.

“Personalmente quisiera que fuera más rápido la capacitación, pero tengo que aceptar que el Inadeh (Instituto Nacional de Formación Profesional y Desarrollo Humano) está encauzando el tema de las competencias laborales”.

Adicionalmente, las empresas constructoras y los más de 120 mil trabajadores que ocupan en todo el país, se encuentran a expensas de uno de los riesgos más sensibles que es el de la seguridad laboral.

Aunque Orillac sostiene que no se puede reducir a estadísticas la vida de un ser humano, considera que es importante tomar en cuenta que se trata de un trabajo riesgoso.

De esto dan cuenta las cifras, ya que 2006 fue, desde 1998, el año con más muertes en la industria de la construcción: 28 fallecieron. Como si fuera poco, durante los 8 meses que han transcurrido de 2007 ya han muerto otros 17 obreros en accidentes en la construcción.

“En las zafras mueren más obreros que en la construcción, por picaduras de serpiente, por ejemplo. Aun así, es necesario que las empresas tomen conciencia de que la seguridad de una obra le corresponde a la empresa, no al sindicato ni al Estado”.

Para Orillac, si una empresa no toma medidas para corregir, e incluso despedir, a los empleados que no estén comprometidos con la seguridad, ya sea por ignorancia o por irresponsabilidad, incumple un precepto ético, pues aunque se trata de una industria riesgosa, eso no significa que no se deben tomar precauciones para hacerla más segura.

“Es un tema en el que hay que martillar, que tiene que nacer de la alta gerencia e involucrar a todas las personas que trabajan en la empresa. Si todos conocen y están comprometidos con la seguridad, la empresa tendrá mejores resultados en el campo”, afirma.



>>> Cambios difíciles de predecir

LA PRENSA / David Mesa

Ingeniería R-M
Desde las alturas

Roberto Roy construye actualmente el edificio Destiny Panama Bay, una torre de 52 pisos en la Avenida Balboa, con las mejores vistas panorámicas de la ciudad. En su cartera están también proyectos como el Pacific One y el Capital Plaza.

Para Roberto Roy, presidente de Ingeniería R-M, la caída o reestructuración de algunos de los edificios más grandes proyectados en la ciudad de Panamá, es producto de causas externas que hace tres años eran muy difíciles de predecir.

“Muchos proyectos hicieron sus cálculos hace más de dos años, con parámetros de costo anteriores. Panamá había sido un país donde el costo de construcción se había mantenido constante por años. Sin embargo, ahora la inflación ha pegado muy duro”.

Además de esto, Roy considera que un aspecto fundamental que afectó las proyecciones fue el cambio de escala, pues se pasó de obras de 20 y 30 pisos a megaproyectos de 90 plantas. Y hay que considerar que los costos por metro cuadrado para construir un edificio de 90 pisos son exponencialmente mayores debido a las necesidades estructurales.

Esto explica en parte los cambios que se harán a los que hasta hace unos meses eran los proyectos más ambiciosos de la ciudad, como el Palacio de la Bahía, el Ice Tower o el Park 32.

A lo anterior se añaden los cambios en algunas regulaciones, que también se han traducido en aumento de costo. Un ejemplo de ello es el Reglamento Estructural Panameño (REP), que a partir de 2004 introdujo requerimientos estructurales destinados a aumentar la resistencia sísmica de los
edificios. 

“Eso quiere decir que el edificio lleva más acero y más concreto, además de mayor resistencia, por lo que un edificio de hoy cuesta bastante más que uno de hace tres años, aunque no hubiese inflación”, afirma Roy.

A esto se suman nuevos requisitos de seguridad. Ahora un edificio de 50 pisos debe tener dos escaleras, rociadores contra fuego, escaleras presurizadas y puertas antifuego, y todo eso significa mayores costos por metro cuadrado.

El aumento en las necesidades de acero y concreto coincidieron con la subida en los precios de estos y otros materiales.

“Cuando en Panamá se vendían apartamentos muy baratos, se cons-truían con un acero que comprábamos a 270 dólares la tonelada, hace como dos años y medio. Ahora está en 600 dólares”.

Y, desde luego, los incrementos no se deben exclusivamente a los materiales, pues la especulación en los precios de los terrenos ha tenido un impacto negativo en los costos finales.

“Pienso que si alguien se ha beneficiado del boom son los dueños de terrenos, más que los otros actores dentro de la industria”, expresa Roy.

Lo que a Roberto Roy y en general a los constructores les preocupa es que si el aumento en los costos se refleja en el precio final del producto, el país perderá competitividad en el mercado de compradores extranjeros, que es el segmento que principalmente ha aumentado la demanda.

En definitiva nadie espera que el crecimiento dure para siempre, pero el reto es que la desaceleración, que podría ocurrir en el mediano plazo, no se presente de forma súbita.

“En Panamá ha habido crecimientos espectaculares anteriores, lo que pasa es que este es el más grande de la historia, porque se le suma el optimismo de ser un país democrático y de la ampliación del Canal. Ahora el boom es más fuerte, el mercado más grande y sólido y siento que tiene mejores bases que los anteriores, pero todos comienzan y terminan, lo que esperamos es que sea una bajada suave y no un crash”.

Roy se refiere a fenómenos que han impulsado a la industria de la construcción y que se han dado a lo largo de la historia reciente del país, como la instalación del centro financiero, que a partir de la década de 1970 provocó la construcción de numerosos edificios para oficinas bancarias.

Otro de los momentos importantes en la industria acaeció a principios de la década de 1990, pero en este caso los resultados positivos se debieron principalmente a que el país venía de una crisis económica y, por lo tanto, cualquier movimiento tendía a mejorar el escenario.

Sobre los problemas de seguridad para los trabajadores de la construcción, Roy afirma que la Cámara Panameña de la Construcción (Capac) está trabajando en conjunto con el Sindicato Único de Trabajadores de la Construcción y el Ministerio de Trabajo y Desarrollo Laboral.

Estas tres organizaciones, afirma, necesitan acordar mayores avances en el tema, sin embargo, existe una seria discrepancia entre la Capac y el Gobierno a causa del decreto ejecutivo de seguridad, que espera que se revise pronto.

El documento, emitido en julio pasado, establece tarifas de hasta 100 mil dólares a cada edificio para cubrir los salarios de oficiales de seguridad.

“La seguridad es prioridad para los constructores, porque sabemos que todo el mundo en una construcción está expuesto al peligro, desde el jefe de la compañía hasta el peón”, afirma.


>>> Diversificación del negocio

LA PRENSA / Maydée Romero

Empresas Bern
Construir y vender

Para José Manuel Bern una de las mejores zonas para construir es Costa del Este, donde actualmente construye Parque del Mar I y II, y Toscana del Este, además de otros proyectos en toda la ciudad.

Anticipando que la construcción no es el negocio más rentable del sector inmobiliario, en Empresas Bern se convirtieron también en promotores. Además se preocuparon por tener bajo el mismo techo todo lo necesario para sortear los problemas inherentes a la edificación.

Esto último fue algo que José Manuel Bern, gerente de ventas de la compañía, aprendió de su padre y fundador de la misma: Herman Bern.

“Cuando llegué recién graduado en administración de empresas, cuestionaba a mi papá sobre por qué teníamos nuestro propio equipo. Le preguntaba por qué no alquilábamos todo en lugar de tener ese, como dicen, hierro viejo acumulado”.

El hijo no tardó en comprender los motivos.

“Existe limitación de recursos, si necesitas una grúa o formaleta, tienes que ponerte en una fila, porque las plantas de concreto tienen capacidad, pero si no hay camiones te toca esperar”.

Esas horas de espera representan un costo de personal muy difícil de controlar y para quienes se dedican exclusivamente a la construcción es uno de los más difíciles de traspasar al dueño de la obra.

Esa es una limitante natural del mercado que ayuda a que no se construyan más edificios de los que se necesitan.

Paradójicamente, el empresario sostiene que la escasez de recursos en época de gran demanda garantiza, hasta cierto punto, que en Panamá no se dé una crisis del sector inmobiliario, aunque ponga en aprietos a los constructores y los obligue a aumentar la eficiencia o a cerrar la empresa.

“Ahora viene otro factor importante que es la ampliación del Canal y eso va a absorber mucha de la capacidad de producción, pero es un buen problema que tener”.

Bern ve todos estos retos como una prueba en la que sobrevivirán los mejores.

“Ahora hay menos empresas con experiencia en edificios altos porque es como un efecto de Darwin, sobreviven los mejor preparados”, afirma.

Desde ese punto de vista, no cabe duda de que la ampliación de la vía interocéanica, cuyos trabajos de excavación se iniciaron ayer, repercutirá en varios desafíos para la industria constructora, pero Bern destaca también los beneficios que traerá a los trabajadores y al país.

“Hay salarios que van desde el doble del salario mínimo hasta los mil o mil 200 dólares para personal calificado, si se toman en cuenta todos los beneficios sociales (...) y ese dinero se queda aquí”.

El empresario es consciente de que el avance de las construcciones y las previsiones de un crecimiento que podría mantenerse por varios años no son vistos con buenos ojos por toda la población, ya que hay quienes se preocupan por la poca capacidad de las infraestructuras y el desorden urbanístico. En este sentido estima que las mejoras llegarán en un futuro impulsadas por la demanda.

“De qué nos sirve tener infraestructuras de primer mundo si no teníamos un mercado de primer mundo. Sería injusto tener como prioridad cosas que si bien son relevantes, hay otras más importantes como el tema social y la educación, que todavía necesitan mucho desarrollo”.

Desde su perspectiva, el crecimiento de un mercado que exige más y mejores infraestructuras, es justamente lo que ha permitido inversiones como el sa- neamiento de la bahía y la cinta costera, ya que “todos estos proyectos son característicos de países ricos”.

Por otro lado, el hecho de que estén llegando más compradores de bienes raíces es una señal de que Panamá se está convirtiendo en un país “donde todo el mundo quiere estar”.

“Nos llega gente de Venezuela y de otros lugares. Por primera vez tengo un brochure en ruso y personal que habla esa lengua”, afirma.

Sobre los riesgos laborales que corren los trabajadores de la construcción, Bern, al igual que los demás entrevistados, sostiene que la Capac está realizando esfuerzos para aumentar la seguridad.

“Este año una persona falleció en una compañía miembro de la Capac, nosotros tenemos cursos de capacitación y tenemos interés en que no se den accidentes, porque además causan retrasos en las obras”, concluye.

 

 
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