LA PRENSA 1 Víctor Arosemena |
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OPCIONES. Se calcula que hasta el 70% de las casas que se venderán en 2007 tendrán precios de entre 20 mil y 62 mil 500 dólares. |
Para enterarse de cómo anda el mercado hipotecario solo hay que mirar alrededor: construcciones por doquier, con variedad de precios y estilos.
Un ejercicio más concienzudo lo llevará a ojear los anuncios clasificados: la ciudad sigue creciendo hacia el oeste y, hacia el este, cada vez hay que ir más allá del Aeropuerto Internacional de Tocumen.
Si tiene usted las ganas y el tiempo suficiente para entrar a los sitios web de algunas compañías promotoras del país y comparar sus ofertas, podrá darse cuenta de que lo que usted pagó hace 10 años por la vivienda que hoy ocupa fue casi una bicoca. Sí, así como lo lee, aunque su presupuesto familiar diga otra cosa.
Es que hace 10 años, por ejemplo, una vivienda en el barrio de Cerro Viento construida sobre un terreno de poco más de 200 metros costaba, más o menos, 34 mil dólares. Hoy, pocas cuadras más allá, los modelos más sencillos cuestan 53 mil dólares.
Algo similar ocurre en el área de Don Bosco, donde hace unos lustros se compraban casas por 25 mil dólares y ahora las ofertas rondan los 50 mil.
Un mercado a todo vapor
De acuerdo con los registros de Convivienda -gremio que reúne a 19 compañías promotoras de viviendas- en 2006 se construyeron y vendieron 5 mil 784 casas. En 2007 podrían construirse y venderse 6 mil 297, según los cálculos de la directora ejecutiva de Convivienda, Mitsila Espino.
Todo este optimismo parte de números verificables. De acuerdo con el boletín económico del Centro Bancario de Panamá del 27 de marzo pasado, 2006 fue un año bueno por muchas razones. El factor de mayor peso fue el de las exportaciones de servicios, pero en el mercado interno lo que más empujó el buen desempeño económico fue el consumo: las ventas en el comercio, la construcción frenética desatada por la demanda y el constante movimiento del sector financiero.
La construcción -se lee en el informe del Centro- tuvo durante 2006 “un extraordinario auge debido al déficit de vivienda aún significativo, y la demanda externa de parte de jubilados”. De hecho, el año terminó con un crecimiento de 12% en el valor de las construcciones, adiciones y reparaciones.
Con la construcción moviéndose a estas velocidades, no causa sorpresa que el sector financiero también esté viviendo buenos momentos. Para el sector bancario, el renglón con mayor crecimiento fue el del crédito hipotecario, que cerró el año con 616 millones de dólares más que 2005 otorgados en préstamos (14.6%), para un saldo final en 2006 de 4 mil 834 millones de dólares.
Es un hecho, entonces, que el mercado inmobiliario anda a todo vapor y aquí no hay noticia. Están, por un lado, los proyectos “de muy alto costo” que involucran inversiones millonarias y, por el otro, lo que el director de la Cámara Panameña de la Construcción (Capac), Eduardo Rodríguez, llama el “mercado natural”: el de viviendas de mediano y bajo costo.
Pero, ¿están los consumidores ganando?
Menos por más
Depende de cómo se vea. Desde que en 1985 se creó la ley de interés preferencial que permitió restar varios puntos a la tasa de interés de mercado para el crédito hipotecario, la venta de viviendas de hasta 62 mil 500 dólares se ha disparado.
Sólo en 2006, por ejemplo, el 60% de las viviendas que vendieron los miembros de Convivienda estaban en el tramo de precios de los intereses preferenciales y Espino afirma que este año podría ser hasta el 70%.
“Esta ley ha permitido que mucha gente adquiera una casa de mayor tamaño o calidad. Es un incentivo al consumo en favor de los compradores”, afirma el director de la Capac.
También, hay que decirlo, es un incentivo a la propia industria de la construcción y de la promoción inmobiliaria. Porque, como dice el propio Rodríguez, una vez que se sature el mercado de alto costo, el mercado de viviendas de mediano y bajo costo es el que seguirá sosteniendo al sector, como lo ha hecho tradicionalmente.
Del lado del consumidor, claro, las ventajas son obvias. Es muy distinto comprar una casa con un 2% de interés que con uno de 7%. Pero, como se dijo al principio, los precios no son los mismos que hace un par de años atrás.
“Definitivamente, ya no puedes comprar hoy el mismo producto que comprabas hace ocho años porque el valor de la tierra ha aumentado considerablemente”, explica el presidente de la Asociación de Corredores de Bienes Raíces (Acobir), Iván Carlucci.
No sólo es la tierra, sin embargo. También los materiales de construcción -acero y cemento, entre otros- han aumentado de valor.
Rodríguez destaca, además, el costo de la mano de obra. “Todo ha subido pero lo que más pesa son los salarios y los materiales”, agrega.
Es por eso que el poder adquisitivo de los consumidores es menor ahora que hace unos años. Es la consecuencia, también natural, del desarrollo del mercado.
Pero es un hecho -como afirma la directora ejecutiva de Convivienda- que el aumento de los precios de los materiales de construcción, de la mano de obra, de la tierra y hasta las nuevas cargas tributarias han incidido, principalmente, en el tamaño de las viviendas.
Los consumidores, además, tienen que ir más lejos para conseguir una vivienda que esté a su alcance. “Para estabilizar el costo de la vivienda hemos tenido que alejarnos de la metrópoli”, explica Rodríguez. Por eso es que las barriadas crecen hacia los lados de la 24 de Diciembre, de Pacora y Las Garzas. Hacia el otro lado de la ciudad, los barrios llegan hasta Capira.
Más alcance para la ley
Espino es clara: la casa que hace seis u ocho años costaba 62 mil 500 dólares, hoy cuesta 85 mil 500 dólares.
Por eso es que todos los gremios vinculados al negocio han solicitado al gobierno no solamente extender los beneficios de la ley, sino aumentar los rangos.
En un foro reciente sobre urbanismo, la ministra de Vivienda, Balbina Herrera, comentó que el gobierno estudia la posibilidad de elevar el rango de precios hasta los 82 mil dólares. Pero para Rodríguez, ya es mucho tiempo lo que lleva el gobierno “estudiando el tema”.
Para los constructores y promotores el tema es fundamental. Como dice José Delvalle, vicepresidente del Grupo Sucasa, no es lo mismo aumentarle 500 dólares a una vivienda de 150 mil dólares, que tener que aplicárselo a una de 20 mil dólares. “Para una persona con salario mínimo, un aumento de dos o tres dólares en su mensualidad es un golpe fuerte. Prefiere no comprar”, puntualiza Delvalle.