Edición No. 465 | 13 DE FEBRERO DE 2007
 
 
 
Nacional
 
Portobelo: entre el auge y sus rutinas
 
Puerto Bello, como se conocía antiguamente, se está convirtiendo en un destino turístico cada vez más fuerte. Mientras los inversionistas buscan un lugar para explotar sus negocios, los lugareños se preguntan qué beneficio habrá para ellos 
 
ANA TERESA BENJAMÍN 
abenjami@prensa.com 
 

LA PRENSA | Jorge Fernández

PUEBLO. Portobelo tiene una atractivo más que turístico, histórico. Los visitantes llegan al lugar a ver las secuelas de los ataques de los piratas.

María Juárez* conversa animadamente con Petra y dice, con gesto de gracia: “Portobelo es chiquito. Usted camina y en una vuelta lo recorre todo”. Y no miente.

Luego explica con seña y santo por dónde hay que tomar para visitar el edificio de la Real Contaduría; el Castillo de San Jerónimo, que queda a pocos pasos de allí; y la Iglesia San Felipe de Portobelo, que cada 21 de octubre acoge a miles de creyentes que, como el Cristo Negro, visten túnicas púrpura.

Es mediodía y Portobelo es todo sol y viento. Una brisa fresca y briosa que alborota palmeras, rosarios y recuerdos, y que dispersa la historia por todos los rincones de este pueblo nacido con el alboroto del oro y la nostalgia del negro.

En el edificio de la Real Contaduría o la vieja Aduana, un funcionario le explica a un turista cómo fue que la tripulación de Francis Drake atacó Portobelo, luego de que el pirata inglés muriera abatido por la disentería tras sus fallidos ataques a los puertos fortificados españoles en América.

Hoy, en esa misma bahía que siglos atrás se llenó de pólvora, reposa una docena de veleros blancos, mimados, cuyos dueños buscan en el mar límpido de la costa arriba de Colón las aventuras de los piratas de antaño.

Como en Cartagena

Cuando Roberto Castro llegó a las costas de Portobelo hace 15 años, entendió inmediatamente por qué su hermano mayor había decidido instalarse en ese puerto bello de Panamá tras su jubilación.

“Es como si estuvieras en Cartagena, aunque en miniatura”, explica, mientras almuerza en la terraza de su Restaurante La Torre, ubicado en la carretera principal que lleva al pueblo.

Castro es el presidente de la Asociación de Empresarios Turísticos del pueblo que agrupa a restauradores, hoteleros y boteros, entre varios otros. En total, son unos 35 micro y pequeños empresarios que tienen como meta común convertir Portobelo en un destino turístico sostenible, tarea no tan fácil de resolver por ciertos asuntos que Castro explica: “Los turistas se quejan del estado de la carretera, de la basura, de la falta de mantenimiento del conjunto monumental”.

Estos tres factores -sostiene Castro- hacen que el turista no regrese a Portobelo.

Pero de que están llegando, pues, sí. El propio Castro cuenta cómo Portobelo está “a punto de convertirse en el segundo Boquete del país, por la alta demanda de terrenos para comprar que buscan nacionales y extranjeros”.

El vicealcalde, Azael Santizo, busca un librote de registros y lo confirma: en 2006 se realizaron 175 transacciones de traspaso de derechos posesorios de terrenos en todo el distrito de Portobelo. En 2005 fueron 88.

Lo que se venden son derechos posesorios porque 60% de las tierras del distrito pertenecen al Parque Nacional Portobelo o bien, son tierras municipales. Esto quiere decir que los inversionistas compran las mejoras sobre las tierras y lo único que tienen que pagar son 100 dólares anuales de alquiler por el terreno al municipio, explica Santizo, sea cual fuere el tamaño.

Precisamente esto le disgusta a Juárez. “Es una tristeza que los hijos del pueblo estén vendiendo las tierras...”, dice. “Un día nos van a sacar y esto se va a llenar de extranjeros”, añade.

Pero Castro está optimista. Quiere, incluso, que se agilice el programa de titulación de tierras para que esos inversionistas puedan acceder a créditos y realicen mejoras a sus negocios. Todo con la mira puesta en los miles de turistas que llegan y llegarán -asegura- seducidos más que todo por el Conjunto Monumental de Portobelo.

Los datos del municipio indican que en 2006 llegaron al distrito 126 mil turistas, casi todos traídos con los paquetes de agencias de viajes.

Precisamente por esto es que los portobeleños no sienten este auge turístico como algo propio. A ellos como que todo les da igual porque a estos turistas, de cruceros, no se les permite comprar comida o bebidas en el pueblo. Ni siquiera adquirir alguna artesanía local, una figura del Cristo Negro, una mola o un collar que los kunas venden en los puestos del pueblo.
Sin ningún beneficio

Petra cuenta que la mayor parte de los portobeleños trabaja en la Zona Libre de Colón. “Aquí no se ve la vagancia”, explica, porque el que no tiene un trabajo fijo se tira al mar a pescar, o bien se dedica al cultivo en sus tierras. En la zona también hay una buena cantidad de tierras dedicadas a la ganadería.

El distrito, con 7 mil 964 habitantes, está formado por los corregimientos de Portobelo, Cacique, Garrote o Puerto Lindo, Isla Grande y María Chiquita.

Por su encanto costero, no hay un terreno a orilla de mar que no tenga dueño. Ni el Municipio de Portobelo tiene ya para alquilar, dice Santizo.

El auge se siente, pero no entre los pobladores. Dolores, la señora del Restaurante Yaci ubicado a un costado de la iglesia, dice que los turistas no dejan nada. “Ellos traen su comida, su agua, todo”.

“Lo único que pagan a veces es el dólar que le dan a los niños que bailan congo”, explica Petra. Los lugareños se quejan incluso de que lo que se paga por entrar a la Aduana se va “todo para Panamá”, y a Portobelo no le queda un real. “Como comunidad no recibimos beneficio de esto”, dicen María y Petra, refiriéndose a las visitas al Conjunto Monumental que, para muchos, son sólo ruinas.

Porque algunas partes del monumento son paredes de casas y otras áreas son utilizadas, simplemente, como campo de juego.

Es más, en el mismo edificio donde “se depositaban las extraordinarias riquezas del comercio entre España y América” -la Real Contaduría- las palomas han encontrado buen sitio para hacer nidos y, en apariencia, no se le da mantenimiento.

Y es que parece que el pueblo, que nació y creció con las ruinas como compañía, no tiene conciencia plena de lo que significan. Y todo puede entenderse porque así como Dolores, que lucha cada día por mantener a flote su negocio, los portobeleños no terminan de comprender por qué es necesario cuidar esas paredes viejas, o por qué no deben tirar basura en los monumentos, o por qué, sencillamente, son tan importantes los turistas si a ellos no les toca ni un pedazo de suerte.

Aun así, Santizo está bien claro cuando admite que, si no fuera por las ruinas de Portobelo y las fiestas del Cristo Negro, “a este pueblo nadie vendría”.

El patronato y la reubicación

Hará unos ocho meses -según recuerda Santizo- que las conversaciones entre la Alcaldía y el Instituto Panameño de Turismo (Ipat) se estancaron.

El Ipat propuso la creación de un patronato -similar al de Panamá Viejo- pero que administrara el complejo de San Lorenzo y el de Portobelo. “Se ha conversado, pero no hay nada concreto”, explica el vicealcalde. ¿La razón? Ni la Asociación de Empresarios ni el municipio quieren que el patronato sea conjunto, ni que los miembros de la directiva sean de la ciudad de Panamá.

El Ipat participó en conversaciones previas con respecto a este asunto, pero todavía la conformación del patronato está en proceso de trámite.

Al respecto Domingo Varela director de Patrimonio Histórico del Instituto Nacional de Cultura asegura que el patronato ya está constituido y próximo a iniciar funciones.

Según Varela, en reunión sostenida con autoridades de la Alcaldía y del Consejo Municipal se explicó que el patronato tendrá a su cargo el plan maestro de desarrollo de ambos conjuntos monumentales, lograr la captación de fondos para realizar obras de restauración, entre otros.

En cuanto a la integración de los portobeleños a las actividades propias del turismo, el Ipat acepta que no existe en este momento una estrategia definida en cuanto a la participación de la comunidad en los beneficios del turismo.

Hay un plan de ordenamiento urbano confeccionado en 2005 con la ayuda de la Agencia de Cooperación Española (AECI) que incluye la reubicación de, al menos, 30 familias que tienen sus casas dentro o en las cercanías del Conjunto Monumental, pero tampoco se ha avanzado en eso. “No hay un lugar específico para reubicarlos”, dice Santizo. Castro, por su parte, dice que hace falta voluntad política para implementarlo. “Localmente no ha sido acogido con entusiasmo”, agrega el empresario.

Varela se defiende nuevamente y asegura que sí existe una propuesta del Plan de Ordenamiento de Portobelo.

"Este documento hace un análisis profundo del estado actual del poblado y en base a éste efectúa una propuesta de ordenamiento y mejoramiento de la trama urbana de Portobelo".

Portobelo sigue seduciendo a quienes encuentran en su memoria y en su mar una historia por conocer o un paisaje para disfrutar, aunque todavía queden varias cosas por resolver.

Los inversionistas ven oportunidades de negocio y se han lanzado a la compra de mejoras sobre terrenos que muchos venden cuando les presentan cifras que nadie antes les había ofrecido.

Los portobeleños, por su parte, siguen bailando congo con su frenesí centenario. Lo disfrutan. Invitan a imitarlos. “Nadie se va a reír de ti porque sabemos que no eres de aquí”, explican.

Porque pese a sentirse excluidos o ignorados, los habitantes de Portobelo responden con sonrisas. Mueven las caderas con el bajo del tambor. Se aferran a la vida. Como sus ancestros, al fin y al cabo. n

* Los nombres han sido cambiados por solicitud de los entrevistados.

Historia de una fortificación en Colón

La bahía de Portobelo fue descubierta por Cristóbal Colón el 2 de noviembre de 1502. La ciudad de San Felipe de Portobelo fue oficialmente fundada por Francisco Valverde y Mercado el 20 de marzo de 1597.

Portobelo se convirtió en uno de los sitios más importantes del comercio de oro y plata. Por allí pasaban las riquezas que iban y venían de Lima, en Perú, y de Sevilla, en España, capital comercial del imperio español.

Estas grandes ferias solían durar entre 30 y 40 días en los buenos años. En los malos, entre 10 y 12 días.

Entre 1574 y 1702 fueron enviadas 45 flotas de galeones que conducían enormes riquezas. Por esta razón se construyeron las fortificaciones que hoy se conocen como el Conjunto Monumental Histórico de Portobelo.

Fue el ingeniero italiano Juan Bautista Antonelli el creador del plan de defensa de Portobelo, que empezó con la construcción de la Fortaleza de Santiago y los Castillos de Santiago de la Gloria y el de San Felipe de Sotomayor.

 

 
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