Edición No. 465 | 13 DE FEBRERO DE 2007
 
 
 
Actualidad
 
Extravagancia turística
 
En el turismo todo ha cambiado. El valor económico que antes se buscaba eran los servicios. Ahora el turista quiere comprar historias y ser complacido de forma personalizada 
 
YOLANDA SANDOVAL 
ysandoval@prensa.com 
 

VENTAS. El hotel Veneto y el Playa Bonita Resort & Spa adecuan sus instalaciones para atraer a los clientes más exigentes.

Ofrecer un buen servicio no es una opción, ni un valor agregado para clientes que se gastan hasta 15 mil dólares en apuestas por noche o para los que pagan 500 dólares por una cena romántica.

Aunque, como dice MasterCard, hay algunas cosas que el dinero no puede comprar, en el negocio de la hotelería una cartera cargada de billetes hace la diferencia.

Eulogio Bordas, con más de 30 años de experiencia en consultoría turística y en asesoramiento a empresas, explica en uno de sus ensayos que el deseo de los turistas ya no es solo descansar, sino satisfacer la pirámide emocional.

El turismo ya no es de interés general, sino de interés especial: algo concreto hecho a fondo.

“Hay que complacer al cliente en todo. Si tienes problemas se quedan en la casa, porque cuando se cruzan las puertas de este edificio hay que sonreír”. Diana Collado, ama de llaves ejecutiva del Veneto Casino & Hotel, recita fragmentos del sermón que le da a las 65 personas que trabajan bajo su mando.

Todo está a la venta

En este trajín, dice Collado, hasta tuvo que vender los colchones extra que tenían en el depósito. Sus huéspedes quedaron enamorados de lo confortable que resultó el artículo y a la administración del complejo hotelero no le quedó de otra que hacer la transacción.

Allí, las extravagancias de los clientes están permitidas y más cuando se trata de huéspedes que pagan cuatro mil dólares de inscripción solo para participar en los torneos de póquer.

Cuando hay torneos internacionales de póquer y black-jack se tiene, incluso, que preparar agendas paralelas para los jugadores y sus esposas. Ellos llegan a tirar cartas, y de paso exigen buena comida, personal con mucha experiencia en las mesas y una limusina para transportarse. Las esposas, en cambio, tienen una agenda cultural que requiere visita a los museos, los centros comerciales y restaurantes. Todo por cuenta del hotel. Y por supuesto, las habitaciones más lujosas.

“Atender a más de 100 jugadores de póquer al mismo tiempo no es fácil. Ellos son exigentes y tenemos que poner a sus órdenes a los mejores empleados de cada departamento. No hay derecho a equivocarse”, afirma Kathya Muñoz, gerente de mercadeo.

Mientras el Veneto Hotel & Casino consolida su servicio para hombres de negocios y apostadores, llegan ofertas como la de Andrew Silverman, el magnate de la industria de bienes raíces y de casinos de Estados Unidos, quien mostró interés en comprar el complejo por 85 millones de dólares, el doble y un poco más de lo que invirtieron Alberto Btesh y Moisés Hasky.

De acuerdo con la Asociación Panameña de Hoteles, los centros de hospedaje tienen actualmente un 95% de ocupación. Y los cinco estrellas hacen lo que sea para satisfacer a sus clientes.

Locura de enamorados

El destino Panamá está llamando la atención de europeos, estadounidenses y latinoamericanos, mayores de 30 que llegan al país bien informados. “Aquí se les ofrece lo que pidan”, dice Marisa, quien hace una semana tuvo que “bucear” tres botellas de Dom Perignon Vintage 1998, porque esas era las que quería el cliente.

“Estaba buscando por todos lados las botellas de champagne y nuestros proveedores no la tenían, pero como un golpe de suerte me encontré casualmente con las últimas tres botellas en nuestra despensa”, dice Marisa, una chica que trabaja en el Playa Bonita Resort & Spa.

El helipuerto del hotel, inaugurado a principios del año pasado y cuya inversión rondó los 20 millones de dólares, ha resultado ser el aliado número uno de los enamorados que quieren pedir la mano de su prometida gastando mucho más dinero del que tendrían que desembolsar en una tradicional cena. El hotel coordina el alquiler de helicópteros, prepara una cena frente al mar y decora las habitaciones, a veces con apenas un día de anticipación.

“Llegan al hotel, se enamoran de las instalaciones y deciden hacer cosas curiosas repentinamente”, afirma Leslie Chacón, gerente de Relaciones Públicas de Hoteles Bern.

Además de brindar los tradicionales servicios hoteleros, en el Playa Bonita Resort & Spa han tenido que planificar bodas, renovación de votos y concursos tipo Survivor en 24 horas.

Redondos ingresos

En estos hoteles hay clientes que durante un fin de semana se pueden gastar 100 mil dólares, incluyendo los gastos de la habitación y todas las amenidades extras que solicitan.

Los servicios hoteleros locales no son tan extravagantes como los que se ofrecen en el penthouse The Setai en South Beach, cuya noche cuesta 25 mil dólares.

La royal suite del hotel Miramar, por ejemplo, puede costar mil 700 dólares, la suite de Playa Bonita está en 850 dólares la noche, mientras que el Sheraton Panama Hotel & Convention Center tiene suites ejecutivas y presidenciales entre los 800 y mil dólares. Sin embargo, como afirma Domingo de Obaldía, gerente de ventas internacionales del Sheraton, los visitantes que llegan a Panamá ahora esperan más que nunca. “Ellos quieren ser consentidos”. n

 

 
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