LA PRENSA | Jihan Rodríguez |
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Alexis Peña, de la empresa Panamá 2 Mares. |
Alexis Peña se prepara para su próximo tour. “Debo vestirme como Jack Sparrow y decorar la ‘panga’ con motivos de pirata”, dice. Es una de sus estrategias para satisfacer a sus clientes (sobre todo cuando se trata de familias con niños) y envolverlos en la aventura al recorrer las aguas del Pacífico a bordo de su lancha.
Hace dos años, Peña comenzó a ofrecer tours de pesca deportiva y paseos por las islas de Taboga, Otoque y el archipiélago de Las Perlas. Desde entonces, el negocio, en el que ha invertido unos 27 mil dólares, ha ido viento en popa.
Pero aunque Panamá tiene 146 récords mundiales en pesca deportiva, no sólo se trata de capturar merlines negros.
El capitán de la empresa Panamá 2 Mares también se ha capacitado en el avistamiento de ballenas, una actividad en la que ve gran potencial para el país, y que anualmente mueve más de diez millones de turistas en todo el mundo.
“Mucha gente en Panamá no sabe, o no cree que aquí hay ballenas”, señala Peña.
Los cetáceos se reproducen en las aguas tropicales, donde permanecen con sus crías durante varios meses. La especie más común que se puede observar entre julio y octubre es la ballena jorobada, que por su naturaleza curiosa acostumbra a acercarse a los barcos y nadar a su alrededor, algo que potencia aún más la actividad de observación.
Otros países ya están explotando este tipo de turismo, como España, Argentina (en la Península de Valdés) y México (en Puerto Vallarta y las costas de Baja California Sur).
El año pasado, Panamá dio un primer paso en esa dirección con la Ley 3 de 5 de mayo, que establece el Corredor Marino nacional, donde se promoverá la investigación de los mamíferos marinos, se impulsará su avistamiento y se prohibe su caza.
Para Peña, es algo positivo para el país, pero enfatiza en la necesidad de ser cautelosos en la explotación turística y la regulación efectiva de la actividad para no ahuyentar a las ballenas o afectar a las crías.