LA PRENSA . Víctor Arosemena |
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OPTIMISMO. María Clara y Camilo González encontraron muchas trabas para poder invertir en Panamá, pero luego del trago amargo, son optimistas en este país cuyo consumo per cápita alcanza al menos los 50 litros. |
Cuando China estornuda, el mundo se resfría. Esta es la forma más simple de explicar el impacto de la economía asiática en los demás países.
Su apetito insaciable, al ser el mayor consumidor de acero, disparó los precios de construcción en el mundo y en Panamá el efecto cascada se empieza a sentir este año.
La Cámara Panameña de la Construcción (Capac) estima que tomando en cuenta el aumento del precio del acero, el concreto y las alzas estrepitosas del petróleo durante el año pasado, las viviendas en Panamá costarán aproximadamente un 5% más que en el 2005.
“El arrastre de todos estos factores se empezará a sentir este año”, dijo el presidente de la Capac, Javier Cardoze.
Entre los más afectados, a su juicio, estarán los compradores de la clase trabajadora que buscan soluciones habitacionales entre los 25 mil y 60 mil dólares. Aunque no cree que el aumento corra los vientos que soplan a favor del sector de la construcción.
Hasta noviembre del 2005 los permisos de construcción en el área metropolitana totalizaron 882 millones de dólares y aunque las cifras aún no son oficiales, se prevé que el monto alcanzó los mil millones de dólares al finalizar el año.
Para Iván Carlucci, gerente de inversiones de la empresa Inversiones Natasha, una salida viable para los clientes es comprar en época de preventa, periodo en el que se ofrecen las propiedades por debajo de su precio para después sacarle provecho hasta en un 10% en la revalorización si deciden vender.
Cardoze estima que las alzas de un 5% pueden ser manejadas por algunos compradores, sin embargo, hay otros factores que le preocupan cuando habla del desempeño que tendría la actividad durante el 2006.
Y es que el valor de las propiedades podría subir aún más si efectivamente ven en sus facturas un aumento del 30% en los costos de electricidad.
Además, está latente el fantasma del ajuste del salario mínimo y los gastos adicionales en los que tendrán que incurrir con las reformas al sistema de seguridad social.