Edición No. 408 | 10 DE ENERO DE 2006
 
 
 
Actualidad
 
Si Seúl lo vende, China lo anhela
 
Para muchos jóvenes chinos, Corea equivale a moderno o sofisticado. Ellos copian el estilo y adoran la cultura popular 
 
NORIMITSU ONISHI 
THE NEW YORK TIMES 
 

Bloomberg

CULTURA. Corea se ha convertido en el símbolo del consumismo y su poder se extiende a todas las esferas.

En Ciudad Corea, en la planta superior del Centro Comercial Xidan, una profusión de tienditas vende ropa hip-hop, películas, música, cosméticos y otras ofertas al estilo surcoreano.

Para jóvenes clientes chinos, al parecer no tenía importancia que algunos productos, como gorras de los Yanquis de Nueva York o muñecos Astro Boy de Japón, tienen que ver con Corea del Sur. O que la mayoría de los artículos se originaron en fábricas chinas.

“Nosotros sabemos que los productos son hechos en China’’, dijo Wang Ying, quien trabaja en la filial local de una empresa estadounidense. “Sin embargo, para muchos jóvenes, Corea equivale a moderno o sofisticado. Así que ellos copian el estilo coreano’’.

Surcorea ha estado definiendo los gustos de muchos chinos y otros asiáticos hace aproximadamente cinco años.

Como parte de lo que algunos chinos denominan la ola coreana de cultura popular, un drama por televisión acerca de un cocinero real está generando índices históricos de espectadores en Asia, en tanto que Rain, cantante de Seúl, atrajo a más de 40 mil seguidores a un concierto.

El “poder suave’’ de Surcorea también se extiende a las esferas materiales y espirituales. Los teléfonos y televisores Samsung se han convertido en símbolos del consumismo para muchos chinos. El cristianismo, en la forma evangélica promovida por misionarios surcoreanos destacados a lo largo de China, está encontrando conversos chinos pese a los esfuerzos de Beijing por contener la diseminación de la religión.

Para un país que tradicionalmente recibía cultura de China, Japón y Estados Unidos, Corea del Sur se encuentra en un punto decisivo en su nuevo papel de exportador. Sus exportaciones culturales han dado paso a quejas con respecto a una invasión cultural en China y Vietnam.

Surcorea también está actuando como un filtro para algunos valores occidentales, volviéndolos más aceptables para los chinos y otros asiáticos. Históricamente, el cristianismo logró pocas incursiones en el este de Asia, con excepción de Surcorea, cuya población actualmente está compuesta por cristianos en aproximadamente 30%.

Filmes y dramas surcoreanos acerca de profesionales urbanos en Seúl presentan imágenes de vidas modernas centradas en la felicidad individual y un sofisticado consumismo.

Asimismo, muestran valores perdurables cuyas raíces se extienden hasta Confucio en su énfasis en las relaciones familiares, ofreciéndoles a los chinos lo que es, al mismo tiempo, un recordatorio de lo que se perdió durante la Revolución Cultural y un ejemplo de un país asiático que se ha modernizado y conservado sus tradiciones.

Jin Yaxi, graduado de la Universidad de Beijing, dijo: “Nos gusta la cultura estadounidense, pero no podemos aceptarla de manera directa’’. “Además, no hay obstáculos para que aceptemos la cultura surcoreana, a diferencia de la cultura japonesa’’, destacó Jin. “Debido a la historia entre China y Japón, si una persona joven siente agrado por la cultura nipona, los padres se enfurecen’’.

Por su parte, Hwang In-choul, misionario surcoreano en esta ciudad, percibe un vínculo directo entre la democratización de Corea del Sur y su influencia en China. Tras la eliminación de las restricciones sobre los viajes a finales de los años 80, el movimiento misionario de Surcorea pasó de tener varios cientos de integrantes a sus actuales 14 mil.

“Bajo el mandato militar, no era posible salir de Corea del Sur, e incluso nuestras actividades dentro del país eran vigiladas’’, dijo Hwang.

Hasta que Surcorea y China, normalizaron sus relaciones en 1992, Norcorea tenía una presencia más fuerte aquí. En esa época, Corea del Sur aún era desconocido para la mayoría de los chinos, o padecía de una imagen pobre.

La ola coreana ha cobrado fuerza desde hace cierto tiempo. Sus raíces se encuentran en la democratización con las elecciones de 1987, y la Olimpiada de Seúl en 1988. El primer presidente civil fue elegido en 1992, poniéndole fin a 32 años de mandato castrense y encabezando un tumultuoso cambio.

A medida que nuevas libertades dieron origen a una rica sociedad civil, también ocasionaron tensiones entre las generaciones y los sexos, conduciendo a una de las tasas de divorcio más elevadas del mundo, aunado a los índices de nacimientos más bajos.

Gracias a la ola coreana y la nueva imagen de Corea del Sur, ser coreano ayuda en los negocios. “Otra empresa que se ha beneficiado del efecto positivo’’ de la ola coreana es Hyundai, a decir de Um Kwang-heum, el presidente de su división china. Pero, muy pocos chinos esperan que la Olimpiada y la democratización vayan de la mano, como sucedió en Seúl.

 

 
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