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INVESTIGACIÓN. Matthew P. Fink, director retirado del Investment Company Institute, compareció hace dos años frente al Senado po el escándalo de los fondos. |
El negocio de la gestión de dinero es una estupenda vía hacia la riqueza.
El que abrigue la menor duda sobre esa afirmación puede disiparla con sólo mirar la tabla más reciente de la revista Forbes de los 400 estadounidenses más ricos.
En una rápida ojeada a la lista, hay 25 personas cuyas fortunas se derivan del auge que durante decenas de años ha habido en la gestión de inversiones. Van desde dos miembros de la familia Johnson que creó Fidelity Investments, firma de Boston que es la mayor gestora de fondos de inversión, hasta Joseph Mansueto, cuya firma Morningstar Inc., de Chicago, se especializa en hacer estudios sobre fondos y otras inversiones.
Una docena de estas personas tienen fortunas que Forbes atribuye específicamente a los fondos de cobertura de riesgo y sociedades para inversionistas, las cuales han estado entre los productos financieros más llamativos en los primeros años del siglo XXI.
No incluye esta cifra al presidente Warren Buffett y dos de sus socios en Berkshire Hathaway Inc. El conglomerado de seguros e inversiones de Buffett ha sido caracterizado frecuentemente como el fondo de cobertura por excelencia, de hecho si no de nombre.
A los pocos días de salir la lista anual de Forbes la semana pasada, un gestor de capitales que apareció en ella fue blanco de atención por razones menos halagadoras. El diario The New York Times informó de una demanda civil contra la paga cobrada por Mario Gambelli, fundador y máximo responsable de la casa gestora de fondos Gamco Investors Inc., de Rye, Nueva York.
Emociones encontradas
El pleito, entablado por una persona que había invertido en el negocio de Gambelli por mucho tiempo, dista mucho de ser la primera disputa jurídica entre tenedores de cuotas en una olla rebosante de dinero. Es ejemplo de la relación de amor y de odio que los inversionistas modernos han llegado a tener con sus gestores en los mercados.
Como fuente de riquezas, la gestión de dinero es lo que desde antaño han sido los bienes inmobiliarios, el petróleo y las herencias. Lo que la distingue de ese grupo, ahora y para siempre, es el grado en que conlleva el uso del dinero ajeno.
Los gestores de dinero son a manera de fideicomisarios, personas a quienes se ha confiado la administración de unos caudales ajenos, y siempre que se apartan de dicha encomienda, el mecanismo entero comienza a descomponerse. Ejemplo de ello es el gran escándalo de los fondos mutuos que estalló hace dos años este mes, en que algunas de las peores ofensas surgieron al negociar los gestores para sí mismos con las acciones de los fondos de la clientela.
Competencia genérica
Queremos que nuestros gestores de dinero sean tiburones en el feroz entorno de los mercados, pero tiburones para beneficio nuestro, no suyo. Esto puede llevar a expectativas confusas, incentivos mal calibrados y toda suerte de otras dificultades.
Matthew Fink, director general retirado del Investment Company Institute (la asociación de las compañías de fondos de inversión colectiva), recuerda un diálogo de hace unos años con ayudantes de un senador que había presentado un proyecto de reforma de los fondos de inversión. Cuando le preguntaron su opinión sobre la medida, dijo Fink en un discurso reciente, “concluyó diciendo que el proyecto haría homogéneo, mediocre y torpe el sector de los fondos de inversión”.
“Yo creía haber sido extremadamente elocuente”, dijo Fink. “Pero cuando terminó, los ayudantes dijeron: estupendo, eso es exactamente lo que queremos hacer”.
Salta a la vista que estos asesores legislativos eran adeptos de los fondos de índice, que desechan la gestión intensa de los activos a favor de un método genérico y de bajo costo. En más de 30 años desde que cobró popularidad, la indexación no ha podido ni aproximarse a liquidar la gestión activa de caudales. Pero no ha desistido de intentarlo.
La mayor amenaza
La mayor amenaza contra los gestores activos puede estarse creando en estos momentos. Más y más clientes de la gestión de dinero están adoptando el punto de vista de que unos resultados semejantes a los del conjunto del mercado no ameritan una remuneración superior a lo que cuesta tener un fondo de índice.
Para ganar la alta paga a que muchos de ellos se han acostumbrado, los gestores de dinero tendrán que conseguir unos resultados mejores que los del mercado.
Puesto que hay numerosos tipos de fondos de índice es previsible que los precios que se pagan por un desempeño semejante al del conjunto del mercado, conocido en el negocio como beta, gravitarán naturalmente hacia los niveles de los fondos de índice.