Edición No. 390 | 6 DE SEPTIEMBRE DE 2005
 
 
 
TEMA DE PORTADA
 
¿FILANTROPÍA O RESPONSABILIDAD?
 
Indentificarse con el desarrollo sostenible y buenas prácticas laborales es mucho más que tomar fotos, donar mochilas y pintar escuelas. En América Latina el compromiso apenas empieza 
 
VÍCTOR D. TORRES 
vdagoberto@prensa.com 
 

LA PRENSA | Maydée Romero

ESTRATEGIA. Panamá ha mostrado avances en el tema de la responsabilidad empresarial, pero Manuel Escudero, director de la Red de Pacto Global, considera que aún falta un camino largo por recorrer: El monitoeo de la gestión pública y la comunicación con la sociedad es vital.

LA PRENSA | Bernardino Freire

MEDIDAS. Transportar material radiactivo es riesgoso y la ACP ha reforzado las medidas de protección ambiental para reducir los accidentes de barcos que transitan por la vía.

LA PRENSA | David Mesa

CAPACITACIÓN. El adiestramiento del recurso humano forma parte de los lineamientos que ha dictado el Programa de las Naciones Unidas. La empresa Ricardo Pérez se ha focalizado en el desarrollo de este principio.

Cuando el 31 de diciembre de 1999 el Canal revirtió a manos panameñas, la administración nacional asumía el gran reto de convertir el coloso público en una empresa moderna, eficiente y, sobre todo, rentable. Y así fue. Los accidentes de tránsito han disminuido y las ganancias aumentado.

Pero, aunque el logro es indiscutible, el capitán de la institución, Alberto Alemán Zubieta, siente frustración porque los panameños, a parte de ver el Canal como una gigantesca fábrica de hacer dinero, desconocen que una de las metas de la institución es ser líder en el manejo de cuencas y recursos naturales.

La relación simbiótica del Canal y su medio ambiente hace de esto no solo una responsabilidad innata, sino una necesidad absoluta: crearon los parques Soberanía, Alto Chagres y La Amistad para proteger la cuenca hidrográfica y tienen un programa de desarrollo sostenible ambicioso.

El plan ambiental no desvía los esfuerzos para maximizar la rentabilidad financiera. En el 2004, la ACP registró ingresos totales por más de mil millones de dólares, más que en cualquier momento en sus 90 años de existencia. En el 2005, al completar seis años y nueve meses de administración panameña, la ACP aportó aproximadamente 2 mil 200 millones de dólares al Estado, 16% más que los aportes que durante 85 años hizo la administración de Estados Unidos a Panamá. Pero dinero aparte, no todos los panameños están contentos con la ACP. Aunque la entidad mantiene su postura que no hará embalses en los próximos 20 años, con los que se tendría que inundar la parte occidental de la cuenca donde habitan 35 mil campesinos, cientos de ellos agrupados en la Coordinadora contra los Embalses, temen algo real: perder las tierras en que siempre han vivido.

Muchas empresas grandes comparten este escenario de David contra Goliat en sus relaciones con los consumidores y la sociedad. Pero, ¿dónde termina la empresa y dónde empieza la comunidad? ¿Qué es responsabilidad social empresarial y qué es simplemente una “buena práctica de negocios” y parte del curso diario de operaciones?

A pesar de los inmensos retos ambientales y ecológicos que enfrenta la ACP, hasta el momento es la única entidad del sector público que junto a un grupo de empresas privadas que operan en el país, se ha metido de lleno en la onda de operar con nuevos valores bajo el paraguas del Pacto Global promovido por las Naciones Unidas.

La responsabilidad social empresarial (RSE) no es filantropía o generosidad: el concepto va mucho más allá de pintar escuelas, donar mochilas y tomarse una foto. Es el esfuerzo de las corporaciones por identificarse con el desarrollo sostenible, buenas prácticas laborales y cero corrupción.

El objetivo suena utópico. ¿Acaso no es el objetivo de una empresa maximizar la inversión de los accionistas? Según RSE, no. Las empresas ya no deben hablar de “accionistas” sino de ‘stakeholders’, un concepto que incluye a otros grupos, como los empleados, clientes, proveedores y la comunidad. De este modo el aspecto social y económico están más vinculados que nunca.

En el mundo globalizado, los consumidores tienen otra perspectiva y reclaman de la empresa una nueva actitud.

Las corporaciones multinacionales de hoy manejan poderosas máquinas de mercadeo que han dejado atrás la venta de meros productos para vender una marca y un estilo de vida. En su libro No Logo, Naomi Klein, explora la transformación de Nike, de un fabricante de zapatillas a una fuerza competidora que domina el mundo de los deportes. En vez de consumidores, Nike creó fanáticos deportivos.

Pero, aunque el ‘swoosh’ de Nike sea un logo poderoso, la empresa no pudo esconder la realidad que su producto se ensamblaba en fábricas que explotaba a sus trabajadoras en Filipinas, negándoles beneficios básicos y el derecho de sindicalizarse. Las organizaciones de consumidores del mundo entero boicotearon los productos deportivos de Nike, obligando a la compañía a revaluar sus relación con sus proveedores.

El concepto de responsabilidad social nació con un cambio en las expectativas públicas. “No se trata de revertir a la sociedad parte de las ganancias que obtiene la empresa ni de hacer ‘marketing’ por causa”, dijo Manuel Escudero, director Mundial de la Red de Pacto Global, con sede en Nueva York. Escudero, quien estuvo recientemente en Panamá para conmemorar el quinto aniversario del Pacto Global, enfatiza que se tienen que concretar procedimientos en sistemas de gestión y monitoreo de políticas, pero en comunicación con la sociedad.

Las buenas prácticas corporativas no solo deben tener un impacto positivo en el medio ambiente y sobre el recurso humano. También representan para la empresa una inversión que se traduce en beneficios financieros. Por ejemplo, está demostrado que las compañías que generan condiciones favorables de trabajo, tienen a personas más motivadas, más productivas, y finalmente, más rentables para la compañía.



‘Pobre región’

¿Si el concepto de responsabilidad social es tan bueno, por qué todas las empresas no se montan al mismo barco? Sencillo. Para ser una empresa responsable se requiere de inversiones, que en ocasiones, son vistas como gastos. El retorno tampoco es inmediato. La capacitación del personal, mejoramiento en los sistemas de producción y procesos y mejoras en la calidad de vida de los empleados son todos esfuerzos a largo plazo que requieren compromiso y luces muy largas.

Hace siete años, el secretario general de las Naciones Unidas, Kofi Annan, propuso el Pacto Global, que a partir de 2001 es promovido en 10 países de la región -incluyendo Panamá-. En casa, 60 compañías y asociaciones no gubernamentales se han suscrito al compromiso para promover los 10 principios de RSE (ver gráfica) y, según Escudero, Panamá es el líder en la región centroamericana. Entonces, ¿cuál es el alcance de esta iniciativa? Todo apunta al combate de la pobreza y hacia un esfuerzo por hacer sociedades más equitativas.

Teniendo esta valoración de referencia, surgen más interrogantes en medio de tantos conceptos. ¿Cómo está la región? Las evaluaciones del cumplimiento de los Objetivos del Milenio de las Naciones Unidas no son nítidas y se tiñen de claroscuros de acuerdo con la Comisión Económica para América Latina y el Caribe.

Países como México, Panamá, Brasil Ecuador y Uruguay están en el sendero correcto para combatir la pobreza. Bolivia, Paraguay y Perú avanzan a paso de tortuga; mientras que Venezuela y Argentina han retrocedido en la carrera.

Según la revista América Economía, la mayoría de las empresas latinoamericanas no han adoptado los acuerdos mínimos de ecoeficiencia.

Y aunque la responsabilidad social de las empresas con su entorno es tema de discusión cada vez más frecuente, uno se tiene que preguntar ¿por qué el interés? ¿Es una necesidad o una obligación?

Según las líneas clásicas del pensamiento económico, las empresas no tienen la necesidad ni la obligación de resolver problemas que corresponde al Estado. Pero de acuerdo con las discusiones generadas en la Conferencia Interamericana de Responsabilidad Social de la Empresa realizada hace dos años en Panamá, el mundo está dando un giro en el que se exige a la clase empresarial hacer a un lado el egoísmo.

Se trata de un cambio cultural en donde las empresas no ganan premios por estar comprometidas con el medio ambiente o sus trabajadores, pero sí el reconocimiento de los consumidores.

Perspectiva empresarial

Gestores de cambios

La sociedad civil -con sus más de 30 mil organizaciones no gubernamentales en el mundo- ha obligado al sector privado a relegitimarse, adoptando la responsabilidad social empresarial como un “nuevo modelo de gobernar la empresa”.

Y diversas empresas panameñas ya han comenzado a poner en práctica algunos principios de responsabilidad social.

El Grupo Ricardo Pérez, el distribuidor de automóviles y neumáticos más grande del país, se ha concentrado en fortalecer los derechos laborales, ambientales y de capacitación técnica de sus empleados.

Apoya la libertad de asociación y el reconocimiento del derecho a la negociación colectiva. Resultados: por más de 10 años viene siendo el mayor distribuidor de automóviles con ventas de más de 6 mil 646 vehículos en 2004. Pedro Coparropa, gerente de Desarrollo Organizacional de la empresa, recalca que actualmente se trabaja en la implementación de una política de igualdad de oportunidades.

En una encuesta que pretende abarcar los principales aspectos de las condiciones y ambiente laboral, sobresale que en Telefónica - que también opera en Panamá- los niveles de participación de empleados se elevaron en un 99%.

Además, el índice de satisfacción laboral durante el año 2004 fue de 86%, mientras que por otro lado se incrementaron en un 41% las horas de capacitación.

Por presión social o decisión propia, muchas empresas en la región han implementado políticas en beneficio de su fuerza laboral y del medio ambiente. Un ejemplo clave en este sentido es la Autoridad del Canal de Panamá que, con una fuerza laboral de nueve mil empleados, trabaja en el fortalecimiento de un programa de salud y seguridad ocupacional.

La ACP fue una de las ocho empresas panameñas que, en marzo de 2005, fue incluida en la lista de la revista Summa como entre las 50 mejores compañías para trabajar en Centroamérica.

Ventajas comparativas

Toda La corriente de RSE tiene sus ventajas para las empresas.

Un estudio reciente efectuado por la Universidad de Harvard descubrió que las empresas con acciones balanceadas entre empleados y accionistas mostraron una taza de crecimiento cuatro veces mayor y una taza de crecimiento de empleo ocho veces mayor a las de empresas enfocadas solamente a accionistas.

Los estudios también han demostrado que las empresas con una sólida trayectoria en el área de medio ambiente, experimentan un desempeño financiero superior. Por ejemplo, las compañías que se enfocan en respetar el medio ambiente y la ética, superan a otras compañías en el mercado de valores.

 

 
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