Edición No. 366 | 8 DE MARZO DE 2005
 
 
 
PANORAMA
 
NUEVA FORMULA PARA ENDEUDARSE
 
Si Argentina hubiera tomado préstamos en condiciones vinculadas con su PIB, la economía sería más próspera en la actualidad. 
 
ROBERT J. SHILLER 
PROJECT SYNDICATE 
 

BLOOMBERG | Diego Giudice

OPERACIÓN. Roberto Lavagna, ministro de Economía de Argentina. El país “dejó atrás” la cesación de pagos de su gigantesca deuda soberana tras concluir una operación de canje de bonos.

Hace un año, en la Cumbre de las Américas, 34 jefes de Estado o de gobierno del hemisferio occidental acordaron fomentar la creación de bonos estatales vinculados con el crecimiento, cuyos beneficios estuvieran relacionados al Producto Interior Bruto (PIB), pero su desarrollo se ha estancado en la mayoría de los casos.

Sólo hay sobre la mesa una propuesta importante, relacionada con dichos bonos, de Argentina. Podríamos estar perdiendo una oportunidad única de fortalecer la infraestructura financiera del mundo y aumentar la eficiencia económica durante muchos años en el futuro.

Desde que publiqué, en 1993, mi libro Macro Markets, he sido partidario de los bonos vinculados con el crecimiento. El PIB es el criterio más completo de que disponemos para calibrar el éxito de una economía. La forma más simple de bonos vinculados con el crecimiento sería una acción estatal a largo plazo a la que correspondiera un dividendo periódico, proporcional al PIB del país emisor.

Supongamos que el Gobierno de Argentina emitiese bonos perpetuos a los que correspondiera un dividendo anual equivalente a la diez mil millonésima parte del PIB de la Argentina, pagadero en pesos.

Como el PIB anual de la Argentina asciende ahora a unos 500 mil millones de pesos, a uno de esos bonos correspondería actualmente un dividendo de 50 pesos (unos 17 dólares o 13 euros) al año. El dividendo subiría o bajaría a medida que se revelara en el tiempo el éxito de la economía de Argentina.

El mercado de los bonos vinculados con el PIB alcanzaría un precio que los volviera atractivos para los inversores, lo que reflejaría las esperanzas e incertidumbres sobre el futuro del país emisor. Hasta que exista un mercado para esos bonos, no podemos saber cuál será su precio, pero podemos esperar que el mercado de los bonos a largo plazo de países como Argentina, donde el futuro de la economía es incierto, sería volátil, pues los inversores ajustarían sus esperanzas respecto del aumento o la reducción del crecimiento futuro del PIB a las nuevas informaciones que recibieran.

¿Qué será de Argentina en los próximos 25 años?

El crecimiento a largo plazo del PIB ha sido decepcionante. De hecho, el PIB real por habitante se redujo en un 15% en el período de 25 años comprendido entre 1965 y 1990 en el que el tamaño de algunas economías asiáticas se quintuplicó.

¿Podría haber otra contracción de la economía en la Argentina? ¿O un aumento enorme del crecimiento? Nadie lo sabe.

Si hubiera un mercado relativo a los riesgos del crecimiento, se podrían reducir los costos económicos que entrañaría esa incertidumbre. De hecho, si hace decenios Argentina hubiera tomado préstamos en condiciones vinculadas con su PIB en lugar de un tipo de interés denominado en dólares, la economía de ese país sería más próspera en la actualidad. Su deuda exterior se habría reducido en consonancia con su PIB, con lo que la economía habría quedado protegida contra la morosidad y el desastre económico.

¿Podemos idear nuevos contratos de deuda para países como Argentina?

El escollo ha sido el miedo de los posibles inversores a que los fallos en la contabilidad de los países en ascenso volviera inseguros los bonos. Si desconfiamos de las cifras, no podemos confiar en la deuda.

Es necesario mejorar la calidad de las cifras. Entretanto, no debemos dejar de intentar crear esos bonos. De hecho, los países avanzados deberían ser los primeros en emitirlos. Cierto es que los países avanzados son relativamente más estables, gracias a lo cual los bonos tendrían una ventaja distintiva en materia de gestión de riesgos. Una vez que un país importante cree un mercado de la deuda vinculada con el PIB, quedará establecido ese concepto, lo que facilitará en gran medida la incorporación de otros países.

La difusión de los bonos vinculados con la inflación sirve de precedente histórico. Finlandia fue el primer país en emitir bonos vinculados con la inflación, en 1946, para afrontar el aumento en gran escala de los precios durante la guerra. Israel e Islandia fueron los siguientes, en 1955, seguidos del Brasil, Chile, Colombia, Argentina, entre otros. Se tardó mucho, pero el contagio de una idea financiera acertada ha sido inequívoco.

Habrá quienes objeten que tiene poco sentido crear bonos vinculados con el PIB en los países avanzados, porque existe poca incertidumbre sobre su crecimiento del PIB. Sin embargo, incluso en la relativa calma de la posguerra, el crecimiento a largo plazo del PIB real en los países avanzados ha sido bastante variable. Por ejemplo, el PIB real por habitante de Estados Unidos se multiplicó por 1.87 —es decir, que casi se duplicó— de 1961 a 1986.

Semejante diferencia en las tasas de crecimiento a lo largo de 25 años son importantes: si el PIB de Estados Unidos se multiplica por 1.87 a lo largo de los próximos 25 años, el PIB anual ascenderá a 3.6 billones de dólares más que si se multiplica sólo por 1.58.

Gran parte de los debates actuales sobre el futuro de las pensiones de jubilación depende de esa incertidumbre. Si la economía crece rápidamente, no habrá problema; si no es así, se avecina una crisis.

El autor es profesor de Economía en la Universidad de Yale.

 

 
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