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La unión hace la fuerza
Generalmente nos jactamos de hablar
del trabajo en equipo, cuando en la práctica éste brilla por su
ausencia
Luis Eduardo Morales
MF@prensa.com
Un cuento oriental describía la
historia de un pez que buscaba insistentemente el océano. Tremenda
sorpresa se llevó cuando se dio cuenta que siempre había estado
inmerso en él.
Las personas no somos muy diferentes
al pez cuando descubrimos la importancia de los grupos en nuestra
existencia.
¿Qué le parece si en esta oportunidad
aprendemos, y, en el camino nos divertimos al analizar la importancia
del trabajo en equipo?
José Luis Trechera Herreros, profesor
en psicología del trabajo, dice que estamos tan inmersos en esta
realidad grupal que no le damos importancia al trabajo en grupo.
Si realizáramos una descripción
diaria de nuestras actividades, no es raro que nos sorprendiésemos
de que la mayoría, si no la totalidad de nuestras tareas, son interacciones
en grupo: familia, trabajo, amigos, asociaciones, etcétera. Sin
embargo, ¿cómo nos han preparado para trabajar en grupo? ¿cuántas
asignaturas en nuestros planes formativos se han dedicado a sensibilizarnos
para colaborar con otros?
Generalmente nos jactamos de hablar
del trabajo en equipo, cuando en la práctica éste brilla por su
ausencia.
Lo poco que asimilamos de las dinámicas
grupales es a través del aprendizaje por “ensayo y error”, sobre
las experiencias negativas o positivas que hemos tenido en nuestra
relación con los demás.
Hay una frase clásica de los enamorados:
“te amo por lo que soy cuando estoy contigo’. Trabajo en equipo
es eso: armonía de nuestras energías individuales.
Pero dejemos el romanticismo. Mejor
compartiré un cuento que espero les sirva y les guste tanto como
a mí.
Había una vez una carpintería en
la que las herramientas celebraron una reunión con el fin de subsanar
sus diferencias. Al principio de tan extraña asamblea el martillo
asumió la presidencia, pronto los otros miembros le notificaron
que tenía que renunciar porque hacía demasiado ruido con sus golpes.
El martillo admitió la acusación,
pero no aceptó que el tornillo ocupara su lugar porque les haría
dar demasiadas vueltas y la reunión resultaría muy aburrida.
El tornillo y las tuercas se dieron
por aludidos, pero tampoco permitieron que la lija liderara la reunión
porque crearía excesivas fricciones con sus usuales asperezas en
el trato.
La lija estuvo de acuerdo, pero
con la condición de que fuera expulsado el metro que siempre medía
a los demás como si fuera el único perfecto.
En eso entró el carpintero se puso
el delantal e inició su trabajo. Utilizó el martillo, la lija, el
metro y el tornillo. Finalmente la tosca madera se convirtió en
un mueble tan bello como útil.
Cuando la carpintería quedó nuevamente
sola la asamblea reanudó la deliberación. Fue entonces cuando tomó
la palabra el serrucho, y dijo: “señores, ha quedado demostrado
que tenemos defectos, pero el carpintero trabaja con nuestras cualidades”.
Eso es lo que nos hace valiosos, así que no hagamos énfasis en nuestros
defectos y aportemos cada uno nuestras habilidades según vemos que
las aprecia el carpintero.
La asamblea encontró entonces que
el martillo era fuerte, el tornillo unía, la lija era especial para
afinar y limar asperezas y observaron que el metro era preciso y
exacto.
Se sintieron entonces un equipo
capaz de producir muebles de calidad; orgullosos de sus fortalezas.
Y se dieron cuenta de lo fascinante que es trabajar juntos.
El autor es gerente general
de Adecco Panamá
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