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La apuesta de Neira
Se jugó el todo por el todo: su reputación.
Y ganó
Deidamia Batista C.
dbatista@prensa.com
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Si bien Dichter & Neira es más
conocida como una empresa que realiza encuestas de opinión
pública, la realidad es que ese segmento es una parte
ínfima dentro de su negocio. De allí que Leopoldo
Neira, su presidente, diga que nosotros arriesgamos el
100% de nuestro negocio por menos del 10%, que lo que representan
las encuestras de opinión.
El fuerte de la empresa son las investigaciones de mercado (elabora
unas 20 al mes) y sus clientes dice son el 40% de
las 100 compañías más importantes de Panamá.
Además, de al diario La Prensa, la empresa le elabora
encuestas al diario El Heraldo, de Honduras; El Financiero,
de Costa Rica y el semanario Capital Financiero, de Panamá. |
La tarde del 2 de mayo pasado, Leopoldo
Neira la pasó en su residencia. Estaba en compañía de su esposa
Minerva, sus tres hijos y tres colaboradores de la empresa “pegado
a la televisión”, pendiente de los resultados de las elecciones
presidenciales. Neira no era otro teleespectador más. Es el nombre
y el hombre detrás de la firma LatiNetwork Dichter & Neira –encargada
de elaborar las encuestas de opinión del diario La Prensa–.
Encuestas que durante meses fueron desacreditadas, vituperadas y
reprobadas. La suya, que se inserta en La Prensa bajo el
nombre de El Pulso de La Nación llevaba meses pronosticando
que el ganador de las elecciones sería Martín Torrijos; y eso tenía,
a más de uno, encrespado.
La presidenta de la República, por
ejemplo, llegó a decir, públicamente, que “las encuestas se fabrican,
se pagan y se manipulan”. Neira nunca contestó a sus detractores.
Hoy, pasado el torneo electoral,
explica por qué: “hemos resistido no porque somos masoquistas, sino
porque entendíamos que cualquier expresión que dijésemos se podía
fácilmente malinterpretar”.
Es por ello que ese 2 de mayo, Neira
estaba expuesto a que sucedieran dos cosas: que los detractores
de las encuestas corroboraran sus acusaciones o que ratificara su
trabajo.
La espera
Cuando las primeras urnas
se contaron, el candidato oficialista José Miguel Alemán, lideraba
el torneo.
Neira no se sorprendió.
Sabía que si las urnas escrutadas
venían del área rural, José Miguel marcaría por delante. Sus encuestas
habían revelado que la fuerza del candidato oficialista estaba,
precisamente, en el interior del país.
Gradualmente José Miguel fue bajando
y hubo unos 15 ó 20 minutos en los que se dio un intercambio de
posiciones: el segundo (según las encuestas) iba de tercero y el
tercero de segundo.
En la casa de la familia Neira,
la ansiedad se acentuaba. “Teníamos la angustia de ver qué iba a
pasar”, cuenta.
Lo que estaba en juego no era poca
cosa: el prestigio de la empresa y su futuro como encuestador.
Cuando José Miguel y Endara estaban
en paridad, Neira sintió que su pronóstico se cumpliría.
“Le vamos a dar”, dijo. En ese momento,
la tensión dio paso a la emoción.
Finalmente los candidatos se alinearon,
Martín de primero, Endara, de segundo, José Miguel de tercero y
Martinelli, de último. Tal y como él lo había predicho. Neira había
acertado.
“Esto es cuestión de que los decimales
varíen muy poquito”, le dijo a su familia y colaboradores.
Alrededor de las 8:30 de la noche,
“el grupo se había tornado obsesivo”.
“No nos conformábamos con que todos
nuestros resultados estuvieran dentro del margen de error... teníamos
un sentimiento que rayaba en la obsesivo; en vez de regocijarnos
con lo bien que nos estaba yendo nos pusimos una meta superior:
ojalá que le peguemos a todos”.
Le “pegaron”, con precisión, a uno,
a Martín Torrijos. Dichter & Neira había pronosticado en su
última encuesta del 20 de abril que Martín ganaría con el 47% de
los votos. Y así fue: 47.43%, según datos del Tribunal Electoral.
La máxima diferencia – entre sus
pronósticos y los resultados oficiales– registrada con el resto
de los candidatos fue de 3%, aceptable dentro del margen de error.
Dificultades
A sus 56 años de edad, Neira,
que comenzó a elaborar encuestas de opinión a inicios de la década
del 90 ha participado como encuestador en tres procesos electorales
y un referendo, el de la reelección de Pérez Balladares en 1998.
–¿Ha sido este el proceso más
difícil?
–Sin lugar a dudas. Esta ha sido
la prueba más complicada porque había un voto arnulfista que se
sentía resentido por las encuestas. Nos fue muy difícil captar el
voto arnulfista.
Esa fue, apenas, uno de los
múltiples “factores exógenos” que Neira debió enfrentar en la elaboración
de las encuestas y que van desde confiar en que los encuestados
le están diciendo la verdad o que el grupo de indecisos no sea lo
suficientemente grande como para que varíen en cuatro o cinco puntos
porcentuales los resultados finales.
Además, la empresa se tiene que
someter a un período de veda (15 días antes de las elecciones) en
el que “técnicamente hablando” no pueden encuestar.
“Es casi como manejar el carro a
través del espejo retrovisor”, dice.
–¿Qué diferencia hay entre este
proceso y los otros?
–En este proceso
electoral hemos sentido más presión porque nunca se había dado una
campaña, como la hubo en esta vuelta, de querer desprestigiar no
solo a nuestra encuestadora sino a toda la industria.
Ahora que se conocen los
resultados y que se pueden cotejar con los de la encuesta, Neira
tiene un llamado: “crean en las encuestas”. Advierte, eso sí, que
“difícilmente en una siguiente elección nuestros registros van a
ser tan certeros como en este año”. “Estamos hablando de probabilidades...
esto no es un censo”.
Si bien Dichter & Neira es más
conocida como una empresa que realiza encuestas de opinión pública,
la realidad es que ese segmento es una parte ínfima dentro de su
negocio. De allí que Leopoldo Neira, su presidente, diga que “nosotros
arriesgamos el 100% de nuestro negocio por menos del 10%, que lo
que representan las encuestras de opinión”.
El fuerte de la empresa son las
investigaciones de mercado (elabora unas 20 al mes) y sus clientes
–dice– son el 40% de las 100 compañías más importantes de Panamá.
Además, de al diario La Prensa,
la empresa le elabora encuestas al diario El Heraldo, de
Honduras; El Financiero, de Costa Rica y el semanario
Capital Financiero, de Panamá
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