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Puertos seguros
Los principales puertos privados del país han invertido
en los últimos cinco meses “cientos de miles de dólares” en la adopción
de medidas internacionales de seguridad
Elizabeth Garrido A.
egarrido@prensa.com
Son
las 8:15 a.m. en la costa atlántica de la provincia de Colón y a
escasos metros del área portuaria ya se escucha el ruido de las
ininterrumpidas operaciones del tráfico de naves. En la entrada
de los puertos de Cristóbal, Manzanillo y Coco Solo –los tres principales
del litoral– la escena es parecida.
Agentes de seguridad vigilan –con capote y
paraguas por la pertinaz lluvia– la entrada y salida de los visitantes
de las instalaciones portuarias. Tras culminar la revisión ocular
del vehículo, de las identificaciones de sus ocupantes y de cruzar
llamadas con el centro de control de seguridad, los agentes dejan
pasar el automóvil.
No sin antes –claro está– entregar a los visitantes
sus respectivos carnés de pase, documento que les permitirá circular
por el lugar.
En esta ocasión no ha sido necesaria la inspección
canina –cada puerto cuenta con los llamados perros “explosivos”
y “antinarcóticos”–; pero en otras circunstancias, y si la orden
fuera “reforzar la vigilancia”, el protocolo para acceder a uno
de los puertos tardaría varios minutos adicionales.
Incluso, los propios directivos de las terminales
portuarias pasan por este proceso de inspección. No hay excepciones,
ni privilegios.
¿Cuál es el motivo de tanta seguridad? ¿Por
qué hay tantos agentes dispersos por el puerto y minicámaras colocadas
en sitios estratégicos?
No se trata de una operación montada para
la filmación de una película sobre la captura de un famoso capo.
“Es la rutina con la que funcionan normalmente las instalaciones
portuarias”, dice Gilda Soto, gerente de Seguridad de Manzanillo
International Terminal-Panamá, S.A. (MIT).
Si bien los distintos puertos del país deben
contar –por lo regular– con altos estándares de normas de seguridad
para poder operar según las exigencias de los acuerdos internacionales,
en los últimos cinco meses se han añadido nuevos procesos.
La “culpa” de estas modificaciones que, por
cierto, han implicado el desarrollo de un proceso de revisiones,
análisis y capacitación del personal, la tienen los ataques terroristas
del 11 de septiembre de 2001 contra las torres gemelas de Estados
Unidos.
Como reacción a esos ataques, el secretario
general de la Organización Marítima Internacional (OMI), William
O’Neil, replanteó –en el 2001– los peligros que acechan a la industria
marítima, no sólo en cuanto a la seguridad de la vida humana, sino
en lo referente a los desastres que pueden ser provocados.
Investigaciones de inteligencia realizadas
internacionalmente señalaron que el próximo ataque terrorista podría
ser vía marítima.
Así las cosas, no faltaron recursos ni esfuerzos
en la OMI para poner en marcha un mecanismo acelerado que culminó
con la aprobación de un nuevo código obligatorio de Protección Marítima
y Portuaria (ISPS, por sus siglas en inglés), así como ciertas enmiendas
a varios capítulos de la Convención sobre la Seguridad de la Vida
Humana en el Mar (SOLAS).
El Código ISPS se aprobó en diciembre de 2003,
pero entrará a regir a partir del 1 de julio próximo. Impone requisitos
a las naves y a las instalaciones portuarias en cuanto a procedimientos
para evitar e, incluso, combatir los actos terroristas.
Cada miembro de la industria marítima –naves
y puertos– deberá contar con un plan de seguridad certificado que
servirá para identificar las amenazas reales, y abordar el tema
de la vulnerabilidad antes de que se dé un ataque a las instalaciones
portuarias o a los buques.
El objetivo es asegurar que el comercio marítimo
y la fluidez de las transacciones no corran peligro.
Ahora bien, la seguridad es costosa, y para
cumplir con todo lo que se requiere los involucrados han tenido
que disponer de un ambicioso presupuesto que han desarrollado en
los últimos meses.
Los puertos
Actualmente, el sector marítimo representa
entre el 10% y el 15% del Producto Interno Bruto (PIB) del país.
Los puertos, que destacaron el año pasado con un crecimiento de
20.5%, son pieza clave dentro del engranaje de esta industria.
Prueba de ello es la participación que tiene
Panamá dentro del sector portuario regional.
Los últimos datos disponibles señalan que
el año pasado los puertos centroamericanos manejaron un total de
4.98 millones de toneladas métricas más que en 2002. Lo que representa
un incremento del 8.7%.
Pero lo interesante es que de todos los países
de la región, el crecimiento más importante (15.7%) se registró
en los puertos de Panamá.
De hecho, Manzanillo International Terminal
reportó el mayor volumen de carga, colocándose en el primer lugar
de los puertos de Centroamérica según datos de la Comisión Centroamericana
de Transporte Marítimo (COCATRAM).
Significa que el movimiento portuario panameño
no solo es uno de los más importantes en la industria, sino que
goza del reconocimiento internacional.
De ahí la importancia de mantener la imagen
de “puerto seguro” y “puerto confiable” que tiene Panamá, dice Carlos
Urriola, gerente general de MIT.
Para mantener esta buena imagen es prácticamente
“obligatorio” que todas las terminales adopten cabalmente las medidas
del Código ISPS.
El nuevo código más que el resultado de los
ataques terroristas es fruto de las exigencias propias de una industria
que cada día es más competitiva.
La idea –según Urriola– es mantener altos
niveles de seguridad para cumplir con las normas internacionales,
sin perder de vista que Panamá es un centro de transbordo en donde
más del 80% de la carga que se mueve se dirige hacia otros destinos.
Razón por la cual es necesario garantizar los mejores niveles de
seguridad.
El código
El Código Internacional para la Protección
de los Buques y de las Instalaciones Portuarias (ISPS Code, por
sus siglas en inglés) proporciona estándares que persiguen unificar
los procedimientos de cumplimiento obligado internacionalmente.
La normativa crea tres niveles de seguridad,
y cada administración autorizada –en este caso la Autoridad Marítima
de Panamá (AMP)– deberá estar preparada para hacer un llamado a
todos sus buques y puertos e informarles de cualquier cambio de
nivel de riesgo.
Como los barcos y los puertos deben estar
preparados para detectar y evitar acciones que puedan constituir
amenazas a la seguridad marítima, la AMP autorizó a dos Organizaciones
de Protección Reconocidas (OPR -en español-/ RSO -en inglés-), para
llevar a cabo la fase de evaluación de los planes de protección.
Estas empresas son Underwater Security Consultants
Ltd., autorizada para ejecutar las evaluaciones de las instalaciones
portuarias dadas en concesión en la República de Panamá, y Servicios
Técnicos de Seguridad S.A., para ejecutar las evaluaciones de las
instalaciones portuarias nacionales de propiedad de la AMP.
Los planes de seguridad, según el Código ISPS,
deben plantear medidas para contrarrestar acciones terroristas.
Lo que incluye la infraestructura física del puerto, un sistema
de control de acceso mediante la utilización de cámaras de video,
que permitan evaluar la entrada de cada buque y pasajero, entre
otras disposiciones.
Para implementar estas medidas de seguridad
ha sido necesario aplicar un programa de capacitación al personal
que labora tanto en los buques como en los puertos.
Adelantos
El proceso de implementación del nuevo código
se ha desarrollado a “buen ritmo” según fuentes de la Autoridad
Marítima de Panamá (AMP), entidad encargada de velar por su cumplimiento
en el país.
El pasado 15 de abril las empresas operadoras
de los puertos panameños entregaron los “planes de protección” que
desarrollaron en base a las medidas del Código ISPS.
Sin embargo, debido al proceso de elecciones
generales de la República que culminó el pasado 2 de mayo “todavía
no hay información sobre los puertos”.
La AMP está realizando las evaluaciones para
poder expedir las certificaciones oficiales que –se supone– deberán
estar listas antes del 1 de julio, cuando unos ciento nueve países
deberán poner en práctica las medidas. Entretanto, los principales
puertos privados han comenzado a introducir los cambios.
Más seguridad
Los directivos de las principales terminales
portuarias del país aseguran estar preparados en materia de seguridad
para enfrentar la nueva normativa internacional. Esta transición
no ha sido “traumática” porque varias de las medidas que señala
el Código ISPS ya se venían implementando con anterioridad.
De lo que no cabe duda es de que los puertos
de Balboa y Cristóbal (de la Hutchison), y el de Manzanillo y Evergreen
(en el Atlántico) han hecho inversiones de varios “cientos de miles
de dólares” para hacer las adecuaciones pertinentes.
Algunos como Panama Ports Company (PPC) prefieren
evitar describir los detalles de las iniciativas que están desarrollando
en materia de seguridad “por razones obvias”, según se informó.
Sin embargo, en el caso de Panama Ports –miembro
de la hongkonesa Hutchison Port Holdings (HPH)– se han preparado
los planes de seguridad con el apoyo del grupo internacional.
Al proceso ha ayudado el hecho de que el grupo
ha puesto especial énfasis, desde hace tres años, en el tema de
la seguridad de la carga no solo a nivel de puerto sino de toda
la cadena de transporte, dice Alejandro Kouruklis, gerente general
de PPC.
Los directivos de los otros dos puertos del
litoral atlántico fueron más amplios al hablar del tema.
Ubicado en Coco Solo, en la provincia de Colón,
la compañía Manzanillo International Terminal (MIT), cuya casa matriz
se encuentra en Seattle, Estados Unidos, ha invertido “cientos de
miles de dólares” en materia de seguridad.
“Es un porcentaje muy alto. No puedo decir
el porcentaje exacto porque incluso a nivel de seguridad queremos
mantener esas cifras con cierto nivel de confidencialidad”, dice
Urriola.
Lo cierto es que MIT cuenta con un equipo
de aproximadamente 200 personas asignadas a la seguridad del puerto
de manera directa e indirecta. Este personal recibe entrenamiento
–incluso de inteligencia– para conocer las vulnerabilidades dentro
del puerto.
A la fecha ha instalado 80 cámaras en toda
la terminal para mantener un monitoreo constante de las operaciones,
y también cuentan con una cerca que detecta de manera inmediata
cualquier acercamiento no permitido, entre otras medidas.
“La idea es minimizar cualquier tipo de riesgo”,
dice Gilda Soto.
Refuerzos
Por su parte, Colon Container Terminal (CCT)
–filial de la taiwanesa Evergreen– también ha incluido refuerzos
en su estrategia de seguridad.
Cuenta con 75 unidades divididas en dos partes
(seguridad física del puerto y seguridad de la carga).
Si bien la seguridad antes se enfocaba principalmente
en combatir el narcotráfico, ahora el personal se está preparando
para evitar ataques terroristas.
Eso,
claro está, sin perder de vista el tema de narcotráfico que sigue
siendo un riesgo real, dice Carlos Braddick Lay, gerente de Asuntos
Generales de CCT.
A la fecha, la terminal cuenta con circuitos
cerrados de vigilancia (está en proceso de digitalización) y ha
establecido procedimientos determinados para distintas circunstancias
de peligro, agrega Braddick Lay.
“La ventaja que hemos tenido es que como la
seguridad es parte del puerto todos los procesos ya estaban documentados
en la certificación de ISO9000 que tenemos”, agrega.
CCT no ha limitado su presupuesto para el
área de seguridad. En total ha invertido unos 91 mil dólares en
los últimos seis meses para hacer las adecuaciones al Código ISPS,
que incluyen la certificación del personal y la compra de nuevos
equipos técnicos.
Solo falta que incorpore el sistema de detección
de intrusos o infrarrojo y cámaras adicionales (para hacer un total
de 27) que se instalarán próximamente.
Pendientes
El Código ISPS exige que las instalaciones
portuarias tengan todas las normativas en orden. Desde el punto
de vista comercial contar con esta certificación será una ventaja
para la imagen de los puertos panameños.
Una vez la AMP otorgue las certificaciones
respectivas se dará inicio a la ejecución de las medidas de manera
formal. Cada cierto tiempo las terminales portuarias deberán realizar
simulacros para que el personal de seguridad esté preparado en caso
de imprevistos.
Si Panamá y sus puertos logran tener altos
niveles de seguridad –como aseguran que los tienen–, la imagen portuaria
del país se fortalecerá y los buques que atraquen aquí podrán estar
confiados de que han llegado a puerto seguro.
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