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Historias de hoteles
Con un crecimiento del 16% el sector
hotelero espera haber superado el período de las vacas flacas y
empieza un proceso de metamorfosis en el que algunos jugadores consolidan
operaciones, otros salen de combate y los nuevos apuestan por acaparar
clientela
Elizabeth Garrido A.
egarrido@prensa.com
Sobrevolando el Archipiélago de Las
Perlas la vista es espectacular. El agua transparente de las playas
y la verde vegetación de las islas cautivan hasta al visitante más
exigente. Probablemente, de las 33 islas del área la más conocida
es Contadora, a unos 20 minutos de la ciudad de Panamá, vía aérea.
La Isla Contadora ha sido célebre
porque en ella se fundó el “Grupo de Contadora”, formado por los
cancilleres de México, Colombia, Venezuela y Panamá, que llevaron
a cabo, en la década de los 80, gestiones de paz para Centroamérica.
Este hecho histórico puso a la isla
en el mapa turístico de América Latina y de Europa.
Dos décadas después el interés por
la isla decayó progresivamente. El Contadora Resort, un hotel de
350 habitaciones y que en el pasado fue estandarte del turismo del
país, estuvo al borde del “naufragio” y ahora intenta salir a flote.
En completo deterioro por la falta
de mantenimiento, el hotel –a finales de 2002– estuvo a punto de
irse a pique. En esa coyuntura es cuando el Grupo Hotelero del Pacífico,
que era accionista minoritario del hotel, se hizo con el control
de esta empresa y, por ende, de la administración.
Desde entonces, el consorcio colombiano,
que además es dueño de hoteles tres estrellas como Aramo, Tower
House y Punta Galeón (Contadora) ha invertido más de cinco millones
de dólares con el propósito de devolverle al hotel la popularidad
de su época de oro.
El cambio
En el centro del hotel se
encuentra un pequeño zoológico y, en medio de él, está un letrero
que indica que el zoológico fue ampliado. El mensaje lo firma “Mark
Burnett y los empleados de Survivor”, ¡el reality show!
El rótulo es la prueba de que en
el mes de diciembre el staff del programa internacional se
hospedó en el hotel mientras hacía las filmaciones de la nueva temporada
de Survivor en el Archipiélago de Las Perlas.
Nada mal para un hotel que intenta
levantar cabeza y atraer huéspedes, tras haber reinaugurado el pasado
20 de diciembre bajo el nombre del “Nuevo Contadora Resort”.
El relanzamiento se hizo una vez
que los nuevos dueños lograron avanzar en su remozamiento.
Como las instalaciones estaban evidentemente
deterioradas, inicialmente, se pensó hacer una reconstrucción total;
sin embargo, la inversión hubiese sido demasiado elevada, señala
Tomás Rodríguez, gerente general del hotel.
“Optamos por reclutar toda la estructura”,
es decir, trabajar los cambios en base a lo existente. Se cambiaron
los colchones de las habitaciones y parte de los muebles del hotel.
Con la decoración se trató de darle un estilo propio al lugar, un
ambiente de villas campestres, agrega Rodríguez.
El proceso de restauración –que
inició en enero de 2003– tiene un avance del 80%. A la fecha, el
nivel de ocupación es de aproximadamente 48% (solo se llenan unas
150 habitaciones), un porcentaje bajo si se considera que estamos
en temporada alta.
“Nos ha costado trabajo que la gente
crea que [el hotel] está cambiando”, admite Rodríguez.
El proceso de cambio de imagen no
ha sido fácil. El descuido en las operaciones del hotel fue tan
significativo (por ejemplo, una cerveza que vendía en cinco dólares
llegó a costar, en su momento, un dólar) que ahora cuesta reconstruir
la imagen perdida.
Otro factor que no favorece el resurgir
de Contadora es el servicio de transporte hacia la isla. Según Rodríguez,
la línea aérea que brinda este servicio desde la ciudad capital
no se da abasto.
Los vuelos no son suficientes (solo
se logran trasladar unos 20 pasajeros en cada viaje) y “muchas veces
perdemos clientes, especialmente aquellos que no quieren embarcarse
porque el viaje hasta la isla demora hora y media”, agrega.
Pese a las dificultades, Rodríguez
es optimista y asegura que el consorcio continuará haciendo inversiones.
Próximamente reabrirá el casino y, posteriormente, construirá una
discoteca con un parque acuático.
Por el momento, dice, el objetivo
es lograr una ocupación promedio del 50% durante el año 2004.
El sector
Contadora Resort no es el
único hotel que ha estado en apuros. Desde 1996 el sector ha tenido
que sortear dificultades, dice Rodríguez.
Luego de los ataques terroristas
a Estados Unidos, en septiembre de 2001, la ocupación hotelera sufrió
un bajón entre 15% y 20%, aproximadamente. Los hoteleros enfrentaron
una prueba de supervivencia en medio de dos enemigos: la desaceleración
económica y el temor a viajar de los turistas.
Lo anterior, obviamente, repercutió
directamente en la actividad turística mundial y, por supuesto,
en la hotelería.
Contrario a lo que posiblemente
ocurrió en otras latitudes, en Panamá la oferta hotelera se duplicó
en los últimos cinco años. La entrada de visitantes al país también
aumentó, pero no en la proporción esperada, por lo cual la competencia
en el sector se hizo más agresiva.
Los hoteles de la ciudad, orientados
principalmente al segmento de huéspedes corporativos, fueron cambiando
sus planes y estrategias de mercadeo.
Como parte del proceso de adecuación,
en los últimos tres años al menos tres hoteles cerraron operaciones
(Western, Europa y Costa del Sol). Los hoteles cinco estrellas,
por su parte, bajaron sus tarifas para restarle clientes a los de
cuatro y tres estrellas.
En medio de estos cambios entraron
nuevos competidores. La experiencia –para los nuevos– ha sido satisfactoria,
como por ejemplo el caso del Decameron, y se espera que algo parecido
ocurra con el recién inaugurado Barceló Playa Blanca Resort.
La incorporación de paquetes “todo
incluido” que ofrecen este tipo de hoteles ha contribuido a la captación
de clientes.
Resultados
El año pasado la actividad
turística en el país tuvo un desempeño sobresaliente, se recibieron
885 mil 148 visitantes que dejaron 790 millones de dólares en gasto
turístico.
Como consecuencia directa los hoteles
del país vieron un incremento en el número de huéspedes atendidos.
La ocupación hotelera de 2003 en
comparación con el año 2002 registró un aumento del 16% según las
estadísticas preliminares del Instituto Panameño de Turismo (IPAT).
En los hoteles de primera categoría
el incremento fue del 20%, mientras que en los de segunda la ocupación
hotelera aumentó 9%.
Según César Tribaldos, presidente
de la Asociación Panameña de Hoteles (APATEL), la mejoría en el
sector hotelero es producto de una combinación de varios factores.
Entre ellos se encuentra la campaña de promoción turística internacional
que tuvo un impacto positivo el año pasado porque se inició en el
2002.
También ayudó la celebración del
Miss Universo, en el mes de junio, y la realización de eventos internacionales
por el Centenario de la República.
El 2003 fue un año alentador para
la industria, dice Tribaldos, y hay buenas expectativas para el
cierre de 2004. Se espera un crecimiento entre el 10% y 15%, pero
este dependerá del inicio de la segunda fase de la campaña turística
internacional, agrega.
Ajustes
Los buenos resultados de
la actividad turística indican que el período de las vacas flacas
ha concluido en el sector hotelero. Algunos jugadores se tambalearon,
pero otros han permanecido de pie porque lograron sostener una ocupación
promedio por encima del 40%.
¿Cómo lo hicieron? Cada caso es
una experiencia distinta.
El Marriott Panamá, por ejemplo,
no cambió (y no lo hará) la estrategia porque las políticas de la
corporación son estables. Lo que hacemos es promocionar nuestro
hotel con fuerza, tanto dentro como fuera del país, dice Annette
Cárdenas, su directora de mercadeo.
Los más viejos, como el Caesar Park,
tuvieron que redoblar esfuerzos para mantener la solidez en el mercado.
“Tenemos que trabajar más, tenemos que cuidar más nuestra imagen”,
dice Margarita García, gerente general del hotel.
La filosofía, explica García, consiste
en no dejar que el hotel esté descuidado a pesar de los años que
tiene (más de 20).
Como estrategia el Caesar Park se
ha concentrado –entre otras cosas– en cuidar el servicio que ofrece
a sus clientes y en afinar su olfato para buscar el “nicho” de huéspedes.
“Nuestro enfoque son los grupos de incentivo de las corporaciones”,
señala García.
Convenciones
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| Arriba, Tomás Rodríguez. Abajo,
vista panorámica de Isla Contadora en donde se encuentra
el hotel que lleva su mismo nombre y que, actualmente, recibe
a turistas procedentes de Colombia, Francia e Italia principalmente.
La mayoría tiene entre 40 y 60 años de edad. |
Los foros internacionales que se
han promovido en el país también han contribuido a mantener una
buena ocupación hotelera. Por su ubicación y trayectoria en Panamá,
el Caesar Park es uno de los hoteles seleccionados para hospedar
a jefes de Estado y ministros de otros países que llegan por asuntos
diplomáticos.
Ahora bien, no siempre trabajar
con el gobierno resulta una buena experiencia. Prueba de ello es
que para la Cuarta Cumbre de la Asociación de Estados del Caribe
(AEC), programada para los días 13 y 14 de febrero, en esta ciudad,
el gobierno panameño había hecho reservaciones en el hotel para
hospedar a los jefes de Estado.
Sin embargo, un día antes del día
en que se esperaba a los primeros huéspedes, las autoridades comunicaron
la suspensión del evento.
Para nosotros –señala García– la
cancelación de las reservas representó pérdidas (no las cuantificó)
porque, además de las habitaciones, se habían separado todos los
salones de conferencia para los días de la cumbre. Pese a las dificultades
hay que seguir trabajando y hay que apoyar a la Cancillería, agrega.
Aumentan los jugadores
El próximo mes de abril abrirá
sus puertas el Decápolis, ubicado en el Centro Comercial Multiplaza
de la Avenida Balboa. Se espera, además, que entre 2004 y 2005 se
sume el proyecto hotelero de la sociedad Fuerte Amador Resort &
Marina.
También se han hecho anuncios de
que próximamente se construirán otros hoteles en Panamá, sin contar
con el hotel cinco estrellas que el Grupo F Internacional pretende
terminar en el Panama Canal Village, en la Calzada de Amador.
Con la llegada de nuevos inquilinos,
¿cómo cambiará el mercado hotelero? Para algunos el aumento de hoteles
favorece al sector porque así se promueve la competencia y hace
que la industria turística se afirme.
“En la medida en que hay más competencia
los hoteleros se hacen más eficientes y ofrecen precios más competitivos”,
dice Tribaldos.
Otros, en cambio, prefieren ver
el aumento del número de competidores con sentido crítico. Annette
Cárdenas señala que la oferta de hoteles debe ir de acuerdo a la
demanda de turistas, ya que “si hay un desbalance se podrían ver
bajas en las ocupaciones”.
Oferta actual
Por tradición la oferta hotelera
del país (se concentra en la ciudad capital) está enfocada al segmento
del turismo corporativo. Es decir, la mayoría son turistas que ingresan
a Panamá para atender asuntos de negocios.
Sin embargo, el escenario del mercado
hotelero ha empezado a cambiar. Hay jugadores que están compitiendo
en un segmento que no ha sido explotado por completo: turismo de
sol y playa.
Este “reenfoque” en la orientación
de los hoteleros –motivados quizá por el potencial turístico de
Panamá– ha coincidido con los esfuerzos del gobierno por promover
internacionalmente al país como destino turístico.
Coincidencia o no, lo cierto es
que la iniciativa de ampliar la oferta de turismo de placer está
dinamizando la actividad y dando a conocer la otra cara turística
de Panamá.
Quien inició con este proceso en
el interior del país fue el colombiano Decameron, que encontró en
la playa blanca de la provincia de Coclé el sitio perfecto para
plantar su bandera.
La experiencia en suelo panameño
ha sido tan satisfactoria que el grupo hotelero tiene planes de
expandir el concepto a otras zonas del país. El Barceló Playa Blanca
Resort, por su parte, sigue de cerca los pasos del Decameron, abrió
sus puertas el pasado mes de noviembre en la misma región turística.
El gigantecolombiano
Localizado a 110 kilómetros
de la ciudad de Panamá el complejo hotelero Royal Decameron Costa
Blanca llegó a la playa coclesana el 21 de diciembre del 2000, cuando
se inauguró la primera fase del proyecto.
El sistema “todo incluido” sin límites
de consumo, con propinas e impuestos, y el concepto arquitectónico
tropical del hotel fueron el atractivo suficiente para atraer clientela.
Cuatro años más tarde, Hoteles Decameron,
S.A. ha invertido en todo el desarrollo unos 50 millones de dólares.
A la fecha, cuenta con 600 habitaciones distribuidas en dos hoteles
y está por iniciar la construcción del tercer hotel de 240 habitaciones.
En 2003 registró un 86% de ocupación
promedio anual, el nivel más alto en el sector hotelero del país.
Solo el mes de enero pasado el hotel tuvo una ocupación del 103%.
Como no había habitaciones disponibles
para los huéspedes hubo que acudir a las villas privadas para alojar
a los viajeros.
Se utilizaron 15 de las 55 villas
existentes (42 están vendidas). Claro está, con previo consentimiento
de los dueños de las villas que reciben 70 dólares diarios en concepto
de alquiler por cada habitación ocupada.
Y es que el gigante colombiano,
con 214 hectáreas de terreno a su disposición para su desarrollo,
ha mantenido el éxito en sus operaciones. De hecho, de los 14 hoteles
de la cadena Decameron el Costa Blanca de Panamá representa la operación
“más importante”, según Jorge Loaiza, asesor del presidente de la
cadena hotelera en el país.
Impacto regional
Con la llegada del nuevo
inquilino, en la costa blanca de la provincia de Coclé se abrieron
nuevas oportunidades de trabajo y de negocios. Genera unos 500 empleos
directos (el 85% son del lugar, el 10% extranjeros y el resto de
otras provincias), y consume entre 350 mil a 400 mil dólares mensuales
en insumos que regularmente compra a distribuidores del área.
No es para menos. Para atender a
sus huéspedes el hotel compra 11 mil limones y 110 mil huevos mensuales,
por citar ejemplos.
La mayoría de los turistas son de
Canadá, Italia y Colombia, y otro tanto procede de Suramérica, Francia
y Alemania.
Próximo paso
Decameron planea iniciar
la construcción del tercer hotel y de los otros nueve hoyos del
campo de golf que ya está operando. Ambos proyectos representarán
una inversión de ocho o diez millones de dólares.
Hasta ahora las entidades que han
brindado el financiamiento para la ejecución del proyecto son Wall
Street Securities, Banistmo y Bancomer (que se fusionó con Banco
General).
Adicionalmente, comenzará la segunda
fase de la construcción de otras 90 villas, en total habrá 450 en
el lugar.
Fuera del área
Decameron no se ha quedado
satisfecho con el complejo hotelero que desarrolla en Costa Blanca.
Para “complementar” su oferta turística está construyendo otros
hoteles y planea expandirse a otras regiones del país.
En la ciudad de Panamá está terminando
el Decápolis, de 300 habitaciones por un monto de 20 millones de
dólares; la construcción tiene un 85% de avance. La idea es incursionar
en el turismo corporativo, que es el que se desarrolla en la capital,
explica Loaiza.
“Es algo que Decameron no había
hecho antes” y está preparando su estrategia de mercadeo para hacer
la incursión en ese segmento de mercado, agrega.
Al mismo tiempo, dice, el hotel
servirá para hospedar a los clientes que quieran quedarse en la
capital antes de trasladarse al Decameron.
Allí no acaba todo. Este año, una
vez el Decápolis inicie operaciones, el consorcio colombiano construirá
dos hoteles más. Uno de 120 habitaciones, probablemente, estará
ubicado en Playa Diablo, fuera de la antigua base militar de Sherman.
Será un hotel ecoturístico.
El otro es el proyecto hotelero
del Casco Antiguo, también de 120 habitaciones. Se trata de apartamentos
de lujo que también se podrán alquilar si sus dueños así lo permiten.
La inversión proyectada oscila entre ocho y diez millones de dólares.
A futuro
Lo que busca Decameron es
convertirse en el líder del sector hotelero del país. Tan decidido
está a alcanzar su objetivo que ya está evaluando la posibilidad
de consolidarse en el mercado haciendo otras inversiones.
Loaiza adelanta que se están analizando
las posibilidades de hacer “algo” en Bocas del Toro, en las costas
de Pedasí (provincia de Los Santos) y en el Archipiélago de Las
Perlas.
“Son posibilidades que estamos estudiando
de hoteles más pequeños”, entre 80 y 120 habitaciones. La idea –explica–
es mantener al Decameron Costa Blanca como el hotel principal y
los otros que se construyan servirán como “hoteles satélites” para
combinar la estadía de los huéspedes.
A Loaiza no le preocupa que se dé
una sobreoferta porque, dice, la cadena hotelera hace su propio
mercadeo. Si bien el ejecutivo no duda de que los proyectos se llevarán
a cabo, asegura que por el momento no se ha definido nada concreto.
Bacerló en su Mediterráneo
A menos de cinco minutos
de distancia del Decameron Costa Blanca, en automóvil, se levanta
el nuevo Barceló Playa Blanca Resort.
Su mejor carta de presentación es
precisamente la trayectoria de la marca que lo respalda: Barceló
Hotels & Resorts, prestigiosa cadena hotelera con presencia
en Europa, Centroamérica, México, el Caribe y Cuba.
Sus directivos niegan que el complejo
turístico sea una competencia para el vecino colombiano. Más bien
“somos un complemento” que ayudará a fortalecer la oferta turística
del área, señala Rugiere Gálvez, presidente de Barceló Playa Blanca
Resort.
El hotel, de 220 habitaciones, y
demás instalaciones (piscinas, restaurantes) se construyó con una
inversión de 12.5 millones de dólares.
El financiamiento lo otorgó la Caja
de Ahorros. Ninguna de las entidades bancarias privadas quiso facilitar
la línea de crédito debido al endurecimiento de las políticas de
la banca, explica Sandford Schwartz, uno de los socios del complejo
hotelero.
El nuevo Barceló –inaugurado en
noviembre de 2003– se identifica por sus colores, blanco y azul
solamente en todos los edificios.
Se utilizaron esos colores para
crear un ambiente de “tranquilidad” y “suavidad”. Y como se encuentra
a unos cuantos metros de la arena blanca de la playa, la idea es
que los turistas asemejen el hotel con el paisaje del Mediterráneo,
que se caracteriza por los veranos soleados y los inviernos suaves
y húmedos, explica Gálvez.
El turismo extranjero empezó a llegar
al hotel el pasado 15 de diciembre y a la fecha las expectativas
se han cumplido, según los directivos.
Con huéspedes provenientes de Canadá,
Estados Unidos, Europa y de algunos países latinoamericanos (Colombia,
Ecuador y Chile y Centroamérica) el hotel mantiene un 80% de ocupación.
El hotel
Dentro de las 85 hectáreas
donde se encuentra, el hotel opera –al igual que su vecino– bajo
el concepto “todo incluido”. Cuenta con habitaciones amplias y ascensor
en los edificios de cuatro pisos.
Como tiene una capacidad moderada
de huéspedes recorrer el lugar es sencillo y, por tanto, podría
decirse que es un hotel más exclusivo.
Las tarifas por persona oscilan
entre los 80 y los 91 dólares, dependiendo de la temporada.
Gálvez dice que el cliente del hotel
es principalmente el turista de incentivo y familiar. Aunque, como
parte de su estrategia de mercadeo, también se hará énfasis en el
turismo de convenciones.
El proyecto incluye una urbanización
recreativa de playa, con casas de 250 mil dólares y apartamentos
de 89 mil dólares. Los propietarios de las casas tienen derecho
a utilizar las instalaciones del hotel y, aquellos que lo autoricen,
podrán poner a disposición sus viviendas para que sean alquiladas
cuando la demanda de visitantes supere la capacidad de las habitaciones.
Por el momento, Barceló Playa Blanca
Resort emplea a 200 personas (la mayoría residen en poblados cercanos)
y el gasto de consumo es de 34 dólares por persona.
Su proyección es que en el corto
y mediano plazo el hotel crezca en la medida que la demanda de turistas
lo permita. Próximamente iniciará la construcción de un casino y
para finales de 2004 se espera contar con 300 habitaciones.
Con estos planes todo indica que
la competencia en el sector hotelero arremeterá con fuerza. Los
jugadores salen a flote y se dirigen mar adentro.
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