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17 de febrero de 2004

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Turismo verde

Deidamia Batista C.
dbatista@prensa.com

Un grupo de birdwatchers se deleita avistando aves en las copas de los árboles en el Parque Soberanía.

En las entrañas del Parque Soberanía, un grupo de turistas extranjeros –con binoculares en mano– tiene su vista fijada en el cielo. Se trata de los birdwatchers (observadores de aves), hombres y mujeres, en su mayoría jubilados, que viajan kilómetros de distancia –dispuestos a pagar entre 130 y 200 dólares la noche– para hospedarse en el Canopy Tower y apreciar desde una Cotinga Azul en pleno vuelo o un Tucán Pico Iris posado en la rama de un árbol.

Reportado en 2003 por la revista Travel + Leisure como uno de los 25 mejores ecolodges del mundo, el Canopy Tower ha ganado fama internacional como uno de los mejores lugares para observar aves. Desde el domo de la torre puede apreciar –además de la impresionante vista panorámica del Parque Soberanía– 50 o más especies distintas de aves en una mañana o un atardecer. Y si tiene suerte podrá avistar monos aulladores o cariblancos saltando por entre los guarumos.

Su artífice y propietario, Raúl Arias de Para invirtió medio millón de dólares para convertir la torre en un pequeño hotel de 12 habitaciones. Inaugurado en 1999, el Canopy Tower está actualmente copado de turistas estadounidenses y canadienses ansiosos de vivir la experiencia de poder albergarse en medio del bosque tropical. Experiencia que decenas de publicaciones alrededor del mundo han querido reseñar y por la que han enviado a sus periodistas a la otrora estación de radar del Ejército de Estados Unidos para conocer qué hay detrás –o más bien alrededor– del Canopy Tower.

Diarios como The New York Times, The Wall Street Jounal, El País de España o revistas como Elle (publicación francesa), National Geographic, Condé Nest Traveller (inglesa), Birder’s World, Wild Life (de la BBC de Londres) y Travel + Leisure –entre otras– han dedicado páginas enteras para reportar la riqueza ecológica del área.

El pequeño hotel (por el que se llega luego de subir un sendero por automóvil en medio del bosque) se levantó en una estación de radar que el Ejército de Estados Unidos utilizó a mediados de la década de los años 60 para detectar vuelos con cargas ilícitas antes de devolverlo a Panamá en 1997.

Además de observar aves, los huéspedes del Canopy Tower pueden participar de expediciones por los senderos del parque en busca de alguno de los 105 mamíferos que habitan en el área.

Cuatro años después de su apertura, Arias de Para asegura que “jamás me imaginé el éxito que iba a tener”.

Personalidades como el ex presidente Jimmy Carter, Martha Stewart, el senador republicano Howard Baker, el príncipe Alberto de Mónaco, la actriz Rebecca DeMornay, Frank Ghery, el cantante estadounidense de música country Jimmy Buffet o el escritor David Allen Sibley (autor del bestseller The Sibley Guide to birds) han visitado la estructura de metal ubicada a 300 metros sobre el nivel del mar.

La temporada alta en el hotel es de diciembre a abril; el resto del año, por lo general, no recibe visitantes. Pero Arias de Para dice que a partir del 2003 el negocio comenzó a lograr su break-even point o punto de equilibrio financiero.

Durante el primer año de operación del hotel, Arias de Para recibió huéspedes panameños, pero en los últimos años sus habitaciones han sido ocupadas exclusivamente por turistas extranjeros. Y es que su mercado no está en Panamá sino fuera de las fronteras, principalmente en Estados Unidos, Canadá e Inglaterra.

Dado que el Instituto Panameño de Turismo (IPAT) no apoya económicamente la participación de ferias especializadas en países alrededor del mundo, Arias de Para ha tenido que costear sus propios gastos para poder participar en algunos eventos en Estados Unidos. El esfuerzo ha valido la pena. Además –y después de tres años de fallidos intentos por conseguir un puesto en la feria especializada de aves en Inglaterra (una de las más importantes del mundo)– Arias de Para logró un espacio y en agosto próximo viajará al Viejo Continente para mercadear el hotel y el potencial de Panamá como destino para la observación de aves.

A poca distancia del Canopy Tower, está también el Gamboa Rainforest Resort, un complejo hotelero de 137 hectáreas que colinda con el Canal y el río Chagres, además de estar muy cerca del Parque Soberanía y el Camino de Cruces.

Propiedad de Herman Bern (dueño también del Miramar Inter–Continental, Holiday Inn y Suites Ambassador), el hotel –valorado en un poco más de 35 millones de dólares– concentra historia, ingeniería y paisaje. El hotel se está convirtiendo en uno de los íconos turísticos de Panamá. Basta entrar al vestíbulo del hotel para quedar impactado. Los enormes ventanales del lobby dejan al descubierto una espectacular vista del río Chagres y del Parque Soberanía. Una de las atracciones principales es un teleférico importado de Alemania (a un costo de dos millones de dólares) con 18 góndolas que transporta a los usuarios a través de una ruta de 1.2 kilómetros de largo que le permite conocer el dosel del bosque.

También disponen de una marina con botes para la pesca o paseo, con acceso al río Chagres, el lago Gatún y el Canal de Panamá con precios que varían entre los 8 y 100 dólares.

En los tours que organiza el hotel como a Isla Mono o Tigre, el visitante tendrá la oportunidad de salir –en cuestión de minutos– de la desembocadura del río Chagres y entrar al lago Gatún justo en la mitad del Canal de Panamá y hasta toparse con una de las gigantes naves que transitan la vía interoceánica en dirección al Corte Culebra.

El hotel organiza excursiones al Camino de Cruces (35 dólares), gira al atardecer por el río Chagres o el Canal de Panamá (25 dólares) y también hay una para observación de aves en el reconocido mundialmente Pipeline Road (o Camino del Oleoducto) por 35 dólares.

Las tarifas de hospedaje (sujetas a disponibilidad) oscilan entre los 120 dólares (en una villa apartamentos de una habitación) y los 400 dólares (suite principal) por noche.

Otro sitio –menos pomposo, pero interesante y atrayente– es el Centro de Exhibiciones Marinas (CEM) del Instituto de Investigaciones Smithsonian (STRI).

Punto de partida de colonizadores del sur y antigua base militar de defensa del Canal, el CEM está localizado a 3.5 kilómetros de la entrada a la Calzada de Amador en Punta Culebra.

A un costo de 300 mil dólares, el Instituto Smithsonian y un grupo de mecenas locales convirtieron el bunker de Punta Culebra en un centro educativo e interactivo de la fauna marina.

“Un turismo que no tenga investigación científica se muere”, opina Stanley Heckadon, científico y director de Comunicaciones y Programas Públicos del STRI.

Desde su inauguración en 1996, el CEM –junto a una espectacular vista de la entrada del Canal por el océano Pacífico– ha recibido más de 400 mil visitantes de Panamá y de diferentes países del mundo. El mayor flujo se ha registrado en los últimos tres años con 165 mil visitantes.

Desde el mirador de Punta Culebra se pueden divisar las islas de Naos, Flamenco y Perico, y si el cielo está despejado también se pueden ver las islas de Taboga y Taboguilla.

Canopy Tower, Gamboa Rainforest Resort y el Centro de Exhibiciones Marinas de Punta Culebra son solo tres de los lugares ecológicos más populares entre los turistas extranjeros que buscan algo más que sol y playa. También está el grupo de visitantes especializados o estudiosos de la flora y fauna en el trópico que llegan ávidos de conocer especies que en su país de origen jamás verían.

Sobresalen las excursiones a Barro Colorado, una de las primeras reservas biológicas del mundo y la más estudiada en el trópico. Cada año más de 200 científicos locales y extranjeros llegan a la isla para estudiar la ecología, la evolución y comportamiento de la flora y fauna. Otro destino es Isla Galeta –pasó de ser un centro de espionaje internacional a una reserva natural–; y Coiba, la isla más grande de Panamá y convertida en Parque Nacional en 1991.

Pese a que apenas entre el 3% y 7% de los 680 millones de viajeros del mundo son ecoturistas, la actividad tiene un gran potencial. En Panamá no hay datos específicos que registren cuánto recibe el país por la actividad ecoturística, pero según datos del PNUMA (Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente), el ecoturismo en el mundo produce ingresos aproximados de 200 mil millones de dólares al año. Sin embargo, la fragilidad de las leyes para proteger las áreas y el escaso impulso a los sistemas de certificación pueden convertirlo en una quimera.

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