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Turismo verde
Deidamia Batista C.
dbatista@prensa.com
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| Un grupo de birdwatchers se deleita avistando
aves en las copas de los árboles en el Parque Soberanía. |
En las entrañas del Parque Soberanía,
un grupo de turistas extranjeros –con binoculares en mano– tiene
su vista fijada en el cielo. Se trata de los birdwatchers (observadores
de aves), hombres y mujeres, en su mayoría jubilados, que viajan
kilómetros de distancia –dispuestos a pagar entre 130 y 200 dólares
la noche– para hospedarse en el Canopy Tower y apreciar desde una
Cotinga Azul en pleno vuelo o un Tucán Pico Iris posado en la rama
de un árbol.
Reportado en 2003 por la revista
Travel + Leisure como uno de los 25 mejores ecolodges
del mundo, el Canopy Tower ha ganado fama internacional como uno
de los mejores lugares para observar aves. Desde el domo de la torre
puede apreciar –además de la impresionante vista panorámica del
Parque Soberanía– 50 o más especies distintas de aves en una mañana
o un atardecer. Y si tiene suerte podrá avistar monos aulladores
o cariblancos saltando por entre los guarumos.
Su artífice y propietario, Raúl
Arias de Para invirtió medio millón de dólares para convertir la
torre en un pequeño hotel de 12 habitaciones. Inaugurado en 1999,
el Canopy Tower está actualmente copado de turistas estadounidenses
y canadienses ansiosos de vivir la experiencia de poder albergarse
en medio del bosque tropical. Experiencia que decenas de publicaciones
alrededor del mundo han querido reseñar y por la que han enviado
a sus periodistas a la otrora estación de radar del Ejército de
Estados Unidos para conocer qué hay detrás –o más bien alrededor–
del Canopy Tower.
Diarios como The New York Times,
The Wall Street Jounal, El País de España o revistas como Elle
(publicación francesa), National Geographic, Condé Nest Traveller
(inglesa), Birder’s World, Wild Life (de la BBC de
Londres) y Travel + Leisure –entre otras– han dedicado páginas
enteras para reportar la riqueza ecológica del área.
El pequeño hotel (por el que se
llega luego de subir un sendero por automóvil en medio del bosque)
se levantó en una estación de radar que el Ejército de Estados Unidos
utilizó a mediados de la década de los años 60 para detectar vuelos
con cargas ilícitas antes de devolverlo a Panamá en 1997.
Además de observar aves, los huéspedes
del Canopy Tower pueden participar de expediciones por los senderos
del parque en busca de alguno de los 105 mamíferos que habitan en
el área.
Cuatro años después de su apertura,
Arias de Para asegura que “jamás me imaginé el éxito que iba a tener”.
Personalidades como el ex presidente
Jimmy Carter, Martha Stewart, el senador republicano Howard Baker,
el príncipe Alberto de Mónaco, la actriz Rebecca DeMornay, Frank
Ghery, el cantante estadounidense de música country Jimmy
Buffet o el escritor David Allen Sibley (autor del bestseller
The Sibley Guide to birds) han visitado la estructura de
metal ubicada a 300 metros sobre el nivel del mar.
La temporada alta en el hotel es
de diciembre a abril; el resto del año, por lo general, no recibe
visitantes. Pero Arias de Para dice que a partir del 2003 el negocio
comenzó a lograr su break-even point o punto de equilibrio
financiero.
Durante el primer año de operación
del hotel, Arias de Para recibió huéspedes panameños, pero en los
últimos años sus habitaciones han sido ocupadas exclusivamente por
turistas extranjeros. Y es que su mercado no está en Panamá sino
fuera de las fronteras, principalmente en Estados Unidos, Canadá
e Inglaterra.
Dado
que el Instituto Panameño de Turismo (IPAT) no apoya económicamente
la participación de ferias especializadas en países alrededor del
mundo, Arias de Para ha tenido que costear sus propios gastos para
poder participar en algunos eventos en Estados Unidos. El esfuerzo
ha valido la pena. Además –y después de tres años de fallidos intentos
por conseguir un puesto en la feria especializada de aves en Inglaterra
(una de las más importantes del mundo)– Arias de Para logró un espacio
y en agosto próximo viajará al Viejo Continente para mercadear el
hotel y el potencial de Panamá como destino para la observación
de aves.
A poca distancia del Canopy Tower,
está también el Gamboa Rainforest Resort, un complejo hotelero de
137 hectáreas que colinda con el Canal y el río Chagres, además
de estar muy cerca del Parque Soberanía y el Camino de Cruces.
Propiedad de Herman Bern (dueño
también del Miramar Inter–Continental, Holiday Inn y Suites Ambassador),
el hotel –valorado en un poco más de 35 millones de dólares– concentra
historia, ingeniería y paisaje. El hotel se está convirtiendo en
uno de los íconos turísticos de Panamá. Basta entrar al vestíbulo
del hotel para quedar impactado. Los enormes ventanales del lobby
dejan al descubierto una espectacular vista del río Chagres y del
Parque Soberanía. Una de las atracciones principales es un teleférico
importado de Alemania (a un costo de dos millones de dólares) con
18 góndolas que transporta a los usuarios a través de una ruta de
1.2 kilómetros de largo que le permite conocer el dosel del bosque.
También disponen de una marina con
botes para la pesca o paseo, con acceso al río Chagres, el lago
Gatún y el Canal de Panamá con precios que varían entre los 8 y
100 dólares.
En los tours que organiza
el hotel como a Isla Mono o Tigre, el visitante tendrá la oportunidad
de salir –en cuestión de minutos– de la desembocadura del río Chagres
y entrar al lago Gatún justo en la mitad del Canal de Panamá y hasta
toparse con una de las gigantes naves que transitan la vía interoceánica
en dirección al Corte Culebra.
El hotel organiza excursiones al
Camino de Cruces (35 dólares), gira al atardecer por el río Chagres
o el Canal de Panamá (25 dólares) y también hay una para observación
de aves en el reconocido mundialmente Pipeline Road (o Camino del
Oleoducto) por 35 dólares.
Las tarifas de hospedaje (sujetas
a disponibilidad) oscilan entre los 120 dólares (en una villa apartamentos
de una habitación) y los 400 dólares (suite principal) por noche.
Otro sitio –menos pomposo, pero
interesante y atrayente– es el Centro de Exhibiciones Marinas (CEM)
del Instituto de Investigaciones Smithsonian (STRI).
Punto de partida de colonizadores
del sur y antigua base militar de defensa del Canal, el CEM está
localizado a 3.5 kilómetros de la entrada a la Calzada de Amador
en Punta Culebra.
A un costo de 300 mil dólares, el
Instituto Smithsonian y un grupo de mecenas locales convirtieron
el bunker de Punta Culebra en un centro educativo e interactivo
de la fauna marina.
“Un turismo que no tenga investigación
científica se muere”, opina Stanley Heckadon, científico y director
de Comunicaciones y Programas Públicos del STRI.
Desde su inauguración en 1996, el
CEM –junto a una espectacular vista de la entrada del Canal por
el océano Pacífico– ha recibido más de 400 mil visitantes de Panamá
y de diferentes países del mundo. El mayor flujo se ha registrado
en los últimos tres años con 165 mil visitantes.
Desde el mirador de Punta Culebra
se pueden divisar las islas de Naos, Flamenco y Perico, y si el
cielo está despejado también se pueden ver las islas de Taboga y
Taboguilla.
Canopy Tower, Gamboa Rainforest
Resort y el Centro de Exhibiciones Marinas de Punta Culebra son
solo tres de los lugares ecológicos más populares entre los turistas
extranjeros que buscan algo más que sol y playa. También está el
grupo de visitantes especializados o estudiosos de la flora y fauna
en el trópico que llegan ávidos de conocer especies que en su país
de origen jamás verían.
Sobresalen
las excursiones a Barro Colorado, una de las primeras reservas biológicas
del mundo y la más estudiada en el trópico. Cada año más de 200
científicos locales y extranjeros llegan a la isla para estudiar
la ecología, la evolución y comportamiento de la flora y fauna.
Otro destino es Isla Galeta –pasó de ser un centro de espionaje
internacional a una reserva natural–; y Coiba, la isla más grande
de Panamá y convertida en Parque Nacional en 1991.
Pese a que apenas entre el 3% y
7% de los 680 millones de viajeros del mundo son ecoturistas, la
actividad tiene un gran potencial. En Panamá no hay datos específicos
que registren cuánto recibe el país por la actividad ecoturística,
pero según datos del PNUMA (Programa de las Naciones Unidas para
el Medio Ambiente), el ecoturismo en el mundo produce ingresos aproximados
de 200 mil millones de dólares al año. Sin embargo, la fragilidad
de las leyes para proteger las áreas y el escaso impulso a los sistemas
de certificación pueden convertirlo en una quimera.
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