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17 de febrero de 2004

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En tierra firme

Los participantes de la industria de cruceros desempolvan sus calculadoras... los barcos están atracando con más frecuencia en los puertos panameños

Deidamia Batista C.
dbatista@prensa.com

Según cálculos del IPAT, el tiempo de estancia de los visitantes de crucero es de 6 a 10 horas y se estima que cada uno tiene un gasto diario promedio de entre 95 y 125 dólares.

Con el desembarco del Crown Princess en el puerto de Colón a finales de 2000 se escribió la primera página de la industria de cruceros en Panamá; un país que dejó de percibir millones de dólares debido a que los pasajeros de los 150 barcos de ese tipo que anualmente cruzan el Canal no atracaban en tierras panameñas. Lo único que Panamá recibía era un esporádico saludo de los pasajeros desde cubierta cuando el barco pasaba por las esclusas de Miraflores. Pero las cosas han cambiado... ahora la industria está que rebosa.

Con la construcción de Colón 2000, la terminal de puertos de Cristóbal y las facilidades marítimas del proyecto Fuerte Amador Resort & Marina (FARM), los turistas de cruceros están bajando a tierra firme y participan de los múltiples tours organizados por los operadores. Quedan aún cuatro meses y medio para disfrutar de la temporada alta (comenzó en octubre de 2003 y termina en junio próximo) y las estadísticas dentro del sector favorecen el negocio.

Según cálculos del IPAT, el tiempo de estancia de los visitantes de crucero es de 6 a 10 horas y se estima que cada uno tiene un gasto diario promedio de entre 95 y 125 dólares. Una cifra nada despreciable si se tiene en cuenta que –por ejemplo– en la temporada 2002/2003 ingresaron a los puertos de cruceros 162 mil 832 pasajeros, en 147 barcos de lujo. El IPAT ha proyectado que cuando finalice la actual temporada, un total de 215 mil turistas habrán visitado Panamá, dejando ingresos cercanos a los 20 millones de dólares.

Si bien en Panamá la industria de cruceros es incipiente, el movimiento en el sector deja perplejo a muchos. En Panamá atracan las principales líneas del mundo: desde Princess Cruises, Royal Caribean International y Sun Cruises hasta Carnival Cruise Line, Celebrity Cruises Disney, Cruise Line o Holland American Line. Son 23 líneas de cruceros, que en su mayoría –o más bien todas– tienen al Canal de Panamá como uno de sus principales puntos de referencia para mercadear sus itinerarios. En la página web de Princess Cruises –por ejemplo– se promociona un roundtrip que parte de San Diego y cuyo itinerario incluye la Riviera Mexicana con un “bono adicional”: la travesía por el Canal de Panamá descrita como un “viaje épico”.

No importa si es Holland America (línea grande) o Radisson Seven Seas (línea pequeña), todas ofrecen el Canal en sus itinerarios como uno de los principales atractivos en la ruta.

Cuando la Autoridad de Panamá anunció la nueva estructura de peajes (pagos que los buques hacen por utilizar la vía) que empezó a regir en octubre de 2002, se pensó que las líneas de cruceros dejarían de promocionarlo en sus itinerarios. Pero no fue así. Lo que sí sucedió es que algunas líneas (principalmente las más grandes) optaron por hacer tránsitos parciales en el Canal –en vez de completos– para abaratar costos. La Autoridad del Canal de Panamá fija los peajes según el volumen de carga y las medidas del barco. Debido a que el Canal de Panamá es un poderoso benchmarking, las compañías grandes decidieron también dejar en algunos de sus itinerarios los tránsitos completos (pasan por las tres esclusas del Canal desde el Caribe hacia el Pacífico). Un lujo que sus selectos pasajeros están dispuestos a asumir.

Pero detrás del negocio –o al frente, según se mire– está un número plural de empresas que se benefician con la llegada de los turistas de cruceros y que van desde los operadores y el comercio en general hasta los puertos. Uno de los más recientes en incursionar en el negocio es Fuerte Amador Resort & Marina (FARM), que pese a tener fuertes competidores como el puerto de Cristóbal (acapara el 50% de los cruceros que atracan en Panamá) y Colón 2000, ha acogido una significativa cantidad de cruceros desde que inició operaciones en la temporada 2001/2002.

El caso FARM

De los 15 cruceros que recibió en el período 2001/2002, la empresa calcula que acogerá más del doble al cierre de la temporada actual (junio 2004).

De todas las cifras que maneja FARM, probablemente la más relevante es la que se refiere al número de pasajeros: proyecta recibir 46 mil 139 (cuatro veces más de lo que recibió dos temporadas atrás) al cierre de la actual temporada. Cualquier duda se despeja con una operación matemática. Debido a que FARM recibe tres dólares por pasajero de cada una de las líneas de cruceros que atraca en Amador (independientemente de si se baja o no del barco), los más de 46 mil turistas que espera recibir le dejarán un ingreso aproximado a los 141 mil dólares al cierre de temporada.

Nada mal para una empresa que aun no tiene su puerto listo y que según su directora ejecutiva Denise Guillén está en una “fase de promoción”.

“Estamos utilizando las facilidades de la marina de Flamenco porque el puerto aún no está construido”, explica Guillén.

En la marina se ofrece servicio de electricidad, agua, televisión por cable, internet y teléfono a embarcaciones. FARM –según su directora– está en una etapa de avance de un 30%. Ya han comenzado con la construcción de la marina para yates y megayates privados, la cual esperan concluir en 11 meses.

Un grupo de turistas visita el área de las bóvedas. Algunos de los operadores ofrecen a los visitantes la gira de “las tres ciudades”: Panamá La Vieja, el Casco Antiguo y el área metropolitana.

Pero lo más importante es que el trabajo principal ya está hecho: las líneas de cruceros ya tienen a Panamá en su agenda como destino turístico. Estadísticamente está demostrado que el 10% de los pasajeros de cruceros regresan al destino que más les gustó, así que Guillén opina que “lo poderoso de la industria no es que yo reciba 40 cruceros al año o que Cristóbal reciba 90... lo más importante es que se está promoviendo el destino Panamá”.

Una de las jugadas más importantes se dio el año pasado cuando se logró que los minicruceros que operan en Alaska y que quedan cesantes en la temporada baja viajen a Panamá con un itinerario exclusivo que incluye desde visitas a la ciudad de Panamá hasta expediciones a Coiba y a la isla de las Perlas.

La línea The Boat Company –por ejemplo– está por venir, por primera vez a Panamá en un crucero especializado en aventuras en la costa pacífica.

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