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27 de enero de 2004

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Penurias de un subsidio

El FECI –creado en la década del 70 bajo el nombre de Fondo Especial de Nivelación de Interés– afronta, actualmente, una férrea oposición desde la banca local

Edith Castillo, Deidamia Batista C.
y Tilcia Elena Delgado
MF@prensa.com

Cuando Raúl Alemán tomó recientemente posesión del cargo de presidente de la Asociación Bancaria de Panamá (ABP), parte de su discurso lo dedicó a uno de los más polémicos subsidios del sector agropecuario: el Fondo Especial de Compensación de Intereses, conocido popularmente como FECI.

“Nuestra aspiración como gremio sería la eliminación del FECI, cuyo uso hoy es poco relevante”, aseguró.

El FECI –creado en la década del 70 bajo el nombre de Fondo Especial de Nivelación de Interés– afronta, actualmente, una férrea oposición desde la banca local.

Los banqueros plantean que el FECI, que se creó con la mejor de las intenciones –repuntar un sector deprimido que requiere de enormes inversiones para modernizarse y hacerse competitivo– en una época en la que las tasas de interés eran muy altas, hoy no tiene razón de ser, debido a que las tasas actuales están bajísimas, amén de la carga que representa para el consumidor y las empresas.

Pero la justificación más válida –esgrimida por algunos banqueros– es que pocos conocen el FECI. Mas lo peor es lo que hay detrás del subsidio: una larga lista de recriminaciones surgidas por la duda de que el FECI llegue a los más necesitados, los pequeños agricultores.

La Cenicienta de los préstamos

El FECI es un subsidio al sector agrario que se recauda a través de una deducción del 1% sobre todos los préstamos que superen los 5 mil dólares concedidos por bancos y financieras.

Raúl Alemán

El Banco de Desarrollo Agropecuario (BDA) recibe el 50% de esos dineros, mientras que el 50% restante se utiliza para préstamos agropecuarios.

Hasta allí, parecería, no haber objeciones. El problema es que el FECI –según banqueros consultados y analistas privados– ha terminado favoreciendo a los grandes ganaderos y terratenientes, que son, precisamente, los que más poder de acceso tienen al crédito y menos incentivos necesitan. Todo ello a expensas de los consumidores de créditos, que, a través de su puntual pago del 1%, subvencionan el fondo.

A los pequeños agricultores no les llegan los beneficios del FECI porque se les piden garantías que no tienen, asegura Mario De Diego, vicepresidente de la ABP.

Además, el banquero opina que “no encontramos motivos de por qué todos los panameños que pedimos préstamos tengamos que subsidiar el sector agropecuario y ayudar al financiamiento de las operaciones del Banco de Desarrollo Agropecuario”.

Solicitar la lista de quiénes son los mayores beneficiarios del FECI resulta una proeza. Ni los bancos ni la Superintendencia de Bancos están dispuestos a darla. Las entidades bancarias respaldan su negativa invocando el llamado “secreto bancario”, mientras que la Superintendencia –entidad encargada de fiscalizar los fondos del FECI– nos remitió a consultar con los agricultores.

Tampoco fue fácil. La Asociación Nacional de Ganaderos (ANAGAN) y Asociación de Productores de Arroz de Chiriquí (APACHI), que están a favor de que el FECI se mantenga, aseguran que sí beneficia a los pequeños y medianos productores. ¿A cuántos exactamente? No hay respuesta.

“Los bancos nos tienen catalogados como una actividad riesgosa”, dice el secretario de la ANAGAN, Euclides Díaz, quien también opina que hay dos Panamá: “el Panamá de las áreas metropolitanas, cuya riqueza anda por el 92% del PIB y el Panamá rural, cuyo ingreso anda por ocho centavos de cada dólar. Así que instrumentos como el FECI es lo menos que podemos hacer para ayudar a esa mitad de la población que no tiene nada”.

Bajo la perspectiva de Díaz, el FECI ha ayudado al sector a crear agroexportadoras y ha mejorar el nivel de producción. “Es así como hemos podido continuar en medio de la globalización”, dice.

Con él coincide Denis Miranda, presidente de APACHI.

Si se elimina, se acaban los fondos especiales para contingencia en el sector arrocero, asegura. “Gracias al FECI, esa plata existe”. Miranda insiste en que si el subsidio desaparece, “perderemos la oportunidad de resarcir cualquier daño que tengamos en nuestras cosechas”.

De Diego, por su parte, recomienda evaluar la efectividad del programa para verificar dos cosas: si los pequeños agricultores se han beneficiado y si el BDA está siendo eficiente en la colocación de los recursos asignados y en su administración.

Pero el Banco de Desarrollo Agropecuario tiene una respuesta.

“No se dejen llevar por percepciones, porque les puedo mostrar los documentos que demuestran que los recursos del FECI se destinan a los pequeños productores”, aseguró Orlando Quintero, subgerente del banco estatal.

El funcionario basó su reto en cifras: el 90% de la cartera crediticia del BDA está destinada a productores que regularmente no tienen acceso a la banca comercial.

Agregó, además, que las tasas de interés de la banca comercial están muy por encima de las que tiene el banco (7.5% neta).

“Los grandes productores –insistió Quintero– no acuden al BDA para financiar sus proyectos... aquí vienen los productores de cutarra”.

Según datos de la entidad, el promedio de préstamo de cada productor fluctúa entre los 10 mil y 12 mil dólares.

El BDA anualmente otorga créditos por entre 23 millones y 35 millones al sector agropecuario, y esta cartera ha registrado crecimiento en los últimos cuatro años. El año pasado, el banco prestó alrededor de 30 millones de dólares –de los cuales 10 millones estaban destinados al pago de mano de obra–.

“Si no contamos con esos recursos, ¿qué pasaría con toda esa gente que vive de la agricultura?”, se preguntó Quintero. El BDA recibió 17 millones de dólares provenientes del FECI en 2003.

A excepción de la oposición pública de la ABP, hay pocas posibilidades de que el FECI pase a mejor vida.

En el Foro Agro 2004, celebrado la semana pasada, los cuatro candidatos presidenciales prometieron a los productores que no eliminarían el FECI.

Según la Superintendencia, a lo largo de la vigencia del fondo ha habido otros intentos de eliminarlo, pero “no han sido acogidos, en consideración a la esencia y beneficios que busca proporcionar este fondo”.

Además, explica esta institución, que la derogación del FECI “solo procedería a través de otra ley”.

¿Cuánto recauda el FECI?

El 1% que se recauda de los préstamos personales y comerciales puede parecer poco, pero el FECI ha logrado a recaudar en los últimos cuatro años 182 millones de dólares (ver gráfica).

El sector ganadero es uno de los que más capta créditos del FECI.

Según datos de la Superintendencia, en concepto de ingresos, como retenciones sobre préstamos, se recaudó 37.9 millones de dólares en 2003 y 41 millones en 2002.

Estos fondos se reparten al 50% entre el BDA y el otro 50% al FECI, al tiempo que los saldos se distribuyen en un 75% para el BDA y en un 25% para las cooperativas.

La Superintendencia deposita su 50% en el Banco Nacional, el cual se remite al FECI.

Las auditorías de la Superintendencia a los bancos revela que las entidades bancarias deben mejorar sus sistemas de evaluación y calificación de los préstamos para garantizar la aplicación de la retención y cobro del 1% de sobretasa, o el derecho al descuento del FECI.

De acuerdo con la Superintendencia, se realizan dos tipos de fiscalizaciones: “se examina una muestra representativa de expedientes individuales para detectar caso por caso la aplicación específica de las normativas mencionadas” y la otra in situ (para verificar que se esté cumpliendo con las normativas del FECI).

Las interrogantes

¿Cómo surgió el FECI?

La idea de subsidiar la agricultura a través de retenciones sobre los créditos comerciales, data de 1974, cuando se creó el Fondo Especial de Nivelación de Interés (FENI).

Se creó con el único propósito de ayudar al sector agropecuario en un momento en que las tasas de interés estaban considerablemente altas: entre 20% y 24%.

Dada la coyuntura, surgió lo que Mario De Diego –vicepresidente ejecutivo de la Asociación Bancaria de Panamá– llama “impuesto solidario”.

“En ese entonces –recuerda el banquero– era evidente que un sector como el agropecuario estaba en problemas para soportar tasas tan altas, por lo que la iniciativa de crear ese fondo fue positiva”.

Pero el descuento no se otorgaba a la ligera, sino que el aspirante debía llenar varios requisitos y estaba dirigido a los pequeños y medianos agricultores.

Básicamente, lo que se hacía era que se fijaba un descuento a la tasa efectiva de mercado o tasa de referencia. Es decir, si la tasa efectiva era de 22%, se aplicaba un descuento de 6 puntos y la tasa bajaba a 16%. Luego, la antigua Comisión Bancaria le desembolsaba al banco el descuento que había otorgado.

“Esa era una medida para incentivar a la banca privada a prestarle al sector agropecuario”, señala.

Los fondos se alimentaban con la tasa del FECI. (Por cierto, el FENI se transformó en FECI en 1980 con la Ley 20).

De Diego dice que nunca se vio al FECI como un subsidio, sino más bien como un mecanismo “solidario” con un sector que realmente lo requería.

Además, no había una tasa fija que obligara a todos los que solicitan préstamos a pagar un 1% para el FECI, sino que ese “impuesto” era variable. A medida que iban bajando las tasas de interés se iba reduciendo el descuento y con ello la necesidad de fondos.

Ese 1% era variable y la Comisión Bancaria, que era la que lo manejaba, determinaba cuánto era lo que iba a cobrar según lo que necesitara para pagar los desembolsos de los descuentos que otorgaban los bancos.

¿Qué opina la ABP?

  • No hay argumento valedero para mantener este “subsidio solidario”
  • El 1% que se cobra para el FECI está pesando sobre la tasa de interés que todas las empresas y personas tienen que pagar. A parte de que son medidas que se adoptan con carácter temporal para hacerle frente a una circunstancia específica
  • Iniciará una nueva campaña para que se elimine el FECI
  • Mario De Diego considera que si el Gobierno quiere seguir subsidiando el sector agropecuario lo debe hacer a través de otros mecanismo y no a través de un impuesto que sale del bolsillo de todos los panameños.

¿Y qué propone?

  • Un modelo parecido al de la tasa preferencial para la vivienda que no lo subsidia el consumidor, sino el Estado
  • Evaluar la efectividad del programa, para verificar si realmente se han beneficiado los pequeños agricultores y si el BDA está siendo eficiente en la colocación de los recursos asignados y en su administración.

¿Cómo se distribuye el subsidio?

  • Compensación o reembolso a las entidades financieras por los descuentos efectuados en la tasa de interés de los préstamos otorgados a los beneficiarios
  • Financiación de los gastos de administración y fiscalización del FECI
  • Constitución de Reservas Técnicas
  • Préstamos al BDA y a las Cooperativas de Crédito Agropecuario (de haber excedente anual, después del reembolso, la financiación de los gastos de administración y fiscalización y la reserva técnica)
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